«Escribir una letra para una canción (…) [es estar] explicando tu vida, bueno, no tu vida, sino que vuelves a tu vida para explicarte, y si la gente lo entiende, perfecto», dice Demian.
Escribir en The Last Dance es como escribir una letra para una canción. Es, en realidad, escribir la canción una y otra vez. De la estrofa al puente y del puente al estribillo y a la estrofa. La ventaja que tiene Demian es que a él sí se le entiende.
Admiro la claridad para contarse uno su vida. Pedro Ortega lo ha hecho. Me gustan las buenas entrevistas, aunque hace tiempo que no leo ninguna que me emocione. Aprecio los diarios. Estoy a favor de las preguntas concretas y abrumadoramente en contra del «¿y qué tal?». El arte de la pregunta concreta está cayendo en desgracia.
El 2 de noviembre fui al concierto de A Place to Bury Strangers y esa noche fue importante porque fue cálida y parecía que todo tuviera su lugar, incluso los extranjeros para ser desenterrados. Me dieron unos profilácticos para los oídos que no fueron necesarios. El concierto fue buenísimo, ese fin de semana también había visto a Collection d’Arnell-Andrea, así que musicalmente fueron dos días maravillosos. Pero el foreplay previo a la entrada a Moby Dick fue muy especial. Sentados a una mesa del Irish contiguo los amigos llegaban por goteo (Maxi, Mario, Javi, Aldo, Rafa…) y había que apretarse cada vez más, hacer hueco, hablar más alto, pedir más cervezas, atender a más conversaciones. El rincón era un lugar para desenterrar un cotidiano perdido, noticias llegadas de otros bares y otras noches, qué pasaba en el Radar, qué en el Tres Cuartos, el homenaje a Cocó en Lima, un concierto pasado, un concierto futuro, el fleco… y luego Vinita Joshi, con quien me reencontré con ilusión y sonrisas enormes después de años sin vernos.
Ya sé que esto no es explicar la vida. Por eso digo que no es fácil. Porque uno se pierde.
Más cotidiano perdido y recuperado sucedió el 8 de noviembre cuando caminamos hacia la calle Echegaray para el Mini Festival de Pop Oscuro. Cuando Lord Monreal y yo vimos, sentados en el bar de enfrente, salir de la puerta de La Boca del Lobo a Raúl, Susana y Demian sucedió otro de esos desenterramientos de los que hablaba antes. Mi copa de vino lo hacía más cálido. Raúl parecía nervioso. Demian hablaba con ojos grandes y brillantes. Ella tan distantemente seria y sexy como aquella vez en Barcelona, y en las fotos de Comando Suzie. Los Comando estuvieron brillantes. Querríamos un concierto de ellos todas las noches.
Mi cuerpo está raro. Le ando convenciendo de que todo está correcto. Los indicadores básicos son buenos. Más que buenos, excelentes. Tengo un dolor sobre un diente. Tengo la regla. Me pregunto si tengo una proteína que andamos buscando, una que escasea en la familia. Tengo algo de frío. Tengo nostalgia. Hoy en la redacción varias personas comieron tuppers de sus madres. Hoy era lunes. Natalia comió paella de la madre de Javier. Ella dijo «sabe a madre». Yo comí un poquito que quedó de las lentejas que hice el fin de semana, que estaban ricas.
«Es que en Madrid no se entiende la electrónica como en Barcelona, no entienden el humor», comenta un dj madrileño en el 
La conexión entre los grupos también será mejor, al ser la segunda vez que repiten sarao, «el hecho de coger el portante y acercar nuestra propuesta a Madrid, no hace más que reforzar nuestros lazos de rock’n’roll», aseguran los componentes de E.G.O. «También hace que exista mas feeling entre nosotros y eso ayuda a subir los ánimos y las ganas con la que afrontar este festival», puntualiza Joe de Padreisla.






«Los vampiros son parte vibrante y activa de este país y de tu comunidad. Es hora de que se les devuelvan sus derechos humanos y salgan de la oscuridad». Así clama el manifiesto de la
Tru Blood se consume incluso en los bares, en los 7Eleven, en los grandes supermercados. Y como no toda la sangre sabe igual, hay un tipo para cada persona (o mejor, cada vampiro). A Bill Compton, el protagonista no-muerto de True blood, lo que le gusta es el O, la más fuerte de todas. Tipo A eran Oscar Wilde y Jean Genet, nos recuerda la web del producto. Así que si eres un chupasangres con adicción a la literatura perversa, decadentista u homosexual, prueba un chupito del tipo A. Eso sí, HBO te recomienda el consumo responsable.
El 23 de octubre de 1964 el diario Le Figaro publicó una carta escrita por Jean-Paul Sartre: «un escritor no debería permitirse a sí mismo convertirse en una institución». Y así, rechazó el Premio Nobel. Nadie más lo había hecho. Ni antes, ni después.