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  • La vida salvaje comienza en la vida desconectada

    La vida salvaje comienza en la vida desconectada

    Hay diez razones por las que Jaron Lanier convence a todo aquel que quiera escucharle para borrar sus redes sociales de inmediato. La primera es que estamos perdiendo el libre albedrío porque nos volvemos adictos, y por tanto zombies, seres que arrastran compulsivamente su dedo gordo por la pantalla del móvil sin preguntarse si eso les lleva a algún sitio.

    La segunda, porque renunciar a las redes es la mejor forma de resistir a la locura de nuestro tiempo. Y sigo enumerando hasta la novena: porque nos están convirtiendo en idiotas, porque están socavando la verdad, porque vacían de contenido lo que decimos, porque destruyen nuestra capacidad de empatizar (aquí habría muchos ejemplos en lo micro que refutarían a Lanier, pero bueno, avanzamos), porque nos hacen infelices, porque las redes sociales no quieren que tengamos una economía digna y porque hacen imposible la política.

    Y queda la décima, la más metafísica de todas: porque aborrecen tu alma o, dicho de otra manera, porque van en contra de lo que significa ser una persona.

    En otro de sus libros, ‘Contra el rebaño digital’, lo primero que Lanier se pregunta es qué es ser una persona. “Los comentarios anónimos en blogs, los vídeos de bromas insustanciales y los popurrís intrascendentes pueden parecer triviales e inofensivos, pero, en conjunto, esa forma de comunicación fragmentaria e impersonal ha degradado la interacción interpersonal”, escribe.

    Si en el siglo XX entendíamos la comunicación como una transmisión de señales entre un emisor y un receptor que comparten un código común, en la actualidad Jaron Lanier advierte de que “ahora la comunicación suele experimentarse como un fenómeno sobrehumano que se eleva por encima de los individuos”. Una nueva generación se ha hecho mayor de edad “con una expectativa limitada de lo que una persona puede ser y de aquello en lo que cada persona puede llegar a convertirse”. No parece muy libre, no.

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    Foto de keppet. CC BY-NC-SA

  • Si de verdad quiere desinstalar la aplicación TWITTER dele a ACEPTAR

    Si de verdad quiere desinstalar la aplicación TWITTER dele a ACEPTAR

    Una de las manifestaciones de mi ansiedad interna toma forma en mi bulímica necesidad de estar informada. Permanentemente. Rápidamente.

    Sufro si presiento que algo se me escapa. Me avergüenza reconocer que desconozco algo que ha sucedido a mis espaldas. Me enfado, me enfado de verdad, cuando alguien a mi alrededor tiene una información que no me comparte. (Yo estoy constantemente contando cosas. Parezco una máquina de expulsar teletipos. Por eso me molesta, en especial, cuando no soy correspondida).

    Esta cosa mía podría justificarse en el hecho de que soy periodista, pero solo en parte. (En realidad, no dirijo un medio, no hago información de última hora, ¿qué necesidad tengo de estar enterada de todo, lo antes posible?). Un análisis más honesto me ha llevado a entender que tiene más que ver con lo que he dicho en la primera frase de este post, que esta es una de las múltiples manifestaciones de la ansiedad con la que convivo desde hace unos años.

    (Podría ser peor: podría emborracharme cada día, podría comer y vomitar, podría inyectarme heroína).

    Un artilugio como Twitter es, por tanto, muy peligroso para mí. Es más: me estaba haciendo mucho daño. Era la aplicación que más veces consultaba en el día. También era la primera que habría en la mañana y la última que cerraba por la noche.

    Empeora mi adicción la parte del feedback: la obsesión por volver a superar los 10.000 followers (perdidos un par de miles entre las cribas de Twitter y mis unfollowers ganados a pulso a base de unpopular opinions o, sencillamente, tuits sobre temas que me interesan más a mí que al grupo) y la atención constante a las notificaciones. He sufrido al ver que por mucho que tuiteara y retuiteara un artículo en el que había trabajado dos semanas, no tenía la más mínima repercusión (se veía 300 veces, 2 me gusta, 1 clic en el enlace, ningún RT). En cambio, un chiste sobre una camiseta vista en internet tenía 11.000 mil impresiones.

    No era una sorpresa. Yo ya sabía que Twitter funciona así: gusta más el chascarrillo que el contenido. De hecho, hago chascarrillos para darle algún tipo de oportunidad a los contenidos. En teoría (antes era así), cuando ganabas followers por tus tonterías y gracietas, conseguías una audiencia que luego podías llevar a otros sitios: contarles cosas, proponerles artículos. Eso también ha cambiado.

    Mayo, un mes en el que mis 167 tuits consiguieron 166.000 impresiones, trajo a mi cuenta 4 nuevos seguidores.

    Es obvio que parte de culpa de todo esto lo tiene el algoritmo que selecciona los tuits que se muestran en el feed de inicio, a no ser que se tenga configurada la opción de ver lo más reciente primero. Yo he probado ambas cosas y ninguna de las dos me han gustado. Cuando volvía a la manera antigua de mostrar los tuits, por orden cronológico, perdía muchísimo tiempo en arrastrarme por el feed de inicio hasta encontrar algo que justificara mi presencia ahí. (¿Quizá es que sigo a demasiada gente? 3.803 a día de hoy). Con el orden cronológico Twitter no me satisfacía porque seguía sin enterarme de las cosas que pasaban, no cumplía su función. Así que de nuevo volví a la configuración del mundo que hace la empresa en base a mis seguidores, la popularidad de los tuits y mil cosas más secretas. De esa manera sí me enteraba de cosas que pasaban en Twitter: un flame, un hilo potente, un meme genial, el artículo que había que leer.

    No obstante, he notado un cambio en las últimas semanas. Ni siquiera leyendo mi twitterizado feed me enteraba de otras cosas que pasaban en Twitter, otras cosas que pasaban en el mundo. De los 3.803 seguidores, el feed se estrechó a una representación de prácticamente los mismos, con ideas y temas muy muy similares a los míos. Ya era así antes, pero ahora lo era más. Twitter no paraba de contarme cosas que yo ya sabía.

    Cada vez más aburrida. Cada vez más enganchada.

    Hasta que hace una semana, en el contexto de la escritura de este artículo, me harté. No me vi capaz de borrar mi cuenta pero hice algo así como tirar las botellas de vino por el desagüe: quité la aplicación del móvil.

    Hay momentos en los que lo he pasado mal. Por ejemplo: las ganas de rellenar un rato cualquiera mirando los mensajes. La inercia me ha hecho coger el móvil, mirar las aplicaciones y darme cuenta, con una punzada de dolor, de que no había ahí nada que me fuera a dar una satisfacción rápida y ligera.

    Pero, después de eso, ha pasado algo maravilloso. He apagado la pantalla, he vuelto dejar el móvil donde estuviera, y he rellenado ese rato cualquiera con:

    • nada
    • pensar
    • abrir un libro

    Por supuesto, sigo enganchada a la información. Abro los periódicos varias veces al día y soy una obediente y eficiente abridora de enlaces de los push de las apps de los medios. Veo entre dos y cuatro informativos televisivos (me encantan los telediarios) y debo escuchar unas dos o tres horas de radio al día.

    Pero he decidido seguir con mis adicciones informativas fuera de Twitter, no solo por estos motivos sino también por otros objetivos más complejos que abordaré otro día.

    Tengo también la frustración de no poder compartir convulsivamente cosas. Leo un artículo en el móvil y lo primero que me salta es la inercia de compartirlo. Hago una foto y lo mismo. Se me ocurre una chorrada y lo mismo. Eso ya no lo puedo hacer y me da rabia, pero forma parte de la desintoxicación.

  • Mi volcado de memoria sobre Aviador Dro

    Mi volcado de memoria sobre Aviador Dro

    Mi memoria es de muy mala calidad. Registra mal. Tiene los clusters muy rotos. Algunos de estos recuerdos están corruptos. Los que no están aquí, pero deberían, es porque han sido completamente eliminados; involuntariamente. Quizás he sido reprogramada.

    Tengo más recuerdos sobre Aviador Dro, obviamente. Están los conciertos. Las sensaciones al escuchar las canciones. Algunas otras tonterías.

    El ejecutivo de DRO

    Empecé a dejarme caer, con cierta frecuencia, por las oficinas de DRO de la calle Francisco Remiro. (Quién me iría a decir que, muchos años después, viviría, dos veces, tan cerca). Sería alrededor del año 1993. Yo tenía alrededor de 18 años y un programa de radio en Radio Carcoma. Era habitual que hiciéramos rondas por las discográficas para que nos dieran promos para los programas. En DRO solían ser muy generosos con las radios libres como la nuestra y nos enviaban promos por correo. A veces, demasiados. A menudo, los grupos eran demasiado comerciales, muy lejos del tipo de música que poníamos allí.

    Al principio, yo pensaba que DRO seguía siendo propiedad de Aviador Dro y cada vez que iba buscaba algún obrero especializado, al que espera reconocer por su mono de trabajo. Ahora sé que Servando Carballar (Biovac N) salió de DRO bastante antes, en 1988. Supongo que debí preguntar por el grupo y alguien me dijo que había alguien con quien podía hablar.

    Vino a mi encuentro un señor (me pareció un señor, recalcó que yo no había cumplido los 20) vestido con un traje de verano de un color entre amarillo claro y veige. La camisa, me parece, era azul claro. No llevaba corbata. Me saludó y me invitó a pasar a una sala acristalada, donde conversamos a solas. Me dijo «yo he estado en Aviador Dro» y «puedes preguntarme lo que quieras». No recuerdo qué le pregunté, salvo una cosa: «¿también estuviste en Los Iniciados?». Y recuerdo que lo pregunté no porque lo quisiera saber, sino porque quise hacerme la lista, dar a entender que yo sabía cosas. «Entenderás que eso no se puede contar», me dijo.

    Las únicas palabras concretas que recuerdo fueron esas. Lo demás es vago. Recuerdo que me habló de lo importante que era dirigir una empresa como DRO, que había crecido tanto y movía tanto dinero. Recuerdo que en líneas generales lo que me quería contar es que cuando eres joven puedes hacer locuras pero que luego hay que crecer y tomar responsabilidades. Recuerdo ligeramente que me trató con condescendencia, que vio en mí una chiquilla fan, impresionable. Recuerdo su lenguaje corporal: apoyaba una palma de la mano contra otra mientras hablaba, estaba relajado, se recostaba sobre el respaldo. Yo, en cambio, me sentaba en el borde de la silla y preguntaba nerviosa.

    No lo puedo recordar, pero estoy bastante segura de que él era Miguel Ángel Gómez, obrero especializado conocido como Ciberjet, codirector de DRO hasta 1988 y después director de la división de Warner DRO-East West hasta 1995. Después, vicepresidente y presidente de EMI Iberia hasta 2002 y fundador y consejero delegado de Globomedia Música de 2002 a 2005.

    Simposium Tecno

    Estamos en Maravillas. No sé qué año, pero probablemente 1997. Aldo, Jorge y yo hemos formado un grupo llamado Sukiyaki. (Más tarde, entraría Mario). Hablamos con Fernando, del sello Spicnic y el grupo Alpino. Fernando nos habla del Simposium Tecno que tuvo lugar en 1981 en la sala Marquee. Fernando nos cuenta que tocó Oviforma SCI y Los Iniciados, que acabó fatal porque entró la policía a hacer una redada (creo que nos cuenta que él estuvo allí; puede ser, porque Fernando estuvo en TODO) y nos propone que montemos el Segundo Simposium Tecno y que toquen los grupos de tecnopop de ahora (de entonces), como nosotros y ellos. Nos parece una idea fabulosa pero, no sé porqué, no nos ponemos a ello. Está el escollo de que nos da palo apropiarnos del nombre sin preguntar. El día que conozco a Lucho Prósper (Oviformia, Heroica, Breton Armada) le contamos la idea y, de alguna manera, nos da su bendición. No sé si alguien le llegó a preguntar a Biovac N. Aún así, no recuerdo porqué no lo hicimos.

    Quince años después, Aviador monta el Segundo Simposium Tecno. Es el 22 de marzo de 2013 y tocan Oviforma SCI, Breton Armada, Nikky Schiller y El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados en la sala El Sol. Por la tarde, veo las charlas por streaming desde casa. Al día siguiente, Raúl Querido y yo montamos una «noche tecno-pop» en El Juglar con dos grupos de mi sello Autoreverse: Comando Suzie y El Giro Orgánico.

    Krypton

    En algún momento de la segunda mitad de los 90 conozco a Ismael Contreras (será ATAT en Aviador Dro a partir de 1999) y a su novia, Belén Reyes, que tienen, junto a Biovac N, un grupo que me encanta llamado Krypton. No lo recuerdo, pero creo que escribo algo sobre ellos y voy a un concierto. Sí me acuerdo de un encuentro fortuito con Ismael y Belén en la plaza de los Luna. Sí recuerdo qué tristeza saber que Belén ha muerto en un accidente de tráfico. Recuerdo encontrarme con Ismael y no saber qué decirle, cómo confortarle.

    El concierto

    En diciembre de 1999 dimos nuestro último concierto como Sukiyaki. Sucedió en Barcelona. Unos meses antes, en febrero, Xavi del fanzine Miracles For Sale nos había invitado el Mini-Festival Pop que hace anualmente y dimos una actuación estupenda el 27 de febrero en la Sala Màgic. El técnico parecía querer boicotearnos, así que Aldo empezó a improvisar nuevas estrofas sobre nuestro pequeño hit Mi chica odia el technopop, a capella, metiéndonos con el técnico de sonido. La gente nos arropó. Lo pasamos en grande. Después de este éxito, Xavi nos volvió a contratar para volver a Barcelona en diciembre a telonear a Aviador Dro en el Apolo.

    Por aquel entonces yo ya vivía en Barcelona así que el grupo estaba separado (de muchas maneras posibles) entre Madrid y Barcelona. No ensayamos lo suficiente y el concierto fue un desastre. Desastre nivel no grabar en el minidisc la base de una de las canciones que íbamos a tocar. Desastre nivel escucharme a mí misma desafinar desde el mismísimo escenario de la sala Apolo. Desastre nivel entrar tarde a las canciones.

    Flyer concierto Sukiyaki y Aviador Dro
    Flyer del concierto en el Apolo. Dibujos de Gonzalo Cutrina. La letra es mía.

    Pero eso sucedió en el escenario. Antes, en el camerino, ocurrió lo mejor de la noche: lo compartimos con Aviador Dro. Cuando llegamos a dejar nuestras cosas, había trajes de goma verde y negra (creo recordar) y unos cascos, colgados de unas perchas en el camerino. Aldo y yo los miramos con tanta admiración y reverencia como años después lo haríamos con los robots de Kraftwerk, colándonos encima del escenario de Benicàssim después de la prueba de sonido.

    Mientras tocábamos los trajes con fetichismo y disimulo entró Marta Cervera, alias ArcoIrís (quién sí había formado parte de Los Iniciados, pero eso yo tampoco lo sabía), con una jarra y un paquete de Tang de naranja. Lo disolvió y empezó a rellenar unos botecitos de plástico, a los que les pegaba unas etiquetas verde. Pensé ¡cómo puedo tener tanta suerte de estar aquí en este momento viendo esto! Me sentí muy feliz y muy afortunada. Qué pena que esos sentimientos me duraran apenas una hora más.

    Lo último que dije al micrófono, a punto de echarme a llorar, fue «gracias por esta noche maravillosa que empieza ahora». Bajamos del escenario derrotados y con la sensación de haber hecho el ridículo. Por el pasillo que conduce al camerino, nos cruzamos con El Aviador Dro y Sus Obreros Especializados que, exultantes, se dirigían hacia el escenario, con los trajes ya puestos. Nos sonrieron. Nos dijeron qué tal. En ese momento, solo me calmó un poco la intuición de que ellos NO NOS HABÍAN VISTO. Llegué al camerino llorando. Alguien me ofreció MDMA y me lo tomé, rogando para que hiciera efecto rápidamente.

    La reunión

    Diez años después de aquel concierto, mi vida va mejor, o eso creo. No tengo grupo de música y lo hecho mucho de menos. Mi madre acaba de morir. Alberto y yo nos hemos comprado un piso. He perdido mi trabajo.

    Pero el 18 de diciembre, Aviador Dro celebra 30 años en la sala Joy Eslava y lo pasamos en grande. Alberto graba un video maravilloso que tiene más de 7.500 visualizaciones en YouTube de Arturo Lanz cantando Electroshock con el Aviador. De fondo se oyen nuestros gritos.

    Revolución tecno

    Han pasado otros diez años. Sigo pagando la hipoteca. Alberto y yo tenemos una hija. He vuelto a perder otro trabajo. Recibo una llamada de Patricia Godes cuando estoy a punto de coger un tren a Sevilla. Me ofrece escribir un capítulo para un libro colectivo que celebre los 40 años del Aviador Dro. Me hace muy feliz la propuesta y disfruto muchísimo escribiendo.

    Mientras el libro se va gestando, sucede el Carnaval de Madrid del año 2019 en mi barrio, en nuestro barrio, Prosperidad. Trabajo en él: hago un programa de radio. Del Ayuntamiento me piden que sugiera nombres para los pregoneros. En seguida se me pasa por la cabeza pero pienso «es muy loco», así que preparo una lista de alternativas por si no ven que Aviador Dro son los mejores pregoneros que un Carnaval en Prosperidad puede desear. Pero este Ayuntamiento ha hecho cosas geniales, locas también, y sí que lo ven. Aviador Dro da el pregón del Carnaval el 1 de marzo, que no es solo pregón, es pregón-manifiesto-y-concierto. En La Prospe. Donde todo empezó.

    Poco después, el 23 de marzo, harán el concierto de 40 aniversario. Alberto y yo no nos creemos que hayan pasado 10 años desde el de Joy Eslava, que nos parece que fue el otro día. Tenemos que buscar la fecha varias veces.

    El libro (Anarquía científica. La fascinante revolución tecno del Aviador Dro) salió a la venta el 17 de junio, editado por La Felguera, y hoy se presenta en una agencia de viajes especiales.

    En el año 2029 se celebrará el concierto de los 50 años de Aviador Dro. Si yo no puedo ir, mandaré a mi holograma.


    La foto es de @ondasderuido (CC BY-SA) y está tomada en el concierto de presentación de La Voz de la Ciencia en el Jardín Botánico de Madrid, concierto en el que estuve, con mi hija de poco más de un año. Tocó, también, Breton Armada. A la izquierda, Mario Gil (Genocider F15), Biovac N en el micro, al fondo ATAT, agitando la bandera, Alejandro Sacristán (CTA 102) y, a la derecha, ArcoIris,

  • Vuelven los paseos por La Prospe

    Vuelven los paseos por La Prospe

    Este mes de julio voy a realizar dos rutas comentadas por el barrio de Prosperidad. En esta ocasión no están programadas por el Ayuntamiento, así que no están subvencionadas (¡lo siento!). Pero el precio es poco: cinco euros por persona y los menores de 18 no pagan.

    LAS FECHAS:
    – el viernes 19 de julio a las 19h para el paseo por la arquitectura social de Prosperidad y Ciudad Jardín. Inscripción aquí.
    – el viernes 26 de julio a las 19h para el paseo por la memoria musical de la Prospe. Inscripción aquí.

    Más información, en esta página.

  • Por qué alguien querría meterse voluntariamente en un ataúd

    Por qué alguien querría meterse voluntariamente en un ataúd

    De lo único que se acordaba, dijo la mujer de Gabriel Montoya, es de que cuando abrió los ojos estaba metido en una bolsa negra. Sucedió el 7 de enero de 2018, en Asturias. Gabriel, preso en el Centro Penitenciario de Villabona, había intentado suicidarse. Los médicos que examinaron su cuerpo inerte le dieron por muerto, pero horas después despertó en una mesa del Instituto de Medicina Legal de Oviedo. Se trata de un reciente pero extrañísimo caso de catalepsia. “No me explico cómo ha sucedido este milagro”, dijo su padre.

    Montoya había ingerido varios tipos de drogas con el objetivo de quitarse la vida. Estudios realizados con animales, ya a mediados de los años 40, inferían que dosis altas de cocaína provocan estados catalépticos en el organismo. La acción neuroestimulante de la droga llevaba a los perros con los que se practicó este estudio del Instituto Nacional de Higiene de Lima a la parálisis tanto de la actividad cortical como de la motriz, así como la llamada flexibilidad cérea, un síntoma de la catatonia en el que los miembros pueden ser manejados por un forense y colocados en posturas antinaturales sin que se muevan.

    Con la medicina actual, que un cuerpo llegue vivo hasta la fría mesa metálica de un instituto anatómico forense es altamente improbable, casi imposible, a no ser que entren en juego carencias de medios o negligencias médicas. Pero, ¿cómo sería hoy en día la experiencia si la catalepsia fuera posible? Esa es la pregunta que se hicieron David Moreno y Cristina Raya, los creadores de un lugar llamado Catalepsia.

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  • La brujería pervive en el rock

    La brujería pervive en el rock

    Los espectadores de la cadena pública alemana debieron quedarse en shock. Es cierto que se habían ido acostumbrando a la progresiva aparición de melenudos en el programa musical Beat-Club, que poco a poco iban desplazando a los chicos formales del pop de los sesenta y que aquello que llamaban beat empezaba a ser irreconocible. Pero lo que pasó aquella tarde en el programa desafiaba la tolerancia de la gente de bien.

    Era el año 1970 y la cadena ARD accedió a grabar un concierto completo del grupo de Leicester Black Widow, al cual la BBC ya le había vetado la radiodifusión de su canción ‘Come to the Sabbat’ por inapropiada. “¡Ven al Sabbat! ¡Satanás está aquí!”, decía la letra, que invocaba al demonio Astaroth, el gran duque del infierno.

    https://www.youtube.com/watch?v=9dtpvowQa5E

    La televisión pública alemana no compartió el mismo parecer que su homóloga británica y emitió ‘Sacrifice’, un espectáculo de 55 minutos que los Black Widow representaron por Europa durante tres años. En él, una mujer endiablada por Astaroth baila salvajemente alrededor de Kip Trevor, el cantante. Este, que al principio del concierto practica un ritual wicca con una espada, lucha contra la mujer para introducirla en un círculo mágico que hay dibujado en el suelo y así liberarla de Astaroth. No lo consigue, por lo que decide sacrificar a la mujer para destruir al demonio, cosa que sucede al final del concierto.

    O sucede, al menos en apariencia.

    Después de una serie de sacudidas, embriagada por el intenso rock progresivo que se está interpretando a su alrededor, la mujer, una joven de pelo rubio y largo, envuelta en un vestido blanco, se rinde. Kip Trevor la agarra pordetrás y le retira el vestido. Completamente desnuda, se deja caer hacia atrás y es colocada con suavidad sobre el suelo. Trevor le coloca encima la espada y ahí la deja hasta que, en los últimos minutos del show, simula atravesar a la mujer con varias cuchilladas.

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    En la imagen, el grupo islandés Kaelan Mikla actuando en Madrid. Foto / Indypendientes.

  • La revolución que va a transformar los colegios no tiene un nombre raro

    La revolución que va a transformar los colegios no tiene un nombre raro

    “Un colegio no es una isla en medio de un pueblo”. Esto tan bonito lo dice María José, maestra de escuela en Villanueva del Río y Minas, un pueblo sevillano de la Vega Alta del Guadalquivir que no llega a los cinco mil habitantes.

    “En este colegio, el único del municipio, están todos los niños del pueblo. Por lo tanto, nosotros tenemos que conseguir que nuestro pueblo vaya a mejor. ¿Cómo va nuestro pueblo a mejor? Mejorando también la educación de los alumnos”.

    María José se lo contaba así de claro a los investigadores que fueron a entrevistarla para un informe de la Junta de Andalucía. La Consejería de Educación quería evaluar en 2015 qué transformaciones se estaban produciendo en una pequeña red de colegios que estaban implementando algo que no podemos llamar nuevo, ni revolucionario ni tecnológico ni digital ni informático ni nada despampanante.

    También le preguntaron a un alumno del colegio San José de Granada. Decía: “eres consciente de las cosas que antes crees que no eras capaz de hacer, y te das cuenta de que tienes más conocimiento de lo que crees”. Y no, no es un programa para niños y niñas con altas capacidades. Es algo mucho más sencillo: se llama Comunidad de Aprendizaje y consiste en interaccionar más y abrir la participación en la educación a las familias y el voluntariado. Se trata un modelo que ha llegado para transformar la educación en España pero poco a poco y desde abajo.

    “No conozco otra experiencia escolar capaz de engendrar tanta ilusión y cambio al servicio de la mejora de la educación de todos los niños y niñas”, dice Alejandro Martínez, profesor en el centro universitario La Salle y coordinador de la Sub-Red Universitaria de Comunidades de Aprendizaje de Madrid.

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    Foto: Biblioteca del Congreso de Chile. CC BY-SA

  • La era del autoritarismo: lo que ha venido después de la Cultura de la Transición

    La era del autoritarismo: lo que ha venido después de la Cultura de la Transición

    La Cultura de la Transición (la llamaremos CT por abreviar y por hacer el concepto más simpático) fue definida como un tapón. Imaginen una bañera que no desagua y en la que nos seguimos duchando día a día. Imaginen cómo está ese agua. Imaginen que llega Desatranques Jaén. Imaginen que Desatranques Jaén no es una empresa sino una idea: la idea de disolver el tapón que supone la CT pero desde dentro de la CT (buceando en sus aguas turbias) y haciendo un meme de ello. Imaginen, por tanto, que nada cambia, aunque todo sea más divertido. Imaginen, finalmente, que no nos acaba haciendo tanta gracia.

    EL LIBRO

    Guillem Martínez, la persona que acuñó el término CT y explicó sus mecanismos en un libro colectivo del año 2012 titulado ‘CT o la Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española’, tenía la esperanza de que la CT muriera de risa. No ha sido así, aunque agonizando sí está. “Lo sabemos porque el Estado ya no confía en la cultura, es decir, el complejo armamentístico de medios y autores para crear cohesión social confía más en el código penal”, explica hoy este periodista.

    Ese tapón cultural que fue la Cultura de la Transición es un paradigma que durante cuatro décadas ha sido hegemónico en España y ha pringado de sus propios intereses políticos cualquier cosa que podamos llamar cultura del 75 en adelante: novelas, artículos periodísticos, gestión de los derechos de autor, películas, lo que sea. Lo interesante de evaluar estos años a la luz de la definición de CT (o de la certeza de que existe), es que mecanismos que antes nos parecían invisibles, ahora se revelan y sirven para explicar porqué hemos nadado en un caldo cultural sin conflicto, de consenso, de lecturas coincidentes cuyo objetivo siempre es no desestabilizar.

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    Foto: Luis García Montero, Gaspar Llamazares y Almudena Grandes nel alcuentru d’@iuasturias col mundu de la cultura. Foto: Xabeldiz. CC BY

  • Lo mires como lo mires

    Lo mires como lo mires

    Lo mismo me escribo una columna de opinión recomendando a los hombres que solo leen literatura de hombres, libros extraordinarios escritos por hombres que les están pasado desapercibidos, que no están leyendo.

    En el texto, no me olvidaré de tratar a esos hombres (a los que les recomiendo los libros que yo considero extraordinarios) como críos caprichosos, vanidosos y desorientados.


    La foto es de Cinzia Giordano.

  • Anarquía Científica

    Anarquía Científica

    Hoy 17 de junio del año llamado 2019, se publica la historia de la fascinante revolución tecno del Aviador Dro: Anarquía científica.

    Publica La Felguera y cuesta 24 euros, ya está disponible para la venta desde su web. Va de camino a las librerías.

    He tenido el grandísimo honor de escribir un capítulo, el que habla de la fundación del Aviador. Poder escribir sobre uno de mis grupos favoritos, (amado, adorado), en un libro oficial, es un pedazo de privilegio que aún no me creo.

    Gracias Patricia Godes por llamarme y Aviador Dro por aceptar y acoger de manera tan generosa mi trabajo como obrera especializada en la crónica tecno.