Organiza Go Mag y estaré pinchando, este sábado 15, en La Riviera. Puertas: 20:00 Roisin: 21:15 Mi media hora de spanking new (» maybe old) music: 23:00
que vuelvan a importar los blogs
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After-show de Roisin Murphy
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¡No volváis!
El concierto de anoche de Led Zeppelin en Londres ha sido muy simbólico. 18.000 personas son muchos miles. A esta tendencia del «volver» se han apuntado muchos grupos de los 70, en un último ahora o nunca. Es impresionante la lista de grupos que o bien nunca se han ido o han regresado. Pero, haciendo un repaso, hay algunos nombres de esa década que deberían quedarse en casa, bien por malos, bien por mitificados. El caso es que, vistos con detalle, llego a la conclusión de que lo único que impide a un grupo volver es tener algún componente muerto. Y a veces, ni con esas… Allá va mi artículo de hoy en ADN.es. Fotogalería de grupos de los 70 que no deberían volver jamás.
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Agenda
No entiendo esta semana, que es como un camino embarrado con las suficientes piedras limpias como para cruzarlo, dando saltitos, sin mancharte los zapatos. La pasada fue peor pero dentro de su inundación era más comprensible. De esta, sólo quiero que termine, y a otra cosa. Pero sé que va a ser larga. El jueves voy a Valencia, para pinchar en Picadilly dentro de este festival de todo un poco llamado Overbooking. Horario canalla. El viernes iré a ver a Covenant. El sábado INSERT INTO `wp_posts` VALUES (98% confirmado) pincharé en el after-show que hace Go Mag tras el concierto de Roisin Murphy. Y entre medias, algunos quehaceres que me inquietan.
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El punk después del punk
Existe una historia secreta que se convirtió en culto y jamás salió del underground. Ahora, todos quieren contarla. Érase una vez… (…) Hay momentos concretos en la historia de la música que son como un tótem o un lugar sagrado. Vórtices en el tiempo. Puntos de inflexión que modificaron la deriva de las naves del pop y que hicieron mutar las aspiraciones generacionales de sus contemporáneos. Son hechos y lugares que aquellos mitómanos en extinción reviven como si hubieran estado allí. Cuadros que Goya hubiera pintado si el XX hubiera sido su siglo. Sigue leyendo…
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A propósito de los abandonos
Juan Varela dejó ADN.es, como ya contó en su blog y en El Mundo. No busquéis una explicación en ADN.es porque ahí no lo ha contado. Durante un tiempo mis compañeros y yo nos preguntábamos porqué, si la noticia ya había corrido por las mesas de redacción, nadie hablaba de ello. Profesionalmente, yo no estoy preocupada. Desde que se fue, el mundo sigue girando y nosotros lo contamos. Un medio es una buena metáfora de lo que ocurre en las familias. Si falta tu padre, si se muere o si se va, crees que la familia ya no volverá a ser la misma. Pero no es así, es él el que ya no volverá a ser el mismo, sin su familia. Los hijos son como son, en parte por sus genes, en parte por su educación familiar y en parte por su formación personal. Hasta que tus padres no te dejan sola no te das cuenta de que sí, en parte ellos están en ti, pero sin ti, no hay nada. No hay familia. Esto es igual. Aunque Juan Varela marcara la línea editorial, es en realidad el carácter y los brazos arremangados de Xurxo, David, Javier, Pedro y Marta los que imprimen el nervio. Luego, los editores nos llenamos las manos de harina y al final del día ves que siempre hay un toque especial en todo lo que pasa por tu mesa. Pero, es obvio, los que escogen las palabras, los que escriben, quienes pican la piedra y descubren que tienen historias que contar son los redactores. Ellos son los cocineros. Lo somos. El bicho tiene vida propia. Cuando leo los comentarios que deja la gente por ahí, al respecto de ADN.es, refrendo el informe PISA y afirmo que es verdad, los españoles no leen, no saben leer, no comprenden lo que leer. O es probable que sólo lean los titulares. Yo no digo que seamos la hostia. No destapamos tramas ni cambiamos el curso de la historia. Pero contamos pequeñas historias y las hacemos grandes.
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Overbooking
Próxima sesión de dj: Jueves 13 de diciembre, 1:00. Picadilly (Valencia). Dentro de Overbooking. El evento en Last.fm.
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Semana negra
Comenzó como una batalla perdida de antemano. Enferma (yo), insoportable (la semana). Sacar un pie de la cama me parecía una declaración de guerra. Fui avanzando, como pude, agotada (yo), entera (la semana). Es raro cuando ves a alguien que avanza con una cara extraña hacia un grupo de personas entre las que te encuentras y, aunque no te mire, sabes que tiene un mensaje para ti; esa cara es por ti. Es una premonición parecida al sonido del teléfono cuando trae malas noticias, ya las conoces antes de descolgar. (Yo aún recuerdo el estruendo agudo de aquella llamada de teléfono, en casa, hace muchos años). La sala en la que estábamos haciendo la reunión de previsiones es una caja de cristal, como todos los despachos. Cuando vi a la secretaria acercarse hacia nosotros no dejé de observarla ni un segundo. Irrumpió en la reunión y me miró, dijo que tenía una llamada urgente. Ese tipo de llamadas sólo significan un tipo de cosas. Añadió un nombre, el nombre de la persona que me llamaba. Y eso sí fue tremendamente impactante. Escuchar su nombre (tu nombre), que yo oí con cierto eco, en el silencio de la conversación interrumpida de mis compañeros de trabajo que dictan sus futuribles, sus esperanzas de día, sus titulares. Su nombre (tu nombre), algo tan propio, tan íntimo, sonó como un desgarro en el cielo, algo parecido a como cuando Superman coge al vuelo a Lois Lane. Las horas de urgencia dieron paso a los días y las noches de sanatorio. Un The Kingdom regido por la Virgen de los Milagros, la madera noble, los tapices y las lámparas de cristal. Los secretos de las habitaciones de puertas tan anchas, la pegatina raída de Radiocadena del Water La Voz de la Experiencia en el ascensor. El cuadrado circular de cada planta, el café para llevar de la cafetería. Después, fue el tiempo de las infecciones atacando mi cuerpo y las botellas de agua, una tras otra. En un plano paralelo seguían sucediendo cosas. Dos cosas. Familias tambaleadas y equipos golpeados. Me pregunto, ¿qué siente uno cuando le dejan? Rencor. Y, no sé porqué, un poco de humillación, como si fuera víctima de una broma en público. Este abandono, del que no entendemos porqué nadie habla, nos deja en shock, por sentir que nos deja en algún lado. Pero en realidad nos deja solos y en tierra de nadie. El shock, al menos, hace compañía. Qué arma tan poderosa la cobardía, cómo destruye de un soplido castillos de confianza que antes fueron sillares y ahora son como naipes. Ser cobarde es, además, contagioso, porque uno se escuda en lo que hizo aquel; si lo hizo aquel, tan mal no estaba. Y así, poco a poco, rebajamos el nivel de lo digno y nos tragamos cualquier cosa. La expresión «proyecto personal» se ha devaluado hasta no significar nada. Peor, hasta la categoría de eufemismo. Como ha dicho hoy mi madre, en un acto lejano al homenaje y próximo a la destrucción: «¡a la mierda!».
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¿¿Neo-folk?? ¡Indignada!
Según este analizador de gustos musicales (visto en electronauta) hecho a partir de datos recogidos en mi perfil de Last.fm, el tag que principalmente define mi gusto musicales ¡neo-folk! con un 15.42%. Afortunadamente escucho con más intensidad (29,26%) Other Styles. Y un índice bastante alto de mente abierta, lo cual es radicalmente falso. Menos mal que el electronauta explica el porqué de estas cosas en un divertido post.
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Estoy volviendo a las andadas
Estoy mirando la lista de películas de Atom Egoyan que no he visto y me gustaría ver. También estoy mirando por la ventana y advierto que el día está a punto de agotarse. Estoy tirando periódicos viejos y hago algunos recortes (Dave Gahan, Belén Gopegui). Estoy aburriéndome de mi misma y me acorralo. Estoy deseando y matando el deseo a la vez. Estoy escuchando los dibujos animados en el salón y dejo la puerta abierta al desánimo en el estudio. Estoy queriendo escribir las cartas pendientes y miro el programa de correo con la convicción de no tener fuerzas suficientes.
