«Garabatos en La libreta de las ideas: “Matar a mis ídolos: Cobain – Onetti”, “Por qué el cine es mejor”, etc. “Geografía secreta o palabras privadas de las bitácoras”. Ésta podría ser interesante. Habla de cómo los escritores de bitácoras nos escribimos entre nosotros, de esa red opaca pero real que se prolonga en las entrañas de nuestros respectivos discos duros, a veces tan distantes. Ésa sería una bitácora interesante de leer; una donde no se habla en voz alta para que te oigan todos. Hay palabras de pasión o de compromiso en las bambalinas de este ajetreado circo de Internet. Pero, sobre todo, palabras de complicidad. Yo te entiendo. Las rarezas nos buscamos entre nosotros, nos comunicamos en nuestros lenguajes codificados. Esta world wide web es quizás más fascinante que la oficial, por secreta. Se apoya en la confianza personal y en la privacidad. Es una telaraña de palabras susurradas.» Es de hace unos días, del 2 de diciembre, pero no he podido evitarlo, porque desde ayer me ha dado por hacer estas cosas. Este mismo escritor posteaba aquí el otro día que echa «de menos el sexo en las bitácoras». Yo ayer hice una búsqueda (hasta que me harté de que ¿el adsl? ¿la memoria? me hiciera imposible manejar el weblog) de palabras claves en el robot del blog. Y me sorprendí: sólo 6 post acudieron a la llamada de «sexo», 5 a la de «porno» y ninguna a «follar». O escribo mucho menos del tema de lo que me creo o ese robot anda cojo. A menudo tengo que evitarlo porque me da la impresión de que todo son rodeos para hablar de lo mismo.
Cito a Valentín, para empezar
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