Investigar a Julio Iglesias

Un par de veces me han preguntado si ya había hecho esto antes. Contesté que hice algo parecido, pero que me llevó menos tiempo y se quedó en un cajón. Se trataba también de una acusación por agresión sexual a una persona relevante en la cultura. Yo misma recomendé que no se publicara, aunque había pasado los filtros legales y la edición de mis jefes. No niego que la historia que contaba ese reportaje no fuera real, pero me surgieron dudas que me impedían defender a muerte esa historia.

Por supuesto que sentí que había fallado a esa mujer, pero también pensé que me fallaría a mí misma como periodista si publicaba un artículo con fisuras.

Con Julio Iglesias, el proceso fue muy distinto.

Con los testimonios que reuní en estos tres años de investigación, la convicción de su veracidad era tan grande, que el día que alguien me sugirió que quizá la historia se quedaría en un cajón, como tantas otras, fue uno de los peores de mi vida. ¿Cómo sería mi futuro si tuviera que seguir adelante con mi vida y mi trabajo, sabiendo lo que sé? ¿Cómo me sentiría cuando llegara el verano y empezaran a circular los memes del mes de julio? ¿Cómo reaccionaría cuando alguien pinchara Un día tú, un día yo (una canción que me encanta) en una fiesta? ¿Cómo seguiría hablando con las mujeres que habían confiado en mí, que me habían dicho cosas tan íntimas, con tanta vergüenza, entre tanto llanto y tanto miedo?

No me veía capaz. Me imaginé abandonando. Me visualicé como jardinera, que es el trabajo con el que fantaseo cuando siento que no puedo con el peso del que tengo.

El 13 de enero a las cinco de la mañana, el secreto se convirtió en historia. Fue como romper un jarrón. Pero para mí hubo un momento más poderoso, semanas atrás: cuando Ignacio Escolar me dijo «vamos adelante». Yo no podía estar más orgullosa de él, ni de el periódico que él fundó y en el que tengo el honor de trabajar, ni de la profesión que elegí desde que era una niña, esto que es mucho más que un trabajo, esto que siento que sé hacer dignamente.

(Otro momento muy fuerte, que recuerdo con claridad, fue cuando Laura (nombre ficticio) me llamó y me dijo: «Vamos a denunciarle». Menos mal que estaba en mi casa porque la piernas no podían sostenerme, me senté en el suelo y lloré con una mezcla incontrolable de alegría y ansiedad).

Laura y Rebeca denunciaron ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional el 5 de enero. Posteriormente a la publicación del primer artículo, el día 13, Iglesias, que no contestó nuestras preguntas durante los 11 días que le dimos de plazo, colgó un comunicado en Instagram, dijo que lo que habíamos publicado no era cierto y negó «haber faltado el respeto a ninguna mujer”. La Fiscalía evaluó la denuncia y consideró que España no tenía jurisdicción para investigar los hechos. Pero Rebeca y Laura, a través de sus abogadas de Women’s Link, dijeron que no se rendirían, que seguirían buscando un acceso a la justicia.

Algunos compañeros me han dicho que la publicación de esta exclusiva les hace estar orgullosos de ser periodistas. No hablo solo de compañeros de elDiario.es, también de otros medios. Esto es de lo más bonito que me han dicho nunca.

La investigación no ha terminado porque siento que la historia se ha contado de manera incompleta. Seguimos trabajando en ella.

Gracias por creer en el periodismo.