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  • 85 años desde que te mataron

    85 años desde que te mataron

    Querido abuelo: me llamo Elena, soy hija de tu hijo, no nos conociste a ninguno de los dos porque te mataron un día como hoy hace 85 años. Mi padre, Luis, era un bebé recién nacido. Yo tengo ya 46 años. Perdóname por haber llegado tan tarde a buscarte, no sé qué me entretuvo. Quizás, simplemente, que estábamos a otra cosa.

    Abuelo, soy periodista. Me gustaría saber qué periódico leías tú en los años 30 en Toledo, si eras más de El Castellano o de El Socialista. Quiero pensar que del segundo, aunque fue el primero, un periódico de derechas y católico, el que me trajo noticias tuyas. Lo sabrás perfectamente porque sucedió en 1934 y mis compañeros de aquel entonces dieron cuenta de tu participación como testigo en el juicio contra tus compañeros de aquel entonces: Hilario, Agustín y Julio, camareros, como tú; sindicalistas, como tú.

    De lo que no dijeron nada los periódicos fue de tu asesinato. En ese momento de terror en vuestra ciudad no había tinta, solo sangre. Al final, después de todo este tiempo buscándote, no sé nada de tu muerte pero sé muchas cosas de tu vida que no me contó nadie de pequeña: que te gustaba trabajar la madera, y se te daba bien, que trabajabas en el Café Español en la plaza de Zocodover, que tu padre murió solo dos años antes que tú, cayendo al Tajo, que defendias a tus compañeros, que te mantenías a flote entre dos aguas, que no tuvo que ser fácil para ti estar con tus compañeros, defenderlos, apoyar la huelga, luchar por lo que considerabas justo, y luego volver a casa donde te esperaban tus cuñados falangistas, carlistas, reaccionarios. Fachas, en definitiva, que los llamamos ahora.

    Cuando te mataron, nos arrebataron de ti y como consuelo puedo decir que al menos te ahorraste ver toda la muerte y la represión que vino después; se luchó fieramente contra los fascistas tres años más pero la derrota fue inmensa y eterna: le siguieron 40 años de dictadura y no te creas que ha acabado del todo. Te sorprenderá saber que hay mucha gente, de los vencidos, que fueron enterrados quién sabe dónde y perdidos para siempre. A otros todavía los estamos encontrando. La humillación sigue bajo la tierra.

    Me parece importante comunicarte que tú no eres uno de ellos. Durante años pensaba que estabas desaparecido y cuando al fin me animé a buscarte, averigüé que me esperabas mucho más cerca de lo que nunca me podría haber imaginado. En los últimos días de tu vida te encerraron tras unos barrotes pero la cárcel más grande, la condena que padeciste durante décadas, se te impuso con puertas blindadas de silencios. En casa no se hablaba de ti, como de muchas otras cosas, como en muchas otras casas.

    Abuelo Raimundo, te quiero sin haberte conocido, en eso consiste la lealtad y la familia. La familia de aquel entonces no te ayudó cuando lo necesitabas; cómo iban a hacerlo, si representas todo aquello que repudiaban. Yo, tú familia de este entonces, he hecho por ti todo lo que he podido, sabiendo que nunca será suficiente.

  • Lugares sin memoria

    Lugares sin memoria

    Una de mis obsesiones es conocer cómo marca el tiempo a través de su paso por un sitio. Me impresiona mucho la perdurabilidad de lo sólido, en especial la piedra, ante el ciclo momentáneo de los que nacemos y morimos y, en un momento dado de esa insignificante existencia, pasamos por allí, rozamos con los dedos de la mano esa pared, derramamos nuestra sangre sobre ese suelo, dormimos encerrados bajo ese techo.

    Confieso que me tienta la idea de la psicogeografía y a veces me gusta pensar que los lugares conservan una memoria de sí mismos, como si almenasen datos cual organismo vivo.

    De ser así, es una memoria muda. Aunque no es tan difícil encontrar los cabos sueltos que nos sirven para contar el cuento. En el solar de Peironcely hay restos del suelo de las casas que fueron derruidas por los bombardeos en los años 30. En el patio interior del restaurante Casa Anido están los píos que usaban para hacer las conservas de sardinas en lata de los Romaní y que, en la Guerra Civil, usaron los presos del campo de concentración para dormir calientes dentro de ellos. En un contenedor de la basura aparece un archivador que es recogido de allí por un activista de la memoria. Hubo un tiempo, quizá solo fue un día en la historia, en el que las autoridades franquistas, diplomáticas y religiosas se colocaron en una escalinata construida en un cerro, e hicieron como que aquello era importante, aunque lo olvidarían pronto (pero los trabajadores esclavos que picaron piedra y la arrastraron para colocarla allí no olvidaron).

    Estos días se ha publicado en elDiario.es una pequeña serie de artículos que he escrito, titulada Lugares sin memoria. Ojalá pudiera ser más larga, estaría escribiendo sobre sitios así todo el rato, no haría otra cosa y sería feliz.

    1. Una historia terrible entre las latas de conservas de Muros
    2. Dónde están los niños muertos en Perpiñán
    3. Nadie recordaría esa fábrica si se hubiera adelantado el camión de la basura
    4. El descampado de Peironcely: todavía caen bombas sobre Vallecas
    5. Pensaron que construyendo pisos nuevos, nadie se acordaría de las viejas historias de la guerra
    6. Un monumento franquista en medio de la nada: no por no mirarlo, deja de existir

    He rivalizado conmigo misma en el titular más largo. Bueno, creo que en esta ocasión lo merecía, como puerta de entrada a una historia.

    Larga vida al periodismo de verano, que permite hacer estas cosas y a la gente tener tiempo para leerlas.

  • 21.750 millones de euros

    21.750 millones de euros

    La represión sobre los perdedores de la Guerra Civil se prolongó a lo largo de los 40 años que duró la dictadura. En 1979 comienza un proceso de reparación económica que el movimiento memorialista y algunos partidos políticos no consideran zanjado en absoluto. El Gobierno, según un estudio interno al que ha tenido acceso elDiario.es, reconoce que 21.749 millones de euros (hasta diciembre de 2020) es el total de lo que la Administración General del Estado ha dedicado a reparaciones económicas a las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Es la cantidad más alta que se ha gastado nunca el Estado en indemnizar a víctimas, seguida muy de lejos por las afectadas por el aceite de colza.

    Esta cantidad incluye las reparaciones en forma de pensiones a militares, combatientes, mutilados, así como sus familiares en caso de fallecimiento y los asesinados y desaparecidos; estos son 547.670 beneficiarios y un importe de 21.349 millones de euros, estando el grueso de la reparación en los militares no profesionales. Por otro lado, se recogen también las reparaciones a las personas que sufrieron prisión, tanto en la compensación de aportaciones a la Seguridad Social como en indemnizaciones; esto ha afectado a 60.683 personas, con un importe de 397 millones de euros. Por último, se recogen también las 49 indemnizaciones a los herederos de personas que dieron la vida en defensa de la democracia entre 1968 y 1977 cuyos expedientes fueron aceptados de entre los 190 que se presentaron; esto supuso 2,8 millones de euros.

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  • Mis años con Anaïs

    Mis años con Anaïs

    A finales del siglo XX, cuando había que saber un poco de HTML para publicar en la web, cuando la neutralidad de la red no estaba en entredicho, yo escribía una página en internet sobre Anaïs Nin que era la única que existía en español.

    Llevaba unos años buscando sus diarios y novelas, que todavía no se habían publicado en sus versiones sin censurar, y no era complicado encontrar las ediciones de Plaza y Janés y Bruguera en las tiendas de segunda mano. Anaïs Nin había pasado de moda.

    Puedo ver las fechas en los ex libris de cada uno de esos libros, así como anotaciones de dónde los fui encontrando y en qué circunstancias (quién me acompaña, en qué lugar sucedió, cómo me sentía), pues cada hallazgo era un acontecimiento para mí. Las datas van de 1995 a 1999.

    En 1996 me compré la correspondencia entre Anaïs y Henry Miller editsada por Siruela. Era la primera vez que leía a Anaïs Nin sin olor a viejo. Me pareció que la habían extraído de su mundo (que eran esas páginas amarillentas, guesas, de tipografías irregulares), que también era el mío, y la hubieran inoculado en el presente, donde ambas nos sentíamos extranjeras. Ese libro fue importante porque completaba la correspondencia de la que hasta ese momento solo conocíamos las cartas de Henry a Anaïs. Al fin ella había dejado de ser el objeto del escritor y su voz emergía. Recuerdo que el libro me costó carísimo e invertí en él toda mi paga.

    Simultáneamente a los diarios, fui encontrando sus novelas editadas por Grijalbo (En una campana de cristal, Invierno de artificio, La seducción del minotauro, Escaleras hacia el fuego, Una espía en la casa del amor), que me resultaban farragosas, aburridas, difíciles de leer. No tenía paciencia, prefería mil veces los diarios.

    En unos viajes a Londres en 1998, me compré allí, nuevos, Little Birds (cuya marca de lectura hoy me indica que no pasé de la página 13) y la muy cuestionada biografía de Noël Riley Fitch The Erotic life of Anaïs Nin. En ese mismo año, apareció en la sección en lengua inglesa de La Casa del Libro, Conversations with Anaïs Nin: transcripciones de entrevistas en estilo directo, todo un tesoro en bruto que me compré.

    Entonces, Siruela comenzó a llenar los huecos en blanco y empezó a editar los diarios sin expurgar. Todo lo que habíamos leído hasta ese momento era la versión que la escritora accedió a publicar extrayendo de su inabarcable continuo autobiográfico todo aquello que pensó que pudiera herir a sus maridos. Tras las cartas, en 1995 Siruela publicó Incesto y, en 1996, Fuego. Ahí estaba todo. Yo vivía en esos huecos. Yo quería para mí la libertad de alma que mostraba Anaïs, pero me sentía en una cárcel.

    Yo quería fugarme con ella.

    Con todas estas lecturas en mi habitación, comencé a escribir aquella página web. Un día me llegó un email procedente de un hombre cuyo nombre se repetía una y otra vez en todos esos libros: Gunther Stuhlmann, agente y editor de Anaïs Nin. Gunther me felicitó por la página, me agradeció lo que estaba haciendo, el cariño que le ponía y mi interés por Anaïs. Me contó que editaba una revista sobre ella, llamada ANAIS, y que si yo lo deseaba, podía mandarme un número por correo desde Estados Unidos. En ese momento, internet me pareció lo más grande del mundo, una magia que hacía que alguien que había conocido a mi escritora favorita, me contactara. Se lo agradecí mucho, le di mi dirección (de casa de mis padres) y muy poco tiempo después llegó un paquete.

    El número de ANAIS que me envió Gunther

    Además del volumen 15 de la revista (con artículos sobre su correspondencia con Miller, la influencia de DH Lawrence sobre ella o un interesante artículo del propio Gunther sobre la artista queer surrealista Claude Cahun / Lucy Schwob (sobrina del decadentista Marcel Schwob); es decir, no solo se hablaba de Anaïs sino también sobre su universo expandido, sus referencias y sus influencias ) había más cosas en el paquete enviado desde Becket, Massachusetts. Stuhlmann me enviaba algunas ediciones de los diarios en español que no eran las ediciones de bolsillo que hasta ahora había encontrado, sino unas mejores de Plaza y Janés descatalogadas: el Diario de infancia y el Diario de adolescencia, que él consideraba que estaban infravalorados o a los que al menos no se les había prestado la suficiente atención, por ser anterior a la aparición de Miller.

    Me desbordó la generosidad y la atención del editor, que me recordaba a la propia Anaïs y sus envíos postales de libros, cartas y lo que fuera necesario.

    Gunther compartía el trabajo con su esposa Barbara, a la que alude este «our» en la breve nota mecanografiada que adjuntó al envío. Ambos han fallecido ya. Él en 2002 a causa de una leucemia y ella en 2012. Su legado lo custodia esta fundación de Massachusetts.

    La nota, que conservo en el interior del Diario de adolescencia

    En uno de los libros que me envío, el diario adolescente que va de enero de 1919 a junio de 1920, se habla mucho de «Joaquinito» y Thorvald, los hermanos de Anaïs con los que se traslado a Nueva York junto a su madre, mientras su padre Joaquín Nin se quedaba en Barcelona, tras abandonar a la familia para liarse con una mujer más joven y rica.

    En uno de los libros que tengo, una edición de la Editorial RM más lujosa que las de bolsillo, del Diario III (1939-44), comprado no sé dónde el 17 de febrero de 1998, guardo un recorte de una revista. Son varias páginas de El País Semanal donde Arcadi Espada entrevista a Joaquín Nin-Culmell («Joaquinito»). No apunté la fecha pero supongo que ronda ese mismo año. El hermano pequeño de Anaïs, compositor como el padre, falleció en 2004. En la entrevista, Joaquín habla muy amargamente de su hermana.

    La publicación de Incesto en español estaba reciente, «unos meses», escribe Espada, así que le pregunta a Joaquín por la relación incestuosa entre Anaïs y el padre de ambos. El músico dice que «no hay pruebas». Arcadi le contesta qe existe el testimonio de uno de los dos protagonistas. Joaquín contesta que «Anaïs era una mitómana» y que «puede ser perfectamente que lo que describe no sucediera nunca».

    Visiblemente resentido, Nin-Culmell dice que la publicación de Incesto le va a «impedir» escribir el libro que él quería hacer sobre Anaïs, a quien dice que quiso «demasiado».

    «Anaïs tenía, tal vez, el derecho de hablar sobre sus relaciones. Tal vez. Pero lo que es seguro es que no tenía ningún derecho a hablar de las relaciones entre mi padre y mi madre, entre nuestros padres. El retrato que hace mi padre de mi madre, a través de Anaïs, es intolerable. Y si yo escribiera ahora sobre Anaïs, sobre nuestra vida en común, tendría que hablar de eso y parecería una venganza. Y lo sería seguramente, porque yo no podría eludir la crítica de esas página injustificables, ni podría soportar que el único retrato que hubiera de mi madre fuese precisamente el que hizo alguien que la abandonó», explica Joaquín.

    Posteriormente, revela que ha entregado a «la Universidad de San Francisco» tres mil cartas de Anaïs Nin: «creo que tengo un pedazo de Anaïs, un pedazo desmitificado, humano, que es el que falta sobre ella», dice. «Pero ya digo, no creo que nunca lo escriba. En cualquier caso, en esas cartas está el trozo para el que quiera identificarlo».

    Es cierto, Joaquín Nin-Cumell muere sin escribir ese libro. Lo más que hizo fue redactar un prefacio en 1978 de tres páginas para Linotte, el diario de infancia que me había mandado Gunther. En él, se refiere a su «hermana extraordinaria» con un cariño por aquella niña que resuma un poco desilusión por la mujer en la que se convirtió, sin decirlo literalmente.

    Tras investigar un poco, quiero entender que la depositoria del legado de Nin-Culmell no es esa «Universidad de San Francisco» sino la Universidad de California, en Berkeley, que guarda tres colecciones de la familia (ARCHIVES NIN-CULMELL 1 (su colección musical), MS 076 (la documentación familiar, relativa tanto a Nin-Cumell como a su padre, Nin y Castellanos entre 1863 y 2006) y la colección 2066, documentación legada por Anïs Nin), así como la de Henry Miller (LSC.0110).

    En la colección MS 076 hay decenas de cajas. Una gran parte de esta colección es la biográfica, siendo la subserie 1.5 la dedicada a la correspondencia, donde hay varios centenares de carpetas. Entre ellas, no están la cartas de su hermana que él menciona en la entrevista, tan solo una fotocopia del prefacio de Linotte y unas misivas intercambiadas con una monja (Joaquín era un ferviente católico, dice que gracias a su hermana) al respecto de Anaïs y su marido Rupert Pole.

    La entrevista de Arcadi Espada a Joaquín Nin-Culmell

    En cambio, en el legado de Anaïs sí cartas escritas por Joaquín Nin-Culmell, dirigidas a ella, durante los años 50 y 60.

    ¿Dónde están esas tres mil cartas de Anaïs a Joaquinito?

    Del journal de Gunther, ANAIS, surgió un libro esencial (que no tengo), A book of mirrors, que también marca el inicio de la actividad de Sky Blue Press, la editorial que Paul Herron crea en 1996 para publicar por fin en buenas condiciones y sin expurgar la obra de Nin. Herron continuará la labor académica que había iniciado Gunther con un nuevo journal: A Café in Space. Y publicará los diarios sin expurgar de años posteriores: Mirages (1939-47) y Trapeze (1947-55), que todavía no hemos visto en España.

    Una de las últimas aportaciones de Sky Press, en marzo de 2020, son las cartas entre Anaïs y su padre Joaquín, que se creían destruidas. En 2006, se halló una carpeta escondida en la casa de Anaïs en Los Ángeles. Con este volumen se complementa y contrasta Incesto, aportando la visión del padre. Otra es la de las cartas de Anaïs a Lawrence Durrell.

    Lo de las cartas de Anaïs a su hermano sigue siendo un misterio para mí.

    Desconocía que Paul Herron está realizando un podcast sobre Anaïs Nin, se puede escuchar aquí.
    El último episodio, el 38, Paul nos habla de quién es él (y quién no es), y con mucho cariño de su relación con Gunther Stuhlmann y las obras de Anaïs. En él cuenta cómo Gunther hizo con él lo mismo que conmigo, generosamente le envió copias de las publicaciones de Anaïs. Paul heredó, o se sintió contagiado, por la misión de hacer llegar a las lectoras y lectores la obra de Nin.
    Este es:

  • Dejando escapar ‘Algunas lagunas’

    Dejando escapar ‘Algunas lagunas’

    Cuando tuve en mis manos mi primer libro no podía dejar de acariciarlo. No lo pensé en ese instante pero, ahora que lo recuerdo (y siento caer en el lugar común del parto), me evoca al momento en el que los sanitarios pusieron a mi hija sobre mí y yo le acariciaba la cabeza y la espalda, por un lado para darle calor y por otro para sentir que era real. En mi barriga era una idea, intocable. Fuera, era física, contundente, y desde el primer minuto comenzaba a hacerse un lugar en el mundo, a consumir aire, recursos, a generar deshechos.

    Junto al mostrador de La Imprenta, Miguel Ángel puso un libro en mis manos y yo palpaba con la yema de los dedos la cartulina de la portada, que me parecía reconfortantemente suave. Como la tapa es un mapa, lo que sí me vino a la cabeza en ese instante fue un viaje que hice sola en coche a Portugal y, de allí, a Galicia, por carreteras que desconocía pues en lugar de ir hacia Vigo, di un rodeo por Ourense. Los móviles todavía no tenían GPS y yo me apañaba con un mapa de carreteras, que es un instrumento al que siempre he tenido mucho apego. En mi coche llevaba uno antiguo, que no solo había marcado mis destinos sino el de mi amigo Juanjo, que me lo regaló cuando él se compró uno más nuevo. Pero a mí me gustaba el viejo, porque ya había ido a muchos sitios.

    También tocaba los bordes, los cantos, las esquinas, sin atreverme a abrirlo. Más que falta de valentía, lo que tenía era falta de ganas. Todas esas letros de dentro… no me interesaban mucho. Quería seguir viendo la caja por fuera. Le di la vuelta. En algunos libros aparece la foto de la autora en la contraportada. En el mío, es una pareja que camina del brazo. Son mis abuelos, de novios o recién casados. Sagrario mira hacia otro lado. Raimundo, hacia algún lugar de la acera, delante de él. No son conscientes de que están siendo fotografiados. Están a punto de llegar a la puerta de Bisagra, en Toledo. Yo no habría sabido ubicar el lugar en el mapa, pero Carlos Vega se dio cuenta de que era la calle Real del Arrabal, delante de la casa en la que muchos hijos después viviría un gran amigo del hijo todavía no concebido de Raimundo y Sagrario.

    Un libro, en su función reprográfica, copia no infinita pero numerosa de un original, no deja de ser un cuerpo extraño. Es mío porque lo hice yo, pero no es tan mío como un lugar que tengo en la muñeca. No es como un cuadro o un dibujo, que solo hay uno. La reproducción mecánica del objeto libro lo hace incontrolable, ajeno.

    Me han llamado valiente dos veces porque he escrito cosas muy íntimas en ese libro. Cosas que otras personas guardan en secreto. Esas dos veces me he asustado, como como cuando recuerdas a la mañana siguiente, entre brumas, que borracha dijsite algo que deberías haber callado. No me siento valiente sino insconsciente. Me es imposible escribir pensando en que cada línea será publicada: me bloqueo y no acabo diciendo lo que pretendía. La única manera es tirar para adelante y sentirlo como un acto íntimo. Después, al publicar, la mala memoria arrastra, como el torrente de un río, las dudas.

  • Algunas lagunas

    Algunas lagunas

    En el año 2013 comencé a escribir lo que pensaba que sería un reportaje: qué recursos hay para buscar a un familiar desaparecido en la Guerra Civil o la represión franquista. En lugar de preguntarle a alguien, me pregunté a mí misma. No sabía dónde estaba enterrado mi abuelo. Tampoco nunca me lo había preguntado, hasta ese día.

    El reportaje se desbordó. Mi vida, también. Un nudo personal relacionado con la muerte, la sensación de abandono, el duelo incompleto, apretaba mi día a día y se manifestaba cuando escribía sobre memoria histórica o al visitar un cementerio. Después, la ansiedad lo inundó todo.

    El reportaje se fue convirtiendo en un libro que tuve que abandonar durante los peores años de la depresión. Cuando me recobré a mí misma, pude retomar el libro, aunque las constantes lagunas y huecos del pasado me atrancaban una y otra vez.

    Para completar el proceso de recuperación, de restauración, de curación, era necesario terminar el libro y hacerlo público. En un cajón, los silencios que rellenaban esos agujeros se harían aún más grandes.

    Algunas lagunas es el libro que cuenta todo lo que sé de Raimundo Cabrera pero también el proceso de averigüarlo. No solo cómo lo hago sino también qué pienso mientras lo hago. Es un relato del proceso y una reflexión abierta sobre los límites de la narrativa de la memoria.

    Se publica el 14 de abril en la recién nacida editorial La Imprenta, que tiene también un precioso espacio-librería en Malasaña (Monteleón, 5), donde se hará la presentación, a las siete de la tarde. Estaré acompañada de Francisco Ferrándiz. A partir de las 19:45, os dedico el libro si queréis, que estará a la venta allí en primicia a 15 euros.

    Como el aforo es muy reducido (solo pueden estar dentro 10 personas), la presentación se retransmitirá por streaming (Instagram y YouTube), pero a las 19:45 puede venir más gente para comprar el libro.

  • Colas y algún recelo en el regreso de la vacuna de AstraZeneca: «Cuanto antes lo hagamos, antes salimos de esta»

    España ha reanudado este miércoles la vacunación con el suero de AstraZeneca tras una semana de parón en los que la EMA evaluó los once casos de trombosis en personas que previamente se habían vacunado. «Los beneficios de AstraZeneca superan los riesgos», concluyó la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). 

    Muy similar al parecer de la EMA era el sentir de los cientos de personas que esperaban a pie, avanzando lentamente durante más de dos horas en dos colas que daban la vuelta al estadio Wanda Metropolitano de Madrid, en la mañana en la que el recinto se había reactivado para la vacunación de este suero, junto al hospital de pandemias Isabel Zendal. La gran mayoría habían recibido un sms el día anterior. Además de la reanudación de los pinchazos, la novedad de esta jornada ha sido la llegada de personas mayores de 55 y hasta los 65, una franja etaria que, con el cambio de criterio del pasado 22 de marzo, ya está autorizada a recibir la vacuna de Oxford.

    A ellas corresponden Jesús (60) y Toni (56), dos conductores de centros de día para mayores, que han recibido la vacuna sin nervios pero con ganas: «Era esencial que nos vacunaran cuanto antes, todos los días recogemos a los abuelos en sus casas, somos la primera persona que ven y aunque trabajamos con EPI, es un riesgo». Junto a la puerta de salida de las personas ya vacunadas esperan pacientemente los acompañantes, aprovechando la sombra y las escaleras que llevan a los pisos superiores del estadio. Una amiga espera a que salga Lola, que está interesándose por una compañera de trabajo que se ha mareado tras la inyección. Han estado dos horas y media haciendo la cola en el exterior pero una vez dentro todo va rápido. Sale Lola (59 años), administrativa, ella se siente bien físicamente pero confiesa que trae un «acojonamiento total» desde que el día anterior recibió el sms con la cita: «Hay que vacunarse pero si hubiera podido elegir, hubiese preferido la vacuna de Pfizer, que se la han puesto a mi madre de 86 años y no ha tenido ningún efecto secundario y en cambio la mayoría de mis compañeras han pasado un día con dolor de cabeza y fiebre».

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  • 6 mil euros, 200 mecenas y mucho amor

    6 mil euros, 200 mecenas y mucho amor

    La campaña de crowdfunding de ‘La mujer enmascarada’ ha llegado exitosamente a su fin. Hasta que entregue el manuscrito a la editorial, la página seguirá abierta (y, posteriormente, el libro se podrá reservar antes de que vaya a imprenta y, cuando ya exista, también se podrá comprar en la web de Libros.com y en librerías: siendo mis recomendadas El Buscón y La Negra).

    Ha recogido 200 apoyos de mecenas que han sumado 6.000 euros. ¡Me parece alucinante! Muchísimas gracias a todas y a todos por confiar en mí y poner vuestras pesetas en este proyecto que hará realidad este libro muy personal, que narra el día a día del confinamiento de la primavera de 2020.

    Y como hemos llegado a los 6.000, tal y como había prometido, el libro llevará un epílogo que es una entrevista hoy, un año después, a la verdadera protagonista del libro, Eleonor. Ahí en el video podéis verla amenazándome con qué puedo o no contar. Una entrevistada difícil. Un hueso duro de roer.

  • Los pacientes de salud mental rompen el estigma y reclaman más recursos

    “Estigmatizar la enfermedad mental es algo propio de siglos oscuros e ignorantes”, ha publicado en Twitter la periodista Ana Ruiz Echauri. “Muchas de las personas que he conocido han pasado por experiencias semejantes. Es algo de lo que no se habla porque somos cobardes”, ha dicho en la misma red la escritora Noelia Pena. “Estigma, prejuicios y orgullito (pero del malo) porque ‘no me va a decir nada que no sepa’”, ha tuiteado ‘el Nega’ del grupo Chikos del Maíz, sobre la opinión pública ante la consulta psicológica. El pasado miércoles, las redes sociales vivieron una apertura de la intimidad de muchas personas que quisieron llamar la atención sobre el silencio que se cierne ante las enfermedades de salud mental, utilizando el hashtag #YoTambienVoyAlMédico.

    Este #MeToo de la atención psiquiátrica es una reacción al sonoro comentario del diputado del Partido Popular por Huelva, Carmelo Romero, quien gritó «¡Vete al médico!» tras la intervención de Íñigo Errejón, el cual pidió una actualización de la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, que tiene diez años de antigüedad. El Presidente del Gobierno le contestó que hay una nueva estrategia en desarrollo que viene de la mano de 2,5 millones de euros en los Presupuestos Generales.

    Nel Zapico, presidente de la Confederación de Salud Mental de España, participa en el comité redactor de esta estrategia recalca que ese dinero solo es para dar a conocer la estrategia: “no tiene nada que ver con la inversión que necesita la salud mental, que es muchísimo más grande”. La morbilidad (cantidad de personas que enferman) de la salud mental supone un 20% de los gastos de la sanidad en España y, sin embargo, los recursos destinados a ella no llegan al 6%, “por lo que habría que subir si no al 20, al menos al 15%”, señala Zapico, “para atender a la gente adecuadamente”. Zapico estima que la Estrategia estará lista para ser publicada a lo largo de este año.

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  • Cómo se forjó la ‘operación Saga’: un viacrucis de diez años para la SGAE

    La fotografía era inevitable: un coche de la Guardia Civil prácticamente empotrado en la puerta del Palacio de Longoria, aparcado sobre la estrecha acera que da paso a la sede de la Sociedad General de Autores. Era 1 de julio de 2011. Unos estudiantes presentaban en el salón de actos sus trabajos de fin de máster y eran desalojados sin recibir explicaciones. Mientras ellos salían, los guardias civiles entraban. Esa imagen marcó el futuro de la historia de la SGAE de una manera indeleble.

    Ha sido necesaria una década para cerrar judicialmente esa herida, cuyas repercusiones en términos reputacionales van mucho más allá. El caso Saga, cuya sentencia absolutoria acaba de conocerse, es la punta del iceberg de una deriva que ha dejado a la casa de los autores al borde de la ruina, asolada por luchas intestinas y una perniciosa inercia conocida como ‘la Rueda’, donde unos pocos autores se beneficiaban de la explotación de repertorio en la franja nocturna de la televisión.

    Aquel 1 de julio, la Guardia Civil se llevó detenido a Teddy Bautista por supuestos delitos de apropiación indebida y malversación de fondos, cuya sentencia de absolución es la que ahora ha visto la luz. Esa mañana de verano detuvieron a ocho personas más, una de ellas era José Luis Rodríguez Neri, miembro de la Junta Directiva de la SGAE entre el año 2000 y 2007, director de Gestión de la Información de la entidad y director general de la SDAE, una sociedad creada para ofrecer servicios que facilitaran la difusión en internet de los autores de la SGAE, con el objetivo ulterior de fomentar la recaudación de derechos digitales. Además, Neri estaba era consejero, apoderado y administrador solidario en otra empresa nueva asociada a la SGAE, Portal Latino, un sello para publicar a algunos autores y promover su obra en Internet. Eso era lo que se contó en su día, pero la investigación judicial que asomó a la opinión pública ese día expuso unas intenciones diferentes: una trama de desvío de fondos para el enriquecimiento personal de Neri y su entorno. Es la conocida como ‘Operación Saga’.

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