Autor: elenac

  • Touros sí, toureiros non

    Hoy es un día trágico: el Gobierno ha decido ceder a las presiones del lobby de toreros y pasar la competencia de las corridas de toros del Ministerio del Interior al Ministerio de Cultura.

    La recreación en la muerte de un animal no puede ser cultura. Jamás de los jamases. Es un grave error. La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, es aficionada a las corridas. Por lo tanto, debe estar muy contenta de tener ahora lo que ellos llaman «la fiesta» bajo su jurisprudencia, tal como le habían solicitado los toreros temerosos de una sociedad que empieza a darse cuenta que no por tradición el asesinato del toro ha de seguir respetándose. Ella se ocupará de defenderla ahora. Si quiere, puede hacerlo junto a Esperanza Aguirre, «Goya, Picasso, García Lorca, Hemingway y Orson Wells».

    Una de las pintadas de la calle más antiguas que recuerdo decía «touros sí, toureiros non». La grabé en mi memoria mucho antes de entenderla.

    No a las corridas de toros y otros festejos donde se utilice al animal como espectáculo. No a la preservación de las corridas de toros. No a la información sobre estos espectáculos denigrantes («la lidia») en los medios de comunicación y aún menos en la sección de cultura.

  • Los fotógrafos de conciertos

    Después de tantos años trabajando en festivales y en revistas, conozco bien el trabajo de los fotógrafos de conciertos y, mal que me pese esta afirmación porque tengo amigos que lo son, en general lo hacen mal.

    Es muy sencillo hacerlo mal y que parezca bien hecho, y probablemente casi imposible hacerlo bien. Y digo que es casi imposible porque sólo muy de vez en cuando se encuentran fotos de lo que yo entiendo por una buena fotografía de concierto.

    ¿Qué cosas hacen mal?

    1. Confunden la fotografía de un concierto con el retrato del artista. Por eso vemos tantos medios planos de señor o señora con un micro junto a la cara y un instrumento en las manos. Que ese va a ser el resultado nos lo tememos siempre que vemos una nube de objetivos pegados a la posición del cantante en el foso.

    2. Creen que la foto del concierto es su foto desde el foso. Pero el público que va a un concierto no lo ve desde el foso. La posición privilegiada del fotógrafo en el foso falsea la imagen. Crea la representación de un concierto que no existió para nadie ya que ¿par quién toca el grupo, para el público o para el fotógrafo?

    3. Crean una luz falsa. Usar el flash (además de estar prohibido en muchos casos) es una aberración pues elimina toda la información concerniente al espectáculo de luces. A menudo hay un técnico de luces e incluso un diseño pensado y dedicado para ese concierto en concreto. El flash no considera la iluminación como parte del show, pero sí que lo es. Por otro lado, forzar la exposición par que entre más luz de la que vemos en el público, causa un efecto parecido al flash, no tanto como aquello, pero va en la misma línea. A veces vemos fotos de concierto, sin flash, en los que parece que hubiera luz natural en la sala.

    4. Se olvidan de los detalles. Los fotógrafos suelen pensar (porque piensan en lo que quedará bien en la página de la revista, la foto que le gustará a su redactor jefe, que no estuvo en el concierto) que lo importe es la expresividad del rostro del cantante. Pero el público nos fijamos en otras cosas, buscamos siempre los detalles: como coge uno la guitarra, las pegatinas que lleva, dónde están los set list, cómo se comunican entre sí los miembros del grupo, cómo se comunican con el técnico, los gestos cuando algo va mal o va bien, la ropa que llevan, el calzado, el movimiento. El ojo del espectador no para de moverse pero nunca busca el plano general, sino ochocientos detalles por todo el escenario.

    5. Se olvidan de la sala. Un concierto se distingue de otro de una gira por su emplazamiento y por su público. Así que es importante que veamos dónde se produce el concierto, qué tiene de especial, cómo interactúa el grupo con la sala, o cómo puede estar influyendo su acústica en la música.

    6. Se olvidan del público.  Decía que cada concierto es diferente, también, por su público. El fotógrafo deja fuera al público, como si no le importara que estuvieran allí, y en cambio son casi igual de importantes que el grupo a la hora de narrar un concierto. Con frecuencia, el fotógrafo de foso se da la vuelta y saca una foto a la primera fila. Saben que pueden conseguir una foto peculiar, con los fans más fans, peculiares, vestidos para la ocasión. Pero es una foto de contraposición, no nos habla mucho del diálogo entre público y grupo.

    Foto: Hedi Slimane en Benicàssim 2007
    Foto: Hedi Slimane
    Esta foto de Xesús Valle en el Patio de La Casa Encendida la hizo ayer Miguel Fernández Flores en el Experimentaclub.
    Foto: Hedi Slimane
  • Bloguitis tengo

    Caigo de sueño pero tengo bloguitis. Tengo muchas crónicas que convertir en post, pero poco tiempo en estos días. Por ejemplo, y esto es importante, aún tengo que contar la fiesta de nuestro programa de radio ¿Quieres hacer el favor…? y enseñaros las mejores fotos, aquellas en las que no se me vea el maquillaje desgastado.

    Luego llegó la huelga general, y ya os dije que no la contaría desde aquí, sino desde Radio Carcoma, en un empeño por soplar las brasas de un fuego casi extinguido, el de un colectivo disuelto y dormido. Quizás habría más historias que contar, más allá de lo que dijimos y grabamos, pero me resulta aburrido volver sobre lo dicho, aunque lo dijera en otro lugar.

    Fiesta pre-Experimentaclub

    Un día después, ayer, comenzó Experimentaclub, mi trabajo más importante en el último tercio del año. A mí me gustaría que mis lectores de The Last Dance se mudaran temporalmente a mi otro blog, En un Experimentaclub, pues es ahí donde vivo estos días. Como se que os da pereza, bombardeo por el Twitter con millones de anzuelos. Pero sabed que las mejores historias de estos días las estoy contando ahí. Y no sola, sino con Miguel Fernández Flores, que es capaz de convertir mis ideas en imágenes hermosas, las historias en cápsula muy bien contadas. Mi trabajo es darle sentido a todo eso dentro de un proyecto: El concepto de probar sonido, que está dentro de otro proyecto más grande: el desafío de narrar un festival de manera multimedia, online, en directo, a tiempo real.

    No os voy a contar los conciertos, porque para eso ya vais vosotros a veros. O van los críticos musicales para escribir sus crónicas. Yo os voy a contar lo que no veis, lo que ocurre antes y después.

  • Fotos de la Huelga General 29-S

    En el día antes y el mismo día.

    Lo hemos contado, a nuestra manera aquí, en Radio Carcoma. Ahí están los audios de lo más rescatable del día.

    Actualización. Aquí están las fotos que más me han gustado de la jornada en toda Europa.

  • ¿Dónde está la calle Desencanto?

    «Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad». Sartre.

    Proyecto MAUVAISE FOI from Left Hand Rotation on Vimeo.

  • De nuevo, el fotógrafo Edu León detenido mientras hacía su trabajo

    El fotógrafo Eduardo León, miembro del colectivo editor de DIAGONAL, fue detenido ayer domingo mientras documentaba la redada realizada por la Policía Municipal en la Casa de Campo contra migrantes ecuatorianos. (Sigue leyendo en Diagonal).

    Los compañeros protestan, claro:

  • Esta noche, Octave Mirbeau en ¿Quieres hacer el favor…?

    «Gracias a Octave Mirbeau, la verdad se revela a nosotros, pero provocando una gran indignación : efectivamente, en las sociedades, aquella verdad no es buena para decir, puesto que es un factor de emancipación individual y de subversión social. Le hicieron pagar muy caro, a Mirbeau, después de su muerte, ocultando su mensaje, pretendiendo ver en él sólo a un energúmeno, un paroxista, uno que se retracta, un frenético o un obsceno, desnaturalizando su obra bajo etiquetas tan absurdas como mutilantes, particularmente el vergonzoso calificativo de «naturalista”. De la misma manera, durante veinticuatro siglos, no quisieron comprender que, detrás de las provocaciones más groseras de los cínicos, había una crítica radical, pedagógica, a las mentiras sobre las cuales reposa la cultura». (Pierre Michel, Octave Mirbeau el cínico).

    Sé que usar hora para hablar de Octave Mirbeau será como intentar meter un armario dentro de un calcetín. A pesar de ello, no queda otra, ya que ese es el tiempo que tenemos: una hora de radio. Lo que es poco para nosotros es en realidad mucho para un oyente: una hora de su tiempo. Demasiado para oír hablar a unos fans de un autor que, quizá, no conoce.

    No obstante, predicar aquí sobre Octave Mirbeau es hacerlo en un vergel, pues llevo todo el verano escribiendo sobre él y los lectores de este blog estarán familiarizados con este escritor francés que, aunque muriera en 1917, sigue vivo cien años después porque sus obras están ahí, aquí, significan algo hoy. No es una voz muerta.

    Es curiosa la portada de esta edición de El jardín de los suplicios que tenemos a la izquierda. Luis Buñuel realizó una infiel adaptación de Diario de una camarera (le cambió el final) y para esta edición tomaron una imagen de Catherine Deneuve en Belle de Jour, de Buñuel. No tiene que ver nada con el libro porque la tortura no la recibe la hermosa protagonista del libro, Clara, como nos podría llevar a pensar la imagen escogida. Pero sí hay un trasfondo común: el sadismo.

    Hablando de Clara, ayer encontré una sesión de fotos que homenajea a este personaje:

    Esta noche vendrán a la radio varios invitados para invocar a Mirbeau. En persona estarán dos editores: Enrique Redel de Impedimenta y Eduardo Moreno o Iria Rebolo de El Olivo Azul. Llamaremos por teléfono a otras dos personas: Lluís Mª Todó, traductor de El jardín de los suplicios y Memorias de George el amargado y Lola Bermúdez, miembro del equipo de traducción de 628-E8 y ensayista sobre Mirbeau.

  • Los libros que arden

    Hay que luchar contra la idea burguesa de la literatura y buscar cada día voces disonantes que estén fuera del sistema, o al menos que no adoren el capitalismo, para que así puedan criticarlo, tan sólo dos segundos antes de ser devorados.

    Por ello, tengamos cuidado de los libros charlatanes, “que nos venden crecepelos y prometen duros a cuatro pesetas, vendedores de fondos de inversión que prometen altas rentabilidades y halagan nuestra avaricia” (C. B.). Creemos que es importante rechazar, poner cotos y decir “no”. Hay libros que sobran, que no son necesarios. Ven y quémalos en nuestra fiesta.

    Hace un año Carolina León y yo iniciamos un programa de radio y podcast con un título que parafrasea a Raymond Carver: ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? Para celebrarlo, el viernes 24 de septiembre hacemos una fiesta en una librería que aún huele a pintura y yeso, un nuevo espacio dedicado a la literatura y el vino (pocas cosas hay mejores) que probablemente inauguremos nosotras: Tipos Infames. Una librería creada por el colectivo de escritores y críticos del mismo nombre.

    Os invitamos. Podéis quemar los libros que no hacen falta, los que con su poder dominante (su respaldo económico) tapan casi todas las otras voces posibles.

    Fiesta aniversario del programa de radio

  • Yo soy otra

    Ayer vi Origen, la película de Christopher Nolan que crea sueños dentro de sueños y te hace dudar de la realidad… pero no demasiado, ya que a fin de cuentas es una película de Hollywood. (Para un mayor desarrollo sobre la película, id a este post de Alvy Singer).

    Fotograma de Origen

    La realidad en la que vivimos está habitada por seres reales y por seres ficcionados, que conviven y conversan infiltrados unos en el mundo de los otros, siendo cada vez más difíciles de distinguir.

    El antropólogo Marc Augé nos advierte de «la ficcionalización de la realidad», donde todo se convierte en espectáculo. Por ejemplo, el turismo. Por ejemplo, los parques temáticos. Augé nos dice que cuando hay demasiadas imágenes, se pierde la imaginación. A pesar de ello, el imaginario individual se nutre de un imaginario colectivo, por lo cual los mitos no deben desaparecer.

    Pero una cosa son los mitos y otra bien diferente Disneyworld. La gran dominación en el mundo de la Fantasía y en el mundo de la Economía del imaginario de Disney me da miedo, en especial sus parques temáticos. ¿Creen los niños que reciben como gran recompensa de sus padres el viaje a Eurodisney que ese lugar es real, que es un país, una ciudad o un estado donde su fantasía se vuelve real? Lo creen. Una niña que conozco bien, una niña inteligente de 5 años, cree que Francia ES Eurodisney.

    Jean Baudrillard relacionó la representación de Disneyworld con la representación de la Guerra del Golfo: «¿saben cómo celebró su victoria el General Schwarzkopf, el gran estratega de la Guerra del Golfo? Con una gran fiesta en Disney World. Esas celebraciones en el palacio del imaginario fueron una merecida conclusión a una guerra tan virtual». Baudrillard dice que ya no existe la Sociedad del Espectáculo que acuñó Debord porque ese mismo concepto se ha espectacularizado. Ya no somos espectadores, somos extras de la función. Estamos en ella, pero no podemos hacer nada por cambiarla.  De igual manera estamos dentro de la Historia, pero no podemos controlarla. Por eso hablamos tanto de que necesitamos una Revolución (y Augé dice que estamos viviendo una era Pre-Revolucionaria) pero nadie es capaz de mover un dedo. Los extras no pueden hacer nada más que figurar. Recordad lo que le pasó a Brüno (Sacha Baron Cohen) cuando sobreactúa en la grabación de un capítulo de una serie, dentro de la película-documental Brüno, donde un personaje ficticio se introduce en la realidad inoculando humor.

    Para que estas filtraciones entre realidad y ficción se hayan venido produciendo, han tenido que construirse puentes entre un mundo y otro, pasos fronterizos bidireccionales. Es decir: no sólo hay realidad en la ficción sino también ficción en la realidad.

    [audio:http://blip.tv/file/get/Quiereshacerelfavor-49DndeVaUnPersonajeCuandoSeAcabaSuNovela_13092010538.mp3]

    Dora García realizó en el año 2009 una exposición en el Centro Galego de Arte Contemporánea (Santiago de Cosmpostela) titulada ¿Donde van los personajes cuando la novela se acaba? Se reunieron 11 obras que tenían en común que, en ellas, la ficción participa de la realidad y el espectador se convierte en actor. En 2010, el CGAC editó un libro bajo el mismo título como continuación de esa exposición. La pregunta del título, nos explica al teléfono la creadora vallisoletana, «habla de la independencia de los personajes respecto a su autor». A veces esos personajes aparecen en otras novelas, cruzan las obras, «como un Guadiana» y pueden aparecer en otros libros, incluso en los libros de otros autores.

    Por ejemplo, en William Holden in Frankfurt, de Dora García, aparece un señor que dice ser William Holden, el actor estadounidense de Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses).

    ¿Quién eres cuando no eres tú?

    Hemos realizado un programa en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? titulado ¿Dónde va un personaje cuando se acaba su novela? En esa hora de tiempo de radio hemos intentado demostrar la importante confusión entre personas y personajes en la que nos hemos acostumbrado a vivir. Tanto entre la producción literaria, cinematográfica, cómic y videojuegos como en la vida real contante y sonante.

    Ahí tenemos la inevitable mención a Los muertos, la novela de Jorge Carrión a la que volvemos una y otra vez («Acaba de morir Miguel Delibes; yo respeto mucho su obra; pero sinceramente me afectó más la muerte de Nate en A dos metros bajo tierra, después de estar cinco meses, día a día, conviviendo con él» le dijo a Carolina en una entrevista); Sospechosos de David Thompson; Cómo ser John Malkovich («¿alguna vez has querido ser otra persona?», dice su tagline) y otros magníficos guiones de Charlie Kauffman; las webs de Hi-Res (en especial las que realizaron para The center of the world de Wayne Wang, Requiem por un sueño de Darren Aronofsky o The LOST Experience); la psicomagia de Alejandro Jodorowsky y el final de La montaña sagrada: «este es el fin de nuestra aventura, nada tiene un final (…) si no podemos obtener la inmortalidad, al menos obtengamos la realidad (…) estábamos en un cuento y volvimos a la vida, pero, ¿es esta vida real? ¡No! ¡Esto es una película! ¡Zoom back camera!»  dice un Jodorowsky no con barba blanca como yo lo recordaba, sino bigote, como podemos ver en este vídeo:

    La Nada avanza y devora Fantasía, como nos enseñó Michael Ende en La historia interminable (gracias @diabolizante). Vivimos una época de máxima ficcionalización de uno mismo, algo que en literatura se ha venido forjando en los diarios íntimos y la producción epistolar pero ahora vivimos a un nivel masivo con la creación de avatares que nos representan online en blogs y microblogs. Incluso en los reportajes periodísticos, las personas no son tales, sino personajes.

    Durante ese programa, nuestra inspiradora Elisa McCausland (@reinohueco) aportó más casos para cruzar el espejo. En cómic también tenemos Inside Moebius, una obra donde el autor se relaciona con sus mitologías; The Unwritten, de Mike Carey, donde un actor que hace de mago (a lo Harry Potter) termina siéndolo, o no; Superman: Secret Identity, donde dos personas, Lois Lane y Clark Kent, resultan ser parecidos a los de la ficcion. No hemos hablado del teatro, pero sólo por poner un ejemplo que nos recuerda Elisa: el juego de espejos de Su seguro servidor, Orson Welles.

    Mujeres noveleras

    Escribe Constantino Bértolo en La cena de los notables que llamamos bovarysmo cuando el retorno a lo real está teñido, como le pasó a Emma Bovary, de la experiencia, falsa o virtual, que ha conocido en los libros y que ha alterado sus expectativas, su horizonte de deseos y su escala de valores. Escribiéndonos con Eloy Fernández Porta sobre el tema del programa, él recuerda cuando los personajes se vuelven dignos de imitaciones («ejemplarizantes»). Por ejemplo, en la segunda mitad del XIX, esos personajes femeninos de la literatura realista que «han leído demasiadas novelas» y que intentan imitar a sus heroinas románticas (Madame Bovary de Flaubert, En la caja de Henry James o Tormento de Galdós). Con el realismo, además de destacar la posición de la mujer en la cultura, aparece una crítica a la mala influencia (lo quijotesco) de la literatura en la vida. Algo curioso que dice Eloy es que aunque parece un debate decimonónico y superado, en realidad aflora con frecuencia cuando aparecen textos autobiográficos que presentan un modelo de feminidad «que no concuerda con el modelo de mujer respetable socialdemócarta ni con la figuración convencional de la vida interior en literatura». Ejemplos: Textos como Paradoxia de Lydia Lunch, Diario de una adolescente de Phoebe Glockner o Frágil de Eva Vaz, entre muchos otros, obligan a reconsiderar si la literatura debe «representar excepciones estéticamente interesantes» o construir «modelos de mujer aceptables por la mayoría».

    En la exposición de David Rubín nos encontramos con otro dibujante, Juan Berrio. Berrio nos habló allí de su Cuaderno de frases encontradas y le pedimos que nos lo contara de nuevo en la radio, ya que convierte en viñeta escenas reales de dos o tres segundos que capta cuando va por la calle. Y a Rubín también le llamamos, porque en la presentación de esa exposición sobre Solomon Kane, Javier Olivares y él recordaron el epílogo final de Cuaderno de Tormentas, que comienza cuando el protagonista tira el Cuaderno de Tormentas, el mismo que leemos, al suelo al grito de «¡maldito seas!», y se inicia con las palabras: «Este ha sido la torpe narración de mi deambular por Ciudad Espanto, mi último e inacabado relato. Disponte a temblar, amigo mío, si como yo has llegado hasta este punto y final».

    «No debemos estar aquí, somos imágenes, fotografías, ilusión» advierte Jodorowsky en La montaña sagrada, destruyendo el espejismo del espectador que los sintió reales, que se identificó con ellos. Una tarea, a estar alturas, imposible.

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