Morrissey MEN Arena, Manchester. 22 Mayo 2004. Mientras esperamos, la música es horrible, rock americano -¿Americana llaman a ese género?- y me cuesta creer que es elección de Morrissey. Por suerte, un colutivo para el mal sabor de boca. Justo antes de comenzar suena por los altavoces Charade de Lenny Williams, la canción de la película de Blake Edwards. Está claro que esa sí es la mano de Moz. Y, antes de salir a escena, se escucha algo que parece el diálogo de una película. En Internet alguien explica que es Margi Clarke, algo llamado Imperfect List de Big Hard Excellent Fish.
«Regrets, I’ve had a few / But then again too many to mention…» entonó Morrissey como saludo ante las 18.000 personas cuya obligación moral les había llevado a estar allí en una noche como esa. No un día cualquiera. Una jornada simbólica: la del mancuniano que vuelve a su ciudad 12 años después en el día de su cumpleaños. Si tuviera que definir este concierto tal y como analizábamos los poemas en el Instituto diría: ¿tema? El paso del tiempo; ¿motivo? La presentación en Manchester de su excelente disco You’re The Quarry, el mejor en la carrera de Morrissey desde Vauxhall & I; toda una década ha transcurrido de por medio.
Tras el teloneo del olvidable dublinés Damien Dempsey y unos Franz Ferdinand a la altura de las expectativas que despiertan (esto es algo bueno o malo, depende), abrió Moz su impresionante show de 19 canciones condensadas en una hora y cuarenta minutos, tres camisas y un solo bis con la fortificante First Of The Gang To Die de su último disco, el cual repasó también con el single Irish Blood, English Heart -y ondeando entre el público banderas inglesas e irlandesas, que no británicas-, I Have Forgiven Jesus, How Could Anybody Possibly Know How I Feel?, The World Is Full of Crashing Bores, Let Me Kiss You y I’m Not Sorry, un buen repaso a un disco intenso, político y emocional que apenas tiene relleno. Añadió también una nueva canción, Don’t Make Fun of Daddy’s Voice prescindible, en realidad, igual que la versión de Raymonde No One Can Hold A Candle To You. Antes de cantarla, le pidió al público que intentara adivinarla, dando como pista que el grupo es del los 80. Alguien grita New York Dolls! y Morrissey le hace burla diciendo que «no creo que New York Dolls sean de los 80». De entre los gritos Morrissey entiende algo y dice «Duran Duran» «Nooo!».
Morrissey, que desde hace años vive en Los Ángeles, trajo consigo una escenografía con remembranzas a Las Vegas y Hollywood y Elvis Presley: las nueve letras de su apellido a tamaño gigante silueteadas con bombillas blancas cubriendo las espaldas del propio Mozzer y sus músicos: los habituales guitarristas Boz Borer y Alain Whyte, el bajista Gary Day, el batería Dean Butterworth y el teclista Mikey Farrell. Fueron dos los momentos de emoción irracional, incontenible, adolescente, temblorosa. El primero llegó con el primer flashback Smiths de la noche: Headmaster Ritual seguida de eso que es más que una banda sonora biográfica, más que un espejo, más que un diario, un Everyday Is Like Sunday coreado sólo por aquellos que superaron el enmudecimiento de la tensión emocional, totalmente abandonados al estropicio sentimental en esa hermosa canción del último disco que es I Have Forgiven Jesus. Al terminar esta canción, bromeó: «I can’t believe I’m 29. Where did the years go? Why did the years go??» y en ese momento se encendió la bola de espejos.
Volviendo al tema del tiempo, lo dijo el ex The Smiths citando a su fan Julia: «As Julia says, past never dies» y por eso allí también sonaron otras coautorías de Johnny Marr (nos preguntamos, «estaría presente») como Rubber Ring -«The past is myself» declaró Morrissey antes de cantarla-, «A Rush And A Push And The Land Is Ours», «Shoplifters Of The World Unite y «There’s A Light That Never Goes Out», que llegó en el bis, otra vez lágrimas en los ojos y un estadio sin un asiento vacío totalmente de acuerdo con un único hombre, al que todos quisimos entender porque nadie expresa mejor los sentimientos en que, las personas de nuestra condición, creemos.
«Whatever happens, please don’t forget me», pide. Al final, mágico y elegante, le siguió, ya con las luces encendidas y los plomos recogiendo cachivaches, My Way en versión Sinatra la canción a la que pertenece el verso que el cantante nos anticipaba al comienzo de la noche, intercambiando «few» por «many»- sonando por los altavoces mientras, casi todos en silencio, abandonábamos los asientos sin querer queriendo y agarrando fuerte el juego de chapas que el chico del cumpleaños nos regaló a cada asistente. «It’s been the nicest birthday I’ve ever had, you’ve made a happy man very old».
SETLIST: First of the Gang to Die / Hairdresser on Fire / Irish Blood, English Heart / The Headmaster Ritual / Subway Train (into) Everyday Is Like Sunday / I Have Forgiven Jesus / I Know It-s Gonna Happen Someday / How Could Anybody Possibly Know How I Feel? / Rubber Ring / Such A Little Thing Makes Such A Big Difference / Don-t Make Fun of Daddy-s Voice / The World Is Full of Crashing Bores / Let Me Kiss You / No One Can Hold A Candle To You / Jack The Ripper / A Rush And A Push And The Land Is Ours / I-m Not Sorry / Shoplifters Of The World Unite BIS: There Is A Light That Never Goes Out