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  • Vindicación

    Vindicación

    Al buscar en internet a Francisco Tello Tortajada, salvo la ficha del siempre útil diccionario biográfico de la Fundación Pablo Iglesias, el resto de resultados es una abrumadora lista de enlaces que llevan a blogs y páginas falangistas y franquistas que repican la misma historia, los mismos datos, la misma toxicidad.

    No obstante, la biografía que aporta la fundación socialista no soluciona mis dudas sobre la historia que cuentan las decenas de enlaces que hablan del asesino de Matías Montero, que es el verdadero héroe para la ultraderecha. Ilusionada, descubro que uno de los resultados lleva a un «forocomunista», donde alguien, quizá tan confundido como yo, pide que le hablen sobre quién fue Matías Montero. Para nuestra desilusión, la única respuesta la aporta un usuario con foto de Ramiro Ledesma en el perfil, que copia y pega el mismo perfil biográfico que fácilmente podemos encontrar en todas esas webs falangistas.

    Ahora (Madrid). 10/2/1934, página 13.
    Ahora (Madrid). 10/2/1934, página 13.

    Francisco Tello Torjada fue acusado y condenado de matar al estudiante de medicina Matías Montero en el año 34. Montero era falangista y había participado en la fundación del sindicato universitario de la Falange (SEU). El día que le asesinaron había salido a la calle a vender ejemplares de la revista FE, como hacían tantos cachorros joseantonianos en el Madrid anterior a la guerra. En el juicio, la defensa de la acusación particular la llevó José Antonio Primo de Rivera. El dato que más me preocupa es el que en todos estos textos se asegura que Tello pertenecía a un grupo terrorista llamado Vindicación, dirigido por Santiago Carrillo. Al parecer, este dato afloró en el juicio, según dicen.

    La primera vez que he oído hablar de Vindicación, Tello y Montero ha sido esta mañana. Estaba viendo un programa de televisión que hacen unos falangistas, dedicado especialmente a la política de memoria histórica del Gobierno de Pedro Sánchez. Ya… es que los que piensan como yo ya sé lo que piensan, por lo que conviene también saber qué piensan ellos. El programa, como todo discurso falangista, está trufado de falsedades históricas e ideas políticas que pretenden hacer pasar por hechos históricos; un clásico facha al que ya deberíamos estar acostumbrados, pero que a mí me sigue fascinando y ulcerando al mismo tiempo.

    Lo que no suelen contar esas hagiografías (porque a Montero lo convirtieron si no en santo al menos el mártir, haciendo del día de su muerte el homenajeado y no lectivo 9 de febrero Día del Estudiante Caído, como podemos ver en este video del NO-DO) es que un mes antes el estudiante había participado en el asalto al local de la asociación estudiantil rival, de carácter socialista, y en la que él mismo había militado anteriormente, el FUE. En ella habían agredido a varios de sus miembros, como recoge Julián Casanova. Recuerdo esto porque a los del discurso falangista les gusta fijar un marco de referencia en el que existen «dos bandos» y que «en ambos se convirtieron asesinatos», retorciendo la historia con una equidistancia irreal donde el conflicto estalla porque la derecha se tiene que defender de los ataques de la izquierda.

    (Actualización del 23/9/2018). Leyendo una noticia sobre esta causa en el Heraldo de Madrid del 19 de febrero de 1934, me impresiona mucho algo que recoge el periodista y que sucedió en la sala del juicio. El presidente del tribunal le pregunta a Tello, justo antes de la deliberación, si tiene algo más que añadir. Este dice que sí, que niega que, como se ha dicho, se guarden armas en la Casa del Pueblo. Alguien en la sala alza la voz en su apoyo. Y, entonces, Tello quiere añadir algo: «Además —dice— lo que pasa es que fuera de aquí todo está hundido…». El presidente interviene enérgicamente, dice la crónica, retirando la palabra al procesado y declarando la causa vista para sentencia. Le cayeron 21 años, seis meses y 21 días por asesinato.

    Que existiera un grupo organizado de pistoleros de la UGT llamado Vindicación (nombraco, por otro lado) a cuyo «comando Madrid» pertenecieran Tello, Francisco Mellado, Ángel Tejera, Vicente Pérez, Felipe Gómez ¡y hasta Santiago Carrillo como líder del grupúsculo! solo lo cuentan las fuentes falangistas, para quienes Vindicación es un antecedente de los GAL.

    ¿Existió realmente o es un invent falangista?

  • Periodismo anticorrupción

    Periodismo anticorrupción

    El cierre del CIE de Fuerteventura, anunciado por el ministro del Interior Grande-Marlaska durante la sesión de control al Gobierno, no es solo una pequeña victoria de los defensores de los derechos humanos contra los defensores de un sistema migratorio inhumano e ineficaz, sino también de la racionalidad contra el por si acaso, del periodismo y la transparencia contra la opacidad que todavía envuelve la contratación pública.

    Que el Gobierno seguía gastando dinero en el agua, la luz, la limpieza, la comida y el mantenimiento de un CIE cerrado en 2012 no nos enteramos hasta cinco años después, a pesar de que la información era pública: solo había que leer los pliegos de licitación…

    …sigue leyendo en eldiario.es

  • Lo que me enseñó porCausa

    Lo que me enseñó porCausa

    Nunca me había interesado, como materia periodística, la migración. Si, en cambio, me venía fijando en las historias de las personas que viajan. Los viajeros me parecen maletas que, cuando aterrizan en un país nuevo, salen por la puerta de algo que declarar. Exportan e importan relatos, unas mercancías extremadamente valiosas, en especial en el país de destino.

    Colaboraba como freelance para eldiario.es en la recién creada sección de Sociedad. Un día Juanlu Sánchez me ofrece un viaje pagado por el Parlamento Europeo para asistir, en Bruselas, a un seminario para periodistas sobre las negociaciones para la reforma del Reglamento de Dublín. Dicho así, y sin tener ni idea, esto podría ser cualquier cosa.

    Tampoco era ese mi caso. No sabía mucho pero sí lo suficiente para entender que la cosa iba del derecho al asilo. Me daba un poco igual, me habría apuntado a cualquier cosa que implicara un garbeo por las instituciones europeas, era mi primera vez.

    También fue la primera vez que me enfrenté a las entrañas políticas del sistema migratorio europeo. No todo era legaleo: también había historias personales. Una portavoz de ECRE leyó una carta desgarradora que les había enviado una mujer desesperada envuelta en mil problemas burocráticos para poder recibir asilo en Europa. Volví a Madrid sabiendo que detrás de los sentimientos de esas maletas no hay azar ni casualidad sino unas ganas muy grandes de hacer las cosas muy difíciles.

    Un tiempo después Gumersindo Lafuente me hizo otra invitación: ser la editora de historias (más maletas) de pobreza y desigualdad en América. Aquí no me iban a pillar tan fácilmente, he visto mucho los Electroduendes y yo ya sabía que cuando alguien las pasa muy putas es porque alguien se da la vida padre.

    Esas historias las publicaba Univision Noticias con la coordinación y la edición de la Fundación porCausa, en la que empecé pues a trabajar en octubre de 2015. Tres meses después seguí combinando ese trabajo con más tareas en el área de periodismo de la fundación, bajo la dirección de Sindo.

    Hace poco tuve la oportunidad de pensar un rato sobre quién y dónde había aprendido yo periodismo. No fue sin duda en la facultad, donde, al sexto año, abandoné enfadada con la universidad y sin título. Fui víctima de los cambios de planes (de estudios, no personales) y de mi incapacidad para aprobar Introducción a la Economía. De aquellos años recuerdo mis poco motivadores (cuando no patéticos) profesores de redacción periodística (José Luis Martínez Albertos, José Julio Perlado…), un fascinante maestro de lengua (Joaquín Garrido Medina), el mejor profesor de Estructura de la Información que se puede tener (Fernando Quirós) y unas apasionantes clases de historia a cargo de profesoras cuyos nombres no recuerdo.

    Me viene a la cabeza alguna anécdota, quizás la más potente del rollo epatante, que fue cuando Manuel Campo Vidal nos dijo cuál era el mejor libro para hacer periodismo. Y ahí todos sacando el papel para apuntar. Y Manuel Campo Vidal soltando encima de la mesa el tochazo de la guía teléfonica.

    A mí me suspendían dentro de la facultad en las cosas que yo ya hacía fuera de ella, como escribir artículos y hacer radio. (No es que me suspendieran en radio, que a fin de cuentas era solo la mitad de una asignatura durante toda la carrera, sino que no me dieron unas prácticas que pedí después de pasar una noche de prueba en una emisora cuyo nombre tampoco recuerdo, pero que estaba (también) en la Gran Vía). De aquella me aprecía muy injusto y no entendía porqué. Ahora ya lo comprendo: en la carrera no se enseña a hacer periodismo sino que se enseña periodismo. Y el periodismo que al profesor le daba la gana. Y el problema es que yo ya estaba haciendo el periodismo que a mí me daba la gana y pretendía que eso me sirviera para aprobar.

    Qué equivocada estaba.

    En lugar de haberle dado un portazo a la universidad con frustración y rabia debería haberlo hecho contenta y liberada.

    Aprendí a editar textos en aB aunque no recuerdo que fuera una editora muy feroz. Más que nada a encajar en página y, sobre todo, cazar faltas de ortografía. Lo que sí que me sirvió fue leer mucho texto malo y mucho bueno, porque en la revista se combinaban ambas cosas con naturalidad (estaban Eugenia de la Torriente, Xavi Sancho, Lucas Arraut, Silvia Terrón, Aldo Linares -por nombrar solo los cinco primeros nombres que se me han venido a la cabeza- compartiendo página con algunos otros y otras con talento, pero no en la escritura). De la directora aprendí mucho (o al menos todo lo que pude absorber): no tener miedo a experimentar, el ojo para la edición gráfica, acomodar a la gente en su sitio, detectar los talentos de cada uno, mirar a la calle.

    Siempre me sentí muy sola con mis textos. Casi nunca me han editado. A veces me han editado mal. Yo he aprendido a editar a otros de manera autodidacta, pensando en lo que hubiera querido para mí. He compartido redacción (oficina) con muy buenos escritores y escritoras pero también he visto que escribir bien no es garantía de editar bien. Es más, he visto algún buen editor con poco talento para la escritura original. O peor: editores incapaces de autoeditarse, aunque esto es bastante común.

    Algo que no aprendí nunca es a escribir o editar rápido. Cuando veo a la gente de los periódicos, lo flipo. A pesar de eso, mi mejor auto-escuela fue el periódico diario que hacíamos en el Festival de Benicàssim. Trabajaba con jornadas que se acercaban a las 20 horas y cada año había una noche en la que no dormía: me había comido las horas de sueño editando las últimas páginas y preparando las primeras del día siguiente. (O montándome en la furgoneta del repartido para asegurarme de que se hacía bien el reparto).

    Cuando empezaron a llegarme los reportajes para Desigualdad de Univision Noticias yo ya me había hecho mi automaster de autoedición y tenía claro qué quería de un texto y cómo conseguirlo. A pesar de eso, no era sencillo tener que explicarlo a gente que te manda los textos desde Latinoamérica, con españoles diferentes, realidades diferentes y husos horarios diferentes. Cada día yo enseñaba a la par que aprendía, lo cual es la situación perfecta en cualquier trabajo.

    También he tenido la oportunidad de editar algunos textos en porCausa, en este caso seguí dando vueltas en esa rueda del aprendizaje: yo recibía conocimientos nuevos y devolvía mi destreza en las viejas herramientas periodísticas. Al respecto de esos conocimientos, de quien más he intentado aprender es de mi compañera Virginia Rodríguez, cuya exactitud, memoria e inteligencia he admirado mucho en este tiempo. Tengo un cerebro muy poco dotado para la retentiva, así que cuando tengo la oportunidad de trabajar junto a una licenciada en derecho y políticas que recuerda todo lo que ha estudiado, así como todos los informes que lee, no puedo más que arrimar mi ascua a ver si se me pega algo, o al menos algo se me queda.

    Se lo decía esta semana a un amigo y se reía (¿quizá pensó que no lo decía en serio?), siento que cerebro se ha gastado y ya no retiene más. Como una batería de móvil que ya no pilla carga, como un rollo limpiador de pelos sobre la ropa que ha perdido el pegamento.

    También se lo decía, el mismo día, a una chica 20 años menor que yo: también tengo la sensación de que todo se ha vuelto más rígido y seco, como si la vida fuera menos real y se pareciera más a una película que es proyectada delante de mí. Esto es hacerse vieja.

    «Escritura es identidad. Identidad es sociedad», escribía mi profesor Garrido(1). «Con la escritura nos constituimos como miembros con identidad en la sociedad a la que pertenecemos. La complejidad de la sociedad es posible porque podemos resumir esas señas de identidad en un documento, porque podemos recordar a los demás qué somos, qué hacemos, qué hemos hecho, en varios géneros textuales, dese el diploma hasta el currículo».

    (1) Garrido, J: «Idioma e información. La lengua española de la comunicación». Editorial Síntesis, 1994.

  • Introduce el título aquí

    Pienso mucho sobre este diario seco. Una de las cosas que pienso es que me da vergüenza escribirlo. (Alucinante: hace 15 años era tan público). No es solo que ya no me interese la publicidad, es que me avergüenza.

    A veces abro wp-admin y lo cierro rápidamente antes de que alguien lo vea, antes de que yo misma me descubra volviendo a un viejo hábito. En otros tiempos, en cambio, esta pantalla de wordpress era el sustituto más natural del diario, la contraseña hacía de candado y ese lugar entre el alivio y el picor se parecía mucho.

    En el anonimato hay ahora más espacio para mí. También en sitios donde el público no es llamado.

  • La era de Acuario

    La era de Acuario

    Cuando el Open Arms fue paralizado por la Fiscalía, el Aquarius se quedó solo. Por unas semanas, fue el único barco fletado por una oenegé, con el objeto de hacer búsqueda y rescate, que vigilaba el oleaje del Mediterráneo entre las aguas de Libia e Italia. Al poco, los buques germanos Sea-Eye y Seefuchs volvieron a navegar las aguas entre Malta y Libia.

    Si la noticia fuera que ya no hay personas migrantes que se echan a la mar en unas barcas de juguete, en ese caso la soledad del Aquarius sería agradable, se parecería a ese momento del final de la tarde en el que hay una última persona que se queda en la oficina apagando las luces antes de irse a casa.

    sigue leyendo en El País.

  • Andar sin permiso

    Andar sin permiso

    Una de las estrategias que hemos aprendido de las revoluciones sociales más recientes es la paciencia, encapsulada felizmente dentro del lema «vamos despacio porque vamos lejos». Las mujeres y hombres que estos días caminan desde León a Madrid nos recuerdan, una vez más, la potencia del paso que no se detiene, del que se da con ánimo constante y con las fuerzas que se tengan, sin necesidad de hacer alardes olímpicos…

    sigue leyendo en El País.

  • La muerte de un diario achica el mundo

    La muerte de un diario achica el mundo

    Cuando estaba estudiando periodismo en la facultad, el 4 de octubre de 1993, unos periodistas del diario Ya vinieron a nuestra clase. Nos hablaron de la historia del periódico durante los anteriores 58 años y de lo que era el tema en aquel momento: el periódico estaba en suspensión de pagos. Vinieron a la clase de Redacción Periodística I (que nos daba José Luis Martínez Albertos) a tirar flotadores mientras se hundía el Titanic, o al menos así lo recuerdo.

    Allí estaban, en la tarima del profesor, el director Rogelio Rodríguez (quien años después sería director de Colpisa y dircom del Ministerio de Justicia), el exdirector Alejandro Fernández Pombo (que murió en 2013 a los 83 años tras haber dirigido también la Asociación de la Prensa de Madrid) y dos miembros del Comité de Empresa: el presidente, Miguel Revuelta, y el secretario, Fernando Ruiz. Sé tantos detalles porque hasta hoy he conservado mis notas de aquel día así como algunos recortes.

    Fernández Pombo hizo de abuelo cebolleta, ya en aquel momento, recordando que el Ya había surgido del diario católico El Debate, el cual había sido dirigido por el periodista-cardenal Herrera Oria. El Debate era «demasiado político» —nos dijeron— y de ahí surge Ya como «un periódico para todo el mundo», con especial atención a los deportes y al cine. Una disposición del Gobierno impide que se puedan hacer los dos periódicos a la vez, así que la Editorial Católica, propietaria de ambos, decide cerrar El Debate y quedarse con el periódico de la tarde —salía a las ocho—, que pronto pasaría a salir por la mañana.

    Nos habló también Fernández Pombo de cómo el Ya era un periódico, que dentro de su posición conservadora y católica, hacían cosas arriesgadas, como mandar a corresponsales durante la Segunda Guerra Mundial para cubrir la versión de los aliados, tomar partido por el Concilio Vaticano II o ser el primer periódico que dejó de llamar «Caudillo» a Franco.

    En aquel momento el Comité de Empresa estaba en pie de guerra para impedir la desaparición de este diario fundado en 1935. Y eso significaba no solo ir a la facultad a dar charlas sino, lo que me parecía subversivo, entonces y ahora, ser capaces de colar mensajes en las propias hojas del diario. «es la primera vez que un medio de comunicación pretende destruir a otro», dijo Miguel Revuelta, según recogió la noticia de aquella visita el 5 de noviembre de 1993 en el propio diario Ya. Las dagas iban contra Antonio Asensio.

    Javier de Godó, presidente de Antena 3, había comprado el periódico dos años atrás, pero en 1992 Antonio Asensio (Grupo Zeta) se convirtió en presidente del canal y le metió una reforma radical con el objeto de modernizarla, quitarle caspa (aunque él le pondría otro tipo de caspa) y rentabilizarla. Antena 3 quería un grupo multimedia y por eso había comprado, barato, el Ya. Pero Aensio lo vendió aún más barato: por una peseta a los mexicanos. Nuestros visitantes estaban muy dolidos por ello. Fue Editoriales del Sur, el grupo de méxico, el que decidió la suspensión de pagos.

    Aunque no cobraban, os trabjadores del diario seguían yendo a trabajar y sacaban el periódico cada día porque, como nos decían «lo consideraban viable». El escenario que nos describieron era de «toma del periódico». La empresa lo estaba dejando morir con la idea de desmantelarlo, de manera que la dirección y los trabajadores se ocupan de él, y por eso aparecían esas columnas en la contraportada que eran pura lucha sindical. Dijeron que querían ponerle una «querella criminal» a Asensio y que con el dinero de las ventas y la publicidad podían pagar el papel y la luz para seguir adelante. Se despidieron pidiéndonos que nos afiliaramos a un sindicato y que compráramos el Ya todos los días.

    He olvidado casi todo lo que me enseñaron en la carrera (exagero, pero) pero se me quedó enganchado a la memoria algo que quedó en el aire cuando los compañeros del Ya se fueron: que la cosa estaba chunga y que lo estaría aún más para nosotros, pero que el periodismo era también, o era sobre todo, pelearse contra los propietarios y resistir cada día haciendo tu trabajo lo mejor que sepas. Las sillas no son para siempre. Ni los periódicos. Posteriormente me llegó una clase práctica de esto mismo. En la hoja me apunté un entrecomillado más: «un contrato no debe ser la mordaza de un comunicador».

  • Querido diario

    Querido diario

    Se acaba 2017 y un año más me doy cuenta que conservo este espacio por nostalgia, al igual que otras posesiones que ya no necesito, pero de las que no me puedo deshacer.

    Este año he escrito catorce entradas, y muchas de ellas no eran originales. Así que, ¿por qué te mantengo? ¿Por qué pago un dominio? ¿Por qué no te borro, The Last Dance, y te mando al olvido de todo lo que un día fue en Internet y hoy ya no existe -e incluso ya nunca existió- porque no está y porque no se encuentra?

    Por si acaso.

    Por si acaso un día como hoy necesito hablar y no hay interlocutor.

    Pero, he de admitir, ahora ya me da vergüenza escribir en un blog. Escribir personal, quiero decir. No es como antes.

    No solo he cambiado yo. También ha cambiado Internet y habéis cambiado vosotros.

    De entre todas mis nostalgias (son demasiadas), se enciende últimamente con frecuencia mi nostalgia del Internet de hace quince y también viente años. Cuando la Red era horizontal y si publicabas en ella, llegabas muy lejos. No deja de asombrarme la paradoja del crecimiento de la Red: cuánto más grande es, menor es el alcance para la mayoría y mayor (por supuesto) para una élite. En el día en el que esta paradoja se hizo cierta, Internet empezó a morir. Es decir, aquella Internet, la que era salvaje, de todos, pequeña, anárquica, simple, del IRC, de los boletines de noticias, de los foros, de los correos electrónicos, de geocities. Antes del spam, antes de Facebook, antes del imperio de Google, antes de Twitter.

    A Twitter se le puede aplicar la misma paradoja que a Internet: ahora que tengo más de 10.000 followers, tengo menos alcance que nunca. Cuando tenía 2.000 y publicaba un enlace a un artículo mío, aquello era un cohete. Cuántas veces he deseado borrar mi cuenta en estos diez años (se cumplen en febrero) y no lo he hecho porque hay un respaldo profesional ahí. Antes decíamos que para un periodista sus followers son su fuerza. Puede ser que sea así, pero solo para una élite: de 100.000 para arriba.

    PD

    Así era mi vida hace 15 años.

  • Hombres griegos les pagan por sexo

    Hombres griegos les pagan por sexo

    No sé si os acordáis pero hace años yo era una colaboradora de eldiario.es. Eran aquellos tiempos de la agonía, la precariedad, el periodismo freelance, la pelea, la visibilidad… la depresión.

    Desde mi trabajo en la Fundación porCausa como directora de periodismo (un título que no define exactamente lo que hago, pero bueno) a veces tengo la oportunidad de escribir en otros medios, como lo del otro día en Público. Y, a veces, vuelvo a casa.

    Esto que os traigo es un artículo que acompaña un video realizado en Atenas por un colaborador de la Fundación. Él entrevistó a un menor sirio que decide contar en una entrevista en video cómo es su vida como refugiado en Grecia: se acuesta con hombres que le pagan (o sea: es explotado sexualmente), compra drogas, consume drogas, vive en campos de refugiados, vive en la la calle, vive en una okupa vive donde le hacen un hueco.

    Hay quien ha dudado de la veracidad del relato de este niño. En cambio, que las plazas céntricas de Atenas hay menores sirios y afganos que hacen lo que este niño dice que hace, no se le escapa a nadie que pase por allí. Podrá haber quien no le guste que hablemos de ello. A mí tampoco me gusta tener que hablar de ello. Ojalá pudiera escribir artículos sobre lo maravillosamente bien que estamos gestionando el asilo en Europa.

    Haz clic y lee: Menores refugiados explotados sexualmente en Grecia: «No tenía otra opción»

  • Miedo al extraño

    Miedo al extraño

    He escrito esta tribuna de opinión en Vozpópuli sobre la ultraderecha en Alemania: El miedo al otro.

    “No somos de derechas ni de izquierdas, somos de lo nuestro” es el mensaje machacón de un discurso que no quiere situarse en la ultraderecha, su lugar natural, sino que busca apoyo en una base social que se define en otro eje: el del miedo.

    Y está convenciendo. Este discurso apela a la identidad: “somos europeos”; al proteccionismo: “estamos contra la globalización”; a la clase: “las élites nos oprimen”. Hasta aquí, son mensajes que hemos escuchado en la izquierda anticapitalista, por ejemplo. Está claro que tienen una lucha pero ¿cómo definen al enemigo? Es ahí donde interviene el miedo al otro: “somos europeos contra nuestro enemigo musulmán”, “aislamos nuestra cultura frente a la invasión extranjera”, “protegemos nuestra riqueza de las manos del inmigrante”.

    De esta manera, de tuit en tuit, en cada barra de bar, entre clase y clase, este relato avanza, con su brutalidad y su espesura, con sus banderas amarillas y sus líderes amables.

    Las encuestas de cara a las elecciones alemanas del 24 de septiembre prevén que el partido Alternativa para Alemania (AfD) doblará su apoyo respecto a 2013. Eso supone contar con el 10 por ciento de los votos, convertirse, quizá, en tercera fuerza más votada y, lo que es maś relevante, entrar por primera vez con asientos en el Bundestag, donde se exige un mínimo del 5 por ciento.

    La socialdemocracia de Martin Schulz no motiva a los alemanes. Merkel sigue contando con respaldo y no se cuestiona su liderazgo. La izquierda crece muy lentamente. Con este panorama, AfD es la opción del voto descontento contra lo establecido, decepcionado, abstencionista, de primeros votantes y transversal: no habría pasado del 5 al 10 por ciento previsto si solo les votaran los neonazis y ultraderechistas germanos.

    Si hay hay un tema capital y sin fisuras en el discurso de AfD es su postura sobre la inmigración: un no rotundo. Alemania es el país europeo más expuesto a la llegada de solicitantes de asilo. En los dos últimos años han acogido a más de un millón de personas, pero el discurso antinmigración ha calado transversalmente en la sociedad y en los partidos. Desde la inicial euforia de la Wilkommenskultur (cultura de acogida) se pasó a una cierta decepción, intoxicada por las campañas xenófobas que relacionaban a refugiados con violencia sexual, un tema clave que utilizan blogs, medios y redes sociales para voltear la opinión pública.

    El uso de los bulos y las noticias falsas para generar un estado de opinión contra la inmigración en Alemania tuvo su momento más representativo en los incidentes del 1 de enero de 2016, en la celebración del fin de año en Colonia. Una campaña masiva de desinformación responsabilizó a grupos organizados de solicitantes de asilo de agresiones sexuales, masivas, a mujeres. La propia Policía y el Gobierno, que habían alimentado la sospecha, tuvieron que reconocer que tan solo tres de los agresores habían hecho esa solicitud (dos sirios y un iraquí). Además, de las 1.054 denuncias recibidas, 600 estaban vinculadas únicamente con robos y no con abusos sexuales. Pero el daño ya estaba hecho y se desató una ola xenófoba y contraria a la política de la canciller Merkel.

    AfD, por supuesto, se alimenta de todo esto y lo fomenta, encabezando una fuerte campaña que identifica Islam con terrorismo, y apela, evidentemente, al miedo.