She wants revenge

Siempre he sufrido pensando que la revolución había que hacerla en la adolescencia, un periodo que pasé enfurruñada, silenciosa y afligida por no parecerme, ni remotamente, a la persona que yo suponía ser. Me imagino que me equivocaba, como tantas otras veces, pero eso ya da igual; lo años pasaron y lo importante es que aquella introversión condenó todo ese riesgo feroz que lleva consigo la revolución a un futuro post post post y post adolescente que siento renacer una y otra vez. Últimamente, y con el miedo a la enfermedad y muerte más palpable, aún con más virulencia. Es hoy cuando siento que el mundo que veo ante mis ojos es un lugar vulnerable al cambio, al daño. Antes, yo era una espectadora. Ahora, puedo ser terrorista. Y quiero serlo. Deseo poner bombas, quiero hacer saltar por los aires un palacio. Quiero poner música muy agresiva que haga que la gente no deje de bailar. Y se sientan vivos y extraños. Me gustaría que se sientan provocados, sexys y arrogantes. Que cojan a quien sea del brazo y le metan mano, en medio de la pista de baile o contra la pared. Gracias a Javier Pulido se me han abierto las puertas del club Transmission, el que más me gusta en estos momentos de Madrid. Pincharemos -primero él, luego yo- el jueves 25 de mayo. Marcadlo en rojo en el calendario. Vengo de ver V de Vendetta. Me da igual lo que diga Alan Moore, los momentos que me rechinan, las escenas que faltan, las licencias respecto al cómic o la voz que no imaginaba exactamente así. Me da igual, he dicho. Porque me ha gustado. Tenía que gustarme. Soy así de burra.

She wants revenge
Freedom! Forever! Ah, os recomiendo encarecidamente este ahorcado.