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  • Steampunkism!

    Como el foro Steampunk SP se ha lanzado a montar las primeras jornadas Steampunk Spain durante estos días en Barcelona les dediqué mi Poco Común dentro de Comunes, con entrevista a Xavi Quero (dj Electroduende) incluida:

    (Si no se ve el reproductor flash que hay sobre estas líneas podéis escucharlo aquí).

    ACTUALIZACIÓN 11/11/2009: Un amable comentarista nos ha dejado un link a una foto de familia hecha en la fiesta, os la muestro también desde aquí:

  • Tiro recuerdos que ya no me recuerdan nada

    De entre todos los grandes acontecimientos que me suceden últimamente, he de destacar la Operación Lastre que está teniendo lugar entre las paredes de mi estudio, en nuestro palacete. Venía acariciando la idea desde hacía tiempo pero no me sentía capaz. Al despertar, antes de levantarme de la cama, solía pensar «hoy es el día». Me ponía las zapatillas, cruzaba el salón y entraba en el estudio. Miraba las paredes mientras me quitaba alguna legaña seca y, en silencio, me daba la vuelta cerrando la puerta.

    La mañana que definitivamente sí fue el día no comenzó con una revelación bajo el calor del nórdico, más bien me contesté «yo creo que hoy no va a ser» pero, al entrar al estudio dije alguna que otra palabra fea y decidí, sin pensarlo mucho, arremangarme. Ya no podía más con el peso de mis cosas, así que empecé a vaciar las estanterías.

    Hubo un pensamiento que me motivó bastante, reconozco que es algo lúgubre pero el amor es más fuerte que la muerte, y también más frío, así que provista de esa frialdad me pregunté ante cada objeto «¿cuando yo muera, Alberto querría conservar esto para algo?». Cuando sé que llegará el día en el que tenga que enfrentarme a vaciar la casa de mi madre se me hunde el mundo. Por ello, tengo que intentar que el trago sea el mínimo para los que deje atrás cuando yo me vaya.

    Ese fue sólo el impulso final que necesitaba. Mis razones, en realidad, son más vitales: sólo quiero tener las cosas que necesito para vivir, las que de verdad me importan. Todas las demás me hacen pesar más de la cuenta. Mi cuñado Álex me odiará si algún día lee esto, pues le hice cargar con cajas y cajas de revistas y libros cuando me mudé por última vez. Pensar que ahora he tirado casi todas las revistas…

    Pero en aquel momento, hace tres o cuatro años, yo no podía tirarlas. Pensaba que conformaban mi identidad y que todas las necesitaría, pues tengo una frágil memoria.

    Arrastro conmigo muchos recuerdos para ayudarme a recordar y hoy he empezado a darme cuenta de que muchos de esos recuerdos ya no me recuerdan nada. ¿Por qué lo guardé? ¿A qué está asociado? ¿Quién me lo dio y porqué? Ya no poseo esa información.

    ¿Y qué voy a hacer entones? ¿Esperar que regresen las memorias? ¿Conservarlo todo para disimular, como si todo me importara, para evitar el cargo de conciencia?

    Lo único que pudo hacer es enfrentarme al olvido con humildad y sinceridad. Deseo pesar poco, tener lo imprescindible, no comprar nada que no signifique mucho, usar las cosas sin poseerlas. Que me dejen libros, que me graben discos, leer las revistas y deshacerme de ellas, escanear lo importante, apuntar los datos, tirar el resto.

  • Vente a esto, también

    Esta noche pincho en el Tres Cuartos (Madrid) a partir de las 23:00 all night long.

    Más datos aquí.

  • ¡Vente a esto!

    Este viernes presento el libro de Manuel Bartual que recopila las entregas del blog que hizo para MTV.es y el cual la web canceló (al igual que el mío, Vida de Perras) el pasado verano:

  • La gira sudamericana de Ankitoner Metamars

    Ankitoner Metamars, como sabéis, el último grupo Autoreverse, está presentando su disco Who cares? y tras los dos primeros conciertos en el estado español (Barcelona y Madrid) saltan hacia otros estados, estados excitantes, emocionantes, sólidos, en la América Latina.
    Montevideo, Córdoba y Buenos Aires les verán tocar en noviembre, estos son los datos:

    DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE
    Living
    Montevideo (Uruguay)
    22h. Entrada gratuita.
    Apúntate en Last.fm
    Un vídeo de presentación de este concierto:

    VIERNES 13 DE NOVIEMBRE
    Sala Carmona – Teatro Real
    Córdoba (Argentina)
    21:30h
    Apúntate en Last.fm

    SÁBADO 21 DE NOVIEMBRE
    Archibrazo
    Buenos Aires (Argentina)
    20h
    Apúntate en Last.fm

    Ankitoner Metamars, en concierto en Madrid

    Foto de Céline Gesret / Miguel Fernández Flores. Más aquí.

  • Miedo a la suerte Estilo Imperio

    Ayer llegué a tiempo, casi raspando, para asistir al concierto de Astrud en el Neu! Club cargada de sueño y cansancio. Viajar cansa, no sé porqué.

    A veces me doy cuenta de lo importante que es ser contemporáneo de Astrud y haber vivido toda su carrera. Ocurrió mientras empujaba la mariposa para entrar en el metro y volver a casa, me acuerdo del momento exacto en el que lo pensé y del tacto del metrobus en la mano, pues golpeaba una esquina con la yema de un dedo, acompañando con golpecitos el recuerdo reciente de alguna de las canciones del concierto.

    Me fui rápido, en realidad me fui corriendo, porque me dolían mucho las tripas. «Os voy a dar una pista, os voy a dar una pista», taconeaba por la calle José Abascal.

    Cuando en el año 2024 haya gente de 20 años que escuchen a Astrud como algo del pasado desearán con todas sus fuerzas haber vivido algo tan especial como su crecimiento disco a disco, la fuerza de sus conciertos, su público cantando las canciones a gritos. Podría relatar muchos momentos de mi vida asociados a Manolo y Genís pero no es hoy la noche que me apetezca desenterrar recuerdos. A pesar de ello, están pasando por mi memoria ahora mismo, como diapositivas rápidas.

    Lo de ayer fue algo muy diferente porque interpretaron sus grandes hits acompañados del Col.lectiu Brossa. ¿Quién hubiera pensado que con una zanfona y un Line 6 podía tocarse así Todo da lo mismo?

    Para el que quiera una crónica con detalles, le remito al artículo en Hipersónica de Natxo Sobrado, que tiene más vídeos como el de arriba.

  • Estaría mal hacerle taxidermia a los amigos, pero a veces se siente el deseo para que no se vayan

    En la anterior entrega de la telenovela The Last Dance sólo hablaba de Vincent Moon pero ahí no quedó el día. En el dramatis personae de ayer también aparecía mencionado Isaac, que fue protagonista importante de la jornada. Pero no hablé de Ángela Precht, con quien estuve bastante rato y a quien me hizo ilusión loca volver a ver. Chicos de Cultura, ¡esta chica nos echa de menos! Y yo también a ella, la verdad. En unos días, además, abandona este hemisferio para volver a Chile durante medio año y trabajar en el In-Edit de allí.

    Le tendría que haber dicho a Ángela algo que quise decir ayer pero no hubo oportunidad, que Vincent Moon es como un personaje de Los detectives salvajes, viajando sin dinero por el mundo, invitado aquí y allá, viviendo. A Ángela también me la imagino como personaje bolañero, tan loca y tan lista, huevón.

    (Justo mientras escribo estas líneas me llegan emails de ella con fotos de ayer). (No os perdáis su post en el que cuenta qué le contestó Vincent Moon cuando le preguntó porqué no sigue a nadie en Twitter).

    Por la tarde tomamos un taxi que nos llevara a Gracia. En la plaza de Joanic la encantadora Beatriz Naranjo, con quien compartimos la comida, ha abierto una escuela llamada La casa del cine. Isaac, Vincent, ella y yo subimos para visitarla y que estos dos últimos pudieran hablar sobre los detalles del curso que dirigirá allí durante una semana en el próximo mes de mayo. Vincent Moon grabará un Take Away Show ayudado de los alumnos. Una semana después tendrá lugar el Primavera Sound, donde también piensa filmar un documento.

    Con Ángela, Isaac y el mejor barman de hotel de toda la ciudad (¿seguro que no es un actor de una película de Jim Jarmusch?) nos tomamos un vino (otro) al terminar la charla. Bueno, ni que las charlas se terminaran, se transforman en otras, que fue lo que hicimos nosotros allí en aquella barra de hotel.

    Y, celebrando con (y otro más) vino la despedida hacia tierras de mapuches de Ángela y Gerard, estuvimos en el bar El Taxidermista, al que poco tiempo después llegó Raúl de Comando Suzie y allí que siguió transformándose la conversación, imparable y aún con más fuerza, como si el día no se estuviera acabando. De golpe todo el mundo había desaparecido, así que las palabras, el comandante y yo nos fuimos al Rouge (¿quizás ya no se llama Barcelona Rouge?) que tanto me gustaba cuando vivía allí. Hacía tiempo que no volvía. De pronto, apareció delante de nosotros. Y con una copa de (esta ya fue la última) vino blanco en las manos no paré de hacer preguntas, lo cual parece cada vez con más evidencia que es el oficio, la ocupación, de mi vida.

    Con v10

  • Álbum de memorias de un día con Vincent Moon

    No sé si lo he escrito alguna vez por aquí, pero aprovecho la ocasión para decir que me encantan los salones de los hoteles. Te puedes sentar durante horas sin que nadie te pida explicaciones, aunque quién quiere sentarse durante horas en un hotel. En realidad suelen ser minutos que parecen horas. Minutos sin quehacer, donde esperar a alguien, leer el periódico o levantar la tapa del ordenador y ver pasar caras con las que te cruzarás una vez en la vida. Ahora estoy en uno de ellos, en este, esperando (yo también) a que el gelocatil se lleve un inmenso dolor de cabeza.

    Ayer lo estuve tuiteando, no podía callarme, fue todo muy especial. Merece la pena estar disponible y tener amigos para que sea posible que algo como esto suceda, que te llamen para venir a otra ciudad a conversar con alguien a quien mucha gente quiere conocer.

    Con Vincent Moon

    Con Vincent Moon

    Hace dos días os contaba quién es Vincent Moon y os enseñaba algunos de sus vídeos que más me gustan. Hoy os puedo hablar un poco mejor sobre él y las cosas que sucedieron ayer, a pesar de que la migraña me hace sentir algo torpe en la escritura.

    Cuando me aproximé al grupo que esperaba en la acera divisé a Isaac Monclús rodeado de personas que me daban la espalda. Uno de ellos se giró de golpe y me miró con ojos saltones diciendo mi nombre, parecía aún más joven de lo que esperaba. Me fijé en su aspecto mientras caminábamos hacia el restaurante, lleva un corte de pelo que probablemente se ha hecho él mismo y viste una divertida chaqueta de marinero, envuelta en un pañuelo muy largo al cuello, que le da muchas vueltas; todos esos giros alrededor de su cuello me hacen recordar a él mismo girando alrededor de Gaspar Claus, en un paso de baile que ha repetido al menos dos veces y que más tarde bautizaremos como the Gaspar Claus spinning thing.  Eso de dar vueltas lo hace en dos de los vídeos que puse en el post anterior y que, además, ayer proyectó. Para mí era un misterio que este violonchelista apareciera también en el vídeo de Tomokawa, de golpe, sin esperarle. Me había gustado mucho los vídeos grabados con su padre en Port-Bou. Vincent Moon me explica enseguida que es su mejor amigo. Más tarde, en un taxi, me cuenta que el violonchelo es el instrumento qué más le gusta filmar, yo le digo que me emocionó esa toma en el que Gaspar lo toca tumbado en el suelo, abrazado a él como si fuera una persona, él me dice oui, oui, oui.

    Estoy escribiendo este post para mí y para mis amigos que me leen pero ahora pienso que también es para los que vinieron ayer al encuentro y no les contamos todo lo que hubiéramos querido decirles. A pesar de que duró dos hora y media, creo que apenas pudimos explicar nada, que el tiempo fue escaso. Vincent Moon dice que sus películas son su memoria, es su vida grabada, su álbum de souvenirs. Lo mismo que es para mí The Last Dance.

    El vino de IsaacCuando llegué a la sala que en la planta cuarta del Palau de la Virreina nos habían reservado me decepcioné. Después de haber estado criticando los días pasados que la Semana Gótica de Madrid, llamándose gótica, no pudiera subvertir el escenario típico de público en sillas mirando un estrado con tarima elevada, mesa alargada, micrófonos y ponentes parapetados (ese género/estilo del Forum de la FNAC, que odio), me encontraba con un escena similar que me hizo pensar en las ruedas de prensa tras el Consejo de Ministros. Además, en el frontal de la mesa ponía Institut de Cultura. Yo no quería estar ahí haciendo de institutriz de cultura. Vincent Moon sacó su portátil y comenzó a realizar las conexiones. Me acerqué a él y le pregunté ¿te gusta esto? Me contestó educadamente, es un poco raro, dijo. Yo le dije, a mí no me gusta. Le pedí a Isaac que nos saltáramos el protocolo, que queríamos estar por delante de las mesas. Él consiguió algo mejor: que las quitaran de allí. Desaparecieron en un minuto y trajeron una mesita baja, cuadrada, pequeña. Vincent Moon pidió entonces una luz baja para poner en la mesa y que nos dejaran la sala a oscuras. Eso fue genial. Aquel lugar tan frío se convirtió en un saloncito acogedor,  íntimo y mágico como una sala de cine o una cuarto de revelado. Y entonces aparece Isaac con una botella de vino blanco y dos copas. Me hubiera gustado tener copas para todos. El vino era un blanco, creo que del Penedés, riquísimo. Me gustaba cuando apagábamos nuestra lámpara y nos quitábamos del medio para ver los vídeos que habíamos seleccionado y que salpicábamos durante la charla. A veces, Vincent Moon desaparecía, se perdía entre la gente y se confundía en la oscuridad. Él dice que apenas puede ver ya cosas, que no se concentra en el cine, que se pone a mirar lo que ocurre alrededor, la cara del que tiene sentado al lado. Él quería ver sus películas porque dice que no las ve nunca, pero yo creo que ayer tampoco fue capaz de verlas sino que sentía la necesidad de alejarse para ver cómo la gente ve.

    Escenografía remezclada

    Miro sus brazos mientras habla, se ha arremangado la camisa y descubro que lleva un tatuaje en la parte interior del brazo, no lo distingo bien pero parecen varias líneas de escritura árabe. Me hacen pensar, al igual que durante la comida, en Memento. Pensé en esa película porque el francés llevaba muchas cosas escritas en las manos. Y, lo que era aún más llamativo, podía ver los borrones de cosas escritas anteriormente y mal borradas con saliva. Tatuajes delebles. La última palabra que lleva escrita en la mano decía TWITTER. Estuve a punto de recordárselo yo misma: Mathieu, acuérdate de usar el Twitter, que no escribes nada desde el 23 de octubre. Pero se acordó. Durante la comida hablamos de la memoria. Es un tema muy importante para mí y me gusta tener la oportunidad de hablar sobre ello con alguien a quien también le preocupa y tiene ideas interesantes al respecto. Ya lo dije antes, sus películas son su memoria. Pero le preocupa alimentar con basura digital una cultura tan saturada de montones y montones de improcesable información. La palabra INFORMACIÓN aparece escrita en mis notas para la charla. Le hago pasar sobre este tema pero, como ocurrió con muchos otros, los explicó mejor durante la comida, ante tres personas, que ante las cien (¿eran cien?) del encuentro.

    Al mediodía nos explicó la diferencia entre filmar y grabar. Yo hubiera dicho: claro, filmar es lo que se hace en cine y grabar lo que se hace en vídeo. Pues no es eso. Filmar es estar ahí con una cámara haciendo que sucedan cosas. Grabar es que la cámara almacene lo que está sucediendo y genere información, que luego tú procesas más o menos. Vincent Moon ya no quiere grabar más, sólo quiere filmar. Estaría filmando todo el día, pero algún día quiere que grabar ya no sea necesario para que sigan sucediendo cosas cuando él está ahí provocándolas.

    Ese aspecto colaborativo, social, que tiene lugar cuando hace un Temporary Area en el que junta a un montón de grupos de una escena (como los quince de Atenas) y cada uno se asienta en una habitación y él recorre la casa con su cámara, pasando de una canción a otra, es algo que me gusta especialmente. Eso no ocurriría jamás si no fuera por él. Y eso crea una voz colectiva, un discurso colectivo, aunque sea musical, es la voz de una ciudad. En una cultura tan individualista como esta occidental europea en la que vivo (donde muchos no creen en las voces colectivas) es un alivio descubrir una manera de hacerlas sonar.

    Vincent Moon firmando autógrafos

    Vincent Moon canturrea todo el rato. Canta cosas bonitas. Tiene una voz bonita. En la comida me atreví a decirle algo que no estaba segura de si lo haría. De pequeña yo era muy fan del cine musical americano, era mi género favorito. Mi hermana me llevaba (o al menos me llevó una vez) a ver programas dobles al cine estudio Griffith, con una empanadilla chilena entre peli y peli. Como había visto tantas películas de este género, me parecía normal que cuando uno se baja de un barco lo haga cantando ¡New York, New York! Qué triste decepción descubrir que nadie canta al bajarse de un barco en un mundo donde no hay coreografías ni cámaras de cine. Sus vídeos han llenado ese hueco que siempre ha habido en mi vida y ahora la música sí sucede en la calle, en las casas, en los barcos. En sus vídeos hay una gente merendando y entonces empiezan a cantar, y además cantan y tocan de verdad, no como el playback de las películas (bueno, eso del playback tardé bastante en averiguarlo). He estado engañada todos estos años mientras pensaba que el cine musical era falso. No lo es, simplemente está mal hecho. Vincent Moon es el verdadero Stanley Donen.

  • Mis vincentmoons favoritos

    Mañana estaré en Barcelona gracias a la providencial invitación del siempre grande y generoso Isaac Monclús para conducir un encuentro con (el también grande y generoso) Vincent Moon dentro de la programación de In-Edit.

    Haber visto dos o tres vídeos de Vincent Moon no es lo mismo que vivir en su relato cinematográfico, en el cual llevo inmersa varios días, sin querer ver otra que no haya grabado él. Descubriendo el mundo, y cuando digo el mundo, me refiero de verdad al mundo, a través de sus ojos, escuchando cómo me lo cuenta.

    Para alguien como yo que adora la conjunción entre cine o vídeo y música hay un antes y un después de conocer a Vincent Moon. Saber que mañana, además, le voy a conocer en persona me hace mucha ilusión.

    Moon es el creador de los Concerts a emporter, donde los grupos tocan una o dos canciones en una sola toma, en acústico (al aire, diría) y en sitios inusuales, con resultados imprevisibles. Aquello comenzó en París con los grupos que pasaban por allí pero él no se queda ahí sino que su objetivo es recorrer el mundo conociendo gente y músicos, filmándolos en su ciudad, contándonos también su contexto.

    Os dejo con una selección de sus piezas que más me gustan:

    Kazuki Tomokawa – A Take Away Show #98 – Part II from La Blogotheque on Vimeo.

    El encuentro tendrá lugar en el Palau de la Virreina a las 19h. La entrada es gratuita.

  • Funerales periódicos

    Ayer no tuve oportunidad de escribir, por lo que no pude quejarme online del cierre de Soitu.es que ya en la noche, y al pasar las horas transcurridas, todavía me resistía a creer.

    Por supuesto, me parecía un déjà vu de mal gusto, en el que cada cierto tiempo se calla un medio de comunicación y lectores y periodistas nos quedamos tirados, incapacitados para hacer nada salvo protestar, pero por mucho que gritemos, ni siquiera llevando la razón, conseguimos revertir la situación.
    Cuando un inversor se impacienta y, guiado por el miedo, busca un lugar seguro donde ganar dinero fácil para que sus accionistas no se quejen, muchas personas se quedan en el paro y muchos sueños son aniquilados. Cuando la empresa que ve cómo su mecenas, su prestamista, su dueño huye despavorido como rata hacia un sol que caliente más, es un medio de comunicación, el efecto es aún peor, pues hay que sumar a la lista de damnificados a un millón y medio (en el caso de Soitu.es) de personas que también se quedan en la calle. Esas personas no son clientes, como sucedería en otra empresa, sino que son lectores o, en términos de interactividad, usuarios. Un lector con un medio de comunicación menos que leer es un lector que ve mermada la pluralidad informativa, es una persona que pierde a su interlocutor, es un usuario abandonado y un poco más aislado.

    Las empresas que invierten en un medio de comunicación, como es el caso de BBVA en Soitu.es (cuya retirada ha provocado el cierre del medio) deberían estar sujetos a una responsabilidad financiera-social, pues no es lo mismo invertir en una cadena de heladerías que en un medio de comunicación, cosa que a Planeta le dio igual cuando cambio su estrategia en internet con el cierre de ADN.es y a BBVA al abandonar el medio digital dirigido por Gumersindo Lafuente.

    Muy aportuno ha sido conocer, el mismo día que el medio anuncia su desaparición, las cifras de beneficios de BBVA en los nueve primeros meses de 2009, que fueron de 4.179 millones de euros. No sé si es de muy mal gusto o una afortunada coincidencia que nos permite valorar mejor a los bancos.

    La primera vez que supe que iba a existir Soitu.es me lo sopló en La Ardosa uno de los artífices de la campaña de lanzamiento, la cual me encantó. Me dijo que era secreto, pero que era un secreto a voces. El nombre me pareció horrible y me costó mucho acostumbrarme a él. Al final, ya me parecía de lo más normal. Mientras trabajaba en ADN.es los veía como nuestra competencia más directa, por lo que les espiaba y les sacaba los dientes. Cuando nos despidieron, ese fue el primer sitio al que escribí pidiendo trabajo. (Como todos los sitios a los que he llamado, su respuesta fue el silencio, pero esa es otra historia).

    Ayer la redacción de Soitu se bajó a un bar de la calle Cochabamba, donde están situados. Imagino que sería «el bar de abajo». Y allí, entre alcohol y sentimientos encontrados celebraron el funeral. Hace poco vi en la filmoteca Deadline USA. Humprey Bogart es el director de un periódico que van a vender a la competencia para ser cerrado. Su periódico es serio, de investigación, mientras que su competencia, que vende más y es más rentable es, por supuesto, un tabloide sensacionalista. El día que la redacción conoce la noticia se van al bar de abajo, para emborracharse mucho y celebrar el funeral, con velas y todo, como se ve en la foto. Así hicimos, también, en ADN.es. Supongo que así habrá pasado también cuando cerraron Diario 16, Ya, Metro, Claro o El Sol. Todos al bar de abajo.

    Periodismo digital no es digitalizar periódicos. Pero todavía no está tan claro cómo hay que hacerlo. A pesar de que Ramón Lobo dijo que internet no huele a calle, Gumersindo dijo que la Red es la calle.

    Me duele el cierre de Soitu y me asusta ver que el periodismo digital se vuelve a reducir a los de siempre. Que hay otros 23 periodistas digitales en la calle. Que El Selector ya no me dará los enlaces a temas geniales que no habría leído si no fuera por él. Que quedan menos sitios donde leer y escribir artículos como este. En verdad nunca fui gran fan de la jerarquía temporal (a lo blog) por lo que casi siempre he leído Soitu directamente en los artículos linkados aquí y allá y no tanto desde su portada. A veces, cuando leía uno muy bueno, me creaba ansiedad el pensar en cuántos otros muy buenos podría haberme perdido también. Ahora la ansiedad es por todo lo que podría haberse escrito y jamás se hará. Una selección de temas favoritos de Soitu.es es lo que ocupa ahora su homepage.

    Aquí os dejo con un vídeo de los Sin futuro y sin un duro desde el velatorio:

    Leed también el post de Enrique Meneses, que estuvo en el funeral.