Dónde está Rimbaud

Octubre 26th, 2007 por elenac

Desde ayer la sección de Cultura es una sección maldita. O al menos, que desea ser maldita.

No muy lejos de la redacción de ADN.es, dentro de unas horas, Patti Smith ejercerá de madrina invitada a la inauguración de una exposición sobre Arthur Rimbaud, poeta francés cuya figura y mito atrae a lectores y seguidores de la más oscura intensidad.

La responsable de este artículo que narra las claves de esta pasión por la figura del escritor y aventurero, Carmen Álvarez, ha hablado por teléfono con dos personas, expertos en la obra de Rimbaud, que no han sabido precisar sobre quién pesa la influencia. Ramón Buenaventura, traductor, sólo acertó a decir que había influido “en todos”.

Y la comisaria, Lola Martínez de Albornoz, dijo que había que busca su influencia en la música y la pintura ya que “no lo había” en la poesía. Aún así, no supo precisar ningún nombre, dar un ejemplo, un disco, una obra.

En esta mesa maldita nos atravemos a decir que el dúo de pop electrónico Fangoria tituló su espléndido disco Una temporada en el infierno en homenaje a Rimbaud y su canción Todo lo que amo debe de morir nos recuerda, porqué no, a lo que pudo haber pensado el poeta al abalanzarse, con intención de asesinarlo, sobre su amante Verlaine.

El retorcido compositor de bandas sonoras Jan A.P. Kaczmarek, firmó Total eclipse en 1995, su score para el biopic sobre la relación entre Rimabud y Verlaine protagonizado por Leonardo DiCaprio.

Sería sencillo recordar la canción de Van Morrison Tore Down a la Rimbaud, pero más complicado acordarse de la cantautora neoyorquina Marnie Stern y sus Letters froom Rimbaud, o del grupo escocés BMX Bandits y su Rimbaud and Me.

Homenajes aparte, la herencia decadente del autor de las Iluminaciones y Una temporada en el infierno se ha dejado sentir en la corriente más oscura de la música oscura. Grupos como Werkraum, Annima in Fiamme o el grupo gótico italiano Theatres des Vampires han declarado ver en Rimbaud espejos de sí mismos.

Y las referencias, alusiones y citas son innumerables… aunque muchos no se acuerden de ellas. O no las conozcan.

CC. Elena Cabrera. Publicado en ADN.es

Intertextualidad entre comensales

Octubre 18th, 2007 por elenac

El día de hoy ha transcurrido bajo la sombra, arropadora, de Raymond Carver. Arropadora porque basta leer una página de este escritor para influenciarse de él pero inquietante, alargada, porque la escritora, colaboradora y viuda -segunda viuda- del autor, Tess Gallagher, impone una revisitación de sus textos originales.

De eso hemos hablado hoy -y de mil cosas más, claro- en Cultura pero hay interrogantes que se quedan en el aire. Durante el mediodía he estado leyendo Carver y yo, el libro de Tess Gallagher que acaba de llevar a las estanterías de las librerías Bartleby (una editorial que, por cierto, nos ha citado hoy en su web) y he empezado a comprender mejor qué era aquello de la intertextualidad, aludida en los últimos tiempos no como concepto de colaboración sino como coartada para el plagio.

“La literatura no es un circuito cerrado, es un universo de diálogos que se entrecruzan”, escribe Gallagher en un texto recogido en este volumen.

La historia que hemos contado hoy tiene que ver con cómo un editor mejoró las brillantes ideas de un escritor al que supo pulir magistralmente; el propio autor admitió la mejoría pero se asustó de las consecuencias de esta simbiosis por miedo al qué dirán.

Carver, desde nuestra perspectiva, parece un escritor que no puede, debe ni quiere quedarse solo. Que necesita de un acompañante para ser mejor, para ser Carver.

La relación autor-editor no es una relación entre iguales. Y por eso Carver se avergonzó y la ocultó. No ocurrió así, en cambio, con el trabajo que desempeñó junto a Gallagher. Una relación amante-amante, escritor-escritor, esposos que conservaban sus casas respectivas para no perder independencia, que escribieron al alimón, que se corrigieron mutuamente, aunque, Tess no lo niega, el principal beneficiado de esta relación fue Carver, al igual que ocurriera en otros casos similares como el de Anaïs Nin-Henry Miller o Simone de Beavoir-Jean Paul Sartre.

Sergio Córdoba. Camiseta a rayas

Octubre 14th, 2007 por elenac

Sergio Córdoba es uno de esos chicos de Benidorm, trastocados, melancólicos, superados. Os lo digo yo, que conozco a varios. Carne de videoclub y Love & Rockets. Las chicas de sus sueños son sexys outsiders que visten camisetas de grupos y demuestran su entereza allí donde el hombre desvela su flaqueza.
Córdoba es nuestro Adrian Tomine, es el autor indie español por antonomasia. Y en ese terreno ha permanecido estos diez últimos años. Su kevinsmithiana Freaks in love apareció en 1997 autoeditada por vez primera, reeditada por Subterfuge  en 1998 ganando el premio revelación del Saló (1999) y editada, por tercera vez, bajo el sello de Astiberri en estos días: ampliada, “remasterizada”, como dice Borja Crespo en su prólogo.
“En diez años se pierde la frescura y la arrogancia inconsciente de la adolescencia, y se diluye la capacidad de emocionarse con cualquier tontería. A cambio, se gana en experiencia y en nuevas formas de ver las cosas. Hum, esto ha sonado como un patético intento de parecer maduro, pero es verdad” confiesa el Sergio que hoy tiene 31 años hablando del que ayer tenía 21. “He pasado la adolescencia en los 90, así que sea lo que sea la secuela es ya irreversible”.
Óscar, Vero y Andrés son los protagonistas, los raros que se enamoran de los que no les hacen caso, los adolescentes que temen ser sinceros, que se ahogan en sus cuartos de angustia y fantasía, bajo posters de la Velvet y Elastica. A Óscar le gusta su vecina Vero pero es incapaz de sincerarse con ella por miedo al rechazo. En cambio, la chica que trae de cabeza a su amigo Andrés le tira los trastos a Óscar en la fiesta de cumpleaños de un gafapasta con perilla amigo de Vero –“menudo imbécil”, dice Óscar-, uno de esos cortometrajistas que cuelgan el cartel de La noche del cazador en el salón.
Como todo en los noventa, la resolución del conflicto queda en el aire. ¿Qué habrá pasado por los freaks in love diez años después? Sergio propone tres escenarios alternativos y me pide que elija uno. No me gusta ninguno de los tres, así que traslado esa responsabilidad a los lectores y, en mi memoria añeja, Óscar sigue bailando una canción de Dover, con los ojos cerrados, enfadado, delante de los altavoces: “En TIERRA-1 Óscar y Vero nunca hablaron de lo que sentían, y se distanciaron hasta dejar de verse. Cuando se cruzan se dicen ‘hola’ por compromiso. Andrés hizo otros amigos. En TIERRA-2 Óscar y Vero comenzaron una relación, pero uno de ellos de mudó a otra ciudad y la cosa no prosperó. Ambos encontraron nuevas parejas. Andrés se fue a trabajar a Suecia y se cartea con Óscar de vez en cuando. En TIERRA-3 Óscar y Vero han formado una familia y son felices. Andrés conoció a una chica por internet y es feliz”.
2007, año de bienes. Sergio sigue publicando sus mini-cómics, su Optic Nerve, su 8 Ball particular, llamado Malas Tierras, un nombre sacado “de la película de Terrence Malick. Lo utilizaba en algunos de mis primeros fanzines, y con el uso repetido creo que la alusión al film ya no significa nada, al menos para mí”. Malas Tierras es el nombre del bar que aparece en la historieta que completó la edición de Subterfuge en el 98, es también el nombre del blog. Pero Sergio es un autor escaso que no aprovechó el éxito de Freaks in love “porque no tenía demasiadas cosas interesantes que contar, y porque hacer cómics exige un esfuerzo que laboralmente no estaba bien remunerado. Así que dibujo cuando puedo y me apetece, mientras atiendo otras obligaciones. Me gustaría dedicar más tiempo a los tebeos, pero de momento es lo que hay”.
Sergio fue parte del colectivo valenciano 7 Monos, arrancó las mejores carcajadas en pasillos y alcobas con el subterráneo y autoparódico Fanzín del Saló pero Córdoba es, sobre todo, un excelente ilustrador. Si quiere narrar un cuento, empieza “con una emoción o una situación que de alguna manera ‘me llegue’, y a partir de ahí hago la historia. Si hay algún tema concreto del que quiera hablar, aparece después, no hago los cómics –concluye- con la intención de dar ningún mensaje premeditado”.

Elena Cabrera. Publicado en El Manglar.