Este post también estaba entre los borradores (fecha 10 de agosto de 2005, sólo contenía el título y la foto) y me ha entrado un ataque de nostalgia…
Este post también estaba entre los borradores (fecha 10 de agosto de 2005, sólo contenía el título y la foto) y me ha entrado un ataque de nostalgia…
Intento fijarme en las cosas buenas que tiene este presagio del invierno que se siente en la casa: zapatillas cálidas que recogen todo el pie, camiseta de manga larga debajo de camiseta de manga corta, colcha azul de entre tiempo para abrigarme un poco cuando me tumbo en el sofá, colcha blanca que desaparece de la cama para dar paso al nórdico y acurrucarme cuando me acuesto, de nuevo con pijama y cuando me despierto, a las seis de la mañana, feliz de saber que puedo seguir durmiendo un par de horas más. Y no tengo ni idea de adónde quería llegar pero probablemente a ningún sitio. Data del 2 de octubre de 2005.
El Manglar, la revista de la cual ya se ha hablado aquí, aquí y aquí, ya está en la calle. Esta semana la he tocado, sobado y olido. Y es muy agradable. Compradla, cuesta 3,90 /.
Fluzo foto. Calendario de presentaciones: 19 de enero · 19:00 h · FNAC L’illa (Barcelona) – Ricardo Esteban – Manuel Bartual – Manel Fondevila 23 de enero · 19:00 h · FNAC (Valencia) – Ricardo Esteban – Manuel Bartual – Álvaro Pons 31 de enero · 19:00 h · FNAC Plaza Norte (Madrid) – Ricardo Esteban – Manuel Bartual – Carlos Vermut 2 de febrero · 19:00 h · FNAC Callao (Madrid) – Ricardo Esteban – Manuel Bartual – Carlos Vermut – Borja Crespo 3 de febrero · 19:00 h · FNAC Parque Sur (Madrid) – Ricardo Esteban – Manuel Bartual – Carlos Vermut
Y después de Ojete Calor, la última sensación es Rajoy Division. «El mejor grupo de la historia del pop, del rock, del punk y si me apuras hasta del rap», dicen.
Hoy he hablado un poco sobre esto y se ha quedado impregnado en el aire. Necesitaba escribirlo. Sigue abierta la brecha del debate que intenta delimitar hasta qué punto nos sentimos cómodos en el mundo real destapando nuestra intimidad en el mundo sobre expuesto del weblog. Hoy ambas dimensiones han vuelto a rozarse, provocando un agujero negro. Llevo escribiendo The Last Dance cuatro años y medio y sé que en el pasado he sido descuidada y despreocupada con las confesiones. A raíz de ciertos incidentes me he blindado y esto que muestro responde a lo que quiero dejar ver, a lo que me puedo permitir transparentar; admito que entrelíneas se escurre mucha información incontrolable como granos de arena entre los dedos. La Elena Cabrera pública es un invento y una proyección. Convierto el exhibicionismo en una forma de expresión literaria, fingidora. (Porque el poeta es un fingidor, como me encanta citar mil veces, que no lo digo yo, lo dice Pavese). Y el conjunto, al foto, es un moderno show de teatrillo. Esta mañana he estado en una reunión con una conocida empresa que tiene una estupenda herramienta de gestión de blogs. El encuentro fue genial y avanzaba suave, apasionante y, por muchos motivos que no podría explicar aquí, liberador. He de decir que debería haber relacionado y atado cabos mucho antes -¡días!- pero mi mala memoria hizo bien su trabajo así que no fue hasta que no estuve allí mismo que reparé en quién era uno de mis dos interlocutores. Álvaro llevaba un rato explicándonos cosas cuando mi cabeza salió de la niebla y me di cuenta de que era Furilo. Y entonces me sentí aún mucho más cómoda que antes, prácticamente en familia. En una de estas curvas conversacionales mi atención disminuyó y pude verme desde fuera. Desde hace más de un año tengo que mantener dos identidades: la propia y la que que ha de sostener mi cargo en la empresa en la que trabajo. Ninguna de las dos puede imponerse a la otra en ninguna circunstancia (en la oficina no puedo dejar de ser yo misma: con mis tonterías, mis fobias, mis planes y mis pasiones. Viceversa: Obvio). En ese bajón de atención, digo, pensé que el reconocimiento pudiera ser recíproco: ¿Se daría cuenta de que su interlocutora es la msima que…? No deja de ser parte de la obra exagerar el asombro cuando los dos mundos, vuelvo al comienzo, se entrecruzan y, así, lo llevo al esperpento… Pienso en mis fotos en bragas, mis delirios románticos, mis torturas psicosomáticas, la interpretación de mis sueños, las fotos de mi casa… y son cascotes que caen desde el cielo a la sala de reuniones como fuselaje de un avión que se estrella ahí mismo.
Josephine me ha enviado tres fotos de la fiesta Vuélvete Underground del pasado jueves. Fue genial pinchar allí, me sentía como una Reina de África apostada en mi casa sobre un árbol, entre lianas (de plástico). Había gente disfrazada y yo me atrevía con una camiseta ¡rosa! con un tigre dorado estampado, que ya es suficiente disfraz para mí. Me temo que va a habe que esperar bastante hasta la próxima fiesta. Espero con ganas el tema y a ver si hay suerte y en otra ocasión puedo volver a poner canciones, más o menos salvajes, como hice el otro día.
Presa apostada.
Milord.
Con Mario Telegram/Ciëlo/Silvania. Pronto se espera una crónica de la noche aquí.