Esta ciudad no deja de fascinarme. Ayer pensé que podría llegar a casa y escribir un post titulado -Demasiado incluso para Madrid-. Por no fastidiarme casi escribo lo que tenía pensado, a pesar de no ser cierto, sobre una capital vestida de viernes sangrando música a precios de alta cultura aquí, aquí, allí y allá. En la misma noche y casi simultáneamente tocaban Death Cab For Cutie en Copérnico, Yann Tiersen en La Riviera, Arab Strap + The Secret Society en Sala Heineken, Sr. Chinarro en Low, Rex The Dog en Coppelia 101, Mark Gardener (Ride) en la inauguración de un local nuevo llamado Blur en el que también pinchaba Luis Le Nuit (Fantástico, BCN). Y eso teniendo en cuenta que era viernes y Barbarella (pinchando 2 PIAS djs) y Ocho y medio (IDC) estaban activos. Sólo faltaba que Music Non-Stop hubiera programado algo esa noche. Yo, que jamás debería arriegar un céntimo en las carreras de caballos, galgos o tortugas, aposté a que alguno de los conciertos pincharía y la comunidad promotora escarmentaría: ¡no hay público para tanto concierto, a la vez, la misma noche! Mi predicción era que el caballo perdedor sería el que yo había elegido montar esa noche: Arab Strap en la antigua Sala Arena. DCFC había agotado las entradas un mes antes del concierto. Tiersen tuvo que cambiar de aforo porque los tickets para Aqualung también se habían acabado. Obviamente, Arab Strap iban a dar un concierto para cuatro gatos. ¿Cuatro? ¡Ja! La sala estaba considerablemente llena y, a pesar de que el tema de conversación general -arrimando la oreja aquí y allá te dabas cuenta- era la coincidencia de conciertos, aforos como ese los habría querido yo para maravillosos conciertos vistos en Barbarella para quince personas y sin competencia.

Arrimando la oreja de nuevo -es lo que pasa cuando se sale sola por la noche, que te conviertes en una vieja cotilla- escuché hoy una conversación en el Bandido Doblemente Armado que iba sobre lo mismo: que si lo de Rex The Dog en Coppelia fue tremendísimo pero tenía muy poca gente a pesar de ser superbarato. Y que qué indignación. Qué ciudad esta que jamás nieva a gusto de todos. Después me he ido al cine y, de camino, he pasado por la puerta del concierto de Clap Your Hands Say Yeah! para el que los chicos de Sinnamon habían colgado un orgulloso folio en la puerta con las palabras «SOLD OUT». Enormes, bold, orientación apaisada. Yo quería cubrirlo también pero no me han concedido la acreditación así que eché una mirada furtiva al cartel y pensé, por contentarme, seguro que en el cine hace más calorcito. Porque, redios, qué frío pasé ayer en esa sala. Si el concierto de Arab Strap se hubiese celebrado en la calle no habría notado la diferencia. No obstante, en el cine, llegué a pensar que las calefacciones de Madrid se habían puesto en huelga o las personas que las encienden estaban ocupadas en algún concierto: la sala 5 de los Princesa era una fresquera, un congelador sin escarcha, un frigorífico con asientos a máxima potencia. La noche de ayer, por cierto, acabó bien. A pesar de que mis amigos se habían repartido por conciertos a los que yo no iba, me encontré en la Heineken con Íñigo de Amescua y Hanna (no sé si he colocado bien la hache) y al terminar nos tomamos unas cervezas en el siempre hogareño (y también congelado) Radar, el mejor bar de Madrid. Después pasé a ver a Luis del Fantástico por este sitio nuevo, movida también por la curiosidad y, vaya por Dios, ahí estaba concentrada toda la calefacción, humo del tabaco y calor humano que le faltaba a los otros locales. Si alguien quiere pasarse, está en la calle Amor de Dios número, creo, 13. Se promete todo el indie que los noventas puedan exprimir. Debe de ser bastante parecido al famoso Supersonic, al que todavía no he tenido oportunidad de ir. Espero que me lleve alguien o los clientes tendrán que someterse a una nueva sesión de pegada de oreja. A ver qué se cuentan.