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  • Yo soy otra

    Ayer vi Origen, la película de Christopher Nolan que crea sueños dentro de sueños y te hace dudar de la realidad… pero no demasiado, ya que a fin de cuentas es una película de Hollywood. (Para un mayor desarrollo sobre la película, id a este post de Alvy Singer).

    Fotograma de Origen

    La realidad en la que vivimos está habitada por seres reales y por seres ficcionados, que conviven y conversan infiltrados unos en el mundo de los otros, siendo cada vez más difíciles de distinguir.

    El antropólogo Marc Augé nos advierte de «la ficcionalización de la realidad», donde todo se convierte en espectáculo. Por ejemplo, el turismo. Por ejemplo, los parques temáticos. Augé nos dice que cuando hay demasiadas imágenes, se pierde la imaginación. A pesar de ello, el imaginario individual se nutre de un imaginario colectivo, por lo cual los mitos no deben desaparecer.

    Pero una cosa son los mitos y otra bien diferente Disneyworld. La gran dominación en el mundo de la Fantasía y en el mundo de la Economía del imaginario de Disney me da miedo, en especial sus parques temáticos. ¿Creen los niños que reciben como gran recompensa de sus padres el viaje a Eurodisney que ese lugar es real, que es un país, una ciudad o un estado donde su fantasía se vuelve real? Lo creen. Una niña que conozco bien, una niña inteligente de 5 años, cree que Francia ES Eurodisney.

    Jean Baudrillard relacionó la representación de Disneyworld con la representación de la Guerra del Golfo: «¿saben cómo celebró su victoria el General Schwarzkopf, el gran estratega de la Guerra del Golfo? Con una gran fiesta en Disney World. Esas celebraciones en el palacio del imaginario fueron una merecida conclusión a una guerra tan virtual». Baudrillard dice que ya no existe la Sociedad del Espectáculo que acuñó Debord porque ese mismo concepto se ha espectacularizado. Ya no somos espectadores, somos extras de la función. Estamos en ella, pero no podemos hacer nada por cambiarla.  De igual manera estamos dentro de la Historia, pero no podemos controlarla. Por eso hablamos tanto de que necesitamos una Revolución (y Augé dice que estamos viviendo una era Pre-Revolucionaria) pero nadie es capaz de mover un dedo. Los extras no pueden hacer nada más que figurar. Recordad lo que le pasó a Brüno (Sacha Baron Cohen) cuando sobreactúa en la grabación de un capítulo de una serie, dentro de la película-documental Brüno, donde un personaje ficticio se introduce en la realidad inoculando humor.

    Para que estas filtraciones entre realidad y ficción se hayan venido produciendo, han tenido que construirse puentes entre un mundo y otro, pasos fronterizos bidireccionales. Es decir: no sólo hay realidad en la ficción sino también ficción en la realidad.

    [audio:http://blip.tv/file/get/Quiereshacerelfavor-49DndeVaUnPersonajeCuandoSeAcabaSuNovela_13092010538.mp3]

    Dora García realizó en el año 2009 una exposición en el Centro Galego de Arte Contemporánea (Santiago de Cosmpostela) titulada ¿Donde van los personajes cuando la novela se acaba? Se reunieron 11 obras que tenían en común que, en ellas, la ficción participa de la realidad y el espectador se convierte en actor. En 2010, el CGAC editó un libro bajo el mismo título como continuación de esa exposición. La pregunta del título, nos explica al teléfono la creadora vallisoletana, «habla de la independencia de los personajes respecto a su autor». A veces esos personajes aparecen en otras novelas, cruzan las obras, «como un Guadiana» y pueden aparecer en otros libros, incluso en los libros de otros autores.

    Por ejemplo, en William Holden in Frankfurt, de Dora García, aparece un señor que dice ser William Holden, el actor estadounidense de Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses).

    ¿Quién eres cuando no eres tú?

    Hemos realizado un programa en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? titulado ¿Dónde va un personaje cuando se acaba su novela? En esa hora de tiempo de radio hemos intentado demostrar la importante confusión entre personas y personajes en la que nos hemos acostumbrado a vivir. Tanto entre la producción literaria, cinematográfica, cómic y videojuegos como en la vida real contante y sonante.

    Ahí tenemos la inevitable mención a Los muertos, la novela de Jorge Carrión a la que volvemos una y otra vez («Acaba de morir Miguel Delibes; yo respeto mucho su obra; pero sinceramente me afectó más la muerte de Nate en A dos metros bajo tierra, después de estar cinco meses, día a día, conviviendo con él» le dijo a Carolina en una entrevista); Sospechosos de David Thompson; Cómo ser John Malkovich («¿alguna vez has querido ser otra persona?», dice su tagline) y otros magníficos guiones de Charlie Kauffman; las webs de Hi-Res (en especial las que realizaron para The center of the world de Wayne Wang, Requiem por un sueño de Darren Aronofsky o The LOST Experience); la psicomagia de Alejandro Jodorowsky y el final de La montaña sagrada: «este es el fin de nuestra aventura, nada tiene un final (…) si no podemos obtener la inmortalidad, al menos obtengamos la realidad (…) estábamos en un cuento y volvimos a la vida, pero, ¿es esta vida real? ¡No! ¡Esto es una película! ¡Zoom back camera!»  dice un Jodorowsky no con barba blanca como yo lo recordaba, sino bigote, como podemos ver en este vídeo:

    La Nada avanza y devora Fantasía, como nos enseñó Michael Ende en La historia interminable (gracias @diabolizante). Vivimos una época de máxima ficcionalización de uno mismo, algo que en literatura se ha venido forjando en los diarios íntimos y la producción epistolar pero ahora vivimos a un nivel masivo con la creación de avatares que nos representan online en blogs y microblogs. Incluso en los reportajes periodísticos, las personas no son tales, sino personajes.

    Durante ese programa, nuestra inspiradora Elisa McCausland (@reinohueco) aportó más casos para cruzar el espejo. En cómic también tenemos Inside Moebius, una obra donde el autor se relaciona con sus mitologías; The Unwritten, de Mike Carey, donde un actor que hace de mago (a lo Harry Potter) termina siéndolo, o no; Superman: Secret Identity, donde dos personas, Lois Lane y Clark Kent, resultan ser parecidos a los de la ficcion. No hemos hablado del teatro, pero sólo por poner un ejemplo que nos recuerda Elisa: el juego de espejos de Su seguro servidor, Orson Welles.

    Mujeres noveleras

    Escribe Constantino Bértolo en La cena de los notables que llamamos bovarysmo cuando el retorno a lo real está teñido, como le pasó a Emma Bovary, de la experiencia, falsa o virtual, que ha conocido en los libros y que ha alterado sus expectativas, su horizonte de deseos y su escala de valores. Escribiéndonos con Eloy Fernández Porta sobre el tema del programa, él recuerda cuando los personajes se vuelven dignos de imitaciones («ejemplarizantes»). Por ejemplo, en la segunda mitad del XIX, esos personajes femeninos de la literatura realista que «han leído demasiadas novelas» y que intentan imitar a sus heroinas románticas (Madame Bovary de Flaubert, En la caja de Henry James o Tormento de Galdós). Con el realismo, además de destacar la posición de la mujer en la cultura, aparece una crítica a la mala influencia (lo quijotesco) de la literatura en la vida. Algo curioso que dice Eloy es que aunque parece un debate decimonónico y superado, en realidad aflora con frecuencia cuando aparecen textos autobiográficos que presentan un modelo de feminidad «que no concuerda con el modelo de mujer respetable socialdemócarta ni con la figuración convencional de la vida interior en literatura». Ejemplos: Textos como Paradoxia de Lydia Lunch, Diario de una adolescente de Phoebe Glockner o Frágil de Eva Vaz, entre muchos otros, obligan a reconsiderar si la literatura debe «representar excepciones estéticamente interesantes» o construir «modelos de mujer aceptables por la mayoría».

    En la exposición de David Rubín nos encontramos con otro dibujante, Juan Berrio. Berrio nos habló allí de su Cuaderno de frases encontradas y le pedimos que nos lo contara de nuevo en la radio, ya que convierte en viñeta escenas reales de dos o tres segundos que capta cuando va por la calle. Y a Rubín también le llamamos, porque en la presentación de esa exposición sobre Solomon Kane, Javier Olivares y él recordaron el epílogo final de Cuaderno de Tormentas, que comienza cuando el protagonista tira el Cuaderno de Tormentas, el mismo que leemos, al suelo al grito de «¡maldito seas!», y se inicia con las palabras: «Este ha sido la torpe narración de mi deambular por Ciudad Espanto, mi último e inacabado relato. Disponte a temblar, amigo mío, si como yo has llegado hasta este punto y final».

    «No debemos estar aquí, somos imágenes, fotografías, ilusión» advierte Jodorowsky en La montaña sagrada, destruyendo el espejismo del espectador que los sintió reales, que se identificó con ellos. Una tarea, a estar alturas, imposible.

    Algunas partes de este post han sido publicadas primero aquí. Con licencia CC Compartir Igual.

  • Trash entre amigos

    Lo que me da miedo es que demasiada gente sabe que lo que hay que hacer mañana (hoy) en Madrid es ir a esto:

  • Necesitamos espacios

    Mientras escribía el siguiente artículo-post no dejaba de pensar en que necesitamos espacios, espacios okupados, espacios apropiados, colectivos, bajotierra. Espacios como los que reclamaba Martina en la novela de Belén Gopegui Deseo de ser punk. Pero nadie va a venir a regalárnoslos. Hay que salir a buscarlos, a abrirlos.

    Es inevitable que cada escena tenga su lugar de consagración. Durante los 80 en Madrid fue significativo un lugar underground (simbólica y literalmente) en el que cualquier cosa podía suceder, menos lo previsible. Al Espacio «P» se lo conoce como «el underground de La Movida», según me cuenta Javier Piñango.

    Lo que sucedió allí «no tenía cabida en las redes comerciales de las galerías ni en los museos y espacios culturales de las instituciones públicas», como leemos en esta web dedicada a ese lugar mítico.

    La creación del Espacio «P» estuvo inspirada en espacios como The Kitchen situado en el Nueva York de 1971, centro importante del movimiento Underground estadounidense por donde pasaron todas las bandas de la No Wave. O la Freie Universität en Dusseldorf (RFA). O la etapa del V2 cuando estaba instalado en una okupa en Hertogenbosch (Holanda); más adelante, en 1994, se trasladó a Rotterdam y allí se convirtió en un centro de arte multidisciplinar que sigue en activo, con el sobrenombre Institute for Unstable Media. Otro ejemplo es la desaparecida sala Metrònom en Barcelona.

    ¿De dónde viene la P?

    Rosa Galindo y Pedro Garhel (fallecido en 2005) se dedicaban a la performance y buscaban un estudio en Madrid. Cuando lo encontraron, en el año 1981, lo llamaron Performance – Espacio Alternativo. De ahí, el nombre evolucionó a Espacio Alternativo P y, finalmente, Espacio P. Esa P ya no evocaba sólo a Performance, sino también a Polivalente. En esa polivalencia, en aquel espacio podían desarrollarse no sólo artes escénicas, sino musicales, audiovisuales, etc. Juntos formaron en 1983 el grupo de acción visual y sonora Depósito Dental.

    Tan sólo algunos ejemplos de lo que se podía encontrar en el Espacio «P»: conciertos de Esplendor Geométrico, Depósito Dental, Mar Otra vez, Mil Dolores Pequeños o Clónicos. Performances que empezaban por P como «Potaje» de Carmen Luna, «Pluma» de Ewa Lyberten, «Ritual P» de Marisol González y Geraldine Waxkowsky, «Piromanía» de Francisco Felipe, «Peces» de Raúl Rodriguez y Javier Codesal, «Paquete» de Carmen P. de Diego, «Proyección» de Rafael Lamata o «Prueba» de Pedro Garhel. O exposiciones, como «4 Fotonovelas» de P. Almodovar, V. Encinas, C. Hernándo, C. Tarancón, o «En Torno a P: Pulpo, Política, Puta, Potaje»: Presentación de 40 artistas de diferentes medios.

    Los cronistas

    En el festival Experimentaclub se va a entablar un coloquio (domingo 3 de octubre, Sala Audiovisual de La Casa Encendida, entrada libre y gratuita) que rescatará la historia y las anécdotas del Espacio «P» de la memoria de muchos que participaron allí estará presentado por Miguel Álvarez-Fernández y participarán, además de Rosa Galindo, el videoartista Juan Antonio Lleó y la crítica y comisaria de arte Karin Ohlenschläger.

    Juan Antonio Lleó está especializado en arte digital y música electroacústica. En 1982 realizó en el Espacio «P» Programa2, una instalación con dos ordenadores y música electroacústica, banda sonora realizada con la colaboración del Laboratorio de Tratamiento de Palabra y Música (CSIC) para la Exposición En torno a «P». Y un año antes, en el 81, fue profesor de las dos ediciones del Taller de Sintetizadores Analógicos que se celebraron en este espacio.

    Karin Ohlenschläger fue codirectora del MediaLab Madrid cuando su sede estaba en Conde Duque (antes de MediaLab Prado). Entre 1986 y 1990 Karin Ohlenschläger formó parte de la gestión de Espacio «P», y desde allí impulsó la creación del Vídeo Forum Internacional dirigido por ella y llevado a cabo en la sede del antiguo MEAC (Museo Español de Arte Contemporáneo) de Madrid. Cuna conocedora de la obra de Garhel, dirige el proyecto de investigación Pedro Garhel: arte de acción y lenguaje audiovisual, 1977-2005 en el CAAM (Las Palmas de Gran Canaria).

    Pedro Garhel, que era canario, finiquitó su etapa madrileña en 1998 y el proyecto se trasladó a Tenerife, mutándose en Fundación [P], donde se siguieron realizando exposiciones, seminarios, acciones y tertulias.

    Publicado en el blog En un experimentaclub.

  • En otoño las tiendas son aún más bonitas

    Acaba de iniciarse oficialmente el otoño de la siguiente manera: vengo de un breve recorrido en moto por Madrid y he pasado frío con mi camiseta de manga corta. He entrado en casa y no he abierto las puertas del balcón. Me ido a a cocina y me he preparado el primer té con limón y miel que tomo desde mayo.

    Ahora bien: ¿qué hacía yo pimpando por Madrid? Tras recibir una llamada de la librería Ecobook esta mañana, he querido pasar ya mismo a recoger un libro que me habían encargado. Siempre he pasado por delante de Ecobook (calle Cristo, 3. Madrid) con cierta pena: una librería tan bonita y bien situada, ¿por qué tendría que estar dedicada a los libros de economía, algo que no me interesa en absoluto?

    Octave Mirbeau: 628-E8De cara a seguir alimentando mi obsesión por Octave Mirbeau, he buscado la edición que la Universidad de Cádiz publicó de 628-E8. Un viaje en automóvil, libro de viaje europeo del cual ya os he hablado aquí. Al buscar en internet, encontré que Ecobook lo tenía en su catálogo de venta online. Les llamé pero no lo tenían en la tienda, aunque me aseguraron que podían conseguírmelo en dos días. Tras probar en otras librerías (nadie lo tenía) y obtener respuestas difusas («uy, cinco o seis o más, si es que lo tienen en almacén»), volví a llamar al simpático librero de los intragables manuales económicos.

    Así que ya tengo conmigo esta edición de bonita portada, mucho más voluminosa de lo que esperaba, traducido por el equipo «Literatura-Imagen-Traducción»de la universidad gaditana. Responsable de ese colectivo es Lola Bermúdez, prologuista y traductora, que ha aceptado participar en el programa dedicado a Mirbeau que pronto tendrá lugar en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?

    De paso, por cierto, he pasado por la tienda de discos Radio City, que está ahí al ladito de Ecobook, junto al Conde Duque. Mira que es bonita y agradable. Y chiquitita. Pena que no me interese mucho la música que vende. Aunque me hubiera comprado el último de Wovenhand en vinilo si no lo hubieran agotado.

  • Sin Esperanza

    Sin Esperanza (Aguirre)

    Madrid está fatal. Y Esperanza Aguirre lo hace más insoportable.

  • ¡Soylent Green is people! (la muerte como alimento)

    Carlos Berlanga cantaba [spotify] «septiembre, a veces entra algún rayo de sol, ya nada importa en mi situación, estoy contento aunque soy un perdedor» en la canción sobre un autodestructor que cuando llegaba febrero acababa en el infierno, «donde no se está tan mal», más que nada porque ahí los vicios «son la cosa más normal».

    Hemos entrado en septiembre, mes de alegrías moderadas y buenas intenciones. El primer paso del invernal camino al infierno. Hoy se ha matado un piloto de carreras de motos, Shoya Tomizawa. Se ha muerto, reventado por dentro tras ser arrollado por dos motos, mientras yo veía en la tele como corrían sus compañeros de MotoGP.

    Este verano se murió Fogwill mientras yo leía sus cuentos en la playa. Carolina acababa de regalarme un libro suyo. Pero yo no me enteré de que se había muerto hasta mucho después. No ha sido una muerte televisada. Hoy por hoy, una muerte no es una muerte real si no ha sido televisada. Son más difíciles de creer. Desde las muertes de los pasajeros del transbordador Challenger, esa desintegración en directo para todo el planeta, siempre queda la duda. En concreto, la muerte de Fogwill yo pensé que era una metáfora, la primera vez que leí sobre ella en Internet. En Twitter.

    Esta es la metáfora escrita en 140 caracteres de un fan insatisfecho que ve en su ídolo un muerto en vida, o la queja eterna del que no está bien reconocido.

    Un amigo bromea con amargura sobre si mismo al decir que pasa los días encerrado en casa pensando en la muerte. Más tarde volvió sobre ese comentario y añadió que pensaba también en alguna otra cosa. Yo me paso el día o bien pensando en la muerte o bien intentando no pensar en la muerte. Me gusta dejarme absorber por pequeñas cosas que me impidan pensar o en la muerte o en los intentos de no pensar en la muerte. Por ejemplo: las motos. Pienso en la velocidad, en la inclinación de los pilotos, en las travesuras de los adelantamiento. Tomizawa se mata en la pista y en el fondo eso me ayuda a dejar de pensar en la muerte, me refiero a dejar de pensar en mi muerte. Me permite pensar en la muerte de los otros, de los pilotos, de los motoristas. Pensando en esas cosas, un tanto ajenas, entro en el estudio y veo mi casco negro sobre una pila de Víboras que no consigo vender. Tomizawa tenía 19 años. Yo tengo 35. ¿A qué edad deja de ser menos injusta la muerte? ¿Me moriré en un accidente de moto?

    Me pongo a leer, que también ayuda. Leo Estrella distante de Roberto Bolaño. Un par de párrafos abajo me pillo a mí misma mirando el margen del libro. Has dejado de leer, tonta. Me angustia la muerte temprana de Bolaño. Tampoco me enteré mucho cuando murió Bolaño. Tampoco fue una muerte televisada. Me acuerdo otra vez de Fogwill. Leo esto y esto.

    Me duele el estómago pero tengo hambre. Como. Tener hambre con dolor de estómago dicen que es bueno. Pero luego leo en un foro que quizás no tengo hambre, que igual es ansiedad disfrazada de hambre, una enfermedad con los mismos síntomas.

    Alberto quería que probase un juego llamado Portal. Se nota que no estoy familiarizada con los videojuegos porque digo «un juego llamado Portal», cuando en realidad es tan famoso que si digo solo Portal ya todos saben lo que es. Yo no sabía lo que era. Pero es tan famoso que hasta Nacho Vigalondo escribe ensayos sobre ese juego. Jugar distrae de la vida (y de la muerte, en consecuencia), podría servir para distraer también los primeros pasos de mi invernal camino al infierno.

    Pero no es así porque a mí no me gusta jugar así que me estreso, me obsesiono con fiereza, me desespero, me angustio, me roba el tiempo como un agujero negro y me doy golpes una y otra vez contra mi estupidez y mi torpeza. Jugando, no puedo evitar recordar una y otra vez el gusto que sentía mi padre por los jeroglíficos del periódico. Él, que resolvía ecuaciones y vectores e integrales y derivadas con absoluta normalidad a los 50 años (yo en COU ya me había olvidado de todas esas operaciones) me incitaba a que yo también los resolviera. Yo comenzaba a sudar, sólo veía dibujos inconexos, me entraban ganas de llorar. Con las pantallas del juego me pasa lo mismo: no entiendo cuáles son las reglas para resolver el juego, no puedo aguantar las lágrimas, me duele el estómago y me entran ganas e irme a la cama. Si es una pantalla donde me pueden matar, me matan varias veces. Así que ahí está la muerte de nuevo. Un pensamiento que, en realidad, ya me andaba rondando desde que relacioné el videojuego con el jeroglífico, pues la muerte de mi padre ha impregnado mucho de lo que ha pasado en mis últimos 20 años.

    El 'moridódromo' de Soylent GreenAl mediodía hemos visto Soylent Green, una película que nos lleva a un año 2022 con la naturaleza agonizante, el planeta superpoblado, muy pobres y muy ricos, mujeres tratadas como «forniture», comida fabricada con soja y algas y un moridódromo para que los ancianos se quiten de en medio, en un tránsito a la muerte con sonrisas e imágenes de cuando existían caballos y amapolas.

    No hay una conclusión clara para este post. Una vez escribí (o se lo copié a alguien, ya que sé) «todas las muertes son la misma muerte». Vila-Matas dice (o se lo copió a alguien) que toda la literatura habla de la enfermedad (los diarios, al menos). Un buen polvo no te hace olvidar la muerte pero, al contrario que los libros, las canciones, las motos o los videojuegos, hace que te de más igual.

  • La mano derecha de la maldición

    Obligatorio asistir. Solomon Kane y David Rubín, dos héroes oscuros condenados a encontrarse.
    La mano derecha de la maldición

  • Die Bunker

    Al fin, un club que pinta bien en Madrid. Ingeniado por los chicos de Atmósfera Abrupta, Roberto Groof y más gente que no conozco, se inaugura el 18 de septiembre:
    Die Bunker, nuevo club

  • Comando Suzie en 2025

    ¡El vídeo! ¡Completo! ¡Cuatro minutos de aventuras sentimentales!


    Comando Suzie: «2025»

    Milord^Milady | Vídeo MySpace

    Estrenamos hoy en MySpace. Pronto, lo podrás ver en todas partes. Incluso en la tele.

  • Octave Mirbeau en Holanda

    En este verano tan mirbeauista, no podía pasar por alto la fascinación que Octave sintió por Holando, ya que hace unas semanas he visitado por primera vez los Países Bajos.

    Mirbeau escribió un libro muy moderno titulado 628-E8, que era la matrícula de su muy querido automóvil, con el que se fue de viaje por Europa. El escritor adoraba su coche, futurista símbolo del progreso mecánico, que había sido creado por el piloto de carreras Fernand Charron.

    El país que más fascinó a Mirbeau en su viaje literario fue Holanda y, curiosamente, el que más detestó fue la vecina Bélgica. Escribe Lola Bermúdez en el prólogo de la edición de la Universidad de Cádiz que la gran importancia simbolista que tiene el puerto para el escritor («estar de lleno en un lugar y soñar con el infinito») provoca que considere Holanda como un gran puerto. Por eso elige este país como «su patria de elección».

    Así escribe Mirbeau:

    «La Holanda de agua y cielo, la Holanda infinitamente verde, infinitamente gris perla, en la que nunca más osará aventurarse el menor recuerdo de Bélgica. Las carreteras se vuelven suaves, elásticas, sin polvo, con su pavimento de ladrillos limpios y uniformes en medio de la llanura. Carreteras bordeadas de espléndidos y gigantescos árboles […] El agua siempre presente… brotando bajo las capas verdes de hierba como alumbra el rubor del brasero, bajo el manto de cenizas que lo recubre…».

    Le gustan los Países Bajos por ser un país portuario, trabajador, emprendedor, no católico y pacifista. «Estoy feliz por vivir sin prisas febriles, sin deseos bruscos ni repentinos. Con absoluta tranquilidad, gozo de la melancolía que me rodea y me penetra».

    Para Mirbeau y para mí, Holanda puede ser un lugar maravilloso de vacaciones pero, ¿dónde está nervio?, ¿y el conflicto?, ¿y esa oscuridad lasciva que tanto conmueve al escritor francés?

    Sí, Mirbeau estaba cautivado por Vincent Van Gogh -ya dije que En el cielo es una obra maravillosa de homenaje a la locura del pintor- y no puede evitar disolver el arte que adora (Van Eyck, Jordaens, Rubens, Teniers, Van Dyck, Van Gogh) y que busca durante su viaje en los museos con el país del que se enamora.

    En nuestra visita a Holanda vivimos en Venlo, una localidad de la única provincia católica de los Países Bajos: Limburgo. Una carretera, que recorrimos varias veces en bicicleta, se abre entre los árboles para enlazar Venlo con Alemania. Unos carteles, donde ya no existe la barrera que hubo, anuncian la entrada en Deutchland. Tengo la sensación de que Mirbeau también recorrió ese camino. Escribe Lola Bermúdez:

    La llegada a Alemania, adonde el paso de la aduana se hace sin ningún contratiempo, se presenta casi como una continuación de Holanda: una hermosa carretera escoltada por olmos, una luz sorprendente, todo suavidad por la que, Brossette el chófer, se desliza en silencio solo atento al canto de los cilindros.

    Ojalá tuviera una fotografía de ese camino para mostraros. Me gustaría poder transmitiros la alegría de ir pedaleando por esa carreterilla y cruzar una frontera que sólo existe en los mapas y entrar en Alemania, un país que me gusta y mucho, y sentir que eso es Europa, que Europa es tuya.