que vuelvan a importar los blogs

  • Ciudad compacta: Praga, dos mil palabras

    Ciudad compacta: Praga, dos mil palabras

    The Cry Project fue un colectivo de periodistas y diseñadores que realizó varios artefactos culturales a principios de la década de los dos mil. Ya he hablado de ello en este post anterior.

    El segundo libro en el que participé se tituló Ciudad compacta y esta vez escribí en solitario sobre la relación de una ciudad con la música, en un texto de ficción que titulé Dos mil palabras y que sucedía en Praga, lugar en el que había pasado casi una semana poco tiempo antes.

    Al igual que Galaxias robadas, Ciudad compacta (publicado en abril de 2004) también era un libro cuadrado, pero en esta ocasión tenía más sentido, porque aludía a la idea de cedé como formato musical fetiche. El subtítulo del libro era: «Grábame un CD cuando llegues al paraíso». Era, por llamarlo así, un libro de viajes y música «para todos aquellos que se escaparían a una isla desierta, siempre y cuando hubieran platillos volantes en forma de CD».

    En este libro, además de Jordi Salvat y Mària Suárez, había textos de Raquel Ramos, Llorenç Roviras o Santi Mayor Farguell, entre otros, aunque la lista de autores era más comedida que en el proyecto anterior.

    Escribí este relato cuando tenía 28 años y aún seguía embarrada en mi largo atasco creativo, del que no creo haber salido. Consideré que este intento había sido fallido, por pretencioso y confuso. Mejor o peor, forma parte de mí y (re)publicarlo me ayuda a aceptarlo. A desenterrarme.

    En estos casi quince años transcurridos he aprendido mucha técnica, pero he perdido el arrojo y la desvergüenza de entonces. Es posible que una característica sin las otras tampoco sirva de mucho.

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  • Galaxias robadas: Eurotrash

    Galaxias robadas: Eurotrash

    Encabalgados en el cambio de siglo, existió el colectivo The Cry Project, formado por Jordi Salvat, Mària Suàrez, Mary C. Sánchez y Juan Antonio Gallego. De ellos, yo conocía a los dos primeros, a Jordi y a Mària, dos periodistas catalanes que se habían venido a vivir a Madrid y por los que yo sentía cierta admiración. Jordi era redactor jefe de Vanidad (hoy trabaja en TV3), revista para la que yo escribía y, por pura casualidad me reencontré, al menos en la distancia, virtualmente con Mària cuando entré a trabajar como redactora en Madrid (brevemente) en la revista de diseño Experimenta, cuya delegación en Barcelona ella dirigía.

    The Cry Project era un grupo de periodistas y diseñadores, dirigido por Jordi, que creaban obras colectivas conceptuales. Galaxias robadas (2001) y Ciudad compacta (2004) fueron las dos en las que yo participé. En su texto de presentación se decía que este creía en «la transgresión, el libertinaje, la evolución constante, el valor de la estética, la creatividad y la promiscuidad cultural».

    Galaxias robadas se había planificado a medio camino entre la creación artística/literaria y el periodismo. Tenía un subtítulo, «Los insolentes del pasado soñaron el futuro con trajes galácticos», que define la temática común del libro: una panorámica sobre cómo imaginaban el futuro del siglo XXI los visionarios de las diferentes décadas del siglo XX. Un libro milenarista surgido del impacto -vivido con desilusión o expectación, pero sobre todo lo primero- en el que todos estábamos sumidos en el año 2001. Además de los trabajos narrativos de los diez periodistas (por nombrar alguno, además de los miembros del colectivo, estaban Rafa Rodríguez y Sara Sáez (los 40), Elsa Fernández-Santos (los 60) o Jesús Llorente (los 70), había también otros diez creadores gráficos (Ramiro e (los 00), Jordi Labanda (los 60) o Araceli Segura y Salvador Alimbau (los 80)).

    Aldo Linares y yo escribimos mano a mano el capítulo de los 90, que fue ilustrado por Carles Congost. «Y entonces, como traicionado por la propia velocidad del tiempo, el hombre descubre que está viviendo a las puertas del siglo XXI y en lugar de verlo todo mucho más claro y cercano, el mañana se le hace su cabe más confuso. Es lo que les ocurre a Elena Cabrera y Aldo Linares en su texto a dos bandas», escribieron sobre lo nuestro en el prólogo.

    El libro fue publicado por Numa, una editorial valenciana desaparecida y de vida breve. Por ello, he escaneado el texto, titulado Eurotrash, que aquí os dejo, así como el que escribí para Ciudad compacta (en otro post).

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  • No sabemos hablar sobre el suicidio

    No sabemos hablar sobre el suicidio

    Si el sensacionalismo es lo que vende noticias en la televisión, la periodista Christine Chubbuck quiso darle a su editor jefe dos tazas. Presionada para que hiciera sus reportajes más “jugosos”, apartada de los temas humanos y arrojada al espectáculo de la carnaza, se compró una radio para poder escuchar la emisora de la policía.

    Eso se cuenta en la película ‘Christine’, estrenada en Sundance —sin pasar por las pantallas españolas— y que nos recuerda al personaje de Jake Gyllenhaal en ‘Nightcrawler’, que hace lo mismo para vender imágenes sangrientas a las cadenas de televisión. La diferencia entre el personaje de Gyllenhall y el que interpreta Rebecca Hall como Christine Chubbuck, es que esta última tenía escrúpulos.

    Lo que hizo Chubbuck en el último día de su vida nos recuerda algo que vimos en otra gran película sobre periodismo: ‘Network’. En ella, un periodista de ficción llamado Howard Beale, a punto de ser despedido por la baja audiencia de su informativo nocturno, anuncia que se suicidará en directo. Beale está inspirado en Chubbuck, con otra diferencia palpable: ella lo anunció y lo hizo de inmediato.

    Las últimas palabras de Christine, lo que podríamos considerar su nota suicida, fueron: “para continuar con la política del Canal 40 de traerles lo último en sangre y vísceras a todo color, van a ver a continuación el primer intento de suicidio”.

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    En la foto, Christine Chubbuck en su programa de televisión.

  • Los poetas salen los miércoles

    Los poetas salen los miércoles

    “Está fatal poner en tu Instagram fotos que no has hecho tú”, le recrimina una chica a otra en la calle Ruiz, vena vial que desemboca en la plaza del Dos de Mayo de Madrid, oscuro corazón del barrio de Malasaña. Se lo escucho decir a punto de entrar en el bar Aleatorio, donde esta noche hay jam de poesía. Me acerco a la barra y pido una vaso de vino tinto, el que tengan. Me lo sirve el poeta Carlos Salem.

    Le doy un trago y pienso que la botella no puede valer lo que me acaban de cobrar. Me ponen triste los vinos tristes, así que me quedo un rato mirando a la nada, sin hacer nada, yo sola. Suena música pero no está tan alta como para que se distingan las canciones. Empiezo a aburrirme. Un buen rato después se acerca de nuevo el poeta Salem y me indica que para leer en la jam tengo que apuntarme en el cuaderno. No, no, no, yo no no vengo a leer, le digo. Pero un minuto después pienso: ¿estaría fatal leer en una jam poemas que no has hecho tú?

    Una jam poética es una sesión bastante larga de micro abierto donde escritoras y escritores saltan del público al foco y leen algo suyo. Así que, una vez más, acaricio la idea: ¿se darían cuenta de que lo mío no es mío? Hoy es miércoles, noche abierta en Aleatorio, el lugar de Madrid en el que se emborrachan los poetas más jóvenes, como hacían los mayores hace años en el Bukowski, que también regentaba Carlos Salem.

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  • Pasear la ciudad para los que odian el turismo

    Pasear la ciudad para los que odian el turismo

    Sobre la actitud del paseante se ha escrito mucho. Le Breton decía que no es lo mismo caminar que pasear. Benjamin acuñó el famoso término flâneur para dar forma al hombre ocioso que sale de casa cuando nadie le obliga para seguir su inspiración, “como si el solo hecho de torcer a derecha o a izquierda fuera en sí mismo un acto esencialmente poético”. Baudelaire también paseaba por París, sumido en el spleen, saboteando el tráfico y los comercios, henchido de melancolía por la ciudad en transformación.

    Menos, pero también, se ha escrito sobre la flaneuse. Janet Wolff se dio cuenta de que la figura central del paseante en la literatura había sido masculina, por lo que se requería una sociología feminista de la modernidad para complementar esos textos. Desde los ojos de la mujer paseante se piensa la ciudad de una manera diferente, con otras prioridades sobre el uso del espacio público.

    Heidegger decía que habitar es una forma de pensar. Wolff, que el caminar no es solo una actitud física, sino un ejercicio crítico. Rebecca Solniz proponía “pensar el caminar como una herramienta y un reforzamiento de la sociedad civil, capaz de resistir ante la violencia, el miedo y la represión”.

    Con todas esas herramientas en el bolso, flâneur y flaneuse se echan a la calle a remirar la ciudad. Pasear es una actividad opuesta a hacer turismo. Para aquellos que necesitan ver la ciudad —masificada, turística— con una perspectiva que aligere ese espeso cortinaje y les reconcilie con el urbano, se proponen los paseos en grupo comentados. Es una experiencia que crea comunidad, genera conocimiento y desentraña el obtuso tejido de información acumulada sobre calles y barrios.

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    Foto: Paseo de Paco Graco por Arganzuela el 2 de abril de 2019. Foto Intermediae Matadero.

  • Esto es radio salvaje: Ivankovà y Estrella Fugaz en directo

    Esto es radio salvaje: Ivankovà y Estrella Fugaz en directo

    El tercer programa de Directo Salvaje, esta increíble iniciativa y esfuerzo de M21 para retransmitir en directo conciertos de grupos emergentes, nuevos, apasionantes, que surgen en Madrid nos ha llevado en esta ocasión a la Cineteca de matadero, donde Ivankovà y Estrella Fugaz presentaban el resultado de su periodo en la residencia musical de este centro. Son tres horas de radio, dos conciertos y un mogollón de entrevistas, no solo a los artistas, sino al público, entre el que encontramos a Mónica de Miracle Black Machine, Sole Le Parody, Julián Mayorga o Beatriz de Narcoléptica. Hablamos también con José Salas, que hizo los visuales de Estrella Fugaz y Ricardo Ramos, percusionista de este grupo.

    Se puede escuchar o descargar aquí, o dándole al PLAY en el siguiente reproductor.

  • Ser punk a los 40

    Ser punk a los 40

    ¿Si el punk es rabia adolescente, qué pasa con la rabia cuando pasa la adolescencia? Pues que sigue ahí. Dani Mortaja, un emblema del punk madrileño de este siglo, un día se dio cuenta de que tenía más de 40 años y no había muerto. “Sigo aquí”, dice, con toda la fuerza de esas dos palabras.

    Hemos quedado en Rara Avis, la tienda de discos de Jorge Larreina en Madrid, un sótano acogedor que es un refugio para los fans del punk, el psychobilly, el industrial y otras músicas oscuras; uno de esos hogares de acogida para almas descarriadas de los que quedan pocos.

    Ha venido Dani Mortaja antes de irse a trabajar al Wurlitzer Ballroom, otro reducto del rock’n’roll en la noche madrileña. En cambio, Ro Zombie y Alfonso Guerrero, músicos del grupo Ro and the Skullboys, se han pasado por la tienda al salir de sus trabajos. A veces, la música es esa segunda jornada laboral que empieza cuando acaba la primera. Jorge echa más horas hoy en Rara Avis para que podamos conversar. Otras veces, la música es eso que te tiene atrapado las veinticuatro horas del día.

    “Con los años —dice Jorge Larreina—, vas adquiriendo cultura y toda la rebeldía adolescente la transformas en una rebeldía que es tu forma de ser”. “Más que rebeldía lo que tiene que ser es un inconformismo un poco inteligente, ¿no?”, le contesta Dani Mortaja. “No tragarte cualquier cosa pero tampoco ir contra todo porque sí. Yo ya no necesito estar en guerra contra todo, ni contra mis padres ni contra la sociedad”, añade.

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    Foto de apertura: Claudia Alva. De izquierda a derecha: Elena Cabrera, Jorge Larreina, Dani Mortaja, Ro Zombie y Alfonso Guerrero.

  • Viaje a Teruel

    Viaje a Teruel

    Unos días después de la manifestación en Madrid que reclamaba atención sobre la España vaciada (encabezada por las plataformas Teruel Existe y Soria ¡ya!), he tenido la oportunidad de comprobarlo por mí misma.

    «Al final vamos a ser un resort de vacaciones para la gente de las ciudades», decía una maestra turulense llamada Elena y que había acudido a la manifestación, junto con otras 50.000 personas. «No tenemos internet, no tenemos carreteras para llegar a los sitios», decían otras manifestantes. Y así es. No solo no hay datos sino que tampoco hay cobertura móvil en grandes áreas, mientras circulas por carreteras que las llamas así por entendernos, pero están más cerca de ser caminos, cuando sucede que están enlazando los pueblos y ciudades más importantes de la provincia.

    El Maestrazgo es de una belleza polvorienta y seca. En su gran extensión, sus pueblos se abandonan distantes los unos de los otros. Ir de Cantavieja a Mirambel, por ejemplo, supone transitar carreteras estrechas sin pintar ni iluminar, donde coges las curvas entregando tu suerte a la escasa probabilidad de cruzarte, en ese momento, con un camión.

    Me alegró encontrar, en la pequeña tienda de Villarluengo (luego lo vería en otros locales) un periódico de 2.000 ejemplares gratuitos que sale seis veces al año, llamado Maestrazgo Información. Lo edita la Comarca del Maestrazgo y la Asociación para el Desarrollo del Maestrazgo. Cuenta con dos corresponsales: Cristina Mallén y Beatriz Borrás. Llevé sus 16 páginas conmigo durante el viaje y, leyéndolo cuando parábamos a tomar un café, me pude enterar de mucha vida invisible a los ojos del visitante. A menudo, lo único que nos recibía en los pueblos era el viento fuerte, las cancelas cerradas y las oficinas de turismo desatendidas. Gracias al periódico supe que la unión y la fuerza de los vecinos de Santolea había conseguido que su puente medieval no quedara inundado por las aguas del futuro embalse. También supe, gracias a la extensa y detallada crónica sobre las celebraciones de San Antonio, que en enero estos pueblos se llenan de hogueras y se celebran tradiciones más pagas que cristianas, como las diableras de Bordón. a veces mirábamos al cielo y nosotros, gente de ciudad, nos preguntábamos si aquellas aves serían águilas o buitres. Leyendo el periódico, supe que cuatro ejemplares de quebrantahuesos se habían reintroducido justo por allí. Un periodismo, de verdad, importante y apasionante.

    Entramos a Mirambel precedidos por su fama. Es el pueblo al que Pío Baroja ubicó su novela La venta de Mirambel, y Ken Loach, el rodaje de su película Tierra y Libertad. En definitiva, «uno de los pueblos más bonitos de España», competición por la que muchos disputan por allí. Era por la tarde y ya estaba todo cerrado (incluidas las calles, o al menos lo parecían, de vacías que estaban), así que no pudimos ver la exposición que el Ayuntamiento ha dedicado a la película. Tan solo unos días antes, Mirambel comunicaba que Ken Loach, a quien se esperaba por allí en los primeros días de abril, posponía su visita hasta el verano por motivos de salud. No están, la verdad, las carreteras muy hechas para andar enfermo dando tumbos por ellas.

    Junto al despoblamiento, el otro gran problema de la región es el trabajo. Muchos pueblos de la comarca Cuentas Mineras vivían de la extracción. Hoy, ya no es el lignito lo que sale de la mina, sino los turistas después de la visita guiada. Pozo Pilar y la mina Se Verá forman parte del Museo Minero de Escucha, el proyecto del pueblo por reconvertir su patrimonio industrial sin perderlo. La parte visitable de la mina Se Verá, en Escucha, desciende 200 metros. Se baja mecánicamente por los raíles en los que antes se transportaba el carbón y se recorren galerías a las que se han incorporado maniquíes para mostrar las escasas equipaciones de seguridad que llevaban los mineros, cuyas cabezas vestían boinas en lugar de cascos.

    La mina la cerró en 1968 la última empresa que la explotó: Encaso, la Empresa Nacional Calvo Sotelo, padre del que sería presidente del Gobierno. A partir de esa fecha, sirvió de ventilación para la mina anexa, Pozo Pilar. Minas y Ferrocarril de Utrillas fue su empresa explotadora, la cual acabó tan quebrada que el Ayuntamiento de Escucha compró lo que no había sido saqueado de ella, tras años de abandono, por un precio simbólico (un euro, si recuerdo bien la respuesta de la guía). Pozo Pilar había sido la mina más avanzada de Europa en los años 70. Parte de lo que queda de ella se ha acondicionado como una recreación de las oficinas, la lampistería y la enfermería.

    Fue la Asociación para la Conservación del Patrimonio Minero la que durante años buscó la manera de reabrir la mina Se Verá para museizarla. En ella estaban algunos de los antiguos mineros. Lo consiguió en 2002. Cuando la abrieron, llegaban entre 20.000 y 25.000 visitantes al año. Desde hace poco abren doce meses al año, por lo que me han dicho que deben ser muchos más.

    El museo de Se Verá da empleo a seis personas y a dos en Pozo Pilar. No es mucho, la verdad, para combatir el desempleo. Escucha es un municipio con un 14,9% de paro (en 2013 llegó a ser de 28,86%), en una población que no alcanza los 900 habitantes.

    Teruel

    Otro de los pueblos que he visitado ha sido Montalbán, donde el paro es menor (8,19%) y la población también (1.243 habitantes), aunque Joaquín, guía voluntario en el pequeño pero apasionante museo geominero, me dijo que de la gente que quedaba en el pueblo, el 70 por ciento eran jubilados. Montalbán tiene una radio local que emite en directo dos horas al día por la tarde y un boletín local que se llama Cantalobos, dirigido por Esperanza Muñoz, el cual no pude ver por allí pero sí descargar en este dropbox. Tiene además Montalbán una imponente y bella iglesia mudejar declarada Bien de Interés Cultural, la cual fue restaurada en diferentes fases desde 1984 hasta 2010, descubriéndose recientemente unas pinturas que podrían aflorar si se pusieran de acuerdo las competencias y se acabaran de destinar los dineros que se vienen esperando desde hace tiempo, según nos contaron.

    Llamarse Cabrera por allí, la verdad, no tiene buena fama. Algunos de los pueblos y plazas que recorrimos llevan su nombre. El general carlista Cabrera hizo, precisamente en Montalbán, una masacre en el asedio al castillo en 1839. Afortunadamente, una de las calles del pueblo lleva por nombre Manuela Cirugeda, heroína que combatió el desproporcionado asedio valientemente (esto lo he leído, precisamente, en el último número de Cantalobos). A Ramón Cabrera le llamaron el Tigre del Maestrazgo, por su virulento papel en las guerras carlistas en la región (episodios que son recordados en el Museo de las Guerras Carlistas de Cantavieja, que tampoco pudimos ver porque lo pillamos cerrado). Cabrera había consolidado su puesto de mando en Cantavieja (allí le dedican una plaza). En enero de 1838 tomó la ciudad de Morella (el límite al Este en nuestro viaje) junto al general Oráa y la hizo capital de su terruño. Aparece como personaje (tengo entendido, ya que no la he leído) en la mencionada novela de Baroja La venta de Mirambel y también en La campaña del Maestrazgo de Benito Pérez Galdós. Por los servicios prestados, le dieron el título de Conde de Morella, que hoy sigue ostentado (rehabilitado por Juan Carlos I en 1993) su tataranieto Juan Ramón Brotons Cabrera, nada que ver con mi familia, que yo sepa.

    Ya cortos de tiempo, pasamos rápidamente por La Iglesuela del Cid, donde vimos la Torre los Nublos, último vestigio del antiguo castillo de los Templarios. Si la zona da para un tramo del Camino del Cid, también lo haría para una ruta templaria, que seguro que ya las hay. Para ello, llegarse hasta el Castillo Templario de Castellote hubiera estado bien, pero las complicadas distancias del Maestrazgo hicieron que nos quedáramos con las ruinas de uno en Cantavieja (vistas desde la verja, que también estaba cerrado) que conviven con un calvario y su viacrucis.

    Al castillo que sí que le han sacado partido es al de Mora de Rubielos. Como chica de Canillejas que soy, crecí pasando por la plaza del pueblo, por llamarlo así, denominada Mora de Rubielos, sin saber nunca del pueblo que la inspiró pero un poco fascinada por su sonoridad. Pues bien, ya he estado en Mora de Rubielos (y en Rubielos de Mora). La referencia más antigua de esta imponente fortificación data del año 1198 y su rehabilitación y conservación es bastante impresionante, así como sus sótanos y mazmorras, sus torres y su patio central. Este estratégico castillo no fue importante solo en la época medieval, de nuevo en las Guerras Carlistas, se enfrentaron allí los liberales contra las tropas del general Cabrera. Y durante la Guerra Civil, los republicanos se fortificaron allí, por lo que los sublevados lo cercaron y asediaron vilmente. Al parecer, tras la guerra, Mora de Rubielos fue también escenario de escaramuzas entre los maquis agazapados en la sierra y el régimen franquista. Precisamente, y al hilo de mi último artículo publicado sobre el guerrillero bisabuelo de Edu Granados, hubiese querido visitar los restos de un campamento maqui del Rodeno en Jabaloyas, cerca de Albarracín, pero con patear Albarracín ya se cubrió el día. En otra ocasión será, quizá en una futura visita a Cuenca, para pasar también por el campamento maqui de Alobras, aún en la provincia de Teruel, así como otros lugares importantes para la Guerra Civil de este cruento frente.

    Teruel

  • Un nuevo guerrillero embarcado en una prueba contrarreloj

    Un nuevo guerrillero embarcado en una prueba contrarreloj

    “Sería un ignorante sobre la Guerra Civil si no hubiera tenido los padres que tengo y mi historia familiar. Me ha dado tan poco conocimiento el sistema educativo español sobre ese periodo de tiempo que es terrible”.

    Habla Edu Granados. Mientras vivía en Francia, mandó reportajes a España sobre el campo de refugiados de Calais o las revueltas de las ‘banlieue’ parisinas. Se graduó en Relaciones Internacionales con la intención de ejercer el periodismo pero las lógicas perversas de la profesión le hacen dudar, a cada paso, de que ese sea su camino. Tiene 23 años. Su nombre completo es Eduardo Granados Reguilón y es el bisnieto del guerrillero Adolfo Lucas Reguilón, alias Severo Eubel de la Paz.

    Reguilón era un maestro madrileño, nacido en Villa del Prado, que ejercía en un pueblo toledano cuando comenzó la Guerra Civil. Poco antes se había afiliado al Partido Comunista. Luchó como miliciano y fue herido en la batalla en el primer invierno de la guerra, por lo que siguió trabajando por la República en tareas políticas.

    Al terminar la guerra, fue hecho prisionero hasta 1943. Cuando fue liberado, se echó al monte en el Valle del Tiétar como muchos otros guerrilleros hicieron, para organizar la lucha antifranquista. Las ambiciones de Severo no eran pequeñas. Además de la creación de propaganda y pequeños sabotajes, su Agrupación Guerrillera, denominada Zona M, el 16 de agosto de 1946, tomó por unas horas el pueblo Alameda del Valle —“en un acto quijotesco”, dice Eduardo—, proclamando la Tercera República.

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