Hay un sabor que nuestro tiempo no suele admitir sin algún recelo: el esencial sabor de lo épico. Nuestro tiempo es la era de la ironía, y, en un contexto tan consciente de la falta de sinceridad, una revolución romántica como la de «Suede» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (93), «Dog Man Star» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (94) e incluso «Coming Up» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (97) podría parecer poco menos que ingenua. Fueron discos que nos hicieron algo más vehementes, un punto menos perros; éramos entes pasivos, pero nos quedaba un pico de esperanza, y nuestras vidas podían ser mediocres, pero no lo serían para siempre. Ellos fueron la respuesta auténticamente dramática al deportivo lifestyle del brit-pop, y enseñaron a caminar a toda una nueva generación; a caminar arrastrando las suelas, con la espalda tiesa como un palo y los brazos en perezoso vaivén, pegados a los costados, los hombros ligeramente caídos hacia atrás. Eres basura feliz de serlo, lección número tres. Esta noche, la unidad está dedicada a la enseñanza del baile: flexionar una pose de distancia, mostrar la sexualidad en emergencia y mover las caderas como se deja caer el velo de los párpados. Sonido de labios hablándose de lejos, tocándose muy cerca. ¿Sólo gesto e imagen, sintética frialdad? Es así y no es así. Desde luego, naderías tan minúsculas como -Savoir Faire-, -Crack In The Union Jack-, -Elephant Man- o la titular -Head Music- serán la maldición para quien busque el dramatismo de antaño. Por suerte, hay veces en que todavía se deslizan por la desesperación y la angustia (-Everything Will Flow-, -Down-, -He-s Gone-), aunque en la mayor parte del metraje sólo parezcan halagar el joie de vivre y la vanidad. Antes querían decirnos algo, ahora sólo quieren que les miremos. Nos dicen que «Head Music» es Suede reducido a la esencia, nos dicen que su residuo último es la superficie, no el fondo, sino el mero facsímil y la reproducción del estereotipo. Para soportar el mal trago y aprovecharlo es preciso despojarse de pretensiones, vestir las mejores galas y encontrar placer en las terracitas de verano. O bien se puede esperar a una nueva estación. Suede, para su actuación en el programa de mano de Benicàssim -99 En la edad de la ironía, una revolución romántica como la de «Suede» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (93), «Dog Man Star» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (94) e incluso «Coming Up» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (97) podría parecer poco menos que ingenua. En el siempre idílico agosto de Benicássim, hace dos años, Bret Anderson erotizaba a miles de personas absolutamente rendidas; asegurando que tú y yo somos basura feliz de serlo. Ellos fueron la respuesta auténticamente dramática al estilo deportivo del brit-pop, ellos supieron volver a hacer del glam un estilo de vida antes de que las películas lo pusieran estúpidamente de moda; han marcado la estética y los anhelos nocturnos de toda una generación. Compañeros de colegio, Bret y el bajista Mat Osman colocaron, en1989, un anuncio en el semanario británico Melody Maker, que atrajo la atención del guitarrista Bernard Butler. Ellos tres, más una caja de ritmos, formaron Suede. Consiguieron un batería y entró Justin Frischmann (Elastica) como segunda guitarra. Pero los comienzos fueron torpes y hasta el abandono de esta última, en 1992, el grupo no despegó. Sexys y perversos, la aparición de «Suede» fue traúmatica para el pop y para esa nueva generación a la que enseñaron a caminar arrastrando las suelas, con la espalda tiesa como un palo y los brazos en perezoso vaivén, pegados a los costados, con los hombros ligeramente caídos hacia atrás. «Coming Up» les hizo perder en oscuridad pero ganaron momentos estelares en las noches de nuestros clubes. Hoy, un esperado «Head Music» ha levantado la polémica: los fans de Suede querían guiar la carrera del grupo pero los británicos son unas estrellas y eso no contenta a nadie. Las discusiones se tiñen de fervor: ¿perdió Suede su -savoir faire- en1994 cuando abandonó el grupo Bernard Butler, principal responsable de la música del grupo, para hacer carrera en solitario? ¿o no demostraron con «Coming Up» que sabían valerse solos, que Richard Oakes ha sido un adecuado sustituto?. ¿Deberían seguir cultivando la grandilocuencia emotiva? o ¿encontrarán su propio camino por las canciones más simplificadas del nuevo disco?. Las respuestas, personales, vuelven a encontrarse en una noche de agosto, en Benicàssim. Elena Cabrera Suede, para el libreto del CD Benicàssim 99 En la edad de la ironía, una revolución romántica como la de «Suede» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (93), «Dog Man Star» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (94) e incluso «Coming Up» INSERT INTO `wp_posts` VALUES (97) podría parecer poco menos que ingenua. Fueron la respuesta auténticamente dramática al estilo deportivo del brit-pop, supieron volver a hacer del glam un estilo de vida antes de que las películas lo pusieran de moda; en definitiva, han marcado la estética y los anhelos nocturnos de toda una generación. Compañeros de colegio, Bret Anderson y el bajista Mat Osman colocaron, en1989, un anuncio en el Melody Maker que atrajo la atención de Bernard Butler, guitarrista del grupo hasta que lo dejó en el 94 y fue substituido por Richard Oakes. Con unos comienzos torpes, el grupo no despegó hasta1992, completando la formación con el batería Simon Gilbert y, posteriormente, el teclista Neil Codling. Sexys y perversos, la aparición de «Suede» fue traúmatica para el pop y para toda una nueva generación a la que enseñaron a caminar arrastrando las suelas, con la espalda tiesa como un palo y los brazos en perezoso vaivén, pegados a los costados, con los hombros ligeramente caídos hacia atrás. Las estrellas.