Etiqueta: música

  • Caifanes era mi secreto

    Caifanes era mi secreto

    Tenía 17 años y quería creer en las formas del humo. Quería creer en el verso, en el infarto y en la muerte.

    Yo, con 17 años, quería creer en todas las mañanas del mundo.

    Yo quería escapar de casa y encontrar un agujero. Quería hacerme un hueco solo mío. Quería vivir en silencio y quería gritar.

    Quería no ser española, cualquier otro sitio era mejor.

    Con 17 años pensaba que todo lo bueno había pasado antes de que yo me enterara. Lo que tenía a mi disposición, me parecía mediocre.

    Yo quería algo que nadie más tuviera.

    Y entonces tuve a Caifanes.

    Caifanes no me dieron un lugar porque yo seguía descolocada, pero al menos me dieron una banda sonora.

    Qué bonito que ahora (sigo descolocada, no sé gritar, no me da sosiego el silencio) he podido entrevistarlos para anunciar los conciertos que están dando estos días en España. Comparto mi secreto.

    Y qué emoción que esta noche voy a verlos en directo por primera vez.

    Pego aquí el artículo que he publicado en elDiario.es. No me importa compartir el secreto.

    El resurgir de Caifanes: “Con el mundo tan dividido, la música pasa por encima de todo eso”

    Cambia la década del 80 al 90 y en España la música se ha vuelto comercial, aburrida, adocenada, domesticada. Aún falta un poquito para que explosione una nueva escena indie o alternativa que desgarre lo anterior. Así que mientras tanto, mientras nada pasa, llega en susurros la onda expansiva de una revolución que está sucediendo en México: el rock subterráneo ya no duerme bajo la tierra.

    Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, Fobia, Alquimia, Neón o Caifanes surgían en México, poco después del gran terremoto que asoló el país en el 85, construyendo a partir de esos escombros una nueva identidad del rock mexicano, con influencia anglosajona del postpunk y la new wave pero también del acervo folclórico propio, cantada en español, de una sonoridad única.

    “No existía una escena de rock dentro del mainstream. Estábamos tocando en las coladeras, en los lugares clandestinos y en donde se pudiera, en la calle a veces. De repente vino ese bum y se puso de moda el rock en español”. Así lo recuerda Alfonso André, batería de Caifanes en una videollamada desde Barcelona, donde acaban de aterrizar para dar tres conciertos en España. Después del 24 de abril en la ciudad condal, el grupo tocará el 26 y el 27 de mayo en Madrid, con todas las entradas agotadas.

    Le acompaña en la entrevista el teclista Diego Herrera, que recuerda que en aquel entonces había una cosa en México llamada “los hoyos fonky”. “De repente llegabas a una bodega, nos funciona, sirve, pum, pum, pum. Venga, vamos a hacer un concierto, ¡mañana! ¡Pumba! Montabas todo ahí. Llegaba la gente, no sé cómo, porque se atascaba. No sé cómo se enteraba la gente. Y al día siguiente no había nada en ese lugar, desaparecía porque era clandestino”, rememora.

    Había gente dispuesta a escuchar a estos grupos, pero no había apoyo de las discográficas o de los medios. “Nos decían: ‘van a estar en este programa de televisión, pero tienen que tocar tal cosa y no pueden decir una mala palabra o no los vamos a entrevistar, o tienen que hacer playback, para que no corramos riesgos’”, dice Herrera. Como ejemplo de la poca confianza que tenía la industria en los grupos como Caifanes, el teclista recuerda que durante su primer contrato con una discográfica, los responsables buscaron la opinión de dos “expertos” para evaluarles: un argentino y un español. “Entonces dijeron bueno, pues mira, parecen putos, ese es un problema. Y el otro es que queremos vender discos, no ataúdes, ¿no? Porque estábamos con esta onda dark”. Les habían fichado “por si acaso”, pero en verdad no creían en ellos.

    “Luego vino otro argentino que tenía más visión que aquel y dijo ‘estos tipos valen la pena’. Entonces grabamos y empezó a suceder lo que ya conocemos”, remata Diego Herrera. Creció tanto ese público que aborrataba los lugares clandestinos que se desbordó, en parte gracias a la visión comercial del sello RCA, que creó la etiqueta “Rock en tu idioma”, donde aglutinó a bandas mexicanas, argentinas, y al final ya no era solo una campaña de marketing sino un movimiento. De Soda Stereo en Argentina a Los Prisioneros en Chile. Una gran ola de nuevo rock en español, dotado de una poética insuperable.

    Caifanes publicó cuatro discos que se consideran míticos, de culto, fundacionales, seminales, y cualquier otro apelativo épico que se quiera añadir a la definición. Importantísimos, en definitiva, para la historia del rock mexicano y para la memoria sentimental de los fans de la música en América Latina. Estuvieron activos diez años, entre 1986 y 1996 y se disolvieron —de manera traumática, brusca—, formando otros grupos, como Jaguares. En 2011 se reagruparon y volvieron a tocar en directo, pero no han vuelto a publicar otro disco largo, aunque sí cuatro canciones en siete años, a goteo.

    La última se titula Y caíste (2025) y en ella muestran los colmillos al futuro, como dice un verso de la canción, escrita por el carismático cantante Saúl Hernández, uno de los mejores letristas de Latinoamérica. 

    “No tenemos una disquera atrás con el látigo como teníamos antes”, analiza Alfonso André. Ahora el grupo es su propio jefe y no se ve forzado a publicar un álbum. “Hemos estado sacando cuando sentimos la necesidad y las ganas de meternos al estudio. También estamos muy entregados a tocar en vivo, sobre todo después de la pandemia”, añade. André se da cuenta de que este fluir agradable del grupo ahora, que perdió por el camino a los miembros Sabo Romo —con problemas de salud— y Alejandro Marcovich —con una relación tirante con Saúl Hernández—, se adapta bien a cómo funciona la industria de la música hoy. 

    “La gente ya no se sienta a escuchar un disco completo, se maneja más con esto de los sencillos, que no es nada nuevo tampoco, ya era así en los cincuenta y los sesenta”, señala Alfonso André. “En lugar de aventarnos meses en trabajar un disco entero, preferimos hacer estas visitas medio guerrilleras al estudio y no tener que parar la gira. Grabamos un par de temas cada vez que nos metemos. Tenemos ya por ahí unos tracks que no hemos publicado, que estamos guardando para cuando por fin tengamos suficientes canciones para hacer un larga duración o al menos un EP”, revela el batería, anunciando que es probable que llegue un quinto disco de Caifanes, después de El nervio del volcán, en 1994.

    Caifanes se siente un grupo de directo y el público español va a poder comprobarlo. El grupo solo ha estado tres veces en nuestro país: dos en Madrid (en las salas Revolver y Caracol, en 1994) y en el Encuentro Iberoamericano de Rock en Huelva que tuvo lugar en 1991, un acto previo a las celebraciones del 92. Pocas, para un grupo de su calibre. En la entrevista, Herrera y André relatan que la historia de Caifanes podría haber sido diferente porque antes de dar su primer concierto, antes incluso de que Alfonso André dejara Las Insólitas Imágenes de Aurora para enrolarse en Caifanes, decidieron mudarse a España e iniciar su carrera aquí. “Querían venirse en un barco carguero”, dice el teclista.

    Pero una canción se coló en una emisora de radio y cambiaron de idea, adiós al sueño español de compartir escenarios con Alaska y Dinarama, Radio Futura, Toreros Muertos o Nacha Pop. “No sé cómo nos hubiera ido si llegamos aquí tres güeyes a un departamentito y nos la buscamos en ese momento”, reflexiona Herrera. A pesar del éxito posterior, su discográfica no hizo el esfuerzo suficiente para que el grupo fuera conocido en España, un desdén que también han sufrido otros muchos grandes nombres del rock latinoamericano, tesoros que parecen conocer solo los expatriados, a juzgar por el público que compra las entradas de sus conciertos.

    Caifanes ha vuelto y está dispuesto a enmendar los errores del pasado. Han sanado sus heridas y han encontrado una manera de volver a estar juntos. “Tienes que tener muy buena paciencia y buena alma para poder aguantar”, señala Herrera. “Nos entendemos porque sabemos relacionarnos y qué le duele a uno, qué le duele al otro y dónde no debes pisar”, añade. “Pero la mayor sanación es tocar. Eso es una gloria. En este momento, con el mundo tan dividido como está, la música pasa por encima de todo eso, y a nosotros nos pasa en el escenario también”, recalca. “Eso nos mantiene queriéndonos y juntos”.

    Saúl Hernández llama “rituales” a los conciertos, lo cual engancha con esa idea de poder de sanación, “de saltar la razón y llegar directito al corazón”, dice Herrera. La palabra corazón forma parte de la identidad de Caifanes, de su retórica. “Corazón es sentirlo, no fingirlo”, dice Alfonso André. Corazón es también “la composición”, hacer canciones entre todos, que “te encante lo que hizo el otro” y que “todo caiga en su lugar”, añade Diego Herrera.

    En este regreso de Caifanes, el grupo está dispuesto a “perderle el respeto a todo”, incluido a las canciones, que son casi textos sagrados para muchos fans: La célula que explota, No dejes que…, Viento. “Hay canciones que las tocamos igual que las grabamos y hay otras que nos tomamos la libertad de darles otra vida. No debe de haber reglas inquebrantables. Las canciones van mutando conforme las vas tocando igual y aparecen otras cosas que no te habías imaginado”, dice Alfonso André.

    A lo que si hay respeto es al nombre. Son Caifanes, los Caifanes. “Yo le tengo respeto y le tengo mucho cariño porque ha sido lo más importante que ha sucedido en mi vida”, admite Herrera. “Hay que hacerle justicia al nombre y a la historia del grupo. Nos ha pesado al meternos a grabar, de repente, aunque tratas de dejarlo atrás y de quitarlo de tu cabeza, para meterte fresco al estudio y sin tener ese peso encima, pero está ahí, en el subconsciente”, confiesa el batería. Y remata: “He de hacerle justicia a la historia de la banda y a la trascendencia que ha tenido a lo largo de los años para nuestro público. Sí, creo que es una responsabilidad y hay que hacerle justicia al nombre de Caifanes”.

  • Ha llegado el memento

    Memento mori, de Depeche Mode.

  • ¡¡Nuevo disco de Depeche Mode!!

    Ya está aquí Memento Mori, el nuevo disco de Depeche Mode, el mejor grupo del mundo. Aquí me adentro un poco en él, canción a canción, lo que me permite tener medio trabajo hecho para el episodio de Pobres Chavales.

    ‘Memento mori’, el nuevo disco de Depeche Mode, canción a canción

  • Biografía comparada entre Depeche Mode y The Cure

    Biografía comparada entre Depeche Mode y The Cure

    Sergi Atencia Sánchez (SAS) ha publicado un libro titulado Violadores imaginarios (quizá no es el título más afortunado, pero hace un juego de palabras entre los discos Violator de Depeche Mode y Three Imaginary Boys de The Cure) que consiste en una doble biografía de ambos grupos narrada sincrónicamente. La intención del libro es la de «reconciliar al fandom» de estas dos grandes bandas, que durante mucho tiempo fueron arietes de dos bandos: el electrónico y el guitarrero.

    Yo pertenezco al primero de ellos (aunque por supuesto me gusta The Cure) y quizá en esa representación diplomática es que el autor me ha invitado a escribir uno de los dos prólogos. Por ello, y porque a SAS le gustó mucho mi libro sobre Depeche Los últimos amantes.

    Lo ha editado Círculo Rojo a finales de 2020 y se puede conseguir en papel y en ebook en Amazon (8,14 € o dentro de la tarifa plana de Kinle Unlimited).

  • Premio a la mejor historia depechera

    Premio a la mejor historia depechera

    En el podcast de Pobres Chavales hemos lanzado un concurso e el que pedimos historias que os hayan pasado y tengan algo que ver con vuestra pasión como fans de Depeche Mode.

    Tenemos para regalar tres entradas dobles para el pase en cines de Spirits in the forest el 21 de noviembre y cuatro posters de Anton Corbijn.

    Os voy a ir poniendo aquí las historias que vamos recibiendo y, cuando las tengamos, os decimos los ganadores.

    Joaquín Valderrama: Mi obsecion o devoción por los depeche empezó en una cocina donde yo trabajaba allí había una tele pequeña, en una noche de trabajo y grande veía unas imágenes de un concierto donde el cantante se movía y enloquecia a la gente y la verdad me gustaba lo que veía en un momento de tranquilidad pude darle volumen al tele pues lo teníamos sin sonido y hay en ese momento fui de ellos me convertí en un depechero lo que estaba viendo era el 101 que lo emitía la tve2, Al día siguiente me informe del grupo su nombre todo y fui a una tienda de discos en Sevilla la tienda era Sevilla Rock me lleve mis ahorros y compré todo lo que vi de Depeche discos, singles todo que grandes días pasé en mi casa escuchando los DM y de hasta ahora es mi grupo mi banda sonora de mi vida

    Javier Cantón: Tantas cosas que es difícil elegir. @depechemode me ayudaron a construir mi identidad en una edad crítica. Un nexo con gentes y tribus urbanas con las que compartía intereses musicales, pero tb vitales. Y nunca olvidaré la primera vez que los vi en BCN en el 98. #devoteeforever

    Testigos Del Crepúsculo: Ahí va la mía… Una vez fui al concierto con mi exnovia y con su actual novio. En principio ella me había dejado por e?. Yo iba vestido como Dave Gahan y él como Martin gore, dado que a ella le gustaba más Martín ahora pienso que era una cuestión natural… Pero por aquel entonces era todo un poco doloroso… Cómo nos compramos las entradas del concierto juntos, pensamos en ir juntos, lo cual fue una idea loca pero así fue. Y una vez comenzó el concierto entramos en trance, nos abrazamos y no había problemas ni malos rollos, todo fue magia y pasión, y me olvidé no solamente de todos mis problemas, sino de mi ser y de mi fisicidad. Sólo veía un sublime espectáculo de lentejuelas y pasión desbocada sobre el escenario del violation Tour… Cuando se encendieron las luces, toda nuestra ropa estaba rota, el delo enmarañado y el maquillaje corrido, fue un despertar a la realidad autenticamente cruel. Me abracé con ella durante 3 minutos, muy fuerte, y se fuel con el clon de Martin Gore. Y yo me fui a casa a escuchar Violator mientras intentaba digerir qué habías pasado…

    Javi Pulido: En la época de promoción del Ultra, llamé a no menos de diez hoteles de 5 estrellas preguntando si se iban a hospedar los señores Fletcher o Gore. Cuando me confirmaron en el Villamagna me pasé 6 horas en la puerta esperando. Solo fui capaz de soltarles «qué tal» por los nervios.

    Y al día siguiente igual, muerto de frío esperando que salieran de una entrevista en Cadena Cope para que me firmaran el Music for the masses y la entrada del Devotional Tour. «Just one, Martin, please». «Just one, just one, everybody wants just one», contestó

    https://twitter.com/javipulido/status/1192419737084538880

    Juan: 16 años y regalan a mi hermana Music For The Masses en disco .3 décadas escuchando canciones muy buenas y menos buenas de DM , me quedo con el sonido en vinilo de Never Let me Down Again ….o escuchar a mi peque de 7 tarareando Enjoy The Silence.

    Carlos García Serena: En 1992, en el Palau Sant Jordi, en pista y a punto de empezar el concierto de U2 ZooTV, vi que en gradas estaban Martin y Dave sentados. En esa época vivían en Madrid grabando SOFAD. Subí, me firmaron las entradas y estuvieron muy conversadores y simpáticos!

    Pradi Ort:Carnavales de Bilbao disfrazada del video de Enjoy de Silence , silla de playa incluida en febrero, capa enganchada en las escaleras mecánicas, no llegué de muy buen humor y la cosa acabó peor cuando no dejaban de confundirme con Viva la vida de Coldplay.

    Somiadora: Hace casi 3 años @golstalgia me regaló las entradas del concierto del Spirit Tour en Bolonia para el 29 de junio, estuve durante 6 meses guardando esas entradas como un tesoro hasta el día anterior al concierto, que las perdí en el avión para ir a la ciudad italiana (abro hilo)

    A la hora de embarcar llevaba todos los documentos en la mano, entradas incluídas, y debido al follón del avión no sé dónde las perdí, el viaje lo pasé llorando y @golstalgia en lugar de enfadarse me estuvo tranquilizando ya que eso le pudo pasar a cualquiera.

    La mala suerte es que la empresa que vende en Italia no nos dió ninguna alternativa para recuperar las entradas y nos quedábamos sin concierto, hasta que se me ocurrió otra locura, y es que como era verano y en un estadio de fútbol (el Relato Dall’Ara) podíamos escucharlo fuera.

    Y allí que estuvimos tomando pizza (había foodtrucks y ambientazo) escuchando a nuestro grupo favorito después de pasar la tarde esperando a la salida del hotel donde se hospedaban para acabar viendo salir sólo a nuestro integrante favorito: ni más ni menos que a Fletcher!!

  • Destripamos el ‘Exciter’

    Destripamos el ‘Exciter’

    No me refiero a la canción de Judas Priest. No vengo a hablar del grupo de trash metal canadiense.

    En el último capítulo del podcast Pobres Chavales, Alberto Monreal y yo invitamos, de nuevo, al depechero Óscar García para analizar uno de los discos más (alerta spoiler) decepcionantes de la carrera de Depeche Mode: Exciter, de 2001.

    Clic aquí para escuchar en Ivoox o play en el reproductor.

    Estamos también en Archive, Spotify Podcast y en iTunes Store. Puedes seguir el podcast en Twitter, página de Facebook y Tumblr.

  • La trilogia devocional

    La trilogia devocional

    Como algunos sabréis, Lord Monreal y yo tenemos un podcast lento y largo titulado Pobres Chavales. No tenemos mucho tiempo, por lo que los episodios van cayendo de manera espaciada, mucho más de lo que nos gustaría. No lo hacemos del tirón, como si fuera radio, sino que primero grabamos la conversación y posteriormente editamos y publicamos. Esto es un método que nos lleva un tiempo excesivo pero, por otro lado, se adapta mejor a nuestros espacios.

    También nos lleva su tiempo prepararlos. A pesar de que ambos hemos leído mucho sobre el grupo y su contexto, y yo incluso he publicado un libro, titulado Los últimos amantes, tenemos una edad en la que los datos ya no se quedan en la cabeza y hay que refrescar. Incluso más, diría: gracias al podcast he aprendido cosas sobre Depeche que no sabía cuando escribí el libro.

    Actualmente, el podcast está dedicado a la carrera de Depeche Mode, indiscutiblemente nuestro grupo favorito. Alberto y yo compartimos una gran pasión por el grupo, lo que nos da pie a hablar incansablemente sobre ello. Y es así desde que nos conocemos. Podríamos decir que Depeche Mode es una conversación paralalela que tenemos en nuestra vida y que hemos decidido abrir ventanas a ella para que se asomen otros que lo sienten de igual manera. O curiosos. O cotillas. O no tan fans pero que podrían serlo.

    En julio publicamos un capítulo dedicado al Devotional & Exotic Tour, que podría ser la segunda parte del anterior, en el que hablamos del disco que le corresponde, Songs of Faith and Devotion, publicado en febrero. Por tanto, me parece que el episodio que hemos publicado ayer, La despedida de Alan, sería una tercera parte de esta trilogía devocional formada por la publicación del disco, la gira y la pérdida de uno de sus componentes.

     

  • Spirit

    Hola, depecheras.

    Este par de pobres-chavales que somos Lord Monreal y la que os escribe somos capaces de no publicar un episodio del podcast en cinco meses y, después, parir un par de ellos en cinco días.

    Así que nos hemos saltado la cronología, por la que hubiera tocado un episodio 13 dedicado al Songs of Faith and Devotion, y reaccionamos a la rueda de prensa milanesa del 13 de octubre en la que Depeche Mode presentó el Global Spirit Tour, correspondiente al nuevo disco Spirit, que se publicará en la primavera de 2017.

     

    Alberto: «Global Spirit me suena a chicle de fresa».
    Elena: «A mi me suena a los grupos de etnotrance que estaban de moda en los noventa».

  • Ser fan

    Ya sé que estáis esperando que hable de Barcelona. Yo también. No lo hice desde allí ni justo al regresar por lo que, debido a la instantaneidad de los blogs, parece que algo que sucedió hace una semana está pasadísimo de moda. Lo preguntaba ayer Jorge Carrión desde el público y hacia una de las mesas de Ctrl+Alt+Del, reiniciando al monstruo: ¿no le sucede a la literatura, y al mercado editorial, que por culpa de la instantaneidad del publicar en blogs, eso de esperar meses o medio año para que el editor te saque tu libro al papel, provoque en los libros (en el lector) la sensación de que ya no pertenecen al presente, ni a nuestro presente ni al presente del autor? Nadie le contestó, porque hizo otra pregunta de seguido y los de la mesa la olvidaron o bien la consideraron pasada de moda por pertenecer al minuto anterior.

    Que los días de la semana se hayan ido amontonando sobre el fin de semana que pasamos en Barcelona para ver a Depeche Mode dos veces más no significa que no deba hablarse de ello, que no sea importante; dentro de la escala de importancia que las cosas tienen en The Last Dance.

    Cogimos el Xantia con el tanque rebosante de gasolina para gastarla poco a poco por la A-2. A la altura de Zaragoza, la A-2, aquella vieja N-2, se convierte en AP-2. Esa P te cuesta algo más de 20 euros. A mí una vez me enseñaron que según se rentabilizan las autopistas los peajes cuestan menos. En Cataluña esta regla no funciona y cada vez es más caro viajar por carretera a Barcelona. ¡20 euros!

    Al llegar pasamos por la Zona Franca y por el Cementerio de Montjuic. Los dos lugares están rodeados de silencio, despoblados salvo por las prostitutas que aguantan la noche a pie derecho. Alberto me pregunta si he estado alguna vez allí, en ese cementerio. Yo no pero imagino que él sí. La pregunta me parece natural y unos metros después pienso qué tipo de pasados tenemos para que rondar los cementerios sea algo natural. No me contestéis, ya lo sé. En él están enterrados Buenaventura Durruti, Montserrat Roig o Francisco Ferrer i Guardia. La Zona Franca y el cementerio son lugares industriales y románticos, respectivamente, así que pienso, mirando a través de mi ventanilla, en Cold Meat Industry, que es también las dos cosas.

    Ese camino nos lleva hasta el Palau de los Deportes en Montjuic. Aparcamos tan fácilmente que me resulta sospechoso y casi pienso que nos hemos equivocado de día. Sólo tendremos que hacer una hora de cola ante de abran puertas. A pesar de que en Madrid hice dos horas tengo más o menos la misma cantidad de gente delante, aunque se les ve más depecheros, la masa es más uniformemente negra. El segundo día de Madrid había un hombre detrás de mí que vestía camisa y jersey verde, pantalones quizá vaqueros, tenía el peno cano y no parecía la persona que esperas se haga dos horas de cola delante del Palacio de Deportes para conseguir el mejor sitio posible en la pista. Pero este hombre, acompañado de una mujer, llevaba dos chapas de Depeche Mode enganchadas en el jersey de lana. Me emocionó que hubiera algo tan irreductible en él.

    Corrimos. Antes, cuando había menos miedo a las catástrofes, se abrían las puertas y tu corrías como si te persiguiera el demonio. Hoy no te dejan correr y, en el camino a las primeras filas, te encuentras varias barreras de hombretones que te dicen cosas como «calma chica», «más despacio chavala» o «no corráis, no corráis». La única solución es hacer carreritas entre barrera y barrera de hombretones y, cuando te acercas a ellos, disimular caminando lo más rápido posible. Eso sí, al traspasar la última frontera, cuando ya no queda nadie que te frene, se produce un sprint final adrenalínico similar a una carrera en un partido de rugby, vigilando a tus competidores, buscando el camino más rápido, esquivando a los más lentos, zigzagueando hasta colocarte en el hueco más cercano al escenario. En cuanto te has colocado, segundos después, notas cómo se agolpan a tu espalda todos los que vienen detrás de ti. Apenas medio minuto después ya no ves nada hacia atrás, sólo cabezas.

    Ese es el momento de valorar con Alberto el sitio que hemos conseguido y contar las filas de gente que tenemos por delante. Comentamos si estamos más o menos cerca que tal o cual concierto de Depeche. Eso sí, regla de oro: siempre delante de Martin. Sin duda prefiero una séptima fila delante de Martin que una segunda delante de Fletcher. No me imagino a Alberto llevándome la contraria en eso. Lo siguiente es hacerse fotos, mirar las gradas, ver las lonas que se cuelgan («Depeche Mode, a mission of beauty» o la del Club Devotion) y valorar, de nuevo, la velocidad a la que se llenan en relación a tal o cual otro concierto de Depeche. Se hace cuesta arriba volver a ver a Soulsavers otras dos veces más. Una vez dentro del estadio falta una hora y cuarto de espera antes del telonero, aprisionados entre los cuerpos impacientes de las primeras filas, sin poder moverse apenas. Luego llegan los tres cuartos de hora de la impasividad de Mark Lanegan (siempre la misma ropa, siempre el mismo gesto, jamás una palabra para el público, el tic en su mano derecha, el pie de micro agarrado con su mano izquierda) durante los que nos entretenemos en buscarle parecidos (Hellboy, Tom Waits, luego pensamos en personas que se parecen a Hellboy, después me imagino a Lanegan limándose los cuernos). Cuando acaba el grupo llega la media hora de cambio, que es la más entretenida. Aparece un roadie del que somos fans debido a la falda de cuero que viste, sacada del armario de Martin Gore en la era Music for the masses. Comienzan a chequear que todo funciona. Primero la bola en blanco (primeros aplausos), luego la pantalla en blanco, luego la batería, los teclados, los micros y la guitarra roja de Martin con la que tocará In Chains. El momento más emocionante sucede cuando, cinco minutos antes del inicio del concierto, las letras D y M con la tipografía del último disco comienzan a dar la vuelta a la gigantesca bola que preside la escena, la bola es el sexto Depeche.

    El primer día nos amenizó la espera un fan del rock de estadio, concretamente de Bon Jovi. Dijo que era el primero de la cola de su concierto, con entrada golden ring, si no fuera por un extranjero que tenía delante. Pero como era extranjero no contaba, en realidad; el primero era él. Comprendimos, en ese momento más que nunca, que Depeche Mode no son el grupo de synthpop oscuro, guapos y tan bien vestidos, con letras que te calan en el alma, sonidos con reminiscencias industriales tan bien trabajados y voces maravillosas con dos líderes carismáticos, sino un grupo más de rock de estadio dentro del circuito de grupos que hacen gira llenando los estadios; uno de esos grupos que hay que ir a ver, en definitiva. Ese es el motivo por el que cada vez hay menos depecheros en los conciertos de Depeche Mode.

    El segundo concierto de Barcelona fue impresionante, tan bueno como el segundo de Madrid pero, debido a las sorpresas en el repertorio habría que colocarlo por delante. No sé si debido a la presencia de las cámaras (que grababan material para el DVD) o a que se trataba del último de cuatro conciertos en España, Martin y Dave hicieron un inesperado quinto bis en la lengua del escenario con Waiting for the night, como en Valladolid. Tampoco esperábamos que en lugar de Miles Away entrara Come Back, la cual me disgusta menos por lo que celebré el cambio. Al igual que en Madrid, el segundo día Martin hizo Dressed in Black en lugar de One Caress. Dressed in Black es el mejor momento de la gira, claramente, y siento mucho que haya públicos que se lo pierden. Ésta me gustó más en Madrid, pero quizá fuera porque era la primera vez que la veía. También hubo algunos cambios en el orden del setlist, como explica Peter en el Tour blog oficial.

    El sábado por la mañana nos fuimos a comprar discos y la tienda en la que más recolectamos fue Revólver, donde hay una buena sección de vinilo y se encuentran ofertas. Con las bolsas en la mano y la entrada para la noche ardiéndonos en el bolsillo nos fuimos a comer a un excelente vegetariano cerca del MACBA, llamado L’Horta.

    Después del concierto fuimos al aftershow. De verdad que era algo que no quería hacer pero inevitablemente acabamos cayendo. Nos citamos con el Comandante, quien nos ha dado cobijo en su hogar durante los días en Barcelona, en el KGB y allí prosiguió la banda sonora depechiana de nuestras vidas, jalonada con el fletcherismo del dj madrileño Rubi y el dj de la escena Albert Code. Y, en fin, aquí tenemos esta mitiquísima foto correspondiente a dicha noche y dicha fiesta. De izquierda a derecha Raúl (con mirada seductora) de Comando Suzie (el mejor grupo de España), Albert Code (rey de la fiesta) y (el inigualable) Alberto Monreal:

    Volvimos a Madrid escuchando discos, que es una de las grandes cosas que tiene conducir. Escuchar las remasterizaciones de Kraftwerk mientras se recorre la AP-2 al límite del límite, y a veces algo más del límite, hasta que ves un coche de policía multando a uno que también quería ir más allá del límite escuchando las remasterizaciones de Kraftwerk, es una de las grandes experiencias vitales.

    Regresé a Madrid con ganas de volver a escuchar a Depeche Mode en un tiempo, dejarlo reposar. La aparición del nuevo vídeo trunco en cierta medida mis planes, por desgracia el videoclip no me gusta, por lo que no tendré que escuchar Fragile tension muchas más veces. Al llegar a casa abrí un cajón para mirar la entrada de The Horrors, que llevaba un buen tiempo esperando en ese cajón con un post-it encima en el que podías leer, en letras mayúsculas y entre admiraciones las palabras BOLA DISCO. The Horrors, uno de los grandes grupos del siglo XXI, tocaron el miércoles pasado en Madrid. Era la tercera vez que les veía. Debería haber sido la cuarta pero el viento huracanado de Benicàssim canceló su concierto en el festival. Cumpliendo con el ritual, nos retratamos en el tiempo de espera, como si nuestra vida ya se hubiera convertido en un loop de cola-foto-telonero-grupo-cola-foto-telonero-grupo…

    The Horrors hoy tiene todo lo que le falta a Depeche Mode, todo lo que tuvo. Despierta en mí algo que Depeche, con su previsibilidad, adormece. Depeche Mode es el grupo de mi vida pero The Horrors, The Horrors es yo hoy, es lo que tiene que ser la música para que te subleve, te retuerza y tú adores, te entregues, importes tanto como importan ellos.

    Tienen la furia del primer disco (dadle al play en el primer video, el de Gloves) y toda la fantasía del segundo (play en el segundo, el de Scarlett Fields). Lo tienen todo por delante, tienen dos discos de los que no sobra ni una canción, son espectaculares sin montar ningún espectáculo, son guapos desde mi canon de hermosura, el cual entiendo que no se comparta, visten, miran, te cambian la vida.

    Hay que ser fan, uno no puede pasar por la vida sin ser fan.

  • Sounds of the Universe, el peor disco de Depeche Mode

    Publicado primero en Martingorey:

    Últimamente he estado algo alejada de Martingorey por dos motivos. El primero es que algunas actividades paralelas me han dejado poco tiempo. El segundo, y más importante, es la decepción en la que me ha sumido Sounds of the Universe. Soy una fan devota y mi gálibo con Depeche está tan alto que no suelen romperlo, hagan lo que hagan. Se lo suelo pasar casi todo. Pero los recientes acontecimientos me han hecho rozar el límite.

    Mis malas caras comenzaron con la zorrería de partir la arena del estadio en dos y hacer pagar más si quieres verlos de cerca. Antes, cuando uno era fan y quería verlos de cerca, se chupaba horas de cola frente a la puerta del concierto. Pero lo que Depeche Mode ha hecho se llama comprar el fanatismo con dinero, ya que parece que los lujos no se pagan con vanidad.

    Más insalvable es que hasta ahora y después de bastantes escuchas siga pensando que Sounds of the Universe es el peor disco de la carrera de Depeche Mode. Cuando un grupo tiene tanto talento como ellos tienen, lo que en términos relativos es un desastre, en términos absolutos no tiene porqué serlo. El peor disco de DM podría ser tan bueno como el mejor de De/Vision, por poner el cuarto ejemplo que me ha venido a la cabeza.

    Pero ese, querido devotées, no es el caso. Nos enfrentamos a un disco malo. Malo con ganas. Muy pocas canciones hay en él que dejen una impronta en el recuerdo y el deseo de volverlo a escuchar sólo llega cuando me fuerzo a encontrar algo que se me haya escapado en las escuchas previas. Algo que lo exculpe. Para mi desgracia, encuentro motivos para culparlos aún más.

    Encuentro el disco lleno de sonidos obvios, algunos iguales o muy parecidos a los ya usados en Playing the angel (como los de In Sympathy, que suenan a Precious). La imagen de Martin Gore comprando viejos teclados en eBay para luego hacer un disco que suena así me parece muy triste.

    DM suelen evitar soltar la mejor canción del disco como primer single. Tienen una idea extraña de primer single, canciones que tienen algo reconocible, un sonido que describe o anticipa el disco. Además, son canciones que pasan al olvido, como Dream on (de Exciter) o Precious (de Playing the angel), medios tiempos en los que se arriesga poco. ¿Cómo de malo, pues, puede ser este disco para que su mejor canción salga de primer single? Muy malo.

    Como digo, me gustan Wrong y Fragile tension. A partir de ahí, puedo rescatar In Sympathy, Come Back, Miles Away/The Truth Is y Corrupt. Probablemente en este orden.
    Peace me gusta hasta que empiezan a cantar (es decir, los primeros 10 segundos) y luego me parece un horror, tanto de letra como de música. Además, no entiendo ese homenaje a los Beatles en plan Across the universe que suena en mitad de la canción.

    Si estas canciones fueran de otros grupo no me interesarían. Creo que solo las presto atención porque son de Depeche.

    Tal y como el nombre de este blog indica, soy muy fan de Martin y las canciones que en cada disco se reserva para si mismo suelen ser de mis favoritas. Así que no entiendo de qué va ese Jezebel que parece una cara b de Norah Jones.

    ¿Y las letras? ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué se han convertido en un grupo que dice cosas obvias para rimar?

    Me gustaría empezar a rajar sobre la producción del disco, ya que lo que he oído me parece que lo empeora aún más. Pero voy a reservarme esta carta cuando el disco salga, pues es posible que la copia que anda circulando por ahí no sea un master definitivo o que la compresión haya desmejorado brutalmente el sonido. Aunque conservo pocas esperanzas. Como dice este otro fan, si el sonido no mejora, organizaremos un viaje a Londres para matar a Ben Hillier.

    Por supuesto, todo esto es «en mi opinión», no voy a empezar cada frase con esa advertencio ya que creo que se sobreentiende al tratarse de un blog.