Blog

  • El fragor de la cilindrada

    Cuando los observo me siento igual que las mujeres que veían partir hacia las cruzadas a los mejores hombres de su generación, los de más talento y arrojo. Montados en sus caballos, resplandeciendo la armadura a primera hora de la mañana, sabiéndose valientes y solos. Así veo las carreras de motos y así despido a mis héroes, demasiado jóvenes para morir abrasados por el asfalto, aplastados por el cadenado, atropellados por un rival pero, en cambio, expuestos a ese fatal destino en cada Gran Premio. Tres de ellos se llevarán la gloria, y regarán de cava a las hermosas vestales que les acompañen en el podio. Ser el primero, que no siempre quiere decir ser el más rápido, bien merece correr los extremados riesgos de la batalla. Van en grupo, pero están solos. El ruido es inmenso pero están aislados. Sus cuerpos de músculo tenso y mirada concentrada quieren domar su extensión biónica de motor, gas y caucho pero hay algo salvaje en la moto que lo impide y por eso la guerra no se hace sólo contra los demás pilotos sino también contra el potro que atenazan entre sus muslos. Ser tumbado por el contrario es un fallo, es la vida. Ser escupido por la moto es triste como el amante que te desprecia, por eso sólo los perversos triunfan, porque son los que nunca se rinden. Sus esbeltas figuras de efebos corren a velocidades endiabladas, oscilan su cuerpo en la chicane, rozan la rodilla sobre el firme ardiendo, hunden el cuello en mor de la aerodinámica. Y no son en absoluto libres, lo hacen enjaulados en un circuito que recorren una y otra vez, como ratas de laboratorio. Y yo les observo, con máxima pena y adoración. Esclavos de su misión, subyugados a mi obsesión tanto como yo a la de ellos. estoril.jpg

  • Calor para pasar la noche

    No dije nada sobre el concierto de Piano Magic. Bajo cierto influjo egoísta hay cosas que no quiero compartir. Pero mirando In the mood for blog, he visto este video del concierto de Santiago de Compostela del 26 de marzo y no puedo dejar de pegarlo yo también aquí: [youtube U1-dOHdEEFM] No sé si es mi canción favorita del grupo, quizá sí, pero sin duda es una de las que recibo con mayor emoción cuando la veo venir.

  • Laibach is Laibach

    Laibach is Laibach Les tenía tantas ganas que ahora creo que todo pasó demasiado rápido. Alberto Monreal escribió un artículo estupendo sobre Laibach en ADN.es que fue un éxito sorprendente de crítica y público, lo que me catapultó a la sala Copérnico de subidón. Nos pusimos guapos y agarramos un taxi para llegar ni muy tarde ni muy temprano. El puesto de merchandising fue decepcionante, aunque había impresos para solicitar el pasaporte (y olvidé cogerlo antes de que se agotaran) e insignias. Copérnico es una sala con un escenario muy feo, donde todos los grupos dan la impresión de estar tocando en un local de ensayo. Ni siquiera Ritmo » Compás, que ES un local de ensayo, provoca esa sensación tan fría. Habían instalado dos pantallas y las proyecciones fueron estupendas, aunque las entorpecían, precisamente, los proyectores. [youtube L-CXUmDQ3-I] Pero cuando salieron fue emocionante. La primera parte del concierto estuvo dedicada a los himnos de Volk, donde triunfó, claro, el de España. La cantante tenía una voz y una camisa estupenda, cuya imagen de diva lírica se ocupó de aplastar ella misma cuando, un buen rato después de terminar el concierto, salió a la calle con un look new-raver culminado con una cazadora que ponía Slayer en la espalda. Las que de verdad triunfaron fueron las impresionantes y macizas eslovenas que flanquearon a Milan Fras en la segunda parte del concierto, dedicada a los grandes éxitos, machacando el lirismo y retomando el pulso marcial que el público les estaba pidiendo. El final fue como el de una película que cobra vida, como en la película de Woody Allen, con títulos de crédito en las pantallas y un medley de canciones de Laibach, enlatado, sonando en los altavoces. [tags]Laibach[/tags]

  • Hojas de té

    Redios, se me cuela el frío por la ventana y el efecto de la segunda taza de té del día pasó hace un buen rato. Me bebería otra, pero mi sistema digestivo no responde bien a los excesos. Echando los restos Había dejado de leer el único blog que leo y he tenido que empacharme recorriendo tres semanas de un plumazo. No me ha sentado tan mal como lo hubiera hecho el tercer té, al menos al hígado, sino que me ha espoleado para recordar cosas que quiero saber y clickeando aquí y allá, descubriendo cosas increíbles, como resulta a los ojos casi todo cuando no buscas fuentes, sino ríos. Si yo fuera una de aquellas profesoras que tenía en el colegio hubiera calificado la semana, con rotulador rojo y escribiendo con cierta ligereza sobre el texto, con un MD+ o quizás un NM-, es decir, algo mejor que un Muy Deficiente pero no tan benévolo como un Necesita Mejorar a secas, un Necesita Mejorar negativo. Que significa algo así como que esta semana necesitaba firmemente ser mejorada pero no era algo que fuera a ser tan fácil, señorita Cabrera. Más bien imposible, señorita, le contesto. He pasado la semana expulsando lo que creí que fuera una intoxicación por inhalación de una guarrería. Pero unos días después parecía evidente que lo mío era un constipado morrocotudo. Mi tesis actual es que la intoxicación me dejó baja en defensas y algún virus hizo de las suyas, atacándome por donde pudo, de los pulmones a los ojos; allá donde hubiera algo que joder, lo jodió. Y con el sistema respiratorio a medio gas, he estado torpe y lenta en reflejos en el trabajo. Han sido muchas horas en las que lo único que siento que hemos hecho es cavar, sin descubrir nada. Mi MD+ estado de salud es lo que provoca que esté aquí, volcándome en el WordPress en lugar de recorrer las actividades sociales propias de un viernes en Madrid (como ver a Hidrogenesse y/o a Aldo en directo) e ir al cine a ver la de Gondry, que me tiene muerta de las ganas. Así que me levanto otra vez a la cocina y me como otra miserable torta de arroz y me preparo una infusión, no vayamos a joder al hígado o al páncreas, como sucedió ayer por una chuchería con picapica, y que al menos me caliente las manos y salgamos de este atasco de tos y flema.

  • Indicios que acortan el camino hacia el rock de estadio (¡cuidado Editors!)

    -Haces pasos de baile raros como girar alrededor del piano rápidamente sin soltar el micro ni desprenderlo de su pie. Y la gente te lo aplaude. -El público corea melodías de guitarra como si fueran de voces. -Se encienden móviles en las baladas. -Te pareces menos a Joy Division y más a U2; en el camino, estás casi hermanado con Coldplay, cosa que antes te parecía inaudito pero ahora lo ves muy digno. -La Riviera se te queda pequeña. -Empiezas el concierto gritando «Hola Madrid». -Amenazas con hacer stage diving desde el borde del escenario pero no lo haces jamás, por lo que pudiera pasar. Pero, al acercarte a la gente, haces gestos como intentando ver hasta donde llega el bulto informe que es tu audiencia. -Animas a dar palmas.

  • Los 12 documentales musicales que hay que ver

    Me encanta ver grabaciones de conciertos y rockumentarys. Es un género apasionante y siempre he querido realizar alguno. ADN.es publica una selección de los documentales musicales que hay que ver sí o sí, en videogalería: Joe Strummer, The future is unwritten Shine a light (el de Martin Scorsese sobre los Rolling, porque es percha) Metallica, some kind of monster Bob Dylan, no direction home (también de Scorsese) El de los Ramones, End of the century El diablo y Daniel Johnston The Filth and the fury (el de los Sex Pistols, también de Julien Temple, como el de Strummer) The Band (otra vez Scorsese) Scott Walker, 30th century man Neil Young, heart of gold El 101 de Depeche Mode (qué decir que no haya dicho ya del 101) Nirvana y Sonic Youth: 101 The year the punk broke

      [tags]documentales musicales, rockumentary[/tags]

  • Desembarca el comando Laibach

    laibach.jpg Laibach toca hoy en Barcelona y mañana en Madrid. Alberto Monreal les pega un repaso en ADN.es, en espera de que mañana Laibach se lo pegue a él. Love » honor, como dice la película.

  • En los 10 años de la desaparición de Rozz Williams

    Es raro haber sido criado dentro de la religión protestante, como baptista, y acabar liderando todo el movimiento de rock gótico americano. Pero quizás no lo sea tanto si decides llamar a tu grupo Christian Death. Aunque cuenta la leyenda que Rozz Williams decidió llamar así a su grupo como una perversión de la marca Christian Dior… Sigue leyendo.

  • El oscuro legado de Rozz Williams

    El oscuro legado de Rozz Williams

    A los diez años de la desaparición del pionero del rock gótico americano sus fans le lloran y su viejo grupo se ha escindido en dos peleándose por el nombre

    Es raro haber sido criado dentro de la religión protestante, como baptista, y acabar liderando todo el movimiento de rock gótico americano. Pero quizás no lo sea tanto si decides llamar a tu grupo Christian Death. Aunque cuenta la leyenda que Rozz Williams decidió llamar así a su grupo como una perversión de la marca Christian Dior.

    Tenía 16 años y Roger Alan Painter vagaba entre las tumbas de su cementerio favorito. Se fijó en una lápida con el nombre Rozz Williams esculpido en ella y se lo quedó para siempre. Y no sólo hasta que puso fin a su vida el 1 de abril de 1998 ahorcándose en su apartamento de West Hollywood. Su leyenda sigue más allá, continuada y respetada por sus fans mientras sus ex compañeros de grupo se peleean por el nombre y dos formaciones llamadas Christian Death (miembros originales en Christian Death 1334 y los poseedores legales del nombre como Christian Death) dan conciertos y aparecen en festivales aquí y allá (o, incluso, esta primavera se verán las caras en el mismo festival).

    El punk americano de los 70, que fue más madrugador que el británico, atacó a Rozz fieramente, convertiéndole en devoto fan de New York Dolls, T Rex, David Bowie y los Stooges. Cogió esa imagen sucia, que venía del glam, y la pervirtió son símbolos religiosos y vampíricos creando lo que desde entonces y para siempre sería la estética gótica.

    Recuperó la imaginería macabra de la literatura europea romántica (Edgar Alan Poe) y decadentista (Baudelaire, Rimbaud) y con ella conmovió los cimientos del rock y grabó sus primeras canciones con sólo 16 años.

    Su grupo se desintegró y rearmó en varias ocasiones. Se pelearon, se dejaron tirados, Rozz intentó suicidarse… Pero en 1985 él decidió dejarlo y sus ex compañeros, ninguno de ellos miembro original del grupo, continuaron legalmente con el nombre, liderados por Valor Kand.

    Rozz continuó con otros proyectos, como Premature Ejaculation y Shadow Project con Eva O, guitarrista del grupo, con quien se casó en 1987.

    Se apasionó con el culto a Charles Manson -como Marilyn Manson, un gran fan de Rozz Williams- y otros asesinos famosos como Jeffrey Dahmer, El Carnicero de Milwaukee, a quien dedicó la canción Still born/Still life de su disco The rage of angels (1994) porque «ellos han cruzado una barrera que supuestamente no está permitida y eso me fascina, me fascina la gente que va más allá de lo que le dicen o de lo que es correcto o apropiado», dijo en una entrevista.

    Durante los noventa no descansó ni un momento, realizó discos de spoken word -hablados- bajo el nombre de Daucus Karota y decidió recuperar sus Christian Death, uno nombre que ya no le pertenecía, por lo que se vio forzado a grabar como Christian Death featuring Rozz Williams, como si fuera un invitado a su propia fiesta.

    El 1 de abril de 1998 su amigo Ryan Gaumer encontró su cuerpo muerto. No dejó una nota ni ningún rasgo de depresión alertó a sus amigos de sus intenciones de suicidio. A los 34 años, su último disco, Whorse’s mouth fue descorazonador; habló de la adicción a la heroina, la frustración y la tristeza.

    El 4 de abril sus desconsolados fans en Barcelona realizarán un Memorial Party, al que se exige ir «elegantes y con taconazo, como a él le hubiera gustado».

  • Proverbio circunstancial

    1168273163.jpgUn rato de descanso en un fin de semana de guarida. Ha comenzado a llover y escucho Onomatopeia, de Butterfly Child. Jorge Palomar siempre ha sido mi proveedor de este disco. Me dejó el CD, cuya portada está archivada en mi memoria como preciosa y esotérica. Lo grabé en una cinta, lo escuché mucho cuando adoraba el post-pop, luego pasó a ese extraño saco de cintas para el coche, donde todo se oye con un poco más de ruido del que fue producido; sea el disco que fuere. Pero ahora voy por la pista dos y no me gusta, porque me suena indie y un poco folkie, y eso no se parece nada a mis recuerdos. Así que paso de pista pero todo me suena excesivamente orgánico y cristalino. En aquel momento Butterfly Child nos parecía raro e incontenible. Y hoy se me queda a medio camino de todo. Así que detengo la reproducción y vuelvo a mi banda sonora de estas últimas tardes, compuesta por Cinema Strange, Killing Joke, Camerata Mediolanense (tu camiseta), A Place to Bury Strangers, Collection D-arnell Andrea, Cranes, The Durutti Column, Black Happy Day y, por supuesto, Ordo Rosarius Equilibrio, emocionada cada día más con el concierto que se avecina en abril. Qué obsesiva-compulsiva que soy, con esto de la música y los caprichos. Esta semana será fuerte. El martes vienen Editors y el viernes Laibach. También estrenan la película de Julian Temple sobre Joe Strummer. Capeo los días como puedo y me manejo entre las sombras, rogando por dar un golpe de efecto a la mañana siguiente. Y, si esto no sucede, esperando que sea el efecto quien me golpee a mí. Tengo algunas ideas, pero no consigo ordenarlas y, al final del día, o al madrugar muy temprano, confío en que sea mi esteticismo innato quien domine la situación. Algo, lo que sea, que sin dejar que me lo piense, se haga cargo de las circunstancias.