Categoría: twentytwentyfive

  • El relato de la migración

    El relato de la migración

    Sabemos de la sociedad española que, aunque es acogedora, adopta una opinión pública volátil según los picos informativos. Esta encuesta realizada para la Fundación porCausa por Metroscopia en el año 2016 nos ha indicado que los españoles están bien predispuestos a aceptar la inmigración y a facilitar vías legales para la movilidad de las personas, independientemente de su posición ideológica.

    Vivimos en un contexto en el que se levantan muros y vallas con mucha más intensidad que en cualquier otro momento. Nos hemos dado cuenta de que todos los muros en realidad es uno solo: una política global de cierre de fronteras, de la construcción de la Europa Fortaleza, del discurso del odio contra el inmigrante. Son reaccioens políticas y sociales que vemos en los medios de comunicación con mucha más intensidad de la que percibimos en la calle. Las comunidades suelen ser más generosas con el otro que sus mandatarios.

    Hemos detectado que las políticas de control de la migración generan en España no lugares. Un no lugar es un lugar rodeado por una frontera visible o invisible, a veces líquida o en movimiento, que ejerce un poderoso control sobre los que están dentro de ese no lugar y a los que se les niegan sus derechos. Un CIE es un no lugar. La sala de deportación del Aeropuerto de Barajas es un no lugar. Una redada policial en un barrio céntrico con mucha inmigración e identificaciones por color de piel convierte a esa calle en un no lugar. Un campo de refugiados es un no lugar. Hablar de los expaciones de exclusión generados por las políticas migratorias abusivas desde la perspectiva de los no lugares nos abre nuevas nerrativas, llama la atención sobre un asunto que si solo se sustenta en datos, se vuele invisible poco a poco.

    Aunque el contexto que más me atañe es el de los medios de comunicación, no hay que olvidar que la información y la educación pueden suceder en cualquier momento y en cualquier lugar, por lo que reflexionar sobre otras narrativas y materiales pedagógicos es importante. Al respecto de la migración, los medios de comunicación están polarizados, tienden a la espectacularización y durante un tiempo trabajaron anestesiados bajo el llamado ‘efecto Aylan’ [según hemos sabido posteriormente, el nombre correcto del niño era Alan]. Parece que en 2018 la narrativa del refugiado sirio o afgano que sufre, muere o sobrevive con ayuda humanitaria se ha venido sustituyendo por el migrante de origen africano que con valentía se lanza al mar o traspasa las vallas de Ceuta y Melilla.

    Es necesario un buen código deontológico para mejorar el tratamiento de la migración en los medios, como la Carta Di Roma en Italia. En ese acuerdo de consenso se aconseja un uso adecuado y ajustado a derecho de los términos (por ejemplo, no llamar inmigrante clandestino a un solicitante de asilo); cuidar y salvaguardar la imagen y la identidad de aquellos migrantes objeto de la información, como personas vulnerables que son; no hacer uso innecesario de la nacionalidad de la persona objeto de la información o explicar correctamente y con profundidad el contexto en el que suceden las noticias sobre la migración son algunas de las recomendaciones.

    Incorporar la perspectiva de derechos humanos al periodismo enlaza con estas guías éticas. Si se considera la migración como derecho a la movilidad, sería clave erradicar la semántica de la migración como un problema, una emergencia, una ola o una excepcionalidad.


    Foto: Rose Morelli (2016). Creative Commons BY-SA

  • 1994 (segunda parte)

    1994 (segunda parte)

    Como sigo realizando arqueología en el estudio de mi casa, con el objetivo de perder peso, he encontrado más rastros de aquel año, que no aparecían en la agenda que utilicé los primeros meses.

    En el verano de ese año, que sería, además, mi primer verano en la universidad, vine a realizar lo que podríamos llamar unas prácticas (un poco alternativas, como todo lo que hacía), en el departamento de comunicación de la Sala Revolver.

    El plan consistía en ganar algo de experiencia en la relación con los medios ayudando a Patricia Godes en preparar la comunicación del que sería la primera edición del Festimad, el cual se celebraría en noviembre de aquel año. Me encantaba la Sala Revolver, por lo que ir a la oficina que tenían allí, en horas diurnas me parecía un privilegio. Recuerdo la oficina como oscura, vieja y sucia, lo cual me encantaba, me parecía el reverso tenebroso de lo que sería una oficina del mundo de los adultos. Recuerdo también el look rockero de cuero, correas y botas de punta que traía Patricia a trabajar.

    No recuerdo lo que hice, supongo que lo que Patricia me mandara, pero sí que no me pareció demasiado. Ella hubiera preferido que me hubieran pagado con dinero (lo hicieron en especie: con un puesto para vender mi fanzine en el festival) así que se desvivía para ayudarme en cosas, como pasarme direcciones de contacto que me sirvieran para mover los fanzines y presentarme a mucha gente (como a Jesús Ordovás, y siempre con palabras exageradas). Todo me fue muy útil y emocionante.

    Otra cosa que hice en noviembre de 1994 fue publicar Indigestión de fanzines, un directorio de fanzines españoles que servía como guía para poder conocerlos y pedirlos por correo. Puse las copias recién fotocopiadas en mi flamante puesto en la Revolver. Uno de los primeros en comprar un ejemplar fue Jesús Ordovás, que, ante mi insistencia por regalárselo, dijo que los fanzines se pagaban siempre. El mío costaba 300 pesetas.

    De Indigestión escribió el Diario 16 (24/12/1994) que yo había hecho una recopilación «con bastante seriedad». Primera Línea dijo que «si todavía tienes dudas sobre la vitalidad de la escena alternativa española, conviene que le eches un ojo a este directorio» (enero 1995). Ramón Llubià escribió en Rock de Lux (por aquel entonces la cabecera era así, con las palabras separadas) que «su único inconveniente es la parquedad descriptiva, disculpable si se tiene en cuenta las dimensiones de la obra» (abril 1995).

    Octavio Cabezas escribió un reportaje en El País Madrid titulado La libertad se llama papel, donde le dedicaba todo un destacado a Indigestión de Fanzines. Dice así: «Elena Carcoma -seudónimo de Elena Cabrera- es una madrileña de 19 años y muchas ideas. También tiene un montón de energía. Estudia Periodismo, conduce el programa La sombra en el espejo en la emisora independiente Radio Carcoma (98.4 FM) y aún le queda tiempo para querer montar una red alternativa de distribución de fanzines. La obra magna, por el momento, de esta firme creyente en la agitación cultural extramuros del sistema es Indigestión de fanzines. «Se trata de un fanzine de fanzines, de un directorio de todas las publicaciones alternativas que hay en España», puntualiza. En 50 páginas y por 300 pesetas, esta publicación ofrece «una descripción de cada fanzine hecha por sus propios autores, además de la dirección y el precio». Toda una labor enciclopédica -hay unas 400 referencias- que empezó a gestarse la primavera pasada. «Amigos míos de fanzines madrileños como Malsonando o Las lágrimas de macondo [ambos dedicados al rock independiente] estaban desmoralizados por las dificultades y porque no vendían», recuerda Elena, «por lo que se me ocurrió la idea para dar mejor a conocer la buenísima oferta alternativa». El número dos, previsto para mayo, incorporará las altas y bajas producidas desde que, en noviembre pasado, se puso a la venta el primero, También saldrá en disco, «para capricho de los fanáticos de los ordenadores». Aunque abomina de lo establecido, Elena no le hace ascos a pactar con las instituciones. «Un amigo de la radio y yo hemos creado la editorial A la Sombra del Este para sacar Indigestión y un directorio de radios libres», aclara Elena»» (5/3/1995).

    Finalmente, ni salió un número dos, ni una «edición en disco» para «los fanáticos de los ordenadores» (LOL) ni hicimos el directorio de Radios Libres ni, que yo recuerde, pacté con ninguna institución. Lo que sí hice fue un informe de cinco páginas para Factory (Rockdelux) titulado Fanzinerama II (octubre/diciembre 1996), con un texto reportajeado y una selección da fanzines del momento comentada con menos parquedad que en Indigestión, un punto que supongo apreciaría Ramón Llubià (crítico al que, por cierto, me solía gustar leer porque era un macarra y también le gustaban los fanzines).

    Aquel artículo mío desprende desencanto, ¡ya en 1996! En él, decía que «el esplendor de los fanzines musicales ha terminado». Mi texto malagorero habla de un momento de gloria, entre el 92 y y el 94, y una cuesta abajo que comienza con la presentación del fanzine Neqe Zeneke en Maravillas, en junio de 1994. El couché del papel, la «maquetación Macintosh», los «aburridos contenidos» y un editorial que daba mal rollo («ocurrió que vimos que todo el mundo tenía un fanzine y nosotros queríamos uno») me hicieron presagiar lo peor: estábamos saltando al mainstream. Que me entrevistaran en El País supongo que también era un indicio potente.

    En el reportaje hablo de Psicodelia Pop, el fanzine que Patricia Montes editó entre enero del 92 y marzo del 95: «es el ejemplo de una manera de hacer fanzines que se está agotando en sí misma: los grupos de los que habla, habituales de los semanarios ingleses, son ya pasto de grandes medios españoles». Recogía además unas declaraciones de Patricia a la revista Spiral, en una entrevista que le hicieron con motivo de la desaparición del fanzine: «no creo que un fanzine tenga que ser radical por definición. Jamás me había planteado dejarlo porque otros medios hablasen de mis grupos favoritos. Lo que pasa es que ahora ser indie ya no es alternativo».

    Ay, Patricia, eso decías en 1995… y aún hay gente que te lo cuenta 23 años después como si fuera una novedad. Hoy, el indie es un género de pop-rock español puramente mainstream, homogéneo y aburrido, que encaja fenomenal en anuncios de cerveza.

    Hablo también de que «la profesionalización, por llamarla de alguna manera, de algunos de estos colaboradores [el párrafo anterior nombra a críticos musicales nacidos de fanzines] ha ido pareja a la desaparición de los fanzines» y que al igual que RCA fichaba a Los Planetas, Penelope Trip y Australian Blonde, «entonces no es de extrañar que Mario Riviere del fanzine N.O.T. escriba sobre punk en El País de las Tentaciones».

    Yo, a esas alturas, ya escribía en Mondosonoro y dos años después empezaría a publicar en el desaparecido suplemento La Luna del Siglo XXI, la respuesta de El Mundo a El País de las Tentaciones.

  • 1994

    1994

    María Núñez está haciendo un TFG muy interesante sobre periodismo, del cual creo que no debería, o no me corresponde, contar gran cosa; aunque me gustaría. Me pidió que le contestara unas preguntas sobre los estudios de periodismo, cosa que hice ayer con mucha ilusión. No solo es un tema sobre el que (¡ya iba siendo hora!) tengo opiniones bastante solidas (u opiniones, que ya es algo) sino porque, en verdad, me encanta que me entrevisten. Es, le dije María, como cuando un fisioterapeuta recibe al fin un masaje.

    Las preguntas de María me llevaron a 1993 y 94, sobre todo cuando rebobiné en mi memoria para acordarme del primer día de facultad. Hoy he abierto una caja de cuadernos, buscando algo que no he encontrado, y he visto una pequeña agenda del año 1994. Es una máquina del tiempo. Leyendo las citas puedo reconstruir cómo era mi vida entonces.

    Comienza el curso tras las vacaciones de Navidad sin clases de Pensamiento Político (madrugo menos). El domingo 12 se graba en Telemadrid el programa «¿Y tú de qué vas?» en el que participo (pero no hablo) y, la verdad, es que no recuerdo de qué iba yo, qué tribu urbana representaba. Sí recuerdo que fui con amigos. Y que hubo uno mítico con gente madrileña de la escena gótica. Al día siguiente tengo que asistir a una reunión de la Plataforma en Defensa de la Radiotelevisión Pública (de la cual ya he hablado por aquí o por Twitter). Soy representante de alumnos que estudian Periodismo. Voy junto al profesor José Luis Piñuel Raigada, que me da Teoría de la Comunicación (hay examen el 20 de enero). La reunión tiene lugar en la calle Monte Esquinza a las 18:30. Forman parte de la la plataforma Forges, Teresa Aranguren, José Manuel Martín Medem y algunas personas más que no recuerdo.

    El martes voy al Ateneo a una conferencia sobre los planes de estudio en la Universidad. No sabía lo importante que sería este tema para mi futuro (el cambio de planes haría saltar por los aires mi carrera universitaria tres años después; es curioso que ya se anticipa aquí, en mi primer año de facultad). También asisto, o al menos lo tengo previsto, a una reunión de la comisión de mujeres en la asociación Información y Libertad, en mi facultad. El sábado de esa ajetreada semana tengo, como habitualmente, asamblea en Radio Carcoma a las siete de la tarde. El domingo aparece apuntado un programa de Carcoma al que debía ir (Sunday Blues) y el nombre de Martín Medem.

    A la semana siguiente se repiten anotaciones en relación a la Plataforma (en esta ocasión la reunión será en Prado del Rey) y a recordatorios que he de hacerle al profesor Piñuel. Hay muchos eventos en el Ateneo (me pasaba allí media vida), alguna película en la Filmoteca, el inicio de las clases de guitarra clásica los viernes a las cinco de la tarde y algo importante: una cita con Fernando Márquez El Zurdo para llevarle a mi programa de radio el martes 18 de enero por la tarde. A comienzo de curso encontré unos carteles rojos pegados en la facultad que anunciaban un fanzine llamado El corazón del bosque. Había un apartado de correos. Escribí. El resto está contado en otro sitio y no quiero volver a ello.

    Encuentros en la cafetería de la facultad, casi siempre para temas de mi programa de radio, pelis en la filmo, una huelga general el 27 de enero contra la reforma laboral que supongo que cubriríamos en la radio, visitas al ginecólogo (tengo 18 años), guitarra (1.400 pesetas al mes), Plataforma, asambleas y comisiones, exámenes (parcial de Historia, 19 de febrero, aula 532), citas en la parroquia, conciertos los sábados en la Fundación March (de aquella me gustaba hacer cosas un poco pedantes y que resonaran a antiguas, donde hubiera señoras y nadie me conociera, como en la Fundación March, en la Residencia de Estudiantes o en el Ateneo de Madrid).

    Visitas reseñables: el 23 de febrero, a las 11 de la mañana, vino Juan Luis Cebrián a la facultad. Supongo que lo recibimos con alfombra de terciopelo y aclamación en los pasillos. Lo que sí recuerdo bien (o mejor) fue que Lolo Rico vino a la clase de Teoría de la Comunicación el viernes 15 de abril. Una semana después volvería a verla en el Ateneo.

    Como muchos otros cuadernos en mi vida, las anotaciones pierden fuelle según avanza el año, pero más o menos todo discurre parecido, creo recordar: exámenes que saco con notas mediocres, me voy recuperando del abandono que me ha hecho mi novio y lo hago volcándome en la radio, en las asambleas de todo tipo, en las lecturas, los periódicos y las tardes en el Ateneo. Descubro la escena musical emergente de pop independiente y me sumerjo en ella entusiasmada. No hago amigos en la facultad pero sí fuera de ella: en los fanzines, en los conciertos, en la noche. Voy al Maravillas. Me meto en una relación muy rara de la que salgo atropelladamente. Conozco a un chico fascinante que vive lejos. Todo el mundo me presta discos y escucho música a todas horas. No me extraña que no estudiara nada.

  • Lo que me enseñó porCausa

    Lo que me enseñó porCausa

    Nunca me había interesado, como materia periodística, la migración. Si, en cambio, me venía fijando en las historias de las personas que viajan. Los viajeros me parecen maletas que, cuando aterrizan en un país nuevo, salen por la puerta de algo que declarar. Exportan e importan relatos, unas mercancías extremadamente valiosas, en especial en el país de destino.

    Colaboraba como freelance para eldiario.es en la recién creada sección de Sociedad. Un día Juanlu Sánchez me ofrece un viaje pagado por el Parlamento Europeo para asistir, en Bruselas, a un seminario para periodistas sobre las negociaciones para la reforma del Reglamento de Dublín. Dicho así, y sin tener ni idea, esto podría ser cualquier cosa.

    Tampoco era ese mi caso. No sabía mucho pero sí lo suficiente para entender que la cosa iba del derecho al asilo. Me daba un poco igual, me habría apuntado a cualquier cosa que implicara un garbeo por las instituciones europeas, era mi primera vez.

    También fue la primera vez que me enfrenté a las entrañas políticas del sistema migratorio europeo. No todo era legaleo: también había historias personales. Una portavoz de ECRE leyó una carta desgarradora que les había enviado una mujer desesperada envuelta en mil problemas burocráticos para poder recibir asilo en Europa. Volví a Madrid sabiendo que detrás de los sentimientos de esas maletas no hay azar ni casualidad sino unas ganas muy grandes de hacer las cosas muy difíciles.

    Un tiempo después Gumersindo Lafuente me hizo otra invitación: ser la editora de historias (más maletas) de pobreza y desigualdad en América. Aquí no me iban a pillar tan fácilmente, he visto mucho los Electroduendes y yo ya sabía que cuando alguien las pasa muy putas es porque alguien se da la vida padre.

    Esas historias las publicaba Univision Noticias con la coordinación y la edición de la Fundación porCausa, en la que empecé pues a trabajar en octubre de 2015. Tres meses después seguí combinando ese trabajo con más tareas en el área de periodismo de la fundación, bajo la dirección de Sindo.

    Hace poco tuve la oportunidad de pensar un rato sobre quién y dónde había aprendido yo periodismo. No fue sin duda en la facultad, donde, al sexto año, abandoné enfadada con la universidad y sin título. Fui víctima de los cambios de planes (de estudios, no personales) y de mi incapacidad para aprobar Introducción a la Economía. De aquellos años recuerdo mis poco motivadores (cuando no patéticos) profesores de redacción periodística (José Luis Martínez Albertos, José Julio Perlado…), un fascinante maestro de lengua (Joaquín Garrido Medina), el mejor profesor de Estructura de la Información que se puede tener (Fernando Quirós) y unas apasionantes clases de historia a cargo de profesoras cuyos nombres no recuerdo.

    Me viene a la cabeza alguna anécdota, quizás la más potente del rollo epatante, que fue cuando Manuel Campo Vidal nos dijo cuál era el mejor libro para hacer periodismo. Y ahí todos sacando el papel para apuntar. Y Manuel Campo Vidal soltando encima de la mesa el tochazo de la guía teléfonica.

    A mí me suspendían dentro de la facultad en las cosas que yo ya hacía fuera de ella, como escribir artículos y hacer radio. (No es que me suspendieran en radio, que a fin de cuentas era solo la mitad de una asignatura durante toda la carrera, sino que no me dieron unas prácticas que pedí después de pasar una noche de prueba en una emisora cuyo nombre tampoco recuerdo, pero que estaba (también) en la Gran Vía). De aquella me aprecía muy injusto y no entendía porqué. Ahora ya lo comprendo: en la carrera no se enseña a hacer periodismo sino que se enseña periodismo. Y el periodismo que al profesor le daba la gana. Y el problema es que yo ya estaba haciendo el periodismo que a mí me daba la gana y pretendía que eso me sirviera para aprobar.

    Qué equivocada estaba.

    En lugar de haberle dado un portazo a la universidad con frustración y rabia debería haberlo hecho contenta y liberada.

    Aprendí a editar textos en aB aunque no recuerdo que fuera una editora muy feroz. Más que nada a encajar en página y, sobre todo, cazar faltas de ortografía. Lo que sí que me sirvió fue leer mucho texto malo y mucho bueno, porque en la revista se combinaban ambas cosas con naturalidad (estaban Eugenia de la Torriente, Xavi Sancho, Lucas Arraut, Silvia Terrón, Aldo Linares -por nombrar solo los cinco primeros nombres que se me han venido a la cabeza- compartiendo página con algunos otros y otras con talento, pero no en la escritura). De la directora aprendí mucho (o al menos todo lo que pude absorber): no tener miedo a experimentar, el ojo para la edición gráfica, acomodar a la gente en su sitio, detectar los talentos de cada uno, mirar a la calle.

    Siempre me sentí muy sola con mis textos. Casi nunca me han editado. A veces me han editado mal. Yo he aprendido a editar a otros de manera autodidacta, pensando en lo que hubiera querido para mí. He compartido redacción (oficina) con muy buenos escritores y escritoras pero también he visto que escribir bien no es garantía de editar bien. Es más, he visto algún buen editor con poco talento para la escritura original. O peor: editores incapaces de autoeditarse, aunque esto es bastante común.

    Algo que no aprendí nunca es a escribir o editar rápido. Cuando veo a la gente de los periódicos, lo flipo. A pesar de eso, mi mejor auto-escuela fue el periódico diario que hacíamos en el Festival de Benicàssim. Trabajaba con jornadas que se acercaban a las 20 horas y cada año había una noche en la que no dormía: me había comido las horas de sueño editando las últimas páginas y preparando las primeras del día siguiente. (O montándome en la furgoneta del repartido para asegurarme de que se hacía bien el reparto).

    Cuando empezaron a llegarme los reportajes para Desigualdad de Univision Noticias yo ya me había hecho mi automaster de autoedición y tenía claro qué quería de un texto y cómo conseguirlo. A pesar de eso, no era sencillo tener que explicarlo a gente que te manda los textos desde Latinoamérica, con españoles diferentes, realidades diferentes y husos horarios diferentes. Cada día yo enseñaba a la par que aprendía, lo cual es la situación perfecta en cualquier trabajo.

    También he tenido la oportunidad de editar algunos textos en porCausa, en este caso seguí dando vueltas en esa rueda del aprendizaje: yo recibía conocimientos nuevos y devolvía mi destreza en las viejas herramientas periodísticas. Al respecto de esos conocimientos, de quien más he intentado aprender es de mi compañera Virginia Rodríguez, cuya exactitud, memoria e inteligencia he admirado mucho en este tiempo. Tengo un cerebro muy poco dotado para la retentiva, así que cuando tengo la oportunidad de trabajar junto a una licenciada en derecho y políticas que recuerda todo lo que ha estudiado, así como todos los informes que lee, no puedo más que arrimar mi ascua a ver si se me pega algo, o al menos algo se me queda.

    Se lo decía esta semana a un amigo y se reía (¿quizá pensó que no lo decía en serio?), siento que cerebro se ha gastado y ya no retiene más. Como una batería de móvil que ya no pilla carga, como un rollo limpiador de pelos sobre la ropa que ha perdido el pegamento.

    También se lo decía, el mismo día, a una chica 20 años menor que yo: también tengo la sensación de que todo se ha vuelto más rígido y seco, como si la vida fuera menos real y se pareciera más a una película que es proyectada delante de mí. Esto es hacerse vieja.

    «Escritura es identidad. Identidad es sociedad», escribía mi profesor Garrido(1). «Con la escritura nos constituimos como miembros con identidad en la sociedad a la que pertenecemos. La complejidad de la sociedad es posible porque podemos resumir esas señas de identidad en un documento, porque podemos recordar a los demás qué somos, qué hacemos, qué hemos hecho, en varios géneros textuales, dese el diploma hasta el currículo».

    (1) Garrido, J: «Idioma e información. La lengua española de la comunicación». Editorial Síntesis, 1994.

  • La muerte de un diario achica el mundo

    La muerte de un diario achica el mundo

    Cuando estaba estudiando periodismo en la facultad, el 4 de octubre de 1993, unos periodistas del diario Ya vinieron a nuestra clase. Nos hablaron de la historia del periódico durante los anteriores 58 años y de lo que era el tema en aquel momento: el periódico estaba en suspensión de pagos. Vinieron a la clase de Redacción Periodística I (que nos daba José Luis Martínez Albertos) a tirar flotadores mientras se hundía el Titanic, o al menos así lo recuerdo.

    Allí estaban, en la tarima del profesor, el director Rogelio Rodríguez (quien años después sería director de Colpisa y dircom del Ministerio de Justicia), el exdirector Alejandro Fernández Pombo (que murió en 2013 a los 83 años tras haber dirigido también la Asociación de la Prensa de Madrid) y dos miembros del Comité de Empresa: el presidente, Miguel Revuelta, y el secretario, Fernando Ruiz. Sé tantos detalles porque hasta hoy he conservado mis notas de aquel día así como algunos recortes.

    Fernández Pombo hizo de abuelo cebolleta, ya en aquel momento, recordando que el Ya había surgido del diario católico El Debate, el cual había sido dirigido por el periodista-cardenal Herrera Oria. El Debate era «demasiado político» —nos dijeron— y de ahí surge Ya como «un periódico para todo el mundo», con especial atención a los deportes y al cine. Una disposición del Gobierno impide que se puedan hacer los dos periódicos a la vez, así que la Editorial Católica, propietaria de ambos, decide cerrar El Debate y quedarse con el periódico de la tarde —salía a las ocho—, que pronto pasaría a salir por la mañana.

    Nos habló también Fernández Pombo de cómo el Ya era un periódico, que dentro de su posición conservadora y católica, hacían cosas arriesgadas, como mandar a corresponsales durante la Segunda Guerra Mundial para cubrir la versión de los aliados, tomar partido por el Concilio Vaticano II o ser el primer periódico que dejó de llamar «Caudillo» a Franco.

    En aquel momento el Comité de Empresa estaba en pie de guerra para impedir la desaparición de este diario fundado en 1935. Y eso significaba no solo ir a la facultad a dar charlas sino, lo que me parecía subversivo, entonces y ahora, ser capaces de colar mensajes en las propias hojas del diario. «es la primera vez que un medio de comunicación pretende destruir a otro», dijo Miguel Revuelta, según recogió la noticia de aquella visita el 5 de noviembre de 1993 en el propio diario Ya. Las dagas iban contra Antonio Asensio.

    Javier de Godó, presidente de Antena 3, había comprado el periódico dos años atrás, pero en 1992 Antonio Asensio (Grupo Zeta) se convirtió en presidente del canal y le metió una reforma radical con el objeto de modernizarla, quitarle caspa (aunque él le pondría otro tipo de caspa) y rentabilizarla. Antena 3 quería un grupo multimedia y por eso había comprado, barato, el Ya. Pero Aensio lo vendió aún más barato: por una peseta a los mexicanos. Nuestros visitantes estaban muy dolidos por ello. Fue Editoriales del Sur, el grupo de méxico, el que decidió la suspensión de pagos.

    Aunque no cobraban, os trabjadores del diario seguían yendo a trabajar y sacaban el periódico cada día porque, como nos decían «lo consideraban viable». El escenario que nos describieron era de «toma del periódico». La empresa lo estaba dejando morir con la idea de desmantelarlo, de manera que la dirección y los trabajadores se ocupan de él, y por eso aparecían esas columnas en la contraportada que eran pura lucha sindical. Dijeron que querían ponerle una «querella criminal» a Asensio y que con el dinero de las ventas y la publicidad podían pagar el papel y la luz para seguir adelante. Se despidieron pidiéndonos que nos afiliaramos a un sindicato y que compráramos el Ya todos los días.

    He olvidado casi todo lo que me enseñaron en la carrera (exagero, pero) pero se me quedó enganchado a la memoria algo que quedó en el aire cuando los compañeros del Ya se fueron: que la cosa estaba chunga y que lo estaría aún más para nosotros, pero que el periodismo era también, o era sobre todo, pelearse contra los propietarios y resistir cada día haciendo tu trabajo lo mejor que sepas. Las sillas no son para siempre. Ni los periódicos. Posteriormente me llegó una clase práctica de esto mismo. En la hoja me apunté un entrecomillado más: «un contrato no debe ser la mordaza de un comunicador».

  • Somos de la resistencia

    Somos de la resistencia

    Sabía tanto (y tan poco) de la valla de Melilla, que hace meses escribí un artículo en el que ella hablaba de sí misma.

    Hola, ¿qué tal? Soy una valla. En concreto, soy una valla española. Me clavaron al suelo de Melilla en 1990, así que tengo 26 años. Aún soy joven, pero ya no soy una niña.

    Así empezaba.

    Poco después, el pintor Juan Gallego leyó el artículo y propuso a la Fundación porCausa convertirlo en cómic. Juan sintió que poco más había que hacer con el texto, salvo dejarlo volar y darle más vida. En sus manos, la historia pasaba de la radio a la televisión. No solo escuchabas hablar a la valla, sino que la sentías.

    La historieta se acaba de publicar en el nuevo número (el sexto) de la revista que Juanjo el Rápido dirige para la editorial Dibbuks, La Resistencia.

    Esta no es la primera vez que publico en un artefacto dirigido por Juanjo, ya lo hice en La + Bella y en TOS. Nuestras vidas se han cruzado mucho, por lo que me hace ilusión doble esta nueva publicación. El número se ha presentado, en adelanto, en el Viñetas Desde O Atlántico, un salón de cómic que también está muy ligado a mi vida.

    Muy pronto, en las librerías.

  • Para qué sirve el periodismo

    Journalist

    Hay adolescentes de 14 años que no están interesados en las noticias que dan los medios y solo confían en lo que les cuentan sus amigos vía Instagram. En realidad sus amigos sacan las noticias de los medios pero ellos no lo ven así. Ellos entienden las noticias como un (no usarán jamás esta palabra) procomún. Es la realidad, está en el aire y es de todos. El amigo la caza de ese mar común, la transmite y se convierte en fuente confiable. El medio no solo no es amigo sino que es sospechoso de mentir pero sobre todo de aburrir.

    Me dan miedo.

    Algo estamos haciendo muy mal cuando los adolescentes desconfían de esta manera en el periodismo. Para la comunidad, los periodistas deberíamos ser como los pediatras: cuidadores, imprescindibles, tranquilizadores; un servicio público.

    Comporto con ellos la idea de la información como un procomún y no como una mercancía. Creo que haberla convertido en mercanía es lo que ha propiciado que lo vean como un mercado. Y, ante él, se convierten en ultraliberales. Piensan que se autorregula, que no hay que intervenir, que las noticias fluyen solas.

    Cualquiera que alguna vez haya tenido el encargo de practicar periodismo sabrá que no, radicalmente no, no es así. La verdad es difícil de extraer y aún más de distribuir. Solo fluye la información a la que se le inyecta dinero, produce diversión o es de naturaleza impactante.

    Lo que propongo es que enseñemos a los adolescentes de 14 años a hacer periodismo. No a comunicar ni a comunicarse entre sí, que eso ya lo hacen muy bien, sino a levantar las noticias a contar una verdad cuando nadie antes la ha contado.

  • Estallando burbujas

    Recientemente vengo colaborando en los podcast Debate Directo que realiza el encomiable Colectivo Burbuja, un grupo crítico de analistas desde el pensamiento, la política y la acción de izquierdas.

    Aquí os los dejo:

    Los medios de comunicación alternativos III

    Cómo los principales medios de comunicación oficiales son controlados por las grandes corporaciones vinculadas a los poderes políticos para generar opinión pública. Y el papel de los medios de comunicación alternativos como posible contrahegemonía de los grandes medios.

    Mujeres trabajadoras: otro rostro de la precariedad laboral

    Hablamos de las cifras de la precariedad femenina: a día de hoy el Estado español es el segundo país de la Unión Europea con mayor índice de paro femenino, por encima tan solo está Grecia.

    ¿Se puede trabajar menos y cobrar más?
    Sobre las conclusiones que va arrojando el experimento sueco con el mercado laboral, en el que se han planteado reducir las jornadas laborales, sobre el papel de la Fiscalía en el procesamiento del PP por el borrado de los discos duros, sobre las nuevas filtraciones que revelan el apoyo de Hillary Clinton a los “rebeldes sirios” y, por último, sobre los presupuestos participativos en Madrid.

  • Estudiantes de periodismo

    Venirse.

    Hoy VIERNES 23 de octubre:

    VIERNES 23 de octubre

    Mañana: MESA REDONDA Y DEBATE

    9:00-11h. Mesa redonda: Medios de comunicación feministas (sí, existen).

    Participantes:

    ANDREA MOMOITIO: Píkara Magazine.

    IRENE GARCÍA RUBIO: Pandora Mirabilia.

    SUSANA ALBARRÁN: Red Nosotras en el Mundo.

    Modera: ELISA G. MCCAUSLAND.

    11-13h. Debate: Herstory periodística y visibilidad de las mujeres en los medios de comunicación.

    Participantes:

    ISABEL TAJAHUERCE, profesora UCM.

    MARÍA GALLEGO REGUERA, periodista e investigadora.

    ELENA CABRERA, periodista.

    AMANDA PADILLA, periodista y miembro del COLECTIVO ZAS.

    Modera: ANA SEGOVIA.

     

     

     

  • Más crítica

    «En un mundillo como el nuestro, tan anquilosado en muchos aspectos, hace falta más crítica pública, a todos los niveles». «Un poco de crítica no le sienta mal a nadie, te ennoblece, te pone en tu sitio, te hace humilde, te hace mejorar como persona o como autor».

    «Me pregunto qué hay en común entre nuestro hoy y el momento en el que surge el surrealismo tras la Primera Guerra Mundial. La respuesta no es muy atractiva, ¿verdad? ¿Vientos de guerra, quizá? Creo que la gente occidental, que vive en un entorno pacífico que dura ya muchas décadas, nota esos vientos porque, aunque soplen desde latitudes lejanas, el Afganistán o el Irak de turno, sabemos que tienen que ver con nosotros. Luego está el tema del cambio climático, que se ha convertido en uno de esos miedos apocalípticos al fin de la civilización que el hombre de todas las épocas ha tenido periódicamente. Aunque esta vez me parece que no es un miedo exagerado, ni infundado ni supersticioso. Y luego está el interés por nuestro inconsciente, que ha vuelto a ponerse de moda. Creo que el hombre occidental de hoy tiene una fuerte sensación de fealdad hacia sí mismo, de no gustarse, tiene un gran vacío, un deseo de recuperar la ‘armonía perdida’, de volver a ser ‘uno con el mundo’. De todo esto puede venir esta nueva ‘necesidad de surrealismo’».

    -Pepo Pérez, febrero 2007