La ciudad en silencio

personas esperando taxis en la perta del intercambiador de Avenida de América

Hoy hemos vivido un apagón eléctrico masivo. Comenzó a las 12:33. Me pilló haciendo una entrevista telefónica. Tenía el ordenador delante y noté que me había quedado sin internet. Otra vez me está fallando el router, pensé, y alargué la mano para desenchufarlo y volverlo a enchufar, mientras proseguía con la conversación.

Mientras estaba al teléfono, me llamó mi compañero Javier Zurro. Al colgar, le devolví la llamada, pero se cortaba a los pocos tonos. Al tercer intento, conseguí hablar con él. Me contó, desde Barcelona, que estábamos viviendo un apagón en toda España. Incrédula, comencé a presionar interruptores. «Pues es verdad, no tengo luz», admití.

Al poco, dejó de funcionar la telefonía y los datos móviles. Primero disfruté unos instantes de la casa sin zumbidos de los electrodomésticos. Luego, cogí una libreta, un boli, el móvil con 33% de carga, una batería portátil y mi acreditación de prensa. Me eché a la calle.

Me encontré a mi vecina Almudena, seria y preocupada. No tenía más información que darle, salvo que el apagón se había producido en España, Portugal y sur de Francia. Me dirigí al intercambiador de transportes de Avenida de América.

Apagón en Madrid

De camino, vi que el gran edificio de UGT de Avenida de América estaba siendo evacuado. Hablé con algún trabajador. “No sabíamos si era un problema de la obra que estamos haciendo. En el momento en el que nos hemos enterado, hemos pedido a todas las personas trabajadoras, entre 500 y 600, que abandonaran el edificio”, me explica Miguel Ángel Neilas, secretario de organización de UGT Madrid, en la puerta de la sede. Además, chequearon los ascensores por si acaso alguien se hubiera quedado encerrado, así como los garajes.

Apagón en Madrid

Seguí hacia la puerta del intercambiador. Pude entrar sin problemas. En el primer piso, los autobuses interurbanos salían y entraban. Pero en el segundo piso, un cordón cerraba el acceso al Metro. Hablé con una empleada. Me dijo que todos los trenes se habían detenido pero que no había nadie atrapado.

Ya no había ni 5 ni 4 ni 3G. A veces llegaba alguna ráfaga, o me sonaba la notificación de un push de la app de elDiario, algún mensaje por Telegram. De vez en cuando conseguía enviar algún texto, pero era imposible mandar una foto o un audio. Hablé con alguna persona más.

Tres trabajadores en la ciudad de Madrid pero residentes en Getafe, dos hombres y una mujer, esperan a la sombra de la puerta del intercambiador, chequeando sus móviles, a la espera de encontrar una manera de llegar a casa. Por un momento, les funcionan las aplicaciones de Uber y Cabify y están intentando acceder. “Estábamos en el metro, se ha ido la luz y nos hemos quedado en los vagones hasta que nos han evacuado y desde entonces llevamos una hora esperando”, explican. “A eso se suma que no hay internet ni llamadas y es un poco caótico. Como no va Google Maps y no somos de aquí, no sabemos la ruta que podemos tomar para llegar a casa. Enlazar autobuses está complicado para llegar al sur de Madrid sin conocer las rutas” dice uno de ellos. “Mejor estar aquí que con el tráfico, al no haber semáforos. Aunque pongan personal de tráfico no será lo mismo y al gente entra en estado de agobio y puede ser incluso más peligroso ir por la carretera”, afirma su compañero.

Apagón en Madrid

El cuerpo de seguridad que ha tomado el control del intercambiador es la Policía Nacional. Una patrulla municipal pasa a preguntarles si necesitan ayuda. Aún hay poca gente. En dos horas sí que la necesitarán, ya que por minutos se multiplica el número de personas que acuden para coger un transporte que les saque de la ciudad. Me cuenta una agente de policía que no pueden hacer mucho más que calmar a quien pregunta e intentar dar instrucciones sobre cómo llegar a sitios, si es que se saben la calle por la que les preguntan. «Le contesto casi como una civil», dice. No tienen más respuestas.

Apagón en Madrid

Vuelvo a casa momentáneamente, para ver si al alejarme de un punto en el que hay tantos móviles intentando conectar consigo pillar red. Bebo agua, me pongo crema solar y miro si puedo ponerle pilas a la radio. No funciona. Mi viejo radiocasete, mi primer equipo de música que me regalaron con quizá unos ocho años, en el que a día de hoy escuchamos la radio todos los días en la cocina, a diversas horas, diferentes emisoras, tampoco admite ya las pilas.

Más tarde, Alberto rescatará de un cajón un walkman hecho trizas que incorpora un transistor. Todavía funciona pero hace tanto ruido que parece que estamos intentando sintonizar Radio Pirenaica en la clandestinidad.

Apagón en Madrid

Me enfada lo mal preparada que estoy para esta contingencia, a pesar de que hemos bromeado mil veces sobre la mochila de supervivencia. No tenemos radios a pilas. Las linternas están en el trastero, al que se accede con huella, por lo que sería imposible entrar. Apenas tenemos dinero en efectivo en casa (consigo reunir 30 euros, no está nada mal, pues lo normal es que nunca haya nada). Miro las latas: poca cosa. Congelado hay más. Me pregunto cuánto aguantará la nevera.

Vuelvo a la calle. No para de llegar gente al intercambiador. Hablo con Hugo y con su madre. Él resulta ser socio de elDiario.es. Hugo espera el autobús de Alcalá de Henares para que lo coja su madre y vuelva a casa. El apagón les pilló en el hospital para ver a un familiar enfermo, donde se fue la luz pero inmediatamente se activó el grupo electrógeno, “un poco de revuelo entre el personal del hospital pero sin mayor sorpresa, dentro de lo que cabe, normalidad”, explica. Han esperado durante 25 minutos el autobús. Eso está muy bien, considerando lo que llegará después. Intentaron llamar a los familiares para ver si estaban bien pero, con las comunicaciones caídas, no lo habían conseguido. “Esto viene bien como recordatorio para nuestra sociedad de la dependencia que tenemos frente a la electricidad”, me explica.

Apagón en Madrid

Hugo es profesor de instituto y hoy está de huelga. Ya intuye que Madrid no estará como para que se pueda celebrar la manifestación convocada para la tarde. “Es una lección para los chavales que son nativos digitales y han crecido con un móvil en la mano y lo necesitan para todo. Y también nos viene bien como toque de aviso para que empecemos a centrarnos en lo valioso. Somos una sociedad muy egoísta, centrada en sí misma y ahora nos damos cuenta de que en realidad dependemos de las personas porque son las que hacen funcionar la sociedad y no internet”, reflexiona, tras despedirse de su madre al tomar el autobús con dos besos rápidos en las mejillas y dirigirse a buscar su coche para intentar llegar al Ensanche de Vallecas, atravesando un Madrid atascado.

Paloma y Laura se han conocido en el autobús de vuelta de Zaragoza y a la hora de cargar el abono transporte se ha caído el sistema. Laura quiere llegar a casa de su hermana, que es la que vive más cerca pero no sabe cómo contactar con ella antes de llegar, “porque supongo que los telefonillos tampoco funcionarán”. Paloma (que es oyente fiel de Un tema al día, estoy también me alegra oírlo) trabaja en televisión y ya va descartando que hoy pueda hacer nada. “Estamos colgadas pero hemos hecho piña entre las dos. Vemos a gente que habla por teléfono y no sabemos de dónde cogen la red”, añade Paloma, que quiere llegar a Carabanchel. Laura quiere llegar al Barrio del Pilar y se plantea hacerlo andando, pues tiene en la cabeza el mapa mental de Madrid y sabría cómo hacerlo.

Vicente es un vecino del barrio. Es un taxista de baja. Tiene una radio en la mano y de vez en cuando se para gente a escuchar. También aprovecha su experiencia como conductor para guiar a la gente hacia las calles sobre las que le preguntan. «No soy conspiranoico pero…», me dice.

Apagón en Madrid

No es lo normal que alguien sepa llegar callejeando de Prosperidad al Barrio del Pilar, salvo quizá dirigiéndose hacia el norte. La mayoría de la gente no sabe llegar a los sitios sin el GPS. Cómo se llega a tal lugar andando es la pregunta más habitual en las puertas del intercambiador, a la Policía, a los trabajadores de Metro, a otros viajeros, a alguien que pase por allí, a Vicente. Una mujer con una maleta quiere llegar a Arturo Soria. Varias personas discutimos sobre cuál es la mejor manera. Vicente propone que vaya por Corazón de María. Otra mujer opina que debería bajar por Cartagena. Yo insisto en que es mejor el camino más largo pero sencillo, por Francisco Silvela. Quiero hacerle un croquis pero no me da tiempo, opta por el camino más corto que le indica otra persona.

Las puertas del intercambiador se han convertido en un gran embudo y se cierra el paso ya desde arriba. Solo dejan entrar a los pasajeros con billete de larga distancia. No todo el mundo tiene claro qué se considera larga distancia. Algunos dicen que Guadalajara les parece que es una distancia bastante larga. Mucha gente busca la sombra y se han sentado contra las paredes de la bocacalle que da al metro.

Miro la hora. Eleonor debería llegar a casa dentro de poco del instituto. No quiero que llegue y no sepa dónde estoy. La espero en casa. Un buen rato después, toca con los nudillos a la puerta. Precisamente hoy se ha olvidado las llaves en casa. Estuvo un rato esperando en el portal porque no funcionaba el telefonillo (como imaginaba Paloma) y le daba vergüenza llamarme a gritos. Ni que no lo haya hecho toda su infancia. Pero ahora tiene 13 años y hay tantas cosas que le dan vergüenza.

Espero a Alberto mientras me como un sándwich rápido. Llega después de caminar algo más de una hora desde El País a casa. Por la calle Alcalá ha visto de todo: una predicadora anticipando el Apocalipsis, una casa de empeños hasta arriba de gente, un coche con la radio encendida y las puertas abiertas, un conocido presentador de televisión andando rápido y firme en dirección a su plató.

Apagón en Madrid

Con ellos en casa y ya tranquila, cojo la moto y voy a la redacción de elDiario.es en la Gran Vía. Hay que conducir con mucha precaución, no funcionan los semáforos pero hay muchos agentes de movilidad. Se trata de ir con cuidado, sin correr, mirando bien en los cruces. Hay bastantes cruces y pasos de cebra en los que hay que autogestionarse. Observo que por lo general los peatones son mucho más solidarios que los coches. Me enfadan las ansias de los conductores por pasar sí o sí, por acelerar, buscar el hueco, no generar espacios de seguridad.

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La policía no me deja bajar por San Bernardo. He tenido que dar varias vueltas hasta llegar allí pues muchas de las calles anchas estaban cortadas. Aparqué la moto en la glorieta y bajé cruzando Malasaña.

Malasaña era una fiesta. En la plaza del Dos de mayo, la gente jugaba a la pelota, no solo los niños, y también con unas raquetas ligeras. Muchos habían sacado las sillas a los portales. Algunas personas leían libros (¡leían libros!). Se jugaba a las cartas. Se bebían cervezas. Se hablaba en grupos. Se escuchaba la radio.

Apagón en Madrid

Llego a la redacción. Allí no hay un sistema de electricidad de reserva y no hay mucho que hacer. La portada y las piezas principales se están manejando desde fuera de la península e incluso fuera de España. Se han podido subir bastantes piezas pero no sé quién las estará leyendo.

Apagón en Madrid

Estoy un rato largo allí pero me voy antes de que anochezca. Cuando camino de vuelta por Malasaña, mientras la luz se va recuperando progresivamente en algunas calles. Cuando conduzco de vuelta, algunos semáforos funcionan y otros no. Por ello, es incluso más peligroso que a la ida. De nuevo tranquilidad, lentitud, serenidad, policías dirigiéndome por desvíos. Menos mal que llevo el mapa de Madrid en la cabeza. Conozco muchas calles. Me molesta depender de Google Maps. Mi padre me enseñó que el mapa de Madrid había que sabérselo de memoria; me regaló un callejero y yo me lo estudiaba. Casi siempre me pierdo más cuando uso el gps que cuando me fío de mi intuición, al menos en Madrid.

Una vez en casa, subimos a la azotea. Se veían las estrellas, una cosa rara en Madrid. Mientras estábamos allí, oímos aplausos y alborozo. La luz estaba llegando a Prosperidad.

Apagón en Madrid
Apagón en Madrid
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