La imposibilidad de ser más querida

En mi estudio falta una lámpara. Una de mesa que aporte luz cálida a una habitación que aún está por domar, que no me reconoce ni yo a ella. Pero no un flexo y mucho menos una fase. La bombilla del techo me hace sentir provisional, así que he preferido encender tres velas y hay algo en ellas, junto al ordenador, que resulta cómico. Un intento del fuego por hacerse amigo del plástico y el pixel que claramente se ve que no va a cuajar. La misma sensación que provoca invitar amigos de ámbitos diferentes a una misma fiesta. Y bueno, esta es mi fiesta. Esto, lo que tengo después de 1 Cronenberg y 2 Prison Break. Abro el correo, a ver qué cae. Cada día tengo uno, dos o tres correos que me avisan de nuevos seguidores en Twitter. Gente (usuarios) que no sé quiénes son ni qué quieren. No sé qué piensan averiguar añadiéndome, con qué objeto, con qué diversión. Veo esos avisos, esos nicks absurdos y me pregunto si hay gente que añade sólo para ser añadido, igual que hay gente que quiere sólo para ser querido. Me preguntan qué ha pasado con mi MySpace, si es que lo he borrado porque no lo usaba. Y no, lo he borrado porque lo he querido borrar. Ah, y por cierto, he borrado mi MySpace. Si no lo hice antes es porque conozco a la gente que trabaja en MySpace España y tenía miedo de que me preguntaran porqué lo había hecho. Cuando borras tu perfil de MS el sistema te pregunta porqué lo haces. No sabía quién lo iba a leer así que fui imbécil y escribí que quería ser más invisible. Hay algo de verdad en ello pero no es la verdad. La verdad es que, si acaso, quisiera ser más invisible a ellos, a MySpace, a News Corporation, a Google, a Yahoo!, a todas las empresas que saben quién soy y quiénes son mis amigos. No, no es uno de esos miedos conspiranoicos porque mi Twitter, mi Flickr, mi cuenta de Gmail… todo eso lo sigo usando. Pero no MySpace, porque ahí me duele especialmente. MySpace es una gran empresa de marketing viral basada en la necesidad de hacer amigos y que se ha aprovechado bien de la flaqueza de la industria musical. Cuando los grupos, las discográficas, los festivales dicen que MS es una herramienta yo me asusto, porque no ven que la herramienta son ellos. El monstruo sigue creciendo, multiplica cada día sus páginas vistas, sus usuarios, sus anuncios de Google. Y entonces alguien decidirá que es el momento adecuado para vender algo; y todos comprarán. Dicen que MS elimina los intermediarios pero no es así. MS es un intermediario. No es transparente, no es inocuo, no es de todos. Es una empresa. Mientras la industria musical siga necesitando una empresa que interceda entre el autor y el receptor no se habrá construido un orden diferente. Para qué voy a necesitar MS si tengo mi blog, mi web, un dominio con mi propio nombre y no un pseudónimo como en las redes sociales. Desde que impuse el registro para comentar en el blog apenas escribe nadie y no me sorprende, ni me extraña, ni me molesta. La posibilidad de comentar está ahí por si alguien la necesita, pero no para que yo la necesite, ni para sumar friends, ni para ser más querida o admirada. En definitiva, lo he borrado porque no quiero pertenecer a ello. Porque quiero estar al margen. Porque no es en eso en lo que creo.