Sigo rescatando drafts de la alacena. Este es bastante antiguo, debería haberlo escrito en Barcelona. ¿Os acordáis cuando lo primero que hacía al viajar a otra ciudad era buscar un cibercafé? Pensé que esos tiempos terminarían al comprar el viejo iBook pero finalmente no fue un gran adelanto en cuanto a movilidad. Ahora soy una posteadora burguesa que le da pereza escribir en un teclado que no sea propio o pagar Internet al minuto. Pero ideóloga, más que nada, porque ni siquiera dispongo del equipo necesario. La viaje concha (la zorra de mi iBook, era llamada) pesa, corre con el os 9, es más lenta que una cara B de Bedhead y no le funciona el adaptador USB para wi-fi. Bonita es un rato, eso sí. En fin, me desvío. El título de este post estaba escrito mucho antes que su contenido. Así sucede cuando tienes las palabras claves (o generalmente robas la referencia) y sientes que encaja tan bien con tu vida, con el propósito del escrito, que publicarlo se convierte en una de las prioridades. Pero en mi caso suele suceder que la perfección del titular me impone demasiado respeto y amenaza desafiante: «A que no te escribes un post a mi misma altura ¿eh?». Y los campos, los recuadros de las entrañas de WordPress son campos minados que no te atreves a conquistar, son primeras planas de periódicos compitiendo ferozmente entre ellos. Por ello, y estando yo débil, me apeo de esta locura y ahí se quedan los borradores, un -Title- y apenas tres frases o tres palabras en pending, quizás el link a alguna foto y un apunte mal escrito de algo que no quiero olvidar, una idea mágica para salvar The Last Dance y que, está comprobado, pierde fuelle con el tiempo.

El título de la canción de Current 93 –
A Gothic Love Song– me mira desde que regresamos de Barcelona para ver a
David Tibet y sus peculiares amigos. Fueron dos noches de conciertos y otras dos de regalo para pasearnos por la ciudad, recatando algunos recuerdos y reescribiendo sobre otros. Durante la
primera de las noches me sentía alerta, ligera, excitada, fresca, nerviosa, expectante y
atractiva. Quería dejarme sorprender y también sorprender. No podía haber mejor contexto que éste para la aparición de
Baby Dee. La primera vez que oí hablar de ella fue tarde, muy tarde. Rosario la nombraba siempre con una entonación especial y un suspiro, alargaba la -e- y le brillaban un poco los ojos. Y digo yo que con semejante llamada de atención podría haberme interesado antes. Además de las señales, por eveidentes que sean, suelo necesitar que me paren y me digan ¡¡¡escucha esto!!! Y no sucede demasiado a menudo, no tanto como yo lo hago con los demás. La gente piensa que por trabajar en la industria de la música lo conoces todo. Pero mi mala memoria y mi pésima gestión del tiempo mezclado en cocktail con la facildiad que tengo para obsesionarme juegan en mi contra. Por otro lado llevo haciendo mis deberes mainstream desde septiembre y ahora controlo un poco más el último single de Nelly Furtado (que me mola) y de Christina Aguilera que la última referencia de Output (¡¡con lo que me gusta!!). Ya es triste. En fin, sólo unas semanas antes del concierto, más o menos cuando se anunció el cartelón, conseguí la mitad de
-Little Window-. Después, en el viaje a Alicante, él lo tenía en el coche y sonó mucho mucho mucho. El caso es que, volviendo a la noche del 24 de mayo no sabia de Baby Dee todo lo que debería conocer pero sí me sentía absolutamente dispuesta a dejarme seducir por ella. Mucho mejor esto que el conocimiento, sobre todo en el arte. Baby Dee nació en Cleveland hace 53 años. Me entusiasma conocer a gente con más de 40 años que contradicen mi experiencia cercana acerca de ese misterioso paso a la edad adulta que destruye tus sueños, ambiciones, tu personalidad y tu esencia, tu diferencia. Pero Baby Dee se hizo así misma no en Ohio sino en Nueva York. Allí hizo tuvo dos trabajos que ejemplifican bien su ambivalencia: ser directora musical y organista de una iglesia católica en el Bronx y actuar como
Biliteral Hermaphrodite en
Coney Island. Siendo capaz de comunicarse con los pájaros, escribir de manera tan delicada y sensible tiene a la vez mucho de cabaretera y amante de lo circense. Y adoré eso en ella. En realidad, me he dado cuenta, me cautiva esa doble faz en las personas que conozco y me enamoran. Ya no soporto a los 100% sensibles. Y me irritan las mascaradas sin fin. Baby Dee tuvo dos gestos que me encantaron: la manera de presentar a sus invitados en el escenario de su concierto (sin palabras era un ¡mírenle señores, aqui le tenemos, un gran aplauso, una enorme sonrisa, tachán!!!!) y su despida, al término del concierto de C93, agitando teatralmente las caderas. El show había sido tan tan tan intenso que si no nos hubiera devuelto de esa manera a la realidad, esta habría sido demasiado decepcionante. De alguna manera aquel cuo agitado te pedía que recordaras que esto es espectáculo. Maravilloso espectáculo. Magia, sobrenatural, espectáculo.

Por cierto, Agustín de Shangay la entrevistó y Baby Dee ha colgado el PDF
aquí. El origen de este -A Gothic Love Song- tenía que ver con Current pero no pude mantenerme en su línea original. Eso es lo que ocurre con todas estos alimentos congelados, en el proceso pierden sus propiedades. Hay, por supuesto, un sentido ambiguo que sí permanece y es válido, tanto para este como para los que están por venir.