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  • Die Bunker

    Al fin, un club que pinta bien en Madrid. Ingeniado por los chicos de Atmósfera Abrupta, Roberto Groof y más gente que no conozco, se inaugura el 18 de septiembre:
    Die Bunker, nuevo club

  • Comando Suzie en 2025

    ¡El vídeo! ¡Completo! ¡Cuatro minutos de aventuras sentimentales!


    Comando Suzie: «2025»

    Milord^Milady | Vídeo MySpace

    Estrenamos hoy en MySpace. Pronto, lo podrás ver en todas partes. Incluso en la tele.

  • Octave Mirbeau en Holanda

    En este verano tan mirbeauista, no podía pasar por alto la fascinación que Octave sintió por Holando, ya que hace unas semanas he visitado por primera vez los Países Bajos.

    Mirbeau escribió un libro muy moderno titulado 628-E8, que era la matrícula de su muy querido automóvil, con el que se fue de viaje por Europa. El escritor adoraba su coche, futurista símbolo del progreso mecánico, que había sido creado por el piloto de carreras Fernand Charron.

    El país que más fascinó a Mirbeau en su viaje literario fue Holanda y, curiosamente, el que más detestó fue la vecina Bélgica. Escribe Lola Bermúdez en el prólogo de la edición de la Universidad de Cádiz que la gran importancia simbolista que tiene el puerto para el escritor («estar de lleno en un lugar y soñar con el infinito») provoca que considere Holanda como un gran puerto. Por eso elige este país como «su patria de elección».

    Así escribe Mirbeau:

    «La Holanda de agua y cielo, la Holanda infinitamente verde, infinitamente gris perla, en la que nunca más osará aventurarse el menor recuerdo de Bélgica. Las carreteras se vuelven suaves, elásticas, sin polvo, con su pavimento de ladrillos limpios y uniformes en medio de la llanura. Carreteras bordeadas de espléndidos y gigantescos árboles […] El agua siempre presente… brotando bajo las capas verdes de hierba como alumbra el rubor del brasero, bajo el manto de cenizas que lo recubre…».

    Le gustan los Países Bajos por ser un país portuario, trabajador, emprendedor, no católico y pacifista. «Estoy feliz por vivir sin prisas febriles, sin deseos bruscos ni repentinos. Con absoluta tranquilidad, gozo de la melancolía que me rodea y me penetra».

    Para Mirbeau y para mí, Holanda puede ser un lugar maravilloso de vacaciones pero, ¿dónde está nervio?, ¿y el conflicto?, ¿y esa oscuridad lasciva que tanto conmueve al escritor francés?

    Sí, Mirbeau estaba cautivado por Vincent Van Gogh -ya dije que En el cielo es una obra maravillosa de homenaje a la locura del pintor- y no puede evitar disolver el arte que adora (Van Eyck, Jordaens, Rubens, Teniers, Van Dyck, Van Gogh) y que busca durante su viaje en los museos con el país del que se enamora.

    En nuestra visita a Holanda vivimos en Venlo, una localidad de la única provincia católica de los Países Bajos: Limburgo. Una carretera, que recorrimos varias veces en bicicleta, se abre entre los árboles para enlazar Venlo con Alemania. Unos carteles, donde ya no existe la barrera que hubo, anuncian la entrada en Deutchland. Tengo la sensación de que Mirbeau también recorrió ese camino. Escribe Lola Bermúdez:

    La llegada a Alemania, adonde el paso de la aduana se hace sin ningún contratiempo, se presenta casi como una continuación de Holanda: una hermosa carretera escoltada por olmos, una luz sorprendente, todo suavidad por la que, Brossette el chófer, se desliza en silencio solo atento al canto de los cilindros.

    Ojalá tuviera una fotografía de ese camino para mostraros. Me gustaría poder transmitiros la alegría de ir pedaleando por esa carreterilla y cruzar una frontera que sólo existe en los mapas y entrar en Alemania, un país que me gusta y mucho, y sentir que eso es Europa, que Europa es tuya.

  • El jardín de las torturas

    «More soil More earth More leaves More gravel Rusted and speckled More heaven More hell In the torture garden».

    A pesar de que todos los libros que he leído de Octave Mirbeau me han gustado mucho, ninguno me ha dejado una impresión tan honda como El jardín de los suplicios, a pesar de las graves diferencias entre unas partes y otras del libro.

    Desde mucho antes de conocer este libro o la existencia de Mirbeau, he escuchado obsesivamente la canción The torture garden de Death in June. De repente, mientras leía la parte final de la novela, me vino a la cabeza la canción con la fuerte convicción de que tenía que estar inspirada en esta obra de Mirbeau. Estaba tan segura porque las evocaciones casaban, las imágenes de mi cabeza al escuchar, años atrás, la canción estaban vivamente descritas en este libro de un siglo anterior.

    No obstante, los fans del grupo de Douglas Pierce a los que pregunté no podían estar seguros de la relación. Y yo no invertía el tiempo necesario en refrendarlo, hasta esta noche:

    Torture Garden is the name of a decadent fin de siècle novel (1899) by the French anarchist Octave Mirbeau. The Torture Garden supposedly is exceptional for its detailed descriptions of sexual euphoria and exquisite torture, its political critique of government corruption and bureaucracy, and its revolutionary portrait of a woman – which challenges even contemporary models of feminine authority. (Deathnjune.org)

    Y:

    Del libro Explored the networked worlds of popular music, página 61, de Peter Webb.

    En el primer comentario se incide sobre ese maravilloso personaje femenino del que hablaba ayer, además del fetichismo sexual de la tortura exquisita. La letra original la escribió David Tibet. Patrick Leagas eligió algunos fragmentos de ella para cantarlos. También fue idea de Tibet usar cantos gregorianos.

    Aquí, una versión reciente de la canción por Patrick Leagas:

    La canción original:

  • Mi rollo es el rock

    Los dibujos animados de la mañana me tienen sorprendida. Hoy he visto un episodio de Duck Dodgers con Dave Mustain de Megadeth. Tremendo. Cuando era pequeña y me levantaba el sábado por la mañana veía música en La Bola de Cristal, ahora para ver música en la tele tienes que ver al pato lucas. El capítulo mola:

  • El anarquista y amoral Octave Mirbeau

    «El arte no está hecho para establecer que dos y dos son cuatro… El arte está hecho únicamente para ir en busca de la belleza oculta tras las cosas… ¡Para qué escribir lo que todo el mundo sabe…! ¡El último ujier y el último cómico siempre serán, desde ese punto de vista, mucho mejores que tú…! ¡Diablos! ¡Tienes que ser oscuro! La oscuridad es la joya suprema del arte.. ¡Ahí radica su dignidad…! ¡Sólo los patanes y los profesores escriben con claridad! Y es que ellos jamás sintieron que todo es misterio, y que el misterio no se expresa como un calambur o como un contrato de matrimonio… ¿Es clara la naturaleza…?».

    Bajo este decimonónico prisma le hace hablar a Lucien, un trasunto de Van Gogh, el escritor Octave Mirbeau en su novelita En el cielo, que ahora estoy terminando de leer. Es la cuarta obra de Mirbeau que leo; me tiene obsesionada.

    Esta mañana estaba viendo la tele -los dibujos- mientras desayunaba. Veía Érase una vez… Los Inventores. Se trataba de un capítulo dedicado a Marie Curie (video 1, 2 y 3). El pelanas insistía a los niños, mientras les contaba la historia de la física descubridora del radio, lo relevante del hecho de tratarse de una mujer. Les dice: «el célebre escritor Octavio Mirbeau decía en aquella época que las mujeres deben dedicarse a sus quehaceres domésticos».

    Tendríais que haber visto lo sorprendida que me dejó el comentario del pelanas. ¿Célebre? Hasta hace un año yo no conocía a Mirbeau. Después reparé en que Érase una vez es una serie francesa y que allí, claro que sí, sí debía ser célebre este autor nacido en Normandía en 1948. Lo siguiente que pensé fue ¿Mirbeau opina eso de las mujeres? Bueno, puede ser, a fin de cuentas nos movemos en el Fin de Siglo XIX, no sería de extrañar. A Mirbeau no le gustaban los prerrafaelitas, y eso es algo mucho más preocupante. No obstante, he leído cuatro obras suyas y no he encontrado una opinión semejante.

    Las mujeres de sus libros, al menos aquellas que he conocido, no se quedan en casa dedicándose a sus labores. Una encuentra un supremo goce en la tortura, la otra en el asesinato. Son mujeres que, como él, son anarquistas y amorales.

    (No obstante, la pregunta está en el aire. Existe un ensayo de Pierre Michel -presidente de la Société Octave Mirbeau, probablemente la persona que más sabe sobre el autor- titulado Octave Mirbeau: ¿ginecófobo o feminista?, en el libro de Bard Un siglo de antifeminismo).

    Yo creo que este es un buen momento para recuperar a Mirbeau. La coincidencia de tres ediciones de sus obras lo propicia. Nosotras le dedicaremos un programa cuando arranque la nueva temporada de ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor? para aportar argumentos a su reinserción en el discurso literario actual.

    Mirbeau era un dreyfusista en tiempos en los que había que tomar partido y acarrearlo de los cafetines y los periódicos a las obras literarias. No es que Mirbeau escribiera otro Yo acuso: los personajes de sus novelas son dreyfusistas unos y antidreyfusistas otros (o pro israelíes unos y antisemitas otros). Aunque sobre todo predominan los personajes conservadores, al contrario que Mirbeau, probablemente algo exagerados, tal y como un escritor desde la izquierda retrataría hoy a un neoultraliberal: dejando que se ponga en evidencia.

    A pesar de ello, lo que más me gusta de Mirbeau no es su compromiso con la sociedad y sus problemas derivados de los conflictos entre clases y el reparto de la riqueza. Lo que me apasiona del escritor y periodista es su amoralidad y su incorrección. Las crudas defensas del asesinato (en el prefacio de El jardín de los suplicios o en Diario de una camarera) se sitúan más allá de la ley. La exploración del placer le lleva a territorios escabrosos en los que es necesario adentrarse sin prejuicios, amoralmente, para comprender la esencia sórdida y deliciosa del alma humana.

    También aprecio su decadentismo, que en más de una ocasión le empareja a Huysmans, su placer por lo exótico, por el simbolismo, por el éxtasis del arte. Sucediéndose esas sublimaciones siempre dentro de la crítica social, incluso cuando sus personajes buscan con obstinación el exilio.

    Mirbeau es un escándalo. Me lo parece ahora, ¡cómo no debía de serlo hace 110 años!

  • Cuando necesitas tiempo para tener tiempo

    En Valdemorillo te lo dan. Este pueblo siempre me ha regalado tiempo.

    Esta foto cuenta qué hacía con mi tiempo hace cinco años, el 26 de marzo de 2005:

    La mesa de mi fin de semana

    Y esta es la foto de la misma circunstancia y en el mismo sitio, el 11 de agosto de 2010:

    La mesa de mi semana (cinco años después)

  • Interior. Holanda.

    Holanda es un país muy curioso. Echan trocitos de chocolate sobre la mantequilla, tienen coches pequeños (pocos) y últimos modelos de bicicletas (muchas), adoran la jardinería, son tranquilos, ordenados y sin grandes aspiraciones. Pareciera que hubieran abandonado las inquietudes artísticas a cambio del arte de la decoración de interiores, un terreno en el que sólo compiten contra las damas más cursis de Inglaterra.

    Interiores holandeses

    Es un país llano cuya montaña más alta, su única montaña, mide 300 metros. Los holandeses están orgullosos de ser tan llanos y de tener una excepción con la que hacer chistes.

    Con lo que allí no se bromea es con los alemanes, a no ser que sea para ponerles a caldo. No les gustan. Odiar a Alemania es un deporte nacional holandés que supera con creces el anti-gabachismo hispánico. Los alemanes entran a Holanda a comprar maría, pues el consumo está liberalizado. Los holandeses les devuelven la jugada entrando a Alemania a comprar DVDs, pues el IVA es menor allí.

    A los holandeses les encanta el fútbol pero no saben perder. Unos días después de erigirse subcampeones del mundo, los holandeses habían retirado sus banderas naranjas de balcones y ventanas. En toda la ciudad de Venlo sólo vi una. También vi cómo los holandeses y los alemanes ponían caras raras a un español con camiseta futbolera neerlandesa. «Pringao», debían estar pensando.

    En España nos acordaremos de Maastricht siempre por el tratado. Yo pensé que ir a Maastricht es ir al centro del europeísmo. Pues no. Maastricht es el centro de las boutiques de moda. Y tiene una puerta en una muralla que se llama Puerta del Infierno. Ls habitantes de Manzanares el Real están muy orgullosos de que la Comunidad de Madrid se constituyera en su castillo. Pero en Maastricht no hay ningún recuerdo aparente de la creación de la Unión Europea.

  • Alone again or… abducted

    No había visto este corto genial de Luiso Berdejo, titulado For(r)est in the Des(s)ert. Berdejo nació en Donosti en 1975. Ese año que he buscado tantas veces en las biografías porque yo también nací en él. Luiso, o Luis o Luis Alejandro, es guionista de las dos [REC] y también de la tercera, después de hacer cortos brillantes, realizó su primer largo –The New Daughter– en Estados Unidos con la niña de El Laberinto del Fauno y Kevin Costner, quién sabrá porqué. Kevin Costner. Se estrena el 15 de octubre.

    Esta foto es de hace unos días. La ha publicado Paco Plaza, co-director de [REC] en su blog, y en él vemos a Luiso con una copa de vino repasando la estructura de [REC] Genesis sobre un mantel de papel:

  • Tres cosas que he aprendido de los festivales alemanes

    Hace algo menos de un mes escribía sobre la nostalgia por el FIB que creamos que ya no existe, o que existe menos. Ayer Maraworld y Heineken comunicaron la no renovación del patrocinio. Sinceramente, yo no sé cómo Vince Power va a poder seguir haciendo el FIB de los últimos años sin los millones de Heineken. Quizás incluso le vengan bien las 73.000 personas menos de este año respecto al año anterior para intentar hacer un festival más barato, más pequeño. Siempre se puede volver al Velódromo, digo yo.

    Este fin de semana he estado en Coruña, como ya os he contado, cubriendo para Público Africa Express, un invento de Damon Albarn que se encajó dentro de a Festa Dos Mundos, en Oleiros. Esta actividad formaba parte de Xacobeo 10, por lo que tuve ocasión de reencontrarme con Nacho Santos, gerente de Xacobeo y antiguo compañero en la oficina del FIB. Allí, en la playa de Santa Cristina, hablamos con nostalgia de ese FIB que ya no existe.

    Yo este año he cambiado un festival en Benicàssim por dos en Alemania. Lo he pasado en grande. Ya mencioné que había estado en Leipzig para el festival gótico más importante que existe, el Wave-Gotik-Treffen. La alusión quedó ilustrada con una foto en el museo de la Stasi. Pero no hablé nada del festival y me limité a apuntaros los enlaces a las crónicas de Alberto para La Defunción. Ahora, con el tiempo como distancia y la experiencia de un segundo festival alemán, aprecio mucho más todo lo que viví allí.

    Las apariencias importan. Si hay un sitio para el que te puedes vestir sin llegar a exagerar jamás, ese es el Treffen. Da igual lo que te pongas (como si no te pones nada, una opción por la que algunos también apostaron) que es imposible estar fuera de lugar. En Madrid, no aprendes a vestirte con imaginación porque no hay motivos para hacerlo. Y cada vez los hay menos. Todo es aburrido. La gente se afea. Se acabó la diversión y la fantasía. Pero en el Treffen ves de todo. Ves góticos de manual, ves after-punks con crestas y mugre, ves impresionantes vestidos victorianos que te quitan el aliento, ves steampunks, ves uniformes militares, ves chicas sencillas vestidas de negro, y a todos los ellos los encuentras juntos en una pradera haciendo un picnic.

    Picnic Victoriano

    La música necesita un entorno apropiado. Ya basta de salas donde lo mismo da que suene salsa, pop español o flamenco. La música que te gusta necesita un sitio que te guste. Los localizaciones del Treffen, salpicadas en toda la ciudad de Leipzig, se adecuaban a cada tipo de música. Los conciertos de darkfolk tenían lugar en una preciosa y lujosa sala circular, con un exótico pasillo dibujando el perímetro de la circunferencia. El techno-pop lo vimos en un lugar más grande, una especie de circo. El Agra era el más feo, pero era grande. Un recinto ferial era también el lugar elegido para el Amphi Festival, en Colonia. Pero éste era más bonito que el de Leipzig. Al ser al aire libre, instalan unas sombrillas enormes frente al escenario, las cuales nos protegieron tanto del sol como de la lluvia.

    sol invictus 3

    Grupos arriesgados y festivales sí son compatibles. Aquello de que no ya no va a un festival a descubrir música sino a emborracharse no tiene porqué ser cierto. En realidad, la complejidad del cartel depende de las ganas de ganar dinero del promotor. No es el público el que teme arriesgarse, es el programador.

    spock 2