Autor: elenac

  • Se ha quedado ciego

    Mi m?vil se ha quedado ciego:

    mi m?vil
    E imagino que por esto fue que antes de ayer, al despertarme, encontr? la bater?a encima de la mesa. Y en el suelo, la tapa. Y m?s all?, debajo del sof?, el aparato abierto y su chip unos cent?metros a?n m?s al fondo. Se quiso suicidar, creo yo. O si no no hay quien lo entienda. Yo lo hab?a dejado, al acostarme, sobre la mesa. Supongo que no le gusta la vida as?. No puedo leer mensajes, ni consultar la agenda, ni saber si tengo llamadas perdidas. Es m?s, fruto del intento de suicidio o bien del peligroso sonambulismo, apenas se mantiene encendido un rato. Bueno, era s?lo un aviso. Estoy ausente porque estamos de cierre del TRAMA 43. La revista m?s dolorosa del mercado. ?No hay curiosidad por saber cu?les sonnuestras listas del a?o, eh? ?El secreto mejor guardado de la redacci?n de los Traumas!

  • La muerte de los otros y mi propia muerte

    En las ?ltimas dos semanas vengo d?ndole vueltas a una idea que se avalanz? sobre m? en la calle, caminando aterida y contracturada bajo mi abrigo, por la acera de la calle Francisco Silvela, ya oscurecida. Llega un momento en el que empiezas a aceptar la muerte como algo que sucede a tu alrededor, y seg?n creces, con una mayor frecuencia. En los ?ltimos a?os se han ido yendo algunas personas y eso me ha ayudado a aceptar la p?rdida con cierta naturalidad. Pero sobre todo a compender la pena de las personas que se quedan sin la compa??a de los que amaron o le dieron la vida. Por eso, en esos momentos, s? lo que debo hacer porque s? lo que quise para m?. Ayer pas? unas horas en un improvisado tanatorio en la planta s?tano de una residencia geri?trica. Quiz? no era una sala tan improvisada, probablemente llevaran tiempo d?ndole ese uso funeral pero, no obstante, no dejaba de desconcertarme el encontrar una ?nica habitaci?n fr?a y contigua al parking, sin ventilaci?n ni f?cil acceso. Ayer supe lo que deb?a hacer. He comprendido la muerte de los otros y, con mi vista corta, asum? que ya aceptaba la muerte. Ahora s? que me estaba equivocando: cuanto m?s admito que los otros pueden morirse, m?s niego que alg?n d?a yo tambi?n. El pavor a mi propia muerte est? m?s activo y presente que nunca. Cuanto m?s mayor me hago, menos motivos encuentro para irme de aqu?. Cuanta menos vida me queda, m?s larga es la lista de cosas por hacer. Pesa tanto todo lo que a?n no he conseguido quitarme de dentro, extirparme, que me aterra pensar que tuviera que hacer un tr?nsito as? con semejante equipaje.

  • Acaban de pasar

    Acaban de pasar por aqu?, como ya lo hicieron el a?o pasado.

    Me gusta ir dejando trocitos de mi casa de paredes en esta otra casa.

  • Tenemos chico nuevo en la oficina

    El weblog del oficinista
    Unos llegan, otros se van e incluso hay algunos que regresan. Un brindis por el oficinista, por Fluzo y por Carba.

  • Ni un solo dia mas

    Canta Loud en una de sus mejores canciones: Ni un sólo día más, mañana me planto. No doy ni un paso atras, sé que aguantaré esta vez. Y aunque me harté de hablar y de repetirlo, pasaron meses y algún año también. Y es que aunque yo, me niegue a reconocerlo, no soy feliz, no sé por donde empezar. Esta no es sólo una de mis canciones favoritas de Loud, o la canción que marca un punto y a parte en la manera de componer de Fran, es también la canción para el día de hoy, el último día del año 2004. Un mojón en estas Navidades que no siento, un letrero luminoso parecido a esos que ahora en las autopistas te dicen que 72 personas murieron este mismo fin de semana hace un año. No sé muy bien qué hacer con las horas que le quedan a este día. En cambio, tengo algunas tareas: he de vestirme, meter en una bolsa algunas de las cosas que voy a llevar a casa de Sara, donde vamos a celebrar la cena de Nochevieja, la primera vez en mi vida entre amigos y no entre familia. Estarán Maxi, Aldo, Héctor, Tanis, Darío y algunas personas más. Después, todos iremos al Radar, el único bar en Madrid donde querría pasar una Nochevieja. Allí nos encontraremos con Rosario y mucha más gente. Será bonito, lo sé. Pero sólo si consigo sentirlo. Darme cuenta de que está sucediendo, tal y como ocurrían antes las cosas.

  • No hay dos diferentes (peticiones populares)

    Frank Grimes y Vidal Romero. (Todo un cl?sico). Gilbert Huph y Jordi Sevilla. (No s?, no s?).

  • No hay dos diferentes

    A la izquierda, Gilbert Huph, jefe de Mr. Incredible. A la derecha, Dr. Elliot Kupferberg, psiquiatra de la Dra. Jennifer Belfi, psiquiatra de Tony Soprano. Revelaci?n a mediod?a, mientras com?a.

  • He sido elegida

    Esta es una entrada que lleva pendiente mucho tiempo. Tanto es literalmente as? que si hurgo entre los drafts que dej? tirados en la anterior administraci?n de The Last Dance, encontrar?a un primer boceto de esto que me dispongo a escribir. Todo comenz? hace un a?o, cuando tuve por primera vez al alcance de la mano uno de esos frikis con p?ster enmarcado en el sal?n, merchandising, gu?as y guiones de una serie de la que yo no habr?a visto m?s de seis o siete episodios emitidos en televisi?n, sin constancia ni entusiasmo: Buffy cazavampiros. Hoy, aquello que v? es s?lo una an?cdota, archivado en la categor?a «Nos cruzamos varias veces en la cola del pan antes de conocernos». La serie ante la que he ca?do rendida se llama Buffy The Vampire Slayer y es la mejor serie que he visto en mi vida. Y la culpa es de ese tipo rarito, el de los posters, Anya con disfraz de conejito y todas las temporadas de la serie en DVD, as? como las de Angel. ?l se llama Manuel Bartual (conocido de muchos) y no le pienso linkar hasta que no haga algo con su punto com. Le debo mucho. No s?lo le estoy muy agradecida sino que adem?s me ha hecho el regalo perfecto. Moriros de envidia, ni?as:

    Mi caja con TODO
    S?, todas las temporadas en una caja preciosa, un cofre de fantas?a para echar mano de ?l cuando quiera sentirme en un universo que est? ah?, tambi?n, al alcance de la mano. Comenc? a ver la serie en el mes de marzo con buena disposici?n pero con los ojos bien abiertos, dispuesta a convencerme de que no era para tanto y, con el paso de los episodios, los meses y las temporadas, he descubierto que ese «tanto» es poco. Joss Whedon es un escritor impresionante y Buffy es lo que debe ser una serie de televisi?n: historias cortas que emocionan y sorprenden a lo largo de una historia larga que evoluciona y comprendes; personajes que crecen, que mueren, que aparecen y que se transforman, y esto es lo m?s importante, porque aquellas cosas que vives te transforman. Buffy es una serie sobre las responsabilidades que te ves obligado a asumir cuando la adolescencia comienza a abandonarte. Y yo jam?s he visto esto tan bien contado. He adorado series como Twin Peaks y Expediente X. Soy fan de un mont?n de sitcoms americanas y ?ltimamente tambi?n me han encantado A dos metros bajo tierra y El ala oeste de la Casa Blanca pero con ninguna he sentido esto. Creo que hab?a llegado el momento de decirlo. Una advertencia: estoy en la sexta temporada, as? que a?n me quedan muchos cap?tulos por ver. Si alguien se atreve a dejar un spoiler en los comentarios no s?lo ser? odiado sino que tambi?n banneado en este santo weblog y en los otros -ya me las arreglar?- que tenga en su carpeta de favoritos. Aguantad la respiraci?n. Aqu? van dos fotos no de los personajes sino de las personas: Alyson Hannigan y James Marsters que interpretan a mis dos personajes favoritos, Willow y Spike.
    Espero que este momento lascivo no distraiga la atenci?n sobre el tema principal.

  • Cuentos de Navidad

    No s? si os ocurre lo mismo. Cuando siento esa extra?eza, esa incomodidad de que las cosas van mal, busco algo que me haga sentir como en casa, aunque ya est? en casa. A menudo suelo buscar un disco que nunca encuentro, no s? cu?l es, pero s? que es uno que conocer? tan perfectamente que me har? sentir bien. Hace un rato me he tumbado en el sof? de mi casa, que no est? muy fr?a pero s? muy silenciosa. Me he arropado con la manta de cuadros azules y negros que me regal? V?ctor, he preparado una manzanilla en la taza de Pet Shop Boys que compr? Banessa despu?s del concierto en Barcelona de la gira Nightlife. Son mis cosas. Y normalmente me hacen sentir bien. Pero hoy estoy inquieta. He masticado dos comprimidos de Aerored (consecuencias de la cena de ayer y la comida de hoy, demasiada comida en tan poco espacio de tiempo) y he puesto en el DVD el segundo cap?tulo de la tercera temporada de Los Soprano. Al terminar, he venido aqu? y he buscado ese disco. Lo m?s parecido que he encontrado ha sido Viva Hate. Me he sentado frente a la pantalla y he abierto la administraci?n; algo con lo que llevaba fantaseando horas.

    Es un poco bizarro
    Esta Navidad es la primera Navidad que siento de mentira. He echado mano de todos mis recursos navide?os, intentando sentir algo. El d?a 22 me levant? para poner el sorteo de navidad, el rumor de los bombos y bolas me hace sentir que pertenezco a alg?n lugar y, adem?s, evoca fuertemente los recuerdos de la vida de uniforme, tres cubiertos en la mesa, bolsas de pl?stico cuidadosamente dobladas en el caj?n de la mesa de la cocina, crucigramas, albornoz y una lista con n?meros de los que esperar algo, frente al televisor, sobre la mesita, cada d?a 22. Un mundo que ya no existe y que yo intento rescatar, siempre a solas. Apunt? en un papel los tres n?meros que jugaba la oficina del FIB, mi participaci?n de 3 euros en el d?cimo de mi padrino y un ?nico n?mero acabado en cero, que no era m?o pero engrosaba algo m?s la lista. Me prepar? un Cola-Cao, que es algo que tambi?n me templa, me asienta, y me sent? un rato, muy poco rato, frente al televisor. Por primera vez me sent? rid?cula y desganada. Al d?a siguiente me d? cuenta de que no hab?a puesto ning?n s?mbolo navide?o en casa de mi madre. Y si no lo hago yo no lo hace nadie. Pero hay algo peor: no ten?a ganas de hacerlo. Esa ma?ana del 23 me forc? a caminar por Madrid y cruc? la Plaza Mayor, Si hay un lugar en el que todo el mundo se empe?a en demosrar que es feliz en Navidad es esa plaza. El equivalente a la Puerta del Sol en Nochevieja. En los institutos de Madrid se instaur? la tradici?n de celebrar en la Plaza Mayor el d?a de la pellas. Esto es, sumar un d?a m?s a las vacaciones de Navidad, salt?ndonos en masa las clases del ?ltimo d?a. Las botellas de sidra y los botes de nieve se vaciaban r?pidamente y las juegas se prolongaban hasta que oscurec?a. Las clases se divid?an en peque?os comandos que se encontraban y cruzaban una y otra vez en la plaza y sus aleda?os. Fin del flashback. ?Estamos todos? Es 23 de diciembre y camino desde Lavapi?s a Callao, para comer con mis amigos de la oficina del Festival. Estoy atravesando la Plaza Mayor y me cuesta encontrar los puestos de figuritas en los que hicimos algunos (pocos) intentos por completar el Bel?n, no los veo porque est?n ahogados por las pelucas de pl?stico y los gorros de Pap? Noel. Camino escuchando las conversaciones de la gente. Sigo a un grupo de vecinos que se ha juntado para tomar unas bravas. Me quedo mirando a unas adolescentes que discuten sobre si 3 ? por bocata calamares + ca?a o refresco es un buen precio o no. Unas ni?as quieren pelucas de tirabuzones rubios. Un padre pregunta por caretas del Rey Le?n. Sigo caminando y, al desemboca en la calle Mayor ya me he olvidado de todo y no me ha importado nada. Es 24 por la ma?ana. Es ayer. Y llego pronto a casa de mi madre. Es por la ma?ana. No est?. Ha salido a comprar. No hay nada en la casa que te recuerde qu? fechas son ?stas. Subo al trastero y, de los dos nacimientos, escojo el m?s discreto, el m?s nuevo, uno que pint? ella. Bajo. Lo coloco sobre el aparador. Subo la caja vac?a. Bajo de nuevo. Miro el Bel?n. Tampoco me importa mucho.
    Mam? Noel, creo.