Autor: elenac
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Yeso
Es como una guerra biológica. El yeso en suspensión se agarra al pelo y a la lana de mi chaqueta negra volviéndonos grises, sí, pero también se me agarra a la sangre y me ralentiza el flujo. El cerebro va bien -¿cuándo ha dicho que no a la cal?- pero el corazón bombea lento. ¡Estos órganos míos hay que cuidarlos! Jazmines en la terraza, eso es lo que necesito. Peleas con los obreros, visitas, nuevos compañeros en la oficina, otra vez presupuestos, usar el verbo recibir de una manera totalmente nueva, probablemente la regla, un fregadero, pinchar en el Low, CSS, Vuélvete Underground y !!!; esta semana no va a tener nada de santa.
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Handsome Spanish Devil
Oh Morrissey, so much to answer for!
A ver si me pongo a subir mis vídeos de una vez…
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No sé si de ellos o de ellas
Hay algo en su manera de quitarse la chaqueta que me recordó a Milord. [youtube 9BZnuBZhvr0 nolink] Gracías Raúl por el vídeo.
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Olor a hierro metálico
Algunos días no bajaba nadie a los columpios. Es posible que fuera demasiado tarde, o demasiado pronto, o demasiado domingo. Pero también es posible que la culpa fuera mía. Ahora me importa más que entonces. Hoy sufro de rabia y venganza, en aquellos tiempos lo que me dominaba era la melancolía. Hacía viento. Frío de fin de semana invernal a esa hora en la que los padres juegan partidas de cartas inacabables encerrados en caravanas aturdidas de humo y calor eléctrico. Me pregunto dónde están los niños. Porque allí no están. Yo allí estoy a solas con el ruido del anorak mientras el abrigo y yo trepamos a lo alto del tobogán, que es verdaderamente alto. Amarillo, como los columpios que no tienen que aparentar ser divertidos antes de montarte en ellos. Desconchados de la pintura que se descama en sus barrotes, huelen a hierro y riesgo. Sentada en lo más alto no me tiro. Apoyo la cabeza en esas agarraderas que usamos para no perder el equilibrio y atardece sin prisa ahí enfrente, en un Campo de los Toros sin límite hasta donde alcanza la vista, que desde mi almena es un poco más allá.
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Rosas y tortura
Aldo me hizo adorar esta Torture by roses. Es la canción de Death In June que más veces he escuchado en mi vida. Buscando cosas de trabajo en YouTube doy con esta grabación de un directo que merece la pena ver. Parad unos minutos y haced click: [youtube tdl6GJ4brNE nolink]
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He hit me, and it felt like a kiss
Uno rápido. Hoy tengo uno de esos días en los que me apetece hablar con personas de cualquier tema imprevisto. De salsas para acompañar el tofu con Mayte, de vacunas con Marta. Es mediodía y cojo el periódico. Me leo el artículo sobre el juicio a Phil Spector. Le puede caer una cadena perpetua por el asesinato de la actriz de serie B Lana Clarkson. Sus primeros abogados sostuvieron que el arma se disparó dentro de la boca de ella por accidente. Spector los ha despedido. Los que tiene ahora sostienen que fue un suicidio. Pero vamos, un suicidio de Phil Spector.
Es curioso porque ayer mismo en casa fue mencionado el genial productor, cuando veíamos un documental muy chulo que viene con una edición del London Calling de The Clash. Se trata de un making de London Calling, con unas imágenes estupendas grabadas en el estudio, donde se ve al productor, Guy Stevens, todo loco estrellando una silla y una escalera contra el suelo. Murió dos años después de producir este disco, una lástima porque se echan mucho en falta sus declaraciones en el documental. Creo que es Paul Simonon quien menciona cómo realizaron su particular muro de sonido, -muy spectorish, dice- en una de las canciones del disco: la tocaron entera, completa, con todas sus pistas, dos veces. Y en la mezcla colocaron una sobre otra. 
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He hecho esto, he visto lo otro
Tengo mucho sueño (y un preocupante dolor de tripa) y probablemente caiga rendida tras la visita de Clink, que viene de entrevistar y ver en directo a Kristin Hersch. Estaba muy emocionada y nerviosa. La Clink, digo. Y sobre la Hersch, luego sabré. Si es que estuvo dibujando círculos o no. Otro fin de semana intenso pero cojo. Una semana llena de cosas que no he hecho y conciertos y películas que no he visto. El miércoles hubiera ido a La Casa Encendida a ver Virgin stripped bareby her bachelors de Hong Sang-Soo. El jueves hubiera ido a ver el microshow de Ajo en Clamores (Claudia me confirmó que estuvo genial). El viernes querría haber ido a ver a Ojete Calor y Putilatex en Moby Dick. El sábado tocaron Arctic Monkeys en Barcelona y MTV UK grabó el concierto así que pronto será uno de esos preciosos Live que hace MTV. Pero esa noche yo estaba en Madrid intentando cuadrar mis inversiones: Manyfingers, Matt Elliott y Elegant Machinery. En cambio lo que sí hice fue ir el martes a ver el concierto de Mus en Boîte, su primera actuación en Madrid. Sonó un poco cascoja pero no me importó. A Mus le tengo un cariño especial y me parecen uno de los mejores grupos de este país. Del concierto del BAM recordaba a Mónica estática y a Fran oculto en un segundo plano. Ya no es así. Ella baila y su pelo ultraliso le queda perfecto, bajo las luces eléctricas, moviéndose con la música. Y Fran estaba charlatán (es un decir) y agradecido. Subieron a Nacho Vegas al escenario, quien ni siquiera necesitó presentación, como dijo Fran, «un leyenda urbana asturiana». Anoche, en el concierto del Neu! Club abanderado por el festival de Acuarela Tanned Tin reventaron un cartel metiendo entre el fingers y Elliot a un David Thomas Broughton que no solo sobraba por aburrido y acarismático sino que encima provocó que tuviera que irme de la sala sin ver a Matt Elliot, mi objetivo de la primera parte de la noche; había comprado entradas para Elegant Machinery, que empezaba a las once y media y no estaba dispuesta a perdérmelo.
El concierto de los suecos fue estupendo. Robert Enforsen es un Jim Carrey del techno-pop, majo y excesivo en su felicidad y agradecimiento con lo que es el público español. Le acogimos con tanta efusividad que supongo que nos merecimos los tres «you are fucking great» que nos espetó. Fui con Raúl y Amparo y bailamos como locos. Esa maravillosa energía sintética se prolongó más allá del concierto, con el Dark Hole convertido ya en pista de baile, y nosotros ahí seguíamos como si nos hubieran dado cuerda para mucho rato. Disfrutar de un sábado electrónico (techno y techno-pop y EBM y synth-pop y new wave) no ocurre todos los sábados. No obstante, cuando le llegó a Morgis la tarea del cierre, la banda sonora del Dark Hole volvió a ser la de siempre. Estaba cansada y tenía el imán freak, tipos raros me asaltaban con aproximaciones de lo más peregrinas («¿si me ves de nuevo te acordarás de mí?«) y, como he dicho al principio, me sentía coja, amputada. Las visiones de la noche se solapaban con las memorias de otra noche, hace un año y, al mirar de lejos la pista, creí entrever varias veces a un chico alto con gorra que me miraba de soslayo, riéndose.


