

Me gusta una noticia con la que he tropezado hoy. El titular dice «Televisi?n china transmite por error hist?rica imagen» y en el desarrollo nos enteramos de que dentro «del material enviado por la National Football League (NFL) de Estados Unidos para un partido final, el Super Bowl, que se transmit?a por primera vez en China», en la cadena estatal CCTV, se hab?a colado o intencionadamente deslizaron la «hist?rica imagen de un hombre desarmado que frena a una columna de tanques del Ej?rcito Popular de Liberaci?n, inmediatamente despu?s de la masacre de la Plaza Tiananmen, en junio de 1989». La imagen permaceci? en los televisores de qui?n sabe cu?ntos miles de chinos durante un segundo y medio antes de que alguien se diera cuenta. Imagino cu?nta gente habr? sido despedida, intento ponerme en la piel de cientos de chinos que nunca han podido ver esa imagen censurada, excepto por un segundo y medio en el descanso de la Superbowl. Leyendo la noticia me entero de que el chico que se puso delante de los tanques nunca fue encontrado: «Im?genes televisivas que no fueron emitidas por la CCTV lo muestran mientras sube a un tanque y habla con el soldado que lo maneja; luego el hombre desaparece en medio de la multitud.» ?Le gustar? el futbol americano? «La de hoy fue la primera transmisi?n experimentada en China» de este deporte. Y la ?ltima, imagino. pero si ha sido un sabotaje, habr? merecido mucho la pena. Ayer, en La Noche de Fuentes se sentaba en el silloncito Felipe Gonz?lez para contar los habituales chascarrillos en los que se basa el gui?n de este programa. Aunque el departamento de documentaci?n se merece una botella de cava por rescatar un debate Gonz?lez-Aznar de hace 10 a?os donde el que est? a punto de ser Presidente saliente echaba en cara al socialista los elevados precios de la vivienda, una televisi?n p?blica gubernamental y la imposibilidad de realizar m?s debates cara a cara entre los contendientes. Parec?a un sketch pero ?era real! Despu?s de las im?genes, Gonz?lez cont? «un hecho objetivo, no es opini?n» de los minutos previos al debate, cuando Aznar mont? un numerito porque su silla no ten?a la altura adecuada para compensar su estatura y situarle en la misma horizontal que Felipe Gonz?lez. Qu? trauma: eso s? que era una TVE partidista y no la de Urdaci. En realidad, hoy me ha gustado mucho varias cosas que he le?do.
Parafraseo en el t?tulo el ?dem del primer disco de Lou Anne, «Days Were Holes», reci?n salido de la f?brica y no a?n en las tiendas, cuya portada miro de reojo y suena en el equipo detr?s de m?. S?: para los seguidores de la tecnolog?a dom?stica, he de decir que gracias a mi Padrino, la cadenita de sonido ya no ser? jam?s selectiva con lo que lee y no, y las pletinas funcionan, y el altavoz que enmudeci? vibra ahora sano y fuerte. Y en el sal?n la Tercera Ola tecnol?gica ha acomodado mi vida bastante bien. Un flamante multieuroconector ha eliminado el riesgo de la odiosa interferencia en el DVD y ahora lo veo todo todo todo. Si a esto le sumamos la prolongaci?n del cable de antena hasta el punto adecuado del dormitorio, conseguimos que Elena vea Hechizada por las ma?anas desde la cama, o el final de Cr?nicas Marcianas desde el propio lecho. Y es que el invierno est? muy fr?o como para andar movi?ndose por las habitaciones tan libremente.

Porque, ya lo dice The Onion, «Clinton también se busca en Google». Con Checht lo hablamos más de una vez, ¿quién no quiere saber lo que otros escriben sobre ti? Y a veces, más de un disgusto nos cuesta aunque también inesperadas sorpresas. Dos ejemplos de lo segundo (que lo primero mejor no meneallo): (1) Gemma y yo nos pusimos al día de nuestras vidas gracias al rastreo mútuo. (2) Consigo interpretar la referencia de un sueño gracias a una persona con la que el azar me ha llevado a no compartir vivencias -simultáneamente- pero sí lugares comunes. Y decía que antes o después tenía que materializarse el mayor temor de cada blogger, ya lo hemos hablado off y online: ser descubierto por tu propia familia. No era tan difícil, es verdad, sólo era necesaria la chispa de la casualidad o la curiosidad. El sumatorio de «Sigfredo» y «Cabrera» en el buscador inteligente da por resultado un «Elena no va a tener suerte» y ah? se planta, ouch, suculento, el enlace a este «The Last Dance». Y así tenemos a Sigfredo, mi hermano, leyendo ayer el post titulado «Lejana y sola» y enterándose de esta manera que «yo en realidad prefería una Vespino». Así que: ¡hola Sigfri! (saludad). Y, como puede darse el caso de que algún cliente de mi hermano le busque por la red y acabe llegando hasta aquí, me gustaría decir unas palabras:
Nuevas im?genes antiguas rescatadas.
De arriba a abajo y de izquierda a derecha: (1) Con Mamen en la oficina viendo el ?ltimo video de Belle » Sebastian. La foto la hizo PB. (2) Mi ?rbol de navidad. (3) Los regalos que los Reyes dejaron en mi sof? para llevarlos a Canillejas. (4) Nochevieja. Con Aldo, Jos? Luis y Rosario en el Radar. Aldo debi? haberse puesto sus gafas. (5) El 3 de enero, picando algo en el gallego. (6) ?Adi?s, Rosario!
Quiz?s hablo demasiado de esta casa pero es irremediable. Los que la conoc?is sab?is por qu?. Para los dem?s, intentar? explicarlo, hablando a?n m?s de ella. Antes de que fuera desplegada la autov?a Madrid-Barcelona, esta distancia se recorr?a por una carretera nacional, la N-II, que discurr?a en gran medida con un carril para cada sentido y dos carriles en los repechos si hab?a un poco de suerte. Durante muchos a?os y siempre antes de Barcelona 92, la autopista avanzaba lentamente y en direcci?n radial, salvando algunos tramos para la velocidad y el grueso del kilometraje para las traves?as a 50, las circunvalaciones y los camiones que derrapaban y volcaban en las curvas. Antes de la A-II, Soma?n era un pintoresco pueblito atravesado por la carretera. Aunque los veh?culos estaban obligados a reducir la velocidad, muchos se empi?aban contra las peligrosas curvas que dan la bienvenida al pueblo. Los que lo atravesaban con calma pod?an descubrir el Castillo semiderruido en lo alto, o quiz?s ya reconstruido, el pil?n con agua fresca siempre corriendo, el Hostal Castilla ? Camas con su propio Restaurante Castilla, el exiguo pero brioso afluente del Jal?n o quiz?s Jal?n mismo, la abandonada y otrora pudiente Villa L?pez y Pascual, o la tiendita del pueblo, pintadas las contraventanas de verde y el interior fresco, h?medo y oscuro. Nada advierte que es un establecimiento, s?lo una descolorida chapa que advierte que ah? dentro se venden helados. Suficiente para detener el coche, por qu? no, un ratito, bajo ese techado emparrado, a la sombra. La tienda es el ?nico lugar tan concurrido como el Bar Castilla o la misa de los domingos, o quiz? m?s, que este pueblo siempre ha sido republicano, pese a tener iglesia y ermita, que no cura, que por esta zona tienen a uno pluriempleado. A la derecha de la puerta y bajo la placa oxidada hay un tronco bien gordo y suave que sirve de asiento para los que no tienen nada que comprar, o ya lo han hecho, o esperan la furgoneta del pan o quiz?s al cartero. O simplemente esperan. Hacen como que se han detenido, para ver cu?nto dura el verano o qu? tal andar?n las cosechas. Tambi?n desde all? se observan y comentan las obras del castillo, que un restaurador de Madrid ha comprado por 500 pesetas. Dicen que va a ser su casa de fin de semana, que ha instalado un montacargas, que tiene una foto con el Rey. El d?a de la inauguraci?n del Castillo el nuevo se?or feudal invit? a muchos amigos y por las estrechas y terrinas calles de Soma?n subieron con dificultad brillantes Mercedes y BMVs. Los focos y las antorchas iluminaban el pueblo mientras los vecinos que no hab?an sido invitados criticaban la elecci?n de las banderas y los vecinos que s?, vest?an algo de gala, no mucho, un poco s?, no se vaya el se?or a pensar que aqu? no sabemos y no se vaya el se?or a pensar que es para tanto. Mercedes Pascual no es s?lo la due?a y dependienta de la tienda, es tambi?n el contacto del Se?or del Castillo con su comunidad. Es una especie de guardesa secundada por su cu?ada Elvira, que realiza quehaceres m?s dom?sticos all? arriba. Ambos conocen y tratan a la familia que vienen s?lo los fines de semana, y no todos. Y los hijos cada vez menos, que se hacen mayores. A veces los hijos organizan fiestas y todo el pueblo se pregunta si estar?n los padres enterados. Comienzan a llegar brillantes motos que suben sin dificultad por las callecitas del pueblo hasta el port?n del Castillo. Mercedes, hermana de Alfredo Pascual, nos ense?a una vez el jard?n del Castilllo. Ella est? detr?s de una almena y nosotros no hemos cruzado a?n el inexistente foso. Est?n mis padres, est? Pruden, est? Alfredo. Mi padrino y su hermana repiten un ritual que no por desgastado dejar? de hacerme gracia. ?l haciendo altavoz con la mano grita ??Ha del Castillo!? y ella contesta ??Abre t?, que est?s m?s cerca!? Y ?l, ??No tenemos espadas!? Y ella, ??Da igual: oros, copas, bastos!? Dormimos en la habitaci?n de invitados de Mercedes. Pruden vive en la casa desde la que escribo estas l?neas. Vive aqu? con el castellanizado Juan, Jean. Se conocieron, vivieron y se casaron en Francia pero al jubilarse decidieron volver a Espa?a, a la casa que construyera su padre. A este retiro confortable trajeron la vida francesa de los a?os sesenta. Las costumbres, los discos, los electrodom?sticos, los avances t?cnicos. ?Qu? clase de dictadura habr?an vivido en este pueblo de cien casas (y exagero), con dos pasaportes, amigos que van y vienen y un trozo de cielo de Espa?a lenta, tranquila y soleada? Pareja culta, tierna y sin hijos, si cruzaban m?s de dos palabras entre ellos continuaban la conversaci?n en franc?s sin darse cuenta de los esfuerzos que el resto hac?amos por entender. Ped?an disculpas, se re?an y as? segu?amos a otra cosa. Excelente anfitriona, conversadora y oyente, la calidez de Pruden y de su casa, un refugio donde los ochenta se negaban a penetrar, te hac?an desear que no oscureciera nunca. Posaba una mano fresca y nudosa sobre la m?a y, envuelta en un perfume lejano y delicioso preguntaba, ?Elena, ?te gusta Antonio Machado?? Y as?, en nuestro siguiente encuentro, ella me aguardaba con una colecci?n de postales con grabados y versos sorianos del poeta Machado. Y me la regalaba. Y yo las miraba y las le?a. Y eran preciosas. Para los Juegos Ol?mpicos la autov?a estaba inaugurada el tr?fico que cruzaba Soma?n definitivamente desviado. Hostal Castilla ? Camas ? Restaurante cerr? y Mercedes aprovech? para jubilarse anticipadamente. Los camiones ya no eran noticia porque ya no descarrilaban ni esparc?an la carga en la Revuelta, que es la curva m?s curva que encuentras antes de divisar el Castillo. Ni la entrada a R?o Blanco, ni la Estaci?n de Jubera, ni la Cueva Grajera ser?an m?s objeto de curiosidad casual de los viajeros. Ahora pertenecen a nuestro mundo del secreto. Primero se fue ella y a?os despu?s, el tiempo que gast? en consumirse, se march? Juan. Aqu? se quedaron los libros de cocina en franc?s, la envasadora de conservas, los aparatos que nadie salvo ella sabe usar. Y en el sal?n perdur? el inmenso mural fotogr?fico de un bosque ocupando toda la pared. Cuando Alfredo se decidi? a echar gotel?t a la casa entera arranco el s?mbolo de los setenta que m?s adoraba yo de esta casa. Quedaron los sillones de skai, el sintasol de las paredes de la cocina y los floreros. Estando a?n Juan, los realquilados del piso de abajo abandonaron por fin y Alfredo comenz? la obra para hacer del piso bajo un lugar confortable. Ya no tendr?amos que quedarnos en la habitaci?n de invitados de su hermana. Una escalera interior comunica los tres pisos de la casa. La puerta que imped?a el paso entre el primero y los dos ?ltimos ya no tendr?a que apuntalarse con cerrojos nunca m?s. Alfredo y su prima Anuncia heredaron la casa completa cuando, tras una enfermedad larga, Juan se reuni? con Pruden. Y fue entonces cuando comenzamos a descubrir cosas, abriendo cajones. Llevamos abri?ndolos varios a?os. Esta tarde, Alfredo ha descubierto seis pelapatatas iguales. Son cosas que ocurren aqu?. Y yo, hace un rato, he abierto un caj?n del armario de la que entiendo como mi habitaci?n (da a la calle, en el piso bajo, planta que ocupo yo sola cuando vengo con Alfredo y mi madre, que duermen en las habitaciones de encima) y cuyo descubrimiento interior me ha lanzado a levantar la tapa del ordenador cuando me hab?a propuesto leer y dormir lo antes posible. Eran cuatro los cajoncitos. El primero guardaba un pa?o de ganchillo. El segundo unas puntillas, una me result? muy familiar. Y en el tercero hab?a muchas cosas, pero s?lo abr? una cajita negra con un relieve en esta?o en la tapa. Tambi?n me result? familiar sin recordarme nada, aunque algo menos que la puntilla. Mientras pensaba que la curiosidad mat? al gato, retir? la tapa y descubr? algo sorprendente, in?dito, hermoso. Decenas de imitaciones de sellos de correos con las caras en blanco y negro de unos j?venes Pruden y Juan. Much?simos ejemplares intactos de esos dos modelos. Sin pens?rmelo mucho he cogido uno de ella y otro de ?l y los he guardado en mi cartera. Desconozco su pasado, su historia, y eso me entristece. He resuelto que lo ?nico que puedo hacer es querer su presente. Adorar esas estampillas como si supiera cu?ndo, por qu? y para qu? alguien las hizo. Como esta casa.
Esta vez no he huido. He venido. Es m?s simple. O no, es igual de simple. No es dif?cil hacer huecos en el ajetreo del Ocio por eso esta ma?ana me he puesto al volante de mi cucaracha, saliendo de Madrid con una diferencia de quince minutos respecto al coche familiar. Conduciendo, he vuelto a escuchar las cuatro canciones que ya tengo del nuevo disco de Bark Psychosis, The Mendoza Lina, 101 Strings, Client, Disco Inferno y Entre R?os. He deseado que Soma?n estuviera mucho m?s lejos, mucho m?s al final de la Nacional II. En esta carretera, cada cual tiene su ?rea de descanso favorita. ?lena (el grupo) le dedic? a la suya una canci?n, en el kil?metro 103. Para Aldo (y en realidad forma parte de la mitoman?a com?n) es un cl?sico Raus?n, el sitio donde paran los autobuses de camino a Barcelona. Mi lugar es, desde hace no mucho, el Motel Sa?ca. Hoy me he detenido a repostar en la v?a de servicio que lleva al Motel-Cafeter?a-Restaurante donde trabaja El Quitapesares. Y he entrado s?lo para verle, sin ?xito. Ped? un Nest? y un camarero tambi?n extranjero me pregunto de nuevo, no s? si para asegurarse o para corregirme: ??N?sti?? Cog? el vaso y la botella y me lo llev? a una mesa. Al otro lado de la carretera atisb? el edificio gemelo. Escalofri?: ?y si le ha ocurrido al Quitapesares REAL lo mismo que a MI Quitapesares? Al entrar al ba?o se me ocurri? una cosa peor: ?Y si el Quitapesares REAL no lo hubiese sido? Ni rastro de mi salvador. As? que me acab? el N?sti r?pidamente, observ? los objetos y rincones de aquel saloncito que mi memoria hab?a convertido en cl?sicos y, con aire de mujer de mundo, saqu? el llavero de Jimawari del bolsillo trasero del pantal?n y empuj? la puerta de visagra hacia fuera (claro). Aqu? hago todo el esfuerzo f?sico que puedo, intento desentumecer mi cuerpo para hacerle valer, quiero convencerle de que tiene m?s posibilidades que las de transmitir ?rdenes desde el cerebro a los dedos. Por ejemplo: puedo llenar sacos y carretillas de hojarasca para, ma?ana por la ma?ana, llevarlos a la cuneta que nos sirve de vertedero biol?gico. Luego todo eso hace mantillo, dicen. Tambi?n ma?ana podar?, llenar? m?s sacos y lijar? y lacar? dos mesas que he comprado para mi casa (queridos invitados, ya no tendr?is que dejar los platos en el suelo). Conmigo han venido los objetos indispensables: ibook+discman+cajita portaced?s (aquella verde que nos regal? MTV)+libro+laropadeabrigoquem?sabrigaquetengo. Y es que en este borde de la meseta, en este hueco escarpado en el que huele a Arag?n, el fr?o no escuce en la cara: agarra las entra?as. Soria es fr?a. Es TAN fr?a. Y si me pregunt?is por el libro, es un regalo de Carolink, ?Cr?nicas Marcianas?. Antes de cenar he salido a la carretera y el cielo ha vuelto a impresionarme, hac?a meses que no ve?a estrellas al mirar hacia arriba. Dijo Alfredo: ??aquello es Marte, no?? Lo era. Brillante, gordo. Casi pasaba desapercibido al lado de la imponencia del resto, de las miles de estrellas. Sonar? cursi, pero no estoy acostumbrada. Se me cay? el cielo encima e, intentando no llorar, volv? dentro de la casa.
El domingo pasado transcurrió e hizo morir la semana como habitualmente en mi vida, charlando, comiendo, viendo cine en la televisión y/o quizá siesteando en casa de mi madre; con ella y con mi padrino. Sólo distinguií ese domingo de otros por los temas que tratamos. La actualidad nos polarizó a mi padrino y a mí: él piensa que Francia hace bien prohibiendo el velo -el hiyab– en los colegios públicos; yo creo que se equivoca. Mi madre, con su personal ideología –«yo soy anarquista», dice- no fue capaz de deshacer el empate, ya que a la par que declaraba que «cada cual puede vestir como quiera» le parecía inadmisible que en España se hagan excepciones con los uniformes de gimnasia de las niñas musulmanas. Pero hoy he leído lo siguiente: «La psiquiatra y escritora egipcia Nawal El Saadawi, perseguida por el fanatismo islámico, dice que el velo no es una imposición religiosa, sino política. Y muchas niñas musulmanas cantan y hacen ejercicio físico sin problemas. Entonces cabe preguntarse si estamos ante venerables tradiciones, o ante coletazos de un proselitismo fundamentalista alentado por jefes espirituales integristas que han asentado sus posaderas en las mezquitas españolas. Hace dos años, por ejemplo, el imam de Fuengirola (Málaga) publicó un libro sobre cómo pegar a las esposas sin dejarles marcas». Aunque más que el tema polémico, me interesó la conversación anterior sobre un tema histórico: la adquisicón de pornografía durante el Franquismo. Estábamos en la cocina y llegamos al tema por un afluente curioso: Como todos los domingos, compré El País en mi camino hacia el parking. Al llegar a Canillejas, vimos que alguien había arrancado la esquina donde colocan el cupón para comprar mós barato loqueseaquevendan (una Enciclopedia, en este caso). Como La Guindalera linda con el Barrio de Salamanca, zona de alta densidad de abrigo Loden y bigote, mi padrino aventuró que seguro había sido un comprador del ABC con intención de comprar el segundo tomo del diccionario. Yo dije que una vez quise comprar una película en DVD que vendían con el ABC y tuve que comprarme el panfleto, eso sí, lo escondí dentro de otra cosa. Mi madre aportó que veía a personas que escondían el Marca dentro de El País para no perder la reputación. En ese momento yo repliqué que el mejor ejemplo de eso es el porno pero en el quiosco de Francisco Silvela los pornófilos discretos cuentan con la complicidad del quiosquero, el cual te esconde la revista dentro de otra cosa que compres a la vez, y si son películas te las emte en una bolsa de plástico. Madre y padrino abren los ojos como platos. «Yo lo he visto», digo. Entonces ellos me explicaron cómo eran las cosas durante antes de la muerte de Franco. A Perpignan no se iba solo a mirar, cualquier quiosco vendóa pelóculas de Super 8 igual que ahora los DVDs y los españoles que pasaban la frontera solían traerse algún regalito. Aunque no era demasiado complicado comprar en España revistas y películas de contrabando, exactamente igual que el café, el chocolate o cualquier otro alimento racionado. Si algún amigo te dirigía al quiosquero correcto, no tenías más que nombrarle: «¿Seguro que no vende esta revista? Me ha dicho Fulanito que quizá ssi», a lo que el tendero respondía «vuelva dentro de un rato». Pero más fácil, aún, era que un amigo de un amigo de un Guardia Civil te suministrara. Alfredo tenía un compañero que surtía a toda la oficina, gratis, de género decomisado en la frontera. Ese Guardia Civil corrupto y afortunadamente amigo de la comunidad pornófaga era honesto y no hacía negocio pero sin duda debía haber decenas de ellos que hicieran negocio con el material incautado. Dejando atrás la historia, la noticia de estos dos últimos días ha sido la boutade de la S.G.A.E. (no por esperada menos burrada) de su intención por cobrarnos un canon por el disco duro. Y juraría que alguien hizo un chiste con esto el año pasado. También bromeábamos diciendo que nos cobrarían canon por el ADSL y creo ya que será lo siguiente. Las bromas de esta temporada decían que no podremos silbar por la calle sin que un agente nos quiera cobrar derechos de reproducción. Esto va a ocurrir el año que viene.


Me ha costado volver a la escritura despu?s de estos d?as en los que la realidad de los otros ha triunfado m?s que mi ficci?n. Pero hay que estar a todo: a las tajadas y al plato. Y sobre todo, en la pomada. Seriamente, uno de los motivos para no escribir es la silla. Despu?s de invertir varias semanas en el orden y confort de mi casaquemutaaoficina, me doy cuenta que no puedo estar una hora frente al ordenador sin que me duela el cuello y la cabeza.
El Nuevo Orden ordenado.

Hablando con Paloma; H?ctor en la barra
Con H?ctor. Detr?s de mi se adivina a Big Toxic. A la derecha, el brazo con pulseras de la chica coru?esa.