Tengo mucho sueño (y un preocupante dolor de tripa) y probablemente caiga rendida tras la visita de Clink, que viene de entrevistar y ver en directo a Kristin Hersch. Estaba muy emocionada y nerviosa. La Clink, digo. Y sobre la Hersch, luego sabré. Si es que estuvo dibujando círculos o no. Otro fin de semana intenso pero cojo. Una semana llena de cosas que no he hecho y conciertos y películas que no he visto. El miércoles hubiera ido a La Casa Encendida a ver Virgin stripped bareby her bachelors de Hong Sang-Soo. El jueves hubiera ido a ver el microshow de Ajo en Clamores (Claudia me confirmó que estuvo genial). El viernes querría haber ido a ver a Ojete Calor y Putilatex en Moby Dick. El sábado tocaron Arctic Monkeys en Barcelona y MTV UK grabó el concierto así que pronto será uno de esos preciosos Live que hace MTV. Pero esa noche yo estaba en Madrid intentando cuadrar mis inversiones: Manyfingers, Matt Elliott y Elegant Machinery. En cambio lo que sí hice fue ir el martes a ver el concierto de Mus en Boîte, su primera actuación en Madrid. Sonó un poco cascoja pero no me importó. A Mus le tengo un cariño especial y me parecen uno de los mejores grupos de este país. Del concierto del BAM recordaba a Mónica estática y a Fran oculto en un segundo plano. Ya no es así. Ella baila y su pelo ultraliso le queda perfecto, bajo las luces eléctricas, moviéndose con la música. Y Fran estaba charlatán (es un decir) y agradecido. Subieron a Nacho Vegas al escenario, quien ni siquiera necesitó presentación, como dijo Fran, «un leyenda urbana asturiana». Anoche, en el concierto del Neu! Club abanderado por el festival de Acuarela Tanned Tin reventaron un cartel metiendo entre el fingers y Elliot a un David Thomas Broughton que no solo sobraba por aburrido y acarismático sino que encima provocó que tuviera que irme de la sala sin ver a Matt Elliot, mi objetivo de la primera parte de la noche; había comprado entradas para Elegant Machinery, que empezaba a las once y media y no estaba dispuesta a perdérmelo.
El concierto de los suecos fue estupendo. Robert Enforsen es un Jim Carrey del techno-pop, majo y excesivo en su felicidad y agradecimiento con lo que es el público español. Le acogimos con tanta efusividad que supongo que nos merecimos los tres «you are fucking great» que nos espetó. Fui con Raúl y Amparo y bailamos como locos. Esa maravillosa energía sintética se prolongó más allá del concierto, con el Dark Hole convertido ya en pista de baile, y nosotros ahí seguíamos como si nos hubieran dado cuerda para mucho rato. Disfrutar de un sábado electrónico (techno y techno-pop y EBM y synth-pop y new wave) no ocurre todos los sábados. No obstante, cuando le llegó a Morgis la tarea del cierre, la banda sonora del Dark Hole volvió a ser la de siempre. Estaba cansada y tenía el imán freak, tipos raros me asaltaban con aproximaciones de lo más peregrinas («¿si me ves de nuevo te acordarás de mí?«) y, como he dicho al principio, me sentía coja, amputada. Las visiones de la noche se solapaban con las memorias de otra noche, hace un año y, al mirar de lejos la pista, creí entrever varias veces a un chico alto con gorra que me miraba de soslayo, riéndose.
He hecho esto, he visto lo otro
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