Synthesize me

Los días libres transcurren más rápido que los laborables. Anochece antes y apenas caben cosas que hacer. Es más, el fenómeno es extraño, ya que a primera hora de la mañana sí da la impresión de que se puede hacer de todo pero de golpe, zas, se acabó el día. Estos días son, además, de cielo plomizo y blanco, por eso empiezo a pensar que me han colocado una cúpula, una como la de Ergo Proxy pero al revés, con soles y margaritas más allá de donde alcanza la vista. Y, bajo este techo abovedado, se me pasan los días con un deseo irrefrenable de no hacer nada, sazonado, a mi pesar, por un complejo de culpa arrasador. Así que ni hago cosas ni disfruto de no hacerlas. Mientras pienso en naderías alternativas (en el corte de pelo de José Ramón Pindado, en la ventana del piso de arriba del bar sindical que veo desde mi propia ventana, en mi grupo favorito de esta semana, en la cara de Kylie Minogue, en la mala pinta de Clan of Xymox en la foto del flyer, en los resultados espectaculares de NEUSC2 y en la lámpara de Leroy Merlin) me digo que todas estas tonterías tienen algún sentido curativo, enmendador, son mi tirita de Goofy, remedio pasivo contra mi pupa latente.