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  • Introduce el título aquí

    Pienso mucho sobre este diario seco. Una de las cosas que pienso es que me da vergüenza escribirlo. (Alucinante: hace 15 años era tan público). No es solo que ya no me interese la publicidad, es que me avergüenza.

    A veces abro wp-admin y lo cierro rápidamente antes de que alguien lo vea, antes de que yo misma me descubra volviendo a un viejo hábito. En otros tiempos, en cambio, esta pantalla de wordpress era el sustituto más natural del diario, la contraseña hacía de candado y ese lugar entre el alivio y el picor se parecía mucho.

    En el anonimato hay ahora más espacio para mí. También en sitios donde el público no es llamado.

  • La era de Acuario

    La era de Acuario

    Cuando el Open Arms fue paralizado por la Fiscalía, el Aquarius se quedó solo. Por unas semanas, fue el único barco fletado por una oenegé, con el objeto de hacer búsqueda y rescate, que vigilaba el oleaje del Mediterráneo entre las aguas de Libia e Italia. Al poco, los buques germanos Sea-Eye y Seefuchs volvieron a navegar las aguas entre Malta y Libia.

    Si la noticia fuera que ya no hay personas migrantes que se echan a la mar en unas barcas de juguete, en ese caso la soledad del Aquarius sería agradable, se parecería a ese momento del final de la tarde en el que hay una última persona que se queda en la oficina apagando las luces antes de irse a casa.

    sigue leyendo en El País.

  • Andar sin permiso

    Andar sin permiso

    Una de las estrategias que hemos aprendido de las revoluciones sociales más recientes es la paciencia, encapsulada felizmente dentro del lema «vamos despacio porque vamos lejos». Las mujeres y hombres que estos días caminan desde León a Madrid nos recuerdan, una vez más, la potencia del paso que no se detiene, del que se da con ánimo constante y con las fuerzas que se tengan, sin necesidad de hacer alardes olímpicos…

    sigue leyendo en El País.

  • La muerte de un diario achica el mundo

    La muerte de un diario achica el mundo

    Cuando estaba estudiando periodismo en la facultad, el 4 de octubre de 1993, unos periodistas del diario Ya vinieron a nuestra clase. Nos hablaron de la historia del periódico durante los anteriores 58 años y de lo que era el tema en aquel momento: el periódico estaba en suspensión de pagos. Vinieron a la clase de Redacción Periodística I (que nos daba José Luis Martínez Albertos) a tirar flotadores mientras se hundía el Titanic, o al menos así lo recuerdo.

    Allí estaban, en la tarima del profesor, el director Rogelio Rodríguez (quien años después sería director de Colpisa y dircom del Ministerio de Justicia), el exdirector Alejandro Fernández Pombo (que murió en 2013 a los 83 años tras haber dirigido también la Asociación de la Prensa de Madrid) y dos miembros del Comité de Empresa: el presidente, Miguel Revuelta, y el secretario, Fernando Ruiz. Sé tantos detalles porque hasta hoy he conservado mis notas de aquel día así como algunos recortes.

    Fernández Pombo hizo de abuelo cebolleta, ya en aquel momento, recordando que el Ya había surgido del diario católico El Debate, el cual había sido dirigido por el periodista-cardenal Herrera Oria. El Debate era «demasiado político» —nos dijeron— y de ahí surge Ya como «un periódico para todo el mundo», con especial atención a los deportes y al cine. Una disposición del Gobierno impide que se puedan hacer los dos periódicos a la vez, así que la Editorial Católica, propietaria de ambos, decide cerrar El Debate y quedarse con el periódico de la tarde —salía a las ocho—, que pronto pasaría a salir por la mañana.

    Nos habló también Fernández Pombo de cómo el Ya era un periódico, que dentro de su posición conservadora y católica, hacían cosas arriesgadas, como mandar a corresponsales durante la Segunda Guerra Mundial para cubrir la versión de los aliados, tomar partido por el Concilio Vaticano II o ser el primer periódico que dejó de llamar «Caudillo» a Franco.

    En aquel momento el Comité de Empresa estaba en pie de guerra para impedir la desaparición de este diario fundado en 1935. Y eso significaba no solo ir a la facultad a dar charlas sino, lo que me parecía subversivo, entonces y ahora, ser capaces de colar mensajes en las propias hojas del diario. «es la primera vez que un medio de comunicación pretende destruir a otro», dijo Miguel Revuelta, según recogió la noticia de aquella visita el 5 de noviembre de 1993 en el propio diario Ya. Las dagas iban contra Antonio Asensio.

    Javier de Godó, presidente de Antena 3, había comprado el periódico dos años atrás, pero en 1992 Antonio Asensio (Grupo Zeta) se convirtió en presidente del canal y le metió una reforma radical con el objeto de modernizarla, quitarle caspa (aunque él le pondría otro tipo de caspa) y rentabilizarla. Antena 3 quería un grupo multimedia y por eso había comprado, barato, el Ya. Pero Aensio lo vendió aún más barato: por una peseta a los mexicanos. Nuestros visitantes estaban muy dolidos por ello. Fue Editoriales del Sur, el grupo de méxico, el que decidió la suspensión de pagos.

    Aunque no cobraban, os trabjadores del diario seguían yendo a trabajar y sacaban el periódico cada día porque, como nos decían «lo consideraban viable». El escenario que nos describieron era de «toma del periódico». La empresa lo estaba dejando morir con la idea de desmantelarlo, de manera que la dirección y los trabajadores se ocupan de él, y por eso aparecían esas columnas en la contraportada que eran pura lucha sindical. Dijeron que querían ponerle una «querella criminal» a Asensio y que con el dinero de las ventas y la publicidad podían pagar el papel y la luz para seguir adelante. Se despidieron pidiéndonos que nos afiliaramos a un sindicato y que compráramos el Ya todos los días.

    He olvidado casi todo lo que me enseñaron en la carrera (exagero, pero) pero se me quedó enganchado a la memoria algo que quedó en el aire cuando los compañeros del Ya se fueron: que la cosa estaba chunga y que lo estaría aún más para nosotros, pero que el periodismo era también, o era sobre todo, pelearse contra los propietarios y resistir cada día haciendo tu trabajo lo mejor que sepas. Las sillas no son para siempre. Ni los periódicos. Posteriormente me llegó una clase práctica de esto mismo. En la hoja me apunté un entrecomillado más: «un contrato no debe ser la mordaza de un comunicador».

  • Querido diario

    Querido diario

    Se acaba 2017 y un año más me doy cuenta que conservo este espacio por nostalgia, al igual que otras posesiones que ya no necesito, pero de las que no me puedo deshacer.

    Este año he escrito catorce entradas, y muchas de ellas no eran originales. Así que, ¿por qué te mantengo? ¿Por qué pago un dominio? ¿Por qué no te borro, The Last Dance, y te mando al olvido de todo lo que un día fue en Internet y hoy ya no existe -e incluso ya nunca existió- porque no está y porque no se encuentra?

    Por si acaso.

    Por si acaso un día como hoy necesito hablar y no hay interlocutor.

    Pero, he de admitir, ahora ya me da vergüenza escribir en un blog. Escribir personal, quiero decir. No es como antes.

    No solo he cambiado yo. También ha cambiado Internet y habéis cambiado vosotros.

    De entre todas mis nostalgias (son demasiadas), se enciende últimamente con frecuencia mi nostalgia del Internet de hace quince y también viente años. Cuando la Red era horizontal y si publicabas en ella, llegabas muy lejos. No deja de asombrarme la paradoja del crecimiento de la Red: cuánto más grande es, menor es el alcance para la mayoría y mayor (por supuesto) para una élite. En el día en el que esta paradoja se hizo cierta, Internet empezó a morir. Es decir, aquella Internet, la que era salvaje, de todos, pequeña, anárquica, simple, del IRC, de los boletines de noticias, de los foros, de los correos electrónicos, de geocities. Antes del spam, antes de Facebook, antes del imperio de Google, antes de Twitter.

    A Twitter se le puede aplicar la misma paradoja que a Internet: ahora que tengo más de 10.000 followers, tengo menos alcance que nunca. Cuando tenía 2.000 y publicaba un enlace a un artículo mío, aquello era un cohete. Cuántas veces he deseado borrar mi cuenta en estos diez años (se cumplen en febrero) y no lo he hecho porque hay un respaldo profesional ahí. Antes decíamos que para un periodista sus followers son su fuerza. Puede ser que sea así, pero solo para una élite: de 100.000 para arriba.

    PD

    Así era mi vida hace 15 años.

  • Hombres griegos les pagan por sexo

    Hombres griegos les pagan por sexo

    No sé si os acordáis pero hace años yo era una colaboradora de eldiario.es. Eran aquellos tiempos de la agonía, la precariedad, el periodismo freelance, la pelea, la visibilidad… la depresión.

    Desde mi trabajo en la Fundación porCausa como directora de periodismo (un título que no define exactamente lo que hago, pero bueno) a veces tengo la oportunidad de escribir en otros medios, como lo del otro día en Público. Y, a veces, vuelvo a casa.

    Esto que os traigo es un artículo que acompaña un video realizado en Atenas por un colaborador de la Fundación. Él entrevistó a un menor sirio que decide contar en una entrevista en video cómo es su vida como refugiado en Grecia: se acuesta con hombres que le pagan (o sea: es explotado sexualmente), compra drogas, consume drogas, vive en campos de refugiados, vive en la la calle, vive en una okupa vive donde le hacen un hueco.

    Hay quien ha dudado de la veracidad del relato de este niño. En cambio, que las plazas céntricas de Atenas hay menores sirios y afganos que hacen lo que este niño dice que hace, no se le escapa a nadie que pase por allí. Podrá haber quien no le guste que hablemos de ello. A mí tampoco me gusta tener que hablar de ello. Ojalá pudiera escribir artículos sobre lo maravillosamente bien que estamos gestionando el asilo en Europa.

    Haz clic y lee: Menores refugiados explotados sexualmente en Grecia: «No tenía otra opción»

  • Miedo al extraño

    Miedo al extraño

    He escrito esta tribuna de opinión en Vozpópuli sobre la ultraderecha en Alemania: El miedo al otro.

    “No somos de derechas ni de izquierdas, somos de lo nuestro” es el mensaje machacón de un discurso que no quiere situarse en la ultraderecha, su lugar natural, sino que busca apoyo en una base social que se define en otro eje: el del miedo.

    Y está convenciendo. Este discurso apela a la identidad: “somos europeos”; al proteccionismo: “estamos contra la globalización”; a la clase: “las élites nos oprimen”. Hasta aquí, son mensajes que hemos escuchado en la izquierda anticapitalista, por ejemplo. Está claro que tienen una lucha pero ¿cómo definen al enemigo? Es ahí donde interviene el miedo al otro: “somos europeos contra nuestro enemigo musulmán”, “aislamos nuestra cultura frente a la invasión extranjera”, “protegemos nuestra riqueza de las manos del inmigrante”.

    De esta manera, de tuit en tuit, en cada barra de bar, entre clase y clase, este relato avanza, con su brutalidad y su espesura, con sus banderas amarillas y sus líderes amables.

    Las encuestas de cara a las elecciones alemanas del 24 de septiembre prevén que el partido Alternativa para Alemania (AfD) doblará su apoyo respecto a 2013. Eso supone contar con el 10 por ciento de los votos, convertirse, quizá, en tercera fuerza más votada y, lo que es maś relevante, entrar por primera vez con asientos en el Bundestag, donde se exige un mínimo del 5 por ciento.

    La socialdemocracia de Martin Schulz no motiva a los alemanes. Merkel sigue contando con respaldo y no se cuestiona su liderazgo. La izquierda crece muy lentamente. Con este panorama, AfD es la opción del voto descontento contra lo establecido, decepcionado, abstencionista, de primeros votantes y transversal: no habría pasado del 5 al 10 por ciento previsto si solo les votaran los neonazis y ultraderechistas germanos.

    Si hay hay un tema capital y sin fisuras en el discurso de AfD es su postura sobre la inmigración: un no rotundo. Alemania es el país europeo más expuesto a la llegada de solicitantes de asilo. En los dos últimos años han acogido a más de un millón de personas, pero el discurso antinmigración ha calado transversalmente en la sociedad y en los partidos. Desde la inicial euforia de la Wilkommenskultur (cultura de acogida) se pasó a una cierta decepción, intoxicada por las campañas xenófobas que relacionaban a refugiados con violencia sexual, un tema clave que utilizan blogs, medios y redes sociales para voltear la opinión pública.

    El uso de los bulos y las noticias falsas para generar un estado de opinión contra la inmigración en Alemania tuvo su momento más representativo en los incidentes del 1 de enero de 2016, en la celebración del fin de año en Colonia. Una campaña masiva de desinformación responsabilizó a grupos organizados de solicitantes de asilo de agresiones sexuales, masivas, a mujeres. La propia Policía y el Gobierno, que habían alimentado la sospecha, tuvieron que reconocer que tan solo tres de los agresores habían hecho esa solicitud (dos sirios y un iraquí). Además, de las 1.054 denuncias recibidas, 600 estaban vinculadas únicamente con robos y no con abusos sexuales. Pero el daño ya estaba hecho y se desató una ola xenófoba y contraria a la política de la canciller Merkel.

    AfD, por supuesto, se alimenta de todo esto y lo fomenta, encabezando una fuerte campaña que identifica Islam con terrorismo, y apela, evidentemente, al miedo.

  • Pensando Noruega

    Pensando Noruega

    Nunca he estado en Noruega, pero he escrito esto: «No tú, Noruega» en Público:

    Este emocionante 2017 podría recordarse como el año que vivimos peligrosamente (las jornadas electorales). La urna, ese tedioso cajón que saluda las sociedades democráticas cada varios años, como esa tía lejana que solo te visita cuando pensabas que te estabas olvidando de ella, se pasea por Europa como lo haría un adolescente por una convención friki: imprevisible y eufórico.

    Este 11 de septiembre le toca a Noruega, una cita que los países del sur vivimos con apasionado desinterés y arrebatadora ignorancia. Decir que Noruega se la juega suena muy a frase de 0,60 así que, intentando huir un poco de la obviedad, diremos que quien se la juega, en realidad, somos los migrantes.

    Los partidos políticos noruegos (como en otros lugares) le sacan más rendimiento electoral al eje vertical élite / oprimidos que al horizontal derecha / izquierda, cuando en realidad el que está siendo decisivo (como en otros muchos lugares) es la diagonal antinmigración / acogida. Si el gran tema de este momento histórico es el derecho a la movilidad humana, o la negación de ese derecho, la posición de un gobierno al respecto dará forma a las normas de esa comunidad y a sus relaciones de vecindad.

    Y hablando de vecinas, esa visita frustrada de la ministra de Inmigración a su colega del país de al lado, Suecia, dice mucho del berenjenal en el que se ha metido Noruega estos cuatro años. Habiendo ganado el Partido Laborista las elecciones de 2013 (como viene haciendo religiosamente desde nada menos que el año 1927), una coalición de la derecha le arrebató la opción de gobernar. El Partido Conservador selló un pacto con el Partido del Progreso, firmes defensores de la antinmigración. Aparentemente, los Conservadores debieron de firmar ese acuerdo en alguna antesala del infierno pues con su 16,3 por ciento de votos se embolsó las carteras de ocho ministerios. Y no ocho cualquiera. La ultraderecha decide sobre materias como igualdad, pesca, agricultura, alimentación, justicia, petróleo (la principal fuente de riqueza del país), finanzas, transporte, comunicaciones y, oh sorpresa, inmigración.

    Así que ahí tenemos a la ministra de inmigración, la célebre autora de las declaraciones “aquí comemos cerdo, bebemos alcohol y mostramos el rostro”, siendo devuelta a su país con cajas destempladas por su homóloga sueca (laborista) a finales de agosto, alegando que para discutir seriamente, que sí, pero que para hacer campaña electoral, mira mejor no. Ambos países llevaban meses enzarzados en una guerra de declaraciones a propósito del alarmante descenso de las cifras de asilo en Noruega.

    Noruega es un país próspero, igualitario, con poco paro y mucha calidad de vida. Cuando Anders Behring Breivik atentó contra un campamento de las Juventudes Socialistas asesinando a 77 personas en 2011, desgarró una sociedad poco o nada acostumbrada a la violencia. Lo que sucedió, parecía impensable en Noruega. Breivik era militante del Partido del Progreso.

    Si en algo vienen coincidiendo los sondeos preelectorales es que el Partido Laborista no va hacer la remontada. Una coalición de la derecha parece más fuerte que nunca, aunque el Partido del Centro, que permitió la gobernabilidad de la izquierda en dos mandatos anteriores, puede dar la sorpresa y facilitar un tibio gobierno laborista. Pero, como decíamos, la pregunta que se hacen hoy los votantes ya no es ¿me siento de derechas o de izquierdas? En cada urna resuena el eco de una pregunta más peligrosa: ¿estoy con el inmigrante o contra él?

  • Lo que Zainab calla

    Lo que Zainab calla

    Cuando decimos que no escuchamos a los niños y a las niñas es verdad y es mentira. Las madres y los padres diremos que no hacemos otra cosa que pasar el día hablando con ellos. Pero esa información que los niños y las niñas depositan en nosotros no traspasa el ámbito privado en el que les criamos y además se diluye en nuestra desmemoria senil. Por otro lado, los cerebros de esos niños y niñas, esos otros discos duros que podrían almacenar la memoria autobiográfica, no están fabricados para registrar datos a largo plazo durante los primeros siete años de vida.

    …sigue leyendo en El País.

  • Miedos atávicos de la infancia

    Miedos atávicos de la infancia

    Voy a hacer una lista de aquello que más me aterraba de pequeña, quizás así pueda superarlo:

    1. Las bombas lapa de ETA.
    2. El ruido de la cisterna en el cuarto de baño a oscuras.
    3. Los zulos de ETA.
    4. Las apariciones marianas.
    5. Los sustos desprevenida, sobre todo en forma de un susurro a mis espaldas o una persona que aparece inadvertida a mi lado.
    6. Los atragantamientos que llevan a la muerte.
    7. La pesadilla recurrente en la que todo es muy grande y yo muy pequeña (o algo parecido).
    8. Estar sola en casa.
    9. El sótano del colegio.
    10. Las noticias de ovnis en el Telediario.

    He escrito estos miedos según me iban viniendo a la cabeza, así que no los he reordenado. Es probable que la memoria los haya ido ordenando con algún criterio. Ahora que los he escrito y numerado, los puedo observar como algo ajeno a mí y pensar sobre ellos.

    De entrada, me parece que esta niña veía mucho la tele. Demasiado. Los miedos 1, 3, 4 y 10 claramente provienen del consumo de televisión. O peor, del consumo de noticias en la televisión.

    También puedo deducir que esta niña pasaba mucho tiempo en casa y que ese entorno también era terreno fértil para sus terrores 2, 5, 6 y 8. El único temor que sucede claramente fuera de casa (y no en la tele) es el 8, que en realidad tiene lugar en la otra casa: el colegio.

    Veo mucha oscuridad: debajo de los coches (las bombas lapa, el 1), en el pequeño zulo de los secuestros (3), en el baño (2) y en general en la casa (8), por la que pasa el día pero también la noche, y el sótano del colegio (9), bajo tierra, sin ventanas.

    Luego hay cosas que pasan no porque la niña se meta en líos, sino porque vienen sobrevenidas, como las apariciones de entes (4 y 10) o personas (5) y el atragantamiento, un accidente involuntario.

    Al miedo a ETA es evidente, no hay mucho que decir. ¿Qué niña o niño nacido en 1975 en Madrid no lo tendría? Había bombas y disparos con frecuencia. Una vez explicaron en la televisión cómo se miraba en los bajos de un coche para comprobar que no había bomba lapa, y me temo que la niña revisaba de cuando en cuando el de su padre. Los zulos eran ese otro gran símbolo del terror en los ochenta, como metáfora del ataúd, de premuerte. En ellos escondían no solo armas, sino lo más angustioso: secuestrados. La idea de pasar días sin poderse mover apenas se impone como la mayor de las torturas. Amonal, goma 3, explosivos, parabellum, detonador, nuca, impuesto revolucionario, banda armada, eta político militar, Bayona, Yoyes, Ajuria Enea, comando, desarticulación, secuestro, son un puñado de piedras que se llevan durante la infancia en una bolsa, y no significan nada, solo sirven para hacer el miedo.