The Last Dance sigue con los mismos problemas de lentitud en la carga, un asunto que Ferca no ha sido capaz de solucionar. Mirando las estadísticas del sitio me maravilla que se mantenga el número de usuarios únicos diarios casi en 400, considerando que The Last Dance sigue con los mismos problemas de lentitud en la actualización, un asunto que yo no he sido capaz de solucionar. Así tampoco he sido capaz de seguir adelante con el podcast Dancing, no por falta de ganas, lo que me falta es algo que contar. Es cierto que también me desmotiva el hablarle a una pantalla; para hablar por el Skype está bien pero defnitivamente necesito un micro USB si quiero grabar con mejor calidad. Me encanta mi iMac pero ahora veo con envidia los nuevos y veloces iMac Intel inside con la iSight built-in, Front Row y mando a distancia. Prefiero no saber de nadie que se haya comprado uno. Sé que debería darme un garbeo por la Applestore y hacerme con un par de estos caprichos pero no me lo puedo consentir mientras siga yendo a trabajar con ropa agujereada y jerseys llenos de bolas. «No pareces una señorita», que habría dicho ahora mismo mi madre. Hace unos días entre a la tienda que tiene Caramelo en ea via pecuaria que es la calle Serrano. Las segundas rebajas me acercan unos precios similares a la ropa más cara de temporada alta en un Zara. Es la única manera de no sentirme culpable comprando ropa. Obviamente, casi todo lo que me gustaba sólo estaba disponible en tallas enormes. Aún así encontré dos prendas preciosas que me llevé al probador, segura de que me iba a desvestir sólo para llevarme el disgusto de mirarme en el espejo de un probador silencioso: ese es el lujo de las marcas. Sorpresa: todo me quedaba bien. Estoy acostumbrada a entrar con siete perchas y dejar dentro seis porque la ropa es muy bonita en maniquíes pero luego hazla encajar en un cuerpo de talla Manel Fontdevila, ya verás que hay pocas cosas que te sienten; y sólo en gama negros. Pagué y me llevé las dos prendas. Ayer estrené mi nuevo jersey negro con cuello de pico, botones falsos a la derecha y ojales falsos a la izquierda (y aunque fueran reales ¿qué hacen ahí? ¡No se puede abrochar con nada!), mangar largas y entalladas, talle ajustado… ¡es precioso! A las dos de la tarde ya tenía el pecho lleno de cientos de grupos de pelusillas agolpándose rápidamente, en formación de pelotitas y riéndose de mi a carcajadas. A las seis algunas de esas bolitas, negras en origen, ya habían adquirido un avejentado color gris azulado. A las siete me encontraba vomitando en el baño, pero espero que una cosa no fuera consecuencia de la otra. No debería, aunque barajo la posibilidad de que el enfado me cortara la digestión de una ensalada fría de judías verdes, tomate, maíz y arroz blanco.
Bolitas
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