Con la ayuda de Fran y otros implicados, me gustar?a que me ayud?is a hacer un listado de palabras y expresiones que forman parte del vocabulario del oficinista festivalero. Me he fijado que si algunas se leen varias veces seguidas dejan de tener sentido… (!) Un, dos, tres, responda otra vez: «P?same el rooming» «Necesidades de producci?n» «No te acredito porque no me sale de los cojones» «?Nos ha dado permiso? ?Qui?n tiene los permisos? ?Han firmado los permisos? P?same el cuadro de permisos. ?Alguien se acuerda si tenemos ese permiso? ?Qui?n pide los permisos?» «A este le mando una carta bomba» «Me tira de la polla» «?Este tiene back?» «Si no responden, que le den por el bullarenque» «Desde ya, os quiero» «?Confirmados!» «Modificaciones pertinentes» «Me tiro el rollo contigo» «Ticketing» «?C?mo vamos?» «?Pero qui?n co?o llama a las diez y media de la noche?» «Hoy me voy a mi hora, de verdad» «?T? cuando te subes?» «Qu? miedo los escafolders» «?Todav?a no has empezado?» «?Os traigo algo de la cocina?» «Revisi?n de contratos» «?Pero ha llegado la confirmaci?n o no?» «?Qui?n lleva -Acompa?antes- en Sold Out?» «?Tienes los checklines?» «Y Brian Wilson dijo -s?-» «Necesito 115 tickets de comida» «?Pero en serio t? trabajas todo el a?o para hacer el Festival? S?» «Alma m?ter del Festival» «?Qu? se te ofrece?» «Hoy hago teletrabajo» «P?deles el rider» «?Pero de qu? van?» «Jefe de runners» «Vienen en ese shuttle» «?C?mo lo llevas? ?C?mo lo llev?is?» «?Qu? tal va la venta?» M?s: «?Sabemos ya qu? tiempo va a hacer?» «?Cu?l es mi hotel?» «?Podemos anunciarlo en la web?» «?Qui?n se encarga de esto en Sold Out?» «?Qui?n se sabe el NIF?» «?Cu?l es nuestro fax?» «Acceso al servidor» «Tienes que rellenar el formulario…» «Uno que dice que no le ha llegado el email de confirmaci?n» «?Qu? pasa con Morrissey? ?Se sabe algo de Morrissey?» «?Qu? passsa?» Y m?s: «?Qui?n es el agente?» «?Pod?is poner el aire?» «?Qui?n es el promotor?» «?Qui?n firma esto? La Organizaci?n»
Autor: elenac
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Zapater?a (s?, un tema muy absurdo)
Pero lo hago por llevarme la contraria. Tengo tanto trabajo que me hab?a decidido a no distraerme a no ser que el motivo de distracci?n fuera lo suficientemente importante. Por otro lado, me apetec?a dejar de trabajar un rato para escribir por aqu?. Para fastidiarme a mi misma, se me ocurre perder el tiempo hablando de cualquier tema intrascendente. No me pregunt?is porqu? soy tan retorcida. Esa mujer filipina, dictadora consorte, de cara chuta famosa por sus zapatos, Imelda Marcos, reuni? un fondo de armario que «conten?a 65 sombrillas, 15 abrigos de vis?n, 508 vestidos largos, 71 gafas de sol y 1060 pares de zapatos. Adem?s, cinco estanter?as con bolsos Gucci intactos, litros de perfume sin estrenar, cantidades extraordinarias de cosm?ticos de Christian Dior y cientos de conjuntos de lencer?a fina y fajas», seg?n se cita aqu?. Aprovecho para rescatar dos fotograf?as… Como me da tanta pena tirar cosas, cuando me fuerzo a hacerlo, al menos las fotograf?o. ?stas son mis viejas sandalias: Y este es uno de los cajones de mi mueble Zapatero El R?pido. No pienso explicar la relaci?n entre unas cosas y las otras. Lo dejo a vuestro juicio. Y entre un pie y otro, hemos pasado el rato. Me he enterado de que Miguel B. N??ez me lee 🙂 pd, Hoy ven?a leyendo en el Metro (al fin he terminado el libro sobre el punk, ?qu? grande, qu? grande!) el nuevo Bola Ocho (el n?mero 9). Y, una curiosidad tonta, he encontrado la ilustraci?n en color que, en grises, viene en la p?gina 14.
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En dos palabras: empanada
Debo ser tonta. Mira que deber?a acostarme pronto, y descansar, y todo eso. Pero aqu? estoy, otra vez las tres de la ma?ana y yo despierta. Mi cuerpo se cansa pero mi cerebro est? embalado. Al salir de la oficina, a eso de las doce, me ha encontrado (porque casi ni le vo, yo intentaba eludir el mogoll?n de la salida del cine Callao, el estreno de… mierda… no recuerdo el nombre…) Manuel Bartual (si lees esto, da los detalles que no recuerdo, por favor) y me ha visto tan zombie que, bueno, he debido parecer muy tonta, la verdad es que el cansancio me deja empanada. Como a partir de las once de la noche los que quedamos en la oficina del FIB somo una panda de frikis adictos al trabajo, es posible que suframos alteraciones del comportamiento y despleguemos un sentido del humor un tanto, peculiar. Por ejemplo: el t?pico tumulto de preestreno en la plaza de Callao, desde el balc?n divisamos a Santiago Segura y se nos ocurre que ser?a una buena idea salir y empezar a chillar como locas, pensamos que todas las c?maras nos enfocar?an y saldr?amos en el telediario. En lugar de preocuparnos por lo que dir?an nuestras madres, nos preocupa que la lona que cuelga de los balcones y que anuncia el festival se viera bien. Comoe stamos medio hist?ricas, hacemos un ensayo general con las ventanas cerradas. Pero claro, no contamos con que tenemos un l?mite y el cansancio (?y el pudor?, de esto no estoy muy segura) nos impide llevarlo a la pr?ctica. *** El tal Louganis (mirad los comments): La tal Elsa Pataki. Lo que es Pablo Puyol.
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Mediador entre el cerebro y las manos es el coraz?n
Es agradable Madrid, de noche y verano escuchando Flor de Pasi?n. Si no fuera por este maldito estr?s (!!!) Pero ocurre que a veces, despu?s de una buena ducha, ropa limpia, cena rica y ligera y el trozo final de una pel?cula que te gusta mucho en el DVD, te has olvidado de todo y te parece que tienes una de esas vacaciones eternas, de esas que s?lo vienen en pack con la EGB. Pero tsk tsk. Estamos haciendo un Festival. Mi sue?os nocturnos siguen siendo variaciones sobre el mismo elemento (FIB) sujetas a la pauta de angustia (el 5 de agosto se acerca y yo no llevo el trabajo hecho). Ya pierdo la cuenta de cu?ntas historias diferentes puede mi inconsciente recrear on?ricamente sobre el mismo patr?n. Detecto caras de aburrimiento cuando empiezo: «?Sabes? Esta noche he so?ado que est?bamos en un sitio que se parece al Festival y…» La mayor?a las escribo pero otras son tan evidentes que me da verg?enza registrarlas. Significan siempre lo mismo: no confio en llegar a tiempo, no creo en mi trabajo, no puedo con ?l. No me voy a quejar, me gusta lo que hago y no creo hacerlo mal, al menos el Fiber de papel, pero me implico tanto que me siento fatigada con demasiada antelaci?n. Las reacciones al Fiber 0 parecen buenas, quiz? m?s por la sorpresa que por la valoraci?n en fr?o. De todas formas, algo est? cambiando. He dejado que nuevos proyectos ocupen algo de espacio en mi runruneo mental y eso me libera un poco, rompe el monopolio, deja entrar aire fresco. Lo dicho en el t?tulo: ha de haber un mediador entre el cerebro y las manos.
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Mañana dominguera
Me he despertado tarde, demasiado tarde, pr?cticamente a la hora que hab?a quedado para tomar una ca?a con Checht. Pero son las dos y media y a?n ando empijamada, lega?osa delante del ordenador y picando de un libro a otro, de un email a otro, de un doc medio apuntado a otro doc en blanco. Me desespero porque la canci?n ?Shiny Star? de Colder me parece id?ntica a ?Heart and Soul? pero a Aldo no, as? que aqu? estamos, poniendo un trozo de una y otro de otra. Aldo se r?e de m? y dice que tengo los hemisferios del cerebro divididos en plena lucha, se va de la habitaci?n ri?ndose y me deja a solas con las canciones, intentando encontrar una explicaci?n musical que me abale. Pero no la encuentro. Lo ?nico que puede decir es: ?que venga aqu? Marc N y confiese que se ha inspirado en Joy Division!; ?es una berlangada?, le digo a Aldo. De todas formas, ?c?mo me gusta Colder! Ayer casi me compro el disco. En cambio, me llev? a casa ?La letra e?, de Augusto Monterroso, un libro del que ya os ha hablado Vidal y que le viene muy bien a pie de p?gina de sus d?as ?ltimamente. Ayer estuvimos en el cumplea?os de El Postrockero, en El Local (de Croma). Nos marchamos pronto. Me hubiera quedado m?s si mis ojos hubiesen resistido la falta de ox?geno. Todav?a estoy impactada por la banda sonora, qu? decepci?n, ?cu?nto pop! ?D?nde queda la m?tica leyenda de El Postrockero? ?D?nde su imagen? ?Para qui?n reserv? los desarrollos de 40 minutos? ?Para qui?n Godspeed, Maweigh, Tristeza, Sigur R?s? Ah?!, las escenas ya no son lo que eran? De todas formas, cuando me iba, El Postrockero me hizo prometer que le grabar?a un CD con Mahogany, Dianogah y todos los grupos con h intercalada o h final que se me ocurran. Tsk tsk. Precisamente ahora que me estoy volviendo punkrocker.
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&Transfobia& (me gusta la palabra porque resuena a Serie B)
Atenci?n a El Pa?s de hoy s?bado (e imagino que trambi?n otros peri?dicos, informativos, etc.): Heineken ha decidido suspender el anuncio transf?bico. Despu?s de tanto enfrentarme en la oficina, tanto «no es para tanto», «no incumbe a Heineken», «no debemos hacer comunicados ni meternos en el debate «… Me siento como si me hubieran dado la raz?n. Que estoy contenta, vamos.
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Lejana y sola.
Siempre he querido conducir. Adoraba y envidiaba a mi hermana cuando, universitaria, trabajaba en ?vila y cada d?a recorr?a, con su Seat 850, la distancia que la separaba de la Complutense, para estudiar cine en la que muchos a?os despu?s ser?a tambi?n mi Facultad. Recuerdo buscar el techo blanco de su coche desde el balc?n o la ventana de nuestra habitaci?n en la casa de mis padres en la Calle De La Raza. A ella la ve?a resuelta, independiente, sofisticada, tan de los ochenta, tan mayor…, pero no deb?a tener m?s de 21. Si alguna vez ella me involucraba en su mundo -y yo deb?a tener seis o siete a?os-, me sent?a la agraciada con el premio m?s gordo: «?bicho, te ha tocado… un ensayo general de lo que te gustar?a que fuera tu vida… de mayor!» A?os despu?s, volv?a a sentir algo parecido cuando mi hermano me montaba tras de ?l en su moto o a su lado en su antiguo Ford Escort xr3i. A Sigfredo le encanta correr y tomar las curvas sin pisar antes el freno, as? que era emocionante el tener que agarrarse a donde llegara mi brazo cada vez que gir?bamos una calle. Aunque vivieran en casa, siempre pens? que mis hermanos eran libres porque, con sus coches y sus motos pod?an correr lo que quisieran, cambiar de marchas con seguridad, repostar gasolina con vestigos de seda y tacones o mancharse de grasa las manos comprobando niveles de aceite y agua. Todo eso me parec?a fascinante. Cuando cumpl? los -creo- 16, mi hermano me regal? una moto, una moto de enduro, una Montesa. Me sent? muy especial, aunque nunca me atrev? a decirle que yo en realidad prefer?a una Vespino, como el resto de mis amigos. Pero all? estaba Elena, con tremendo bicho, dos veces m?s grande que yo y sin permiso para pasearlo por ning?n sitio. Me limitaba a dar vueltas por el camping, hasta que se me cay? demasiadas veces encima. Es posible que me gustara m?s saber y decir que ten?a una moto que el poder montarla por el campo. Saber que era m?a me otorgaba un arma secreta; cualquier d?a podr?a coger una mochila e irme muy lejos, cruzar?a la sierra, nadie me alcanzar?a… sab?a c?mo se preparaba la mezcla de gasolina que necesitaba el motor, eso era lo importante. Mi hermana sustituy? aquel 850 blanco por un Ibiza negro, y sus ambiciones cinematogr?ficas por un s?lido futuro en Telef?nica. Ellos crec?an y yo segu?a teniendo la impresi?n de ser una ni?a para siempre. De alguna manera, me perd? en un limbo extra?o: el de la enfermedad de mi padre, el de la lucha de mis hermanos por encontrarse a s? mismos, incapaces de verme como una igual durante a?os, el de las soledades, el tira y afloja con mi madre, las ansias de salir corriendo, el de los recuerdos vividos por una familia siempre «antes de nacer yo». Como si se tratara de una pel?cula demasiado larga y mi papel no arrancara hasta la segunda parte, cuando ya est? todo el mundo un poco cansado. Hoy, mi coche es ese Ibiza negro que, tras presiones familiares, consegu? heredar de mi hermana, al alcanzar ella el escalaf?n de «mujer soltera que entra en los cuarenta ganando medio kilo al mes que se compra un BMW rojo». Ese autom?vil me hace feliz. No por ?l mismo sino por lo que representa. Puedo levantarme un s?bado por la ma?ana, a la hora que yo quiera y enfilar la Nacional IV hasta C?rdoba si hay algo all? que me llama, conduciendo cinco horas bajo el sol, si es lo que quiero. No s?lo puedo pensar que podr?a hacerlo, puedo pensar en hacerlo, puedo hacerlo. Quiero coger con velocidad las curvas y sentir lo que me imaginaba que mi hermano sent?a, no quiero sentir lo que ?l sent?a, sino lo que yo cre?a que el sent?a. Quiero atrapar por fin, en mi futuro, lo que en el pasado sent?a que ser?a mi futuro. Eso es, y ahora est? claro, la tantas veces nombrada nostalgia del futuro. Inabordable, inalcanzable.
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Penitencia
No estaba muy segura de si debería o no hablar sobre ello. Pero han pasado cinco días y ninguno de esos cinco he dejado de pensar en cómo lo escribiría. Tiene un poco de striptease emocional y otro poco de exhibicionista autoflagelante pero, qué coño, si no lo hago reviento. El jueves pasado decidí, ya tarde, acercame, sola, por el Tupper a primera hora de la noche, para poder disfrutar un rato de la última sesión de Plan X sin agobios ni empujones. “Me tomo una cerveza, saludo a Adrián, le doy el Fiber y escucho unas cuantas canciones”, me dije. Pero las cervezas fueron dos y Adrián encadenaba clásico tras clásico impidiéndome largarme cuando debí haberlo hecho. No Adrián, no, no te echo la culpa. Me lo pasé muy bien, aunque me daba apuro que, por culpa de la conversación, tuvieras que correr todo el rato hacia la mesa cada vez que una canción llegaba a sus últimos segundos.? Volví para casa animada, con proyectos en mente y ganas de desarrollarlos. Me dirigía al metro de Alonso Martínez subiendo por la calle Fuencarral. Maldita sea, ¿no podría haber decidido caminar hacia otra estación? ¿No podría haber sido la casualidad la que me hiciera mirar hacia otro lado a la altura del VIPS? Y es que en el portal contiguo al VIPS hay unas escaleras que bajan hacia una sex shop y, pensé, son las once y media… Así que sin pensarlo mucho bajé las escaleras y me encontré, absoluta y sorprendente casualidad, a la grande Psicosis Gonzáles, a puntito de subir al escenario de Babilon, una pequeña sala de espectáculos dentro del sex shop. Me puse muy contenta, aún más. Regocijada por la casualidad, por las canciones que estaba a punto de escuchar, por la sensación de estar sola y de buen humor en aquel sitio, sola pero con la complicidad de la estrella, esa fulgurante estrellona techno-arrabalera, Psicosis, ¡divina! ?Antes de entrar Psico se encargó de que pudiera conseguir una copa y así cayó el primer vodka con limón; el primero de un número limitado que no recuerdo ¿tres?, ¿cuatro? Ella partió el número en dos y en su cesura entró una travesti, Nacha, que cantaba en playback y que no llegaba a nuestra colorada heroína ni a la altura de la plataforma.? De cómo acabé la noche y cómo llegué a casa no lo puedo contar porque no lo recuerdo. Sólo puedo decir que antes de salir de casa cené gazpacho y creo que éste decidió no permanecer el tiempo suficiente dentro de mi cuerpo. El resto de guarrerías me las guardo, mejor, en la intimidad de mi carpeta de jornadas bochornosas. El día siguiente fue espantoso, ni lo cuento. Creo que ha sido la peor borrachera de mi vida. Hasta el punto de que, desde el viernes hasta hoy, aún soy incapaz de oler o pensar en el alcohol sin sentir náuseas. El sábado por la mañana, parcialmente recuperada, me fui a Córdoba. Pero esa es ya otra historia, que contaré más adelante. ¿Habrá sido esta suficiente penitencia?
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Blank Generation
La lectura de ?M?tame por favor, la historia oral del punk? me ha hecho recordar algo que se hab?a arrinconado en mi memoria: hab?a olvidado que estuve a escasos cinco cent?metros de Richard Hell. Aunque tengo que comprobarlo, creo que fue en 1996. Le recuerdo mo muy alto, ojos grandes y arrugado, envejecido, aunque en aquel momento quiz?s nunca habr?a visto un retrato suyo de joven, como el que sale en la portada del libro que estoy leyendo. Richar hell llevaba una sombra pegada a su culo, era Kike Babas o Turr?n, (aunque s? a qui?n me refiero, nunca me acuerdo qui?n es quien, hablo del menos delgado) que vest?a una cazadora de cuero negra en cuya espalda, pintada seguramente con tipex o algo peor, ?l se hab?a escrito BLANK GENERATION. Por entonces yo ten?a m?s idea de la No Wave que del punk peo sab?a qui?n era Richard Hell y hab?a escuchado ?Blank Generation?. Hoy pienso que ojal? en aquel momento yo ya hubiera le?do este libro (se edit?, precisamente, en el 96) y quiz?s hubiera tenido m?s claro a qui?n me enfrentaba. Pero, en cambio, en esa misma ocasi?n, me impact? mucho m?s Leopoldo Mar?a Panero, tanto sus poemas como su actitud. Yo estaba sentada en primera fila viendo estos recitales (una cosa muy neoyorkina, me doy cuenta ahora, s?lo faltaba Patti Smith) que se llamaron Po?tica y Panero se sent? a mi izquierda, con su lata de refresco y fumando sin parar. No s? a qui?n le tocaba el turno, quiz? a John Giorno, y de vez en cuando descubr?a que panero hab?a girado el cuello y me miraba f?jamente, a pocos cent?metros de mi perfil. Creo que s?lo ahora me doy cuenta del sentido que ten?a todo aquello, del acontecimiento fuera de tiempo, homenaje de una gente que vivi? los ochenta (los de El Canto de la Tripulaci?n y Festimad, tambi?n creo que Ana Curra estaba en la organizaci?n, creo que esa ha sido la primera y la ?nica vez que la he visto) y que rend?a tributo a sus ?dolos de la generaci?n inmediatamente anterior.
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Mi primer post nocturno (o al menos el primero desde casa)
Aunque v?a modem y a una velocidad nunca superior a 45.333 bps, al fin puedo escribir desde mi casa. Eso no nos asegura que encontrar? cosas m?s interesantes que contaros pero, al menos, si augura mayor frecuencia de pegado. Vengo de ver «Vivo cantando» en can Chect. Expresionante. No hab?a visto a Karina con su «musha grasia» ni a ese Tony Roland contemporaneo mezcla del due?o del mini-bar y un dentista uruguayo. La verdad es que, aunque lo intento, me cuesta burlarme porque sin hurgar muy en el fondo, siento algo de l?stima, ?seremos algunos de nosotros viejos nost?lgicos como ellos? Una azafata le ha preguntado al Tony Roland, mientras le ajustaba el micr?fono: ?verdad que en tus tiempos la gente no era tan alta?