Refugio frío de verano, lugar para templar los ánimos y tomar decisiones pensadas pero arriesgadas. Recapitular un curso y atreverse a abrir los brazos a septiembre. Para esp, además de para dormir, comer y soñar me sirve esta ciudad. He abandonado Paredes de Coura por motivos que no explicaré aquí, pero he de decir que me parecía mucho menos hermoso de lo que era. En un comentario de la entrada anterior me hablaban del río. La playa fluvial junto a la que se desarrolla el festival parece un lugar acogedor, sobre todo la ribera, en cuya ladera viví uno de los mejores momentos de mi estancia allí. Sola, rodeada de muchísima gente –“alone when you’re not alone”- tumbada en la ladera en cuesta sobre mi toalla de infancia, mirando las nubes y escuchando en el iPod el disco “Cascade” de Peter Murphy, pensando en 101 cosas, siendo la 102 el concierto de Bauhaus que habrá terminado hace ahora pocos minutos, a 200 kilómetros de mí cuando en aquel momento esperaba estar a apenas 2 metros de él.
El martes por la noche –velocidad de vértigo, me parece ayer- llovían agujones y yo cantaba casi todo lo que me sé de memoria de Morrissey en silencio, moviendo los labios como en los rezos, concentrada en él, su contoneo, cómo suenan las palabras en su boca, sus golpes de látigo, sus impertinencias. Inexplicablemente abandonó “Panic” a la mitad y el grupo, a la orden de Boz Borer, puso fin a la canción en un “ta-chán” final tan propio de las orquesta de pueblo en fiestas (qué otra cosa son los grupos, sino, en festivales). Él salió corriendo y la incredulidad del público se convirtió en descrédito en menos de lo que se canta un gallo en “This Charming Man”. Los abucheos provocaron que la lluvia descampara, creo yo, y eso me dio fuerzas para ir hasta la tienda de campaña y recoger mis cosas, abandonando mi iglú podrido allí mismo. Siento haber dejado el regalito para los chicos que tengan que devolver ese terreno a su normalidad de recreo familiar pero no podía, ni quería, hacer otra cosa. Por otro lado, me imagino el terreno embarrado cuando ya todos se hayan ido mañana y mi tienda de campaña, sola, abandonada, agujereada y reina del campamento. Me gusta. Conduje luchando contra el sueño. La primera lectura de viaje que escogí fueron los “Episodios Sinfónicos” de Gustavo Cerati pero, antes de que me diera tiempo a parar para conectar el iPod a la casetera, me sobrecogió un accidente en la carretera que conecta la autopista que traspasa la frontera con Paredes de Coura. En uno de los muchos estrechamientos de esta calzada sin pintar con un carril para cada sentido se había producido un choque frontal de dos automóviles cargados de juventudes. Varias personas nos pedían reducir la velocidad unos metros antes del tremendo cuadro de morros metálicos arrugados y, aparentemente, todo el mundo ileso. Me sirvió de advertencia aunque el incidente no impidió que me pasara la salida a la autopista y recorriera cinco o seis kilómetros de una vía oscura, enmoquetada con niebla espesa agarrada al asfalto –“¡mierda! ¿Será esté botón de la luz trasera antiniebla?”- hasta encontrar un lugar en el que dar la vuelta. No vi por ningún coche por delante ni por detrás durante todo ese rato, ni por supuesto casas o luces lejanas. Revisé varias veces los pestillos, aparté (mentira, no se iban) de mi cabeza las imágenes más temibles de avistamientos, espectros y asaltadores de perdidas jovencitas conductoras y tragué saliva dos veces. Una vez enderezada y ya enfilada la vía rápida y sus periódicos peajes, tuve que lucha contra el sueño. Necesitaba cosas que pudiera cantar así que agarré a Miranda!, y luego a Depeche Mode y luego ¡bzzzz!, el sonido de las bandas rugosas del arcén llamándome tonta más que tonta. Aguanté otros 30 kilómetros hasta encontrar un área de servicio abierta (las dos primeras por las que pasé eran ciudades fantasmas, cerradas de doce a seis de la mañana) y, ya parada, saqué de la maleta almohada, sábanas y toalla, me acurruqué y adoré mi coche, mi cucaracha, sobre todas las cosas. La noche empapada estaba algo iluminada por las luces de la gasolinera y la cafetería de guardia para viajeros insomnes. Me daba tranquilidad. Miré mi móvil una vez más: no había mensajes nuevos. Cuando desperté estaba amaneciendo y decidí proseguir la marcha. Pero los párpados seguían pesándome y tuve que parar por segunda vez aunque, en esta ocasión, acomodé mi cama en el asiento trasero y el sueño fue aún mucho más bendito que en la parada anterior. Cuando me sentí descansada salí, tomé un café con caracola y, animada, conduje del tirón hasta Coruña, donde recibí asilo del juntaviñetas más ensoñador del ala noroeste. Estos días es la semana grande de la bd coruñesa, los cartunistas se agolpan a un lado y a al otro de los mostradores de los stands, hay fiestas, encuentros y reencuentros. ¡Y está Jessica Alba! (lapsus!). Que es justo como la imaginaba tras haber leído, hace ya tiempo, “Mirror Window”. Hoy me estoy leyendo “La Perdida” así que mañana lo llevaré en el bolso para ir a su caza y captura de una primera página dibujada y firmada. Juanjo está haciendo un fanzine diario llamado Puñetas desde el Atlántico. Sí, está loco. Gracias por los comentarios al último post. Y mañana hay fiesta Polaqia en Alfaiate. Ya no llueve pero rezo igual.
Autor: elenac
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Desde Coruña, un agosto más
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Desde Paredes de Coura
Ya tengo frío. No entiendo este clima. Hace muchísimo frío por la noche y demasiado calor por el día. Aún no ha anochecido y ya estoy congelada, agarrándome a mi única chaqueta en esta pequenia carpa Internet sorprendentemente vacía. Están tocando Gómez, que no me interesan y no sé si es por eso o porque sencillamente quién desea conectarse a Internet en medio de este hermoso enclave montanioso cuando puede estar viendo conciertos, bebiendo la cerveza verde o haciendo amigos? Yo, por supuesto, sí. Esto es como leer en la playa, disfrutas de lo mejor de dos mundos: el sea, sex and sun y el mundo paralelo de las páginas que narran. Pues aquí es lo mismo, estoy escribiendo mientras miro a Gómez de reojo y, más allá, un tupido bosque que se alza, con ímpetu. Es cierto lo que decían del sitio, es precioso, a pesar de que yo lo había imaginado más. Miro hacia arriba, por detrás del escenario y veo una casa moderna solitaria, en medio de los árboles. Me quedo embobada mirándola. Qué sentirá el que viva allí. He querido postear en flickr desd el móvil pero no funciona y no sé porqué. Así que no puedo mostrar qué es exactamente a lo que me refiero cuando hablo de «enclave», tendrías que verlo.
Gómez dice que va a hacer una última canción y darnos «some fucking action»… si fuera verdad… El caso es que, a pesar del rollo enclave, no estoy a gusto aquí. Cuando llegamos con el coche tuvimos que enfrentarnos por primera vez al caos desinformativo de voluntarios y seguridad, a la mala senialización (ni siquiera está advertido, desde la carretera, cuál es la entrada al recinto y te ves presa, en varias ocasiones, de los sagaces vecinos montando negocio con zonas de acampada y parking privadas; no sabes qué es oficial y qué no) y a la sensación de que eres la única persona en tu mismo caso, por que si no comprendas que te tengan que dar soluciones individuales para problemas comunes (dónde recogo la acreditación?). Cuando al fin recibí la pulsera como coronación al proceso de acreditación, encontré un lugar donde dejar la cucaracha y Javi Weas y yo cargamos, no sin dificultad, los bultos -muchos y pesados- a la zona de acampada, llegó el momento de encontrar sitio -no fue muy difícil, lo mejor ya estaba cogido- y montar la tienda a oscuras… Vale, había farola, hecho que ayudó a percartarme, casi al instante, del lamentable estado de la tienda de campania. La humedad con la que seguramente fue guardada después del Doctor Music del ??98?? provocó agujeros, manchas negras y… bueno, está en un estado lamentable, no se puede usar. Aún así me empenié en montarla, en medio de un ataque de risa que luego se convirtió en un ataque de pena porque, tsk, yo quería mi tienda. La dejaré aquí, no volverá a Madrid.
Espero que Morrissey pueda con todo. Con la anioranza, la incomodidad, el frío y la sensación de desapego.
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TQ4
Esta es la primera vez que vengo a la T4 y me entusiasma, escribir en esta máquina de teclado torpe e insensible, levantar la vista para relajar los ojos de la pantalla y ver la cubierta ondulante y los aviones desplazándose por la pista con suavidad, me hace sentir como un personaje cool de un relato de Ray Bradbury. Un relato corto, como la conexión pagada con tarjeta de crédito y como este viaje de 24 horas a Málaga. Tsk,… ya me duele la muñeca derecha de teclear aquí. Veo un reloj digital que me tranquiliza:marca y 38; mi hora de embarque es a y 55. Aún puedo pasar con vosotros otro rato. Mirad que he hecho actos arrebatados (y también arrebatadores) últimamente, como ir y volver a Torrevieja para ver a Depeche pero ir y volver a Málaga para ver a Enrique Iglesias… es calidad. Mañana escribiré una crónica, no sé qué podré decir y qué no en ella pero, como siempre, el mayor grado de información lo daré en el salto de linea.
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Al fin, la entrevista a Babasónicos
Aprovechando que Babasónicos regresa a España para una segunda vuelta y tourné por provincias, he publicado la entrevista que se me quedó colgada cuando tocaron en Madrid.

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Aquí había código de un par de vídeos de Yahoo Videos pero no sé porqué motivo no funcionan en WordPress. Quería probarlo.
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Es increíble la cantidad de cosas que cuenta esta imagen sin una sola palabra. -
A trip around the world and back
No, no me he recuperado aún y, de hecho, parece que me empeño en alargar esta agonía de cansancio… quizás el fin de semana habrá tiempo de recuperarse. Estos dían son de recapitulación de lo vivido y reenfoque del futuro próximo en otros objetivos, igual de ilusionantes, ahora que una nueva edición del FIB ya es algo viejo. La muerte del decimosegundo FIB pesa menos desde fuera que desde dentro de la maquinaria, donde el degaste es mayor. Me ha gustado poder escribir allí, recuperar el trabajo amanuense y entrar en faena, hacer muchas entrevistas, cubrir conciertos, pedir setlist, hundir la cabeza en el iBook para escribir una crónica… de hecho, ojalá lo hubiera disfrutado más… pero estaba demasiado tensa. Entendía mejor a los reporteros del Fiber que repetían año a año a pesar de mis neuras y presiones. Claro que echaba de menos el periódico, cómo no, pero llegó un momento del festival en el que me enfadé conmigo misma plantándome cara de la manera más insolente que fui capaz: me abofeteé la cara en el baño y dije «¡basta ya!, vete ahí fuera a disfrutar y a aprender».
Cuántas veces lo he dicho aquí… adoro la televisión. Mi penúltimo impulso romántico me llevó a estudiar periodismo porque quería ser como Rosalind Russell en Luna Nueva pero antes que el delicioso olor de la tinta estaba mi pequeño televisor blanco y negro marca Sears que con tres años ya sabía sintonizar el UHF y el VHF. De los 3 a los 30 hemos pasado del televisor comprado en el Sears de la calle Serrano a trabajar en una televisión a pocos metros en esa misma calle. Pero no sé apenas nada de este medio, todo lo he aprendido por admiración, y es bastante poco. Tendriais que ver que feliz estoy desde que ayer me instalaron Imagenio (dejo para otro momento la narración de las complicaciones, reclamaciones y el boquete que me han hecho en la pared) y puedo volver a ver todos los canales perdidos. Van dos tardes que no salgo de MTV2, que es una maravilla. Ojalá algún día se haga algo así en España y yo pueda trabajar ahí. En Benicàssim había un equipo de MTV2 UK que guardaban sus cosas en nuestro set de MTV España y… bueno… era como esar a dieta y pararte delante del escaparate de una confitería. Pero también me parecía genial lo que hacían Mariano y Kike con yo Soy Fiber, el reality que han estado grabando durante el FIB con dos concursantes que seleccionamos através la web. Como ese slogan de MTV2, que me encanta: Like music tv but much better. Tengo la sensación de que hoy no voy a hablar de los conciertos, que daré vueltas y vueltas al backstage y no me asomaré al escenario. Este fin de semana tuve encuentros fascinantes e inesperados. Como el abordaje enfrente de la pantalla de leds que me hizo Jose y su novia Ana, lector de mi weblog a quien no conocía y me hizo un regalo impresionante: un trozo de la camisa azul de Morrissey; una reliquia sagrada llegada a mis manos de una manera especial. Es realmente genial: muchas gracias Jose, no sólo por ese pedazo de tela tan simbólico sino por todo, por tener el hilo y cruzar el puente. El otro gran encontronazo sucedió con Damián, once años después, detrás del Escenario Verde. Tenía que ser así, tan cerca de Morrissey. Los malditos círculos se cierran, se cierran, se cierran. Como para no creer en la magia.
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-Sea, sex & pain- y -Retrato de un ganglord-
Enlaces directos a las crónicas (fuera del especial) de Depeche Mode y Morrissey en el FIB 2006.
