Es viernes por la noche y estoy en casa escribiendo en mi weblog. Es una regresión. Es viernes por la noche y estoy en casa escribiendo en mi diario. No salgo, nadie mi invita a salir. Lo odio todo. Soy fea. Llevo gafas. No tengo nada que ponerme. No bebo, no fumo, no me besan los chicos. Leo otro volumen más del Diario de Anaïs Nin. Subo la música. Fantaseo con cerrar el pestillo de la puerta pero si lo hago y mi madre intenta abrir tendré más problemas de los que puedo soportar, y sucede que ya no puedo soportar ni uno más. ¿Qué problemas? El primero es que llevaba años sin llorar. No lo hice cuando murió mi padre y a partir de ahí ya no podía llorar por nada ya que hubiera sido un agravio comparativo. Así que gestaba una bola de sollozo reprimido en el hueco de alguna costilla. Segundo: No me gustaban las cosas que les gustaban a los demás. Tampoco tenía demasiada idea de cuáles eran las cosas que me gustaban pero sí sabía cuáles no lo eran. Tercero: Estaba dispuesta a sacrificar todo lo que me hacía diferente para sentirme un poco más integrada. Y así lo hice. Cuarto: Aún cuando lo hice, seguía siendo la rara del grupo. Había algo en mi cara, dicen, pero no sabía lo que era. La interpretación mayoritaria consistía en definirme como -muermo- (-qué poco salero tienes- es quizás una de las frases que más escuché en mi infancia). Quinto: Imitar a Michael Jackson frente al espejo del armario no ayudaba a solucionar mis problemas. Sexto: Los gritos de los demás me forzaron a hablar cada día más bajo. Resultado: se me escuchaba aún menos. Efectos secundarios: hasta hoy. Séptimo: Descubrí que en el TOP 3 DE MEJORES COSAS DE LA VIDA estaba el tumbarse en la cama boca arriba y escuchar cuidadosamente un disco en repeat. (Veamos: a) esto no te ayuda a hacer amigos; b) empeora tu aislacionismo familiar; c) sesga tu personalidad hacia un perfil obsesivo y, si me apuras, convulsivo; y d) no te deja a tiempo a descubrir cuáles son las otras dos cosas del Top). Volvía de clase corriendo a casa no viendo más que el momento de tirarme en la cama; me sé la lámpara del techo de mi habitación de memoria.
Mi Spacio
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