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  • «Alguien señala y otros ejecutan»

    Los ataques a los símbolos de la lucha por la igualdad de las mujeres, en forma de murales u otros homenajes, han marcado este 8M. El más representativo y el que parece que ha activado la vandalización de otros en Getafe, Alcalá de Henares, Gandía o Huelva, está situado en el barrio madrileño de Ciudad Lineal. Llevaba dos años pasando desapercibido hasta que la representación de Vox en el pleno de la Junta de Distrito sacó adelante una votación, con el apoyo de PP y Ciudadanos, para que fuera borrado debido «a su mensaje político». Las vecinas y vecinos lo defendieron, lo que provocó que Ciudadanos, que gobierna la Junta, cambiara su voto y el mural se salvara. Pero el 8 de marzo apareció cubierto de pintura negra.

    No es la única ofensiva contra el feminismo durante estos días. Un 8M de flores y mariposas realizadas en croché en Colmenarejo (Madrid) fue quemado; en Cuenca, la pancarta que las feministas colocaron para renombrar el puente Mariano Moreno como «puente Vivas Nos Queremos» apareció cubierto de tachaduras y pinturas el 6 de marzo y en Sevilla, la pancarta que la Diputación había colocado en la verja de su sede fue hecha jirones. En la concentración estática de Barcelona, un hombre roció con gas pimienta a cinco mujeres que estaban en el bloque no mixto de trabajadoras del hogar del sindicato Sindillar/Sindihoga, mientras que en la Puerta del Sol de Madrid un grupo de personas irrumpió en la protesta convocada por el Sindicato de Estudiantes cantando el ‘Cara al Sol’.

    Los ataques al movimiento feminista no son nuevos, pero este 8M ha desatado una ola de acciones acumuladas en torno a la fecha más simbólica para la lucha en favor de los derechos de las mujeres. Todo ello en un escenario político muy polarizado y azuzado por el negacionismo de la violencia machista de Vox y el continuo cuestionamiento que hace la formación de extrema derecha del feminismo. No solo en términos de veto a las políticas de igualdad de género desde las instituciones, a las que entró por primera vez hace algo más de dos años, sino también en lo que se refiere a erigirse como altavoz del antifeminismo.

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  • El duelo aplazado: consecuencias de vivir sin el último adiós arrebatado por la COVID

    El coronavirus ha atravesado las muertes de todos, incluso de los que no han muerto por COVID. Las condiciones han ido variando a lo largo de la pandemia pero han sido muchos meses de restricciones en los que los rituales funerarios se han visto alterados y restringidos y en los que en muchos casos, en especial los de los enfermos de la COVID-19, no ha habido despedidas, tan solo vacío. Durante el pico de la pandemia, no más de tres personas podían asistir a la inhumación o cremación. En la primera fase de la desescalada, el grupo se aumentó a diez; en la fase 2, ya en verano, hasta quince personas y en la tercera, hasta 25, pero manteniendo una distancia de metro y medio entre ellos. “Esos momentos han provocado un impacto emocional tremendo en las personas dolientes”, asegura el psicólogo especializado en duelo Vicente Prieto.

    “Además del dolor por la desaparición de un ser querido al que no le tocaba [morir], el dolor se ha incrementado porque se ha roto el proceso funerario del último adiós, el funeral y el enterramiento”, explica. Por la consulta de Vicente Prieto están pasando muchas personas “en situaciones bastante extremas” que, al no poder normalizar el duelo, les ha sobrevenido “un duelo patológico”, un estado limitante en el que precisan ayuda psicológica: “son las personas que no retoman el trabajo ni la rutina normalizada, que no entienden el proceso que están llevando, que se aíslan y en las que se pueden desencadenar trastornos ansioso-depresivos e incluso, en alguno de ellos, estrés postraumático, ya que sufren también el miedo al contagio y el miedo a contagiar”. En la foto fija de los días 8 y 10 de abril de 2020 que sacó la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid con una encuesta a más de dos mil personas, encontraron un 22% de casos con un nivel elevado de síntomas por depresión, bastantes más mujeres que hombres, bastantes más jóvenes (18-34) que cualquier otro grupo de edad.

    Lo que Prieto recomendaba a sus pacientes fueron tres cosas. La primera suponía aceptar la realidad ante la pandemia, aunque sea invisible; no prolongar la situación de injusticia ni preguntarnos “¿por qué nos ha pasado a nosotros?”. La segunda fue la de usar las videoconferencias para conectar a la familia y “llorar juntos”: “aunque no hay ninguna tecnología que sustituya un abrazo, hay que adaptarse a lo que tenemos”. La tercera estrategia consistía en, cuando se les permitiera, realizar “un homenaje como se merece el ser querido, ya sea religioso o cualquier ritual laico con el mismo fin y recordar que ahora ya no está entre nosotros pero está con nosotros”. El llamado “último adiós” es un momento de despedida junto al cuerpo de la persona ya fallecida, precisamente el que más ha faltado durante las muertes en pandemia, pero Prieto no le da tanta importancia y recomienda que es mejor recordar “los cientos y cientos de horas que sí hemos podido vivir y compartir con esa persona”.

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  • Ciudad Lineal se moviliza tras el ataque a su mural feminista este 8M

    El mural en un polideportivo municipal de Ciudad Lineal (Madrid) era un homenaje feminista desde su concepción, con los rostros inspiradores de quince mujeres pioneras que llegaron muy lejos, como la primera mujer en el espacio, Valentina Tereshkova, o la activista del barrio Rosa Arauzo quien, sin despegar los pies de la tierra, transmite la fuerza de 40 años de activismo feminista y LGTBI a sus espaldas. Esos rostros han amanecido tachados con pintura negra el Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo.

    Era un homenaje en su concepción hace tres años, pero se ha convertido en un potente símbolo cuando, a propuesta de Vox, el pleno municipal del distrito aprobó su borrado para pintar otra cosa encima. Tras una fuerte oposición ciudadana de defensa del mural, Ciudadanos cambió su voto y el peligro parecía haber pasado, hasta que esta vandalización lo ha destrozado. «Esto es no respetar el arte, ni la historia de las mujeres, ni la lucha por la igualdad. La lucha sigue y nosotros seguiremos pintando en honor a ellas», ha dicho en su cuenta de Twitter el colectivo UNLOGIC, que fue quien lo pintó, con la ayuda de vecinas y vecinos a los pinceles.

    El día anterior, la pintura mural de Alcalá de Henares que replicaba la de Ciudad Lineal, también apareció escupida de pintura amarilla, borrando los rostros de las mujeres, pocas horas después de que fuera visitado por la vicepresidenta Carmen Calvo. En una ola de apoyo al mural, este está siendo replicado en diversos lugares, como en una plaza de Getafe, por encargo del Ayuntamiento y realizado por los mismos artistas que el original, en la puerta del Ministerio de Igualdad (también por los autores originales), carteles en colegios, camisetas o una exposición con reproducciones promovido por el Ayuntamiento de Coslada.

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  • Hazte mecenas de ‘La mujer enmascarada’

    Hazte mecenas de ‘La mujer enmascarada’

    Pasé, como todas vosotras y vosotros, la primavera de 2020 encerrada en casa, haciendo galletas y preguntándome cuánto duraría esto, pasando vergüenza al salir con mascarilla a la calle, limpiando los botes de tomate con alcohol… ya sabéis. Pero también escribiendo. Cada noche hacía una página de lo que yo llamaba «periodismo de interior», es decir, contar cuando no hay nada que contar, contar lo que pasa dentro de casa como si fueran grandes acontecimientos porque, en verdad, lo eran. Ahora quiero convertir todas esas páginas, que cada día publicaba elDiario.es,
    en un libro que nos permita en el futuro volver atrás y recordar los detalles, las historias corrientes, las aventuras domésticas.
    Me gustaría hacerlo con vuestro apoyo, entre todas y todos, porque en realidad esta no es mi historia sino que es un relato común.
    Si te haces mecenas en Libros.com de ‘La mujer enmascarada’ esa parte de nuestra historia quedará encapsulada en un libro (ese animal bello de celulosa y cuerda) para que no se pierda en la memoria.

    Haz clic aquí para apoyar la publicación de ‘La mujer enmascarada’.

  • Biografía comparada entre Depeche Mode y The Cure

    Biografía comparada entre Depeche Mode y The Cure

    Sergi Atencia Sánchez (SAS) ha publicado un libro titulado Violadores imaginarios (quizá no es el título más afortunado, pero hace un juego de palabras entre los discos Violator de Depeche Mode y Three Imaginary Boys de The Cure) que consiste en una doble biografía de ambos grupos narrada sincrónicamente. La intención del libro es la de «reconciliar al fandom» de estas dos grandes bandas, que durante mucho tiempo fueron arietes de dos bandos: el electrónico y el guitarrero.

    Yo pertenezco al primero de ellos (aunque por supuesto me gusta The Cure) y quizá en esa representación diplomática es que el autor me ha invitado a escribir uno de los dos prólogos. Por ello, y porque a SAS le gustó mucho mi libro sobre Depeche Los últimos amantes.

    Lo ha editado Círculo Rojo a finales de 2020 y se puede conseguir en papel y en ebook en Amazon (8,14 € o dentro de la tarifa plana de Kinle Unlimited).

  • Contagiados en Navidad

    Contagiados en Navidad

    La curva de contagios desde el día 10 de diciembre dibuja una trepidante cuesta ascendente, sobre todo la que refleja los casos comunicados de Nochevieja en adelante. Es el temido efecto navideño que comienza a asomarse a las gráficas de la árida contabilidad de la incidencia del coronavirus.

    Pero los números reflejan lo que muchos han visto en la intimidad de los salones: las restricciones eran suaves y las familias se han juntado en pequeños núcleos, sin alardes, pero con concesiones. Así le ocurrió a la familia de A. V., actualmente en cuarentena y cuidando a su marido mientras pasa la COVID–19, tras una cena de Nochebuena de la que salieron todos contagiados excepto ella y su madre.

    Como marcaban las normas eran seis comensales: los padres, A., sus dos hermanas y su marido. Habían tomado precauciones: ventilaron la casa antes de la cena —pero no durante—, guardaron la distancia de seguridad entre las personas y llevaron mascarilla, que se quitaron, lógicamente, para comer. Estuvieron menos de cuatro horas juntos, en un piso de un barrio madrileño. Era la primera vez que se veían en muchísimo tiempo. Necesitaban un momento de reunión, de sentirse unidos. No sabían si debían juntarse pero estaban tocados anímicamente porque al principio de la pandemia había fallecido el abuelo, no a causa de la COVID sino debido a un infarto que el médico y la familia interpretaron como un efecto colateral del sedentarismo del confinamiento. Se permitieron ese momento, bajaron la guardia porque necesitaban sentirse juntos aunque fuera brevemente. “El resultado ha sido un regalo bastante desagradable”, dice A.

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    Artículo publicado el 8 de enero de 2021 en elDiario.es.
    Foto de Pedro Reyna. CC BY

  • Mis discos de 2020

    Mis discos de 2020

    Ya ni siquiera digo «los mejores discos de darkwave», como el año pasado. La verdad es que me parece petulante e incierto. Estos son mis discos, y ya está. El orden es: según se me va ocurriendo.

    1, 2 y 3: Comenzamos con la alucinante trilogía de fin de año de Fabrika Records: «Sci-fi Sky» de Lebanon Hanover, «Partners in Hell» de Selofan y el disco homónimo de debut de The Glass Beads.

    4: El regreso después de siete años de Linea Aspera con «LP II».

    5: «SYNΘESIS» de Paradox Obscur es el cuarto disco de Toxic Razor y Kriistal Ann, cuya voz me tiene totalmente fascinada.

    6: El cuarto disco de Comando Suzie, «Corazón o plomo», ha llegado en las postrimerías de 2020. Lo quiero como un hijo, como no podía ser de otra manera.

    7: Otro dúo de chico y chica, esta vez desde la sunny california, para ellos siempre gris: «Departed», tercer disco de Forever Grey.

    8: Más postpunk (pero este del tipo guitarrero dos miles) de nuevo desde California: «Blue» de Cerulean Veins.

    9: Un poco de punk barcelonés al cuerpo con Endora y sus Vicios y su disco homónimo.

    y 10: Robin Guthrie (Cocteau Twins) y Harold Budd han creado un disco de ambient juntos titulado «Another Flower». La sido triste que Budd, autor de uno de mis discos de cabecera («The Pearl», junto a Brian Eno) haya fallecido en 2020 a causa de la COVID-19.

    Ha habido muchos otros discos interesantes en 2020 que podrían haber estado en la lista si los hubiera escuchado más o si me hubiera levantado de otro humor, quizá, en este primer día del año. Comparto aquí mi lista de «novedades 2020», entre las que se encuentran .ADULT, Einstürzende Neubauten, Horror Vacui, Sevit, Panic Priest, Sonsombre, Korine, Echoberyl, El ojo y la navaja, Kalte Nacht o Then Comes Silence (decepcionante).

  • 2020: se ruega silencio

    2020: se ruega silencio

    Hay dos categorías claves en este blog. Una de ellas es Cosas que pasan cuando sales a la calle. La otra es Cosas que pasan cuando te quedas en casa. Por supuesto, este año ha sido abundante en la segunda. Echo de menos terriblemente cuando escribía día a día sobre la primera. He pasado las fotos de este año del móvil al ordenador, clasificándolas en carpetas y borrando las inútiles. Durante este proceso he revisitado 2020 como en un previously abundante y grosero. Quisiera compartir algunos momentos con ustedes.

    Secretamente siempre había deseado subirme a una carroza. Sobre todo, en el Orgullo. Pero la cabalgata de Reyes de Prosperidad también me pareció una opción bastante digna. Fui acompañada de Mídori y Eleonor y las tres nos vestimos con estos trajes de pez que yo misma confeccioné en los días previos. Ojalá hubiera llevado una peluca azul pero me daba vergüenza restarle protagonismo a Gaspar.

    Foto de Álvaro Minguito para El Salto

    Este año he tenido que renunciar en gran medida al periodismo, lo cual ha sido una decisión muy difícil y áspera para mí. Por ello, del poco tiempo que he podido dedicarle, los dos días que pasé acompañando a Mónica Pinedo durante su turno de oficio fueron un tesoro. Fuimos a comisarías y juzgados, no comimos más que un plátano rápido metidas en el coche (era enero) y tomamos cafés, como este delante de Plaza Castilla con Isidro Moreno de Miguel, de la asociación de letrados y letradas por un turno de oficio digno Altodo. Lo que aprendí ese par de días dudo que fuera capaz de reflejarlo en el reportaje para El Salto, pero al menos ahí hay una defensa de los abogados del turno, porque alguien tiene que defenderles a ellos.

    Centro de salud Angela Uriarte de Vallecas, Madrid. Foto: Olmo Calvo

    Empecé el año con un reportaje sobre los abogados y abogadas del turno de oficio y lo acabé con otro sobre los enfermeros y enfermeras de la sanidad pública. Me gusta este tipo de periodismo sencillo y apasionante. No es difícil de hacer pero requiere escucha y curiosidad, así que supongo que por eso se me da bien. El reportaje es el formato clásico del periodismo: vas a un sitio, hablas con las personas que están allí, entrevistas a varias fuentes, lees algún informe y básicamente ya lo tienes, solo hay que procurar no dejarse fuera nada demasiado importante (esto me ocurre a veces), trabajar bien el comienzo (soy muy obsesiva con eso, el primer párrafo me lleva un tiempo exagerado en relación a los siguientes) y encontrar un buen titular. En esto último no soy buena, pero creo que me quedó bien el que puse en este caso: «El turno de las enfermeras», dado que pospusieron durante el que debería haber sido su año de reivindicaciones, el Año Mundial dedicado a su profesión, por entregarse a cuidarnos durante la pandemia; ahora, ha llegado el momento de recuperar esa otra lucha. Escribiendo esto me he dado cuenta de que hay un uróboro entre aquel turno de oficio y este de la enfermería.

    Este de aquí es el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes. A la derecha está Borja Cobeaga, con la cara cortada (presidente de Dama además de cineasta). Acudí a curiosear al ministerio en el acto de trapaso de cartera. Me gustó -como siempre- pegar la oreja en las conversaciones ajenas. Los cuchicheos en este acto de relevo eran divertidísimos. Nadie habló mal de Guirao, el ministro saliente, eso puedo atestiguarlo. Pensé que este año podría escribir mucho más sobre política cultural pero no ha sido posible. En cambio, me he marcado algunos cuantos artículos sobre la Sgae que no han estado del todo mal.

    Some Ember. Este es el último concierto al que acudí en 2020… y sucedió el 26 de enero. Fue una de esas situaciones típicas en las que puedes decir que jamás habrías imaginado que ese fuera tu último concierto. Del verano para acá lo he pasado anhelando con fuerza los viejos tiempos: los conciertos, salir por la noche, aquella normalidad. Como si se me hubiera agotado la vida de golpe, me arrepiento de todos aquellos conciertos a los que dije no. Tengo entradas para varias actuaciones que deberían haber sucedido en 2020 y han sido pospuestas. Siguen ahí, esperando, viendo como de vez en cuando la fecha se empuja unos meses más para adelante.

    Cada año, los equipos de las escuelas del Estudiantes se hacen una foto en Magariños y los jugadores y las jugadores de los equipos titulares, también. Al acabar, los niños y niñas someten a un acoso sin límites a los jugadores, persiguiendo sus autógrafos. Me encanta que uno de ellos fuera recolectando firmas en su cuaderno de mates. Sería chulo decir que estuve allí para escribir un artículo, pero no, la historia es mucho mejor: Eleonor entrena al baloncesto en la escuela del Estudiantes, lo cual es superemocionante. En principio, más para mí que para ella, pues aún no se ha dado cuenta de lo especial que es. Hicieron el 24 de Kobe Bryant, que acababa de fallecer. El asunto despertó cierto debate sobre si era un referente lo suficientemente íntegro como para rendirle tributo así, debido a su denuncia de abuso sexual.

    Esa placa vacía simboliza de manera muy evidente todo lo que falta: el silencio, la escritura de la historia con la pluma de los vencedores, los nombres borrados de la memoria. Está en el memorial de La Almudena (todavía no inagurado) y la hice colándome por una verja el 12 de febrero. La cobertura del memorial ha sido mi gran tema periodístico del año, el cual coroné con una exclusiva: que además de arrancar del memorial los nombres de los asesinados por el franquismo, el gobierno municipal del PP también decidió que en esa placa no se grabaran los versos de Miguel Hernández que habían sido escogidos para acompañar el conjunto escultórico. El PP en la ciudad de Madrid ha hecho grandes canalladas, pero esta humillación a las víctimas de la dictadura ha sido la peor.

    Este camino lleva desde la estación de metro de Rivas Vaciamadrid a la nave en la que están las oficinas y almacenes de Gen X Games y Generación X. Lo recorrí a diario durante tres semanas hasta que comenzó el Estado de alarma.

    Aquí estoy yo en el escenario del Teatro Pavón Kamikaze, cuyo cierre se acaba de anunciar. Me invitaron unos estudiantes para que hiciera una exposición, un poco teatralizada, de mis paseos por Prosperidad. La verdad es que me pilló en un muy mal momento: varios reportajes que tenía que acabar a la vez que había empezado a trabajar en Gen X Games. No me lo preparé bien y no tenía un buen día. Me salió bastante regular tirando a mal. El mundo estaba a punto de estallar.

    En los meses posteriores, nos hicieron sentir mal por haber participado de este 8M. Miro ahora las fotos y esa sensación de culpa ha desaparecido. Qué emocionante fue: como cada año, un acto de belleza y de fuerza que me da aliento para los once meses restantes. En mayo me pidieron en eldiario un artículo sobre todos los grandes actos multitudinarios que hubo anteriores al 8M, donde el virus también campó a sus anchas. No vimos a la derecha atacar a los hinchas del fútbol, a los aficionados a la Fórmula 1 ni a los salones del manga.

    De entre todas las fuerzas del mal con las que he lidiado este año, la más poderosa ha sido el miedo a la enfermedad. No me refiero a la COVID-19, sino a todas las demás: dolencias inexplicables que me han atormentado y con cuyo miedo ha convivido, sin poder gestionarlas adecuadamente debido a la pandemia. A pesar del duro momento para la sanida pública, mi médico me ha visto en varias ocasiones, me ha llamado por teléfono otras cuantas y me han hecho una ecografía y una colonoscopia en el hospital de la Princesa. A menudo he pensado en contratar un seguro privado solo para dejar de dar la lata. Me aterraba un mal diagnóstico pero también me sentí fatal cuando el resultado de las pruebas fue positivo. Sigo sin saber qué me pasa. Quizá no me pasa nada y es solo mi cuerpo, que no sabe gestionar la vida.

    Cada tarde, en el balcón a las 20:00
    Ilustración de Isa Ibaibarriaga

    Además de los reportajes citados y la cobertura del memorial, he completado mi año periodístico hablando de mí misma y de mi familia, un egotrip solo comparable a los años duros de este blog y sobre el que aún no doy crédito. eldiario.es me invitó a trasladar mi diario personal a las págians de este diario informativo, y eso hice durante 82 artículos a lo largo del estado de alarma y 18 entregas de una serie de verano. Alucinante. No sé cómo me permitieron hacer algo así. Me dijeron mis amigos periodistas que es bueno para los periódicos desahogar de esa manera, crear un espacio donde lo personal se filtra y hace descansar al lector y la lectora de lo insólito y lo grandilocuente de los titulares diarios. Quise creerles. Fue fabuloso colaborar con Isa Ibaibarriaga durante la serie de verano. Ya dije por aquí que toda mi vida había soñado con un encargo así. Tuvo que suceder en 2020. No sé si estuve a la altura de mis expectativas, probablemente no.

    Esa soy yo en el día de mi cumpleaños. Cumplí 45 años. Me cuesta creerlo. Soy terrible para aceptar el paso del tiempo. Tengo una mediocrisis encima por eso. No me reconozco en las fotos, por eso dejé de publicar retratos míos por ahí y cambié los avatares de las redes sociales por dibujos. A finales de año estoy desandando ese camino, como tratamiento de choque para aceptarme como soy: una mujer de 45 años.

    Multipantalla. Ventanitas. Gente en casas. Además de los selfies con mascarilla, esta es la imagen más reconocible de 2020. Muchos se quejan pero a mí me agrada. Prefiero las reuniones por zoom que en persona, me gustan los streamings y disfruto con las videollamadas colectivas. ZEMOS98 me dio la oportunidad de trabajar en un evento online, tan característico de estos tiempos de transición de los planes que teníamos previstos en el mundo aquel en el que nos juntábamos los cuerpos a este de aislacionismo. Gaming for the commons no es el único proyecto que me traigo entre manos con ZEMOS, lo cual me hace muy muy feliz.

    Este es Alberto Monreal, mi marido. No uso jamás esa expresión, salvo cuando no queda más remedio. Odio la connotación que tiene y, sobre todo (again), ese tufo a señora mayor que tiene un marido. La verdad es que podríamos no habernos casado pero lo hicimos por motivos ruines y legales: nos convenía. Juntos hacemos un podcast, cuidamos y pagamos de una casa y criamos a una hija fantástica que nos hace reir y enfurecernos varias veces al día. Se nos va demasiado tiempo en tonterías: trabajar, hacer la compra, hacer la comida, reparar cosas que se rompen. Pero tenemos nuestros espacios en los que volvemos a ser quienes somos: cuando hablamos por Telegram (a veces, incluso, esto sucede cuando estamos los dos en casa), cuando nos pasamos canciones, cuando hacemos chistes que jamás podrían salir de estas cuatro paredes, cuando vamos a conciertos (o, al menos, cuando íbamos, cuando había) y otras cosas que él sabe y que la mujer decorosa de 45 años que pretendo ser ya no comenta por aquí.

    Este es nuestro palacete, que una y otra vez cubrimos con manos del mismo color de pintura. Lo que hicimos en verano fue toda una hazaña bélica. Me hacen sentir bien estas cosas materiales, aunque luego no queden perfectas, pero tienen tu huella, tu esfuerzo. Ahora lo pienso y quizás en aquel esfuerzo nace el lumbago de hoy. Soy una floja, no tengo fuerza. Voy al gimnasio, pero poco. Desde que hay un virus suelto por ahí, la verdad es que mucho menos. Me sueño a mí misma fuerte y valiente como Tura Satana.

    Pero soy frágil y quebradiza.

    Lo que llevo peor de la maternidad es el desgaste emocional. Siento que cuanto más fuerte se hace ella, más vacía y avejentada estoy yo. Repetir las mismas frases todos los días (lávate los dientes, cuidado, péinate, ¿te has lavado las manos?), perseguir a una niña para que haga las cosas que crees que debe hacer, es una tensión que a veces me supera. Ya sé que tiene sus recompensas, pero dejadme quejar.

    Hay cosas que habremos hecho bien (aunque enseñarle a comer verduras y amar la lectura no parecen dos de ellas) porque Eleonor es una niña amorosa, generosa y atenta con los demás, ingeniosa, perspicaz, divertidísima y llena de pasión y curiosidad. Ama el cine y la música. Le chiflan los bebés, jugar a las familias con los playmobils y la ropa. Se viste con looks espectaculares, combinando prendas arriesgadas con intuición; aunque le digas que algo no pega, ella solo confía en su instinto. No está mal, ¿no?

    La Penela

    De lo mejor de este año ha sido pasar un mes y medio en A Coruña. No había motivo para volver a Madrid y podía trabajar desde allí. Qué fabuloso. Nuestro piso allí está en venta pero no se vende. Cada verano es un tiempo ganado a ese final que no sé cuándo llegará. Este verano no quería que se vendiese jamás, me habría quedado a vivir allí, incluso.

    De vez en cuando pienso si podríamos cambiar de vida. Mudarnos a otro lugar. Hacer que la vida vaya más lenta al hacerla nueva y diferente. Supongo que no es posible. Somos madrileños. Nuestra vida es esta. Tenemos un palacete rojo. Entradas para conciertos que algún día alguien nos cortará en una puerta. Tacones que volver a ponerme, maquillaje con el que cubrir mis arrugas. Reportajes que hacer. Partidos que ganar.

  • El turno de las enfermeras

    El turno de las enfermeras

    Están agotadas. Han llegado a diciembre al límite de sus fuerzas. Muchas se han cogido a final de año las vacaciones que no pudieron disfrutar en verano, y las compañeras que están hoy sosteniendo la presión de la segunda ola están cubriendo esas ausencias con tenacidad. Las enfermeras y los enfermeros han desempeñado un papel protagonista en la trama del año 2020. Como una funesta anticipación, la OMS había declarado que este sería el año dedicado a su profesión. Se podría decir que la predicción de esta organización fue terriblemente acertada, pero por motivos diferentes a los que esperaban.

    “La verdad es que este año ha sido triste”, cuenta la enfermera Concha Párraga, “y no solamente a nivel humano. A nivel profesional se ha quedado paralizado todo lo que pensábamos que íbamos a poder adelantar por ser el Año Internacional del Personal de Enfermería y de Partería” pero admite que “lo bueno entre comillas” de la pandemia de la COVID-19 ha sido haber sacado “lo mejor de todas las profesiones, y la enfermería ha dado el callo”. Concha, por sus propias patologías, ha estado exenta de tratar pacientes COVID pero eso no quiere decir que haya estado de lado. Desde su centro de salud Campo de la Paloma, en un barrio de Puente de Vallecas, al sureste de Madrid, esta enfermera lo mismo escribe una columna para el periódico gratuito del barrio, que publica videos en Twitter en los que recuerda a los niños cómo lavar las manos o visita colegios con su proyecto Teatro de la Salud, que comparte con una enfermera de otro centro, y para el que han creado un par de marionetas con las que enseñar a los más pequeños hábitos saludables. “Esto lo deberíamos hacer todas —explica— porque la enfermería de familia es también comunitaria. Yo no me pongo límites. ¡Cómo no voy a querer colaborar en un periódico si forma parte de mi profesión! Yo quiero trabajar en comunidad porque una frase de mi artículo puede ayudar a alguien, aunque no sepa quién es, cuál es su número de expediente ni pueda escribir en su historial clínico. Esto es la enfermería comunitaria”. 

    La enfermería se divide en siete especialidades oficiales que son, además del campo familiar y comunitario en el que trabaja Concha Párraga, el obstétrico-ginecológico, el de salud mental, trabajo, geriátrico, pediátrico y el de los cuidados quirúrgicos. Pero todavía son pocas las promociones de enfermeras que se especializan, pues en España se implantaron en 2005 y las comunidades autónomas las fueron reconociendo a diferentes velocidades. La generación de Párraga se ha formado, en cambio, a fuerza de experiencia. Una de las grandes preocupaciones para los colegios profesionales es precisamente la falta de implantación de las especialidades. “Hay distintas competencias donde las enfermeras ya tenemos esa capacitación y sin embargo no se nos deja ejercerla”, dice Mar Rocha, del Colegio de Enfermería de Madrid, “tenemos muchas enfermeras que han hecho el EIR [Enfermero Interno Residente, como el MIR de los médicos] y que están trabajando en otro ámbito diferente para el que se han formado porque no hay puestos creados para que esas especialistas puedan dar esos cuidados a la población”.

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    Publicado el 27 de diciembre de 2020 en eldiario.es. En la foto Arancha, enfermera, dando una vacuna a Alexia, una joven paciente de 12 años. Foto de Olmo Calvo.

  • Roger Quigley

    Roger Quigley

    El 19 de agosto falleció Roger Quigley y es una mierda porque ahora que no está he vuelto a sentirle muy cerca. Siempre tarde.

    Nos vimos en varias ocasiones y las dos que más recuerdo sucedieron en Barcelona en 2001 y en Santander en 2004. Incluimos una canción de Montgolfier Brothers en el recopilatorio de mi sello Autoreverse «Songs for the blue times» y estoy bastante segura de que todo lo que hicimos ayudó a que el grupo de Roger y Mark Tranmer fuera bastante conocido en España. Me gustaba mucho el sello de Richard O’Brien, Vespertine. Roger, Mark y Richard lo sabían y nos tenían cariño. Las canciones de Roger encajaban muy bien con la melancolía perpetua que se me había instalado en aquellos tiempos en el cuerpo. Lo genial de Roger es que parecía serio o distante y luego tenía unas salidas divertidas, como en la foto de más arriba en la que lleva mis gafas.

    Tampoco puedo hablar mucho más de él porque no éramos amigos y en quince años no volvimos a escribirnos ni vernos. Pero, a pesar de eso, su partida me produce una tristeza enorme.