Hay veces que, en la oficina, nos purgamos. Y es un hábito salvaje (salvaje en la relativa medida en la que el desmadre puede tener cabida en un entorno no demasiado moderno, tampoco exageremos), y es delicioso y es liberador. Hemos conquistado unos altavoces y en las horas en las que nuestros compañeros del departamento financiero cogen sus bolsos y los tuppers usados ese día (ya fregados) para disfrutar de calidad de vida durante unas horas, nosotros hacemos horas extras para disfrutar de calidad de música, aunque sea frente a la misma pantalla y sobre la misma silla que deforma nuestras nalgas el resto de la jornada. Porque las siete horas y media de fuerza de trabajo no son suficientes o porque queremos dar en nuestra web lo que exigiríamos a otros, la jornada se alarga y, en cierta manera, se pervierte y autentifica con las cancionescomo banda sonora. Muteamos el televisor, enchufamos el cable del PC a los monitores hurtados y nos dejamos mecer por YouTube. Una canción, un grupo, una sugerencia, un enlace que te han pasado y de acá para allá. La empleada de la limpieza vacía papeleras mientras nos ignora. La directora financiera nos mira de reojo con una media sonrisa de aprobación y así tiramos adelante. Después, cuando se han ido incluso mis compañeros de mesa, cojo el cable y se lo enchufo rápido a mi PC. Al fin, ya no es necesario encontrar esos grupos de consenso (que, por cierto, cuando aparecen son comuniones sexys, con chispa) sino que puedo navegar por lo más raro, por aquello que no comparto con nadie no por avaricia sino porque… estoy sola en eso. Esta tarde hemos tenido una franja de hitazos clásicos (-Cannonball- sonó) y quise ponerles algo que para mí es hitazo de ahora mismo. Ellos, con gesto impasible, dijeron -rubbish-, ante mi asombro. «¡Son unos A-ha de ahora!», digo. «¿Quién necesita unos A-ha ahora?», dicen. «¡Yo1 ¡Los necesito!», culmino. Cuando lo pienso friamente no deja de inquietarme el hecho de que me subleve tanto esto (Current 93): como esto (los A-ha, Lo-fi-fnk):
Autor: elenac
-
La noche en negro
Ayer el ayuntamiento promovía La Noche en Blanco y no le presté ninguna atención porque este tipo de acontecimientos me dan grima: como las Noches Viejas, las Noches de Boda y la Noche Antes del Examen. Por supuesto que es exccelente que haya movimiento (al igual que no le voy a quitar a la novia su Noche Santa) pero es lo que dice sobre todas estas actividades Ruth Toledano hoy en El País: «ya quisiéramos disponer con más frecuencia, aunque fuera convenientemente distribuido». Y, a pesar de ello, me he dado cuenta de que no soy consumidora de cultura así, en general, al peso. Soy consumidora-gourmet que se sale de las estadísticas como un avión volando por debajo de lo que un radar puede detectar. Me enmalhumora que los promotores no se pongan (no nos pongamos) de acuerdo para no crear ofertas coincidentes ya que no hay suficiente demanda. Creo que los madrileños tienen una desesperada necesidad de estar en la calle y hacer cosas constantemente. Mientras en otras ciudades sencillamente se sale. En Madrid se sale para hacer algo y la pregunta es «¿qué hay este fin de semana?». En los lugares en los que están acostumbrados a la sequía cultura uno queda, porque sí y en el bar habitual. Y, cómo será la envidia del que lo tiene todo, que también echo eso en falta. Ayer en Caracol decía una chica, Mamen, a sus amigos: «sólo nos vemos en los conciertos». Y yo pensé (en voz alta) y menos mal que es así porque huele a muerto cuando dejas de encontrarte a tus amigos en los conciertos. En fin, parece que he vuelto a hablar a las claras del tema de siempre, cuando mi intención era que no se notase. Probablemente ayer era un buen plan ir a ver el concierto de Vive La Fete en la calle Fuencarral, si es que la multitud lo permitía. O bien ir a ver pinchar a M.I.A. al Palacio de Hielo o ir a Caracol a los conciertos que os dije ayer (la sala no muy llena y los conciertos regulares)o quedarse en casa viendo un capítulo de algo y esparciendo polvos por las habitaciones. Pero nada más molesto que hacer lo que se supone que tienes que hacer cuando hacen un esfuerzo tan grande que qué feo es que digas que no lo quieres hacer. Pequeñas iniciativas, arriesgadas y emocionantes todas las noches. Por favor.
Banda Sonora: «Nightmare Culture» de Current 93 / Sickness of Snakes
-
Señorita Respetable
La semana de recibimiento del otoño ha sido de lo más absurda: Dos días de baja y mi cuerpo oscilando entre la fiebre y los 35º. Apenas he avanzado nada en el trabajo aunque hemos colgado un concurso de entradas para ir a ver a las Client en Madrid, el 5 de octubre en el Transmission. Busco piso y, de un día para otro, me he familiarizado con todos esos términos oscuros que antes me sonaban a lenguas indescifrables: Euribor, T.A.E., diferencial, metros escriturados, ¿cuánto se paga de comunidad? Creo que fue al salir de una oficina de Tecnocasa («el McDonalds de las inmobiliarias»; mi chiste del día) hace unos días cuando me di cuenta de que ahí estaba yo haciendo cosas de adulto y pareciéndome a un adulto. Me pregunté si al comercial de sonrisa excesiva y sospechoso seseo consiguí convencerle con mis maneras de persona adulta o si, por el contrario, mi chapa de los Smiths me habría delatado. Me miré mis Camper de verano, ya algo desfasados y con falta de lustro. Cuando creí que no me miraban me eché un vistazo en el cristal de un escaparate y ahí ví la capucha de mi torpe chaquetita de entretiempo hecha un burruño. Erguí la espalda, respiré profundamente y rocé la manga de la chaqueta de un Lord. A fin de cuentas sé lo que hago y dónde me meto. Algún gramo de respetabilidad me habré ganado por eso, ya que no por mi corte de pelo.
Volviendo a la música, quiero recordaros que se aproxima un acto de GRAN importancia en mi poco dilatada carrera de pinchadiscos. Dentro de poco tendrá lugar Experimentaclub06, ese festival mimosamente regido por Ajo y Javier Piñango en La Casa Encendida: Whitehouse, David Thomas y Carter Tutti son sus headliners, si un concepto tan exultante puede aplicarse a un festival de pequeñas grandes estrellas de lo raro como es este. Después de trabajar un par de años en atención a la prensa, con mi nueva ocupación ya no me es posible PERO soy dj del último día, el domingo 8 de octubre a las seis de la tarde, en el patio. No esperéis una sesión tipo bar de moda ya que esta es mi oportunidad para poner un montón de grupos que me encantan y que son totalmente impinchables en cabinas sobre pistas de baile. Eso no quiere decir que no pueda ser bailada, que quizá sí. Nikky de Dirty Princess va a hacer los visuales y, ante su pregunta de cómo será la ssión, la única definición útil que llegué a construirle fue «como un cielo encapotado». Preocupada por no haberme expresado bien, se lo conté a Javier Piññññ, quien me contestó: «Lo de un cielo encapotado promete y sí que es descriptivo (a mí me suena a la ecuación «The Eternal»/»Decades» cruzada con los pasajes más estáticos y oscuros de Coil… oalgoasí…; ¿puede ser?)». Claro que puede ser. El 8 de agosto en Experimentaclub 06. Patio de La Casa Encendida. Madrid.
Whitehouse
